Para los espías, el Credit Suisse tuvo una diligencia indebida

Al menos 15 figuras del mundo de la inteligencia -algunas vinculados a corrupción y tortura- de una docena de países, además de sus familiares, que debieron llamar la atención de los ejecutivos de cumplimiento, tuvieron cuentas en el segundo mayor banco suizo, según lo que aparece en la filtración de los ‘Suisse Secrets’. Entre los titulares se encontraban jefes de espionaje de Jordania, Yemen, Irak, Egipto y Pakistán y un ex jefe de inteligencia venezolano que, tras contratar con el Estado chavista, se convirtió en un millonario hombre de negocios.

Carlos Aguilera Borjas, entonces capitán del Ejército, participó en la rebelión militar del 4 de febrero de 1992, que lideró Hugo Chávez junto a otros tres tenientes coroneles del llamado MBR200 (Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, una logia clandestina cívico-militar de izquierda nacionalista). Fue a prisión tras el fracaso de la intentona, como el propio Chávez, que lo siguió considerando como uno de los “muchachos” del movimiento. La confianza se acentuó con el tiempo y Chávez, libre desde 1994, quiso a Aguilera entre sus guardaespaldas mientras recorría el país. 

Cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia de Venezuela por vía electoral, en febrero de 1999, tenía aún en la memoria el nombre y trayectoria de Aguilera Borjas y premió su lealtad. Lo nombró director de Relaciones Presidenciales. Luego vinieron otros cargos de cierta relevancia e indudable proximidad con la vida del palacio presidencial de Miraflores: Viceministro de Gestión Comunicacional, Secretario de la Presidencia de la República y Presidente de la Fundación Pueblo Soberano. Aguilera coronó su carrera fulgurante con su designación como director de la policía política, la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip).

En marzo de 2002, Chávez, el mentor de Aguilera, continuaba elogiándolo en público, hasta concederle una cierta aura de leyenda: “Carlos Aguilera, el jefe de la Disip, policía política, anda por ahí, nadie lo ve, [aunque] yo sí sé dónde está parado ahorita”,  dijo el comandante revolucionario, con su estilo entre la guasa y la intriga, mientras acuñaba para su pupilo el apodo de El Invisible, durante su maratónica alocución dominical del programa televisivo Aló, Presidente del 3 de marzo de ese año

Pero un mes más tarde, su suerte se torció. Aunque quién sabe si para mejor.

Aguilera fracasó en detectar y sofocar el pronunciamiento militar que entonces se engendraba y que se manifestó de manera abierta el 11 de abril de 2002, aunque apenas consiguió desalojar a Chávez del poder por 47 horas. Aguilera no solo no pudo proteger a su jefe: durante la asonada, agentes rebeldes de la Disip lo pusieron bajo arresto en la sede del cuerpo. Pudo escapar del confinamiento gracias a una astucia del prochavista general Jorge Luis García Carneiro, y solo tuvo reflejos para prepararse a desaparecer en la clandestinidad. Según versiones, se afeitó su característico bigote para pasar inadvertido.

Distaba mucho del desempeño que se esperaba del jefe de la cheka chavista. Se le destituyó y marginó a una canonjía devaluada, al frente del Fondo de Jubilados y Pensiones, para luego sí hacerse invisible, al menos desde noviembre de 2002, cuando desapareció de la vida pública.

Aguilera se mudó a España, donde hizo posgrados y se dedicó a los negocios. Ninguna de esas reconversiones, sin embargo, bastaba para explicar cómo hizo para amasar enseguida una enorme fortuna, incorporado de lleno como empresario a la vida de paisano. 

Al Credit Suisse, segundo banco del mercado suizo, tampoco le interesó averiguar el origen de esa fortuna antes de aceptarlo como cliente. Consigo traía, literalmente, millones. Al menos desde 2011 fue cliente del banco. Como ahora revelan los datos de la filtración que dio origen a la serie de los Suisse Secrets -información sobre cuentas bancarias del Credit Suisse abiertas desde los años 40 hasta bien entrada la década de 2010-, entregada al diario alemán Süddeutsche Zeitung y compartida con Occrp (Organized Crime and Corruption Reporting Project) y, luego, con 48 medios internacionales-, ese año Aguilera Borjas abrió dos cuentas que alcanzaron un balance de 7,8 millones de francos suizos (8,6 millones de dólares) y siguieron abiertas por varios años.

“El invisible” Carlos Aguilera Borjas es hoy un millonario hombre de negocios. Imagen tomada de OCCRP.

En 2007, Aguilera se convirtió en el principal accionista de Inversiones Dirca S.A., una sociedad venezolana que, al año siguiente, le aseguró un contrato de 1.850 millones de dólares a un consorcio empresarial español para renovar el Metro de Caracas. No hubo un proceso de licitación pública y Aguilera se llevó una comisión de 4,8%, que equivalía a cerca de 90 millones de dólares.

Luego abriría otras nueve empresas (entre Venezuela, Panamá, Barbados y España) de las que fue codueño junto con miembros de su familia y que tuvieron relaciones con bancos suizos y españoles, específicamente con el Banco Madrid, filial en España de la Banca Privada de Andorra (BPA). El escándalo tras la intervención de la BPA en 2015 y por la que se habrían canalizado hasta 2.000 millones de dólares saqueados del dinero público venezolano, reveló la existencia de una cuenta de Aguilera Borjas en esa entidad por la que pasaron 6,5 millones de euros (unos 7,9 millones de dólares, a la tasa de cambio actual)

En Venezuela compró dos casas, una de 700.000 dólares y otra 1,3 millones de dólares. En 2019 apareció nombrado en una demanda introducida en República Dominicana contra el complejo Costa Sur de Casa de Campo -el exclusivo resort en el sureste de la isla- por haber fallado, supuestamente, en “evitar que personas ajenas o extrañas accedan a dichas instalaciones con la finalidad de violar el domicilio, la integridad personal, la intimidad y el honor personal, el buen nombre y la imagen de los Sres. Carlos Luis Aguilera Borjas y Masri Palma Violet Esperanza”. La mención permite pensar que Aguilera y su pareja tienen una propiedad en el mencionado complejo de lujo.

“Por definición, él es de alto riesgo”, dice Graham Barrow, experto en criminalidad financiera. Añade que los bancos son responsables de asegurarse de la legitimidad del origen de los fondos de sus clientes con conexiones políticas.

Según la experta suiza en cumplimiento financiero, Monika Roth, los bancos consideran a los agentes secretos como clientes especialmente sensibles. "Yo no los tomaría como clientes, eso es demasiado arriesgado", afirma Roth, quien afirma también que los jefes de inteligencia suelen ser "personas con mucho poder, conexiones cuestionables y fuentes de dinero muy opacas".

Pero las revelaciones de los Suisse Secrets dejan ver que Aguilera -quien no respondió a las preguntas que se le hicieron llegar para este reportaje- no fue el beneficiario privilegiado de alguna indulgencia especial por parte del Credit Suisse, ni siquiera porque los venezolanos constituyeran la porción más numerosa de sus clientes, De hecho, la filtración, que muestra apenas una fracción de la clientela total del banco, contiene hasta 15 nombres de espías y jefes de servicios de seguridad -o de parientes- en todas partes del mundo en desarrollo. 

La hucha de los torturadores

En la película de espías Red de mentiras (Body of lies, 2008), del director Ridley Scott, el personaje ficticio de Hani Salaam ayudaba a dos agentes de la CIA, interpretados por Russell Crowe y Leonardo DiCaprio, a atrapar terroristas. Lo que los espectadores no sabían era que el personaje de Salaam se inspiraba en un individuo real: un jefe de servicios secretos del Reino de Jordania llamado Sa'ad Kheir.

Kheir dirigió la Dirección General de Inteligencia (GID) de Jordania entre 2000 y 2005, actuando como un aliado clave de Estados Unidos en la llamada Guerra contra el terror, detonada por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, aunque el cine lo retrata como un héroe con estilo que ayuda a los agentes estadounidenses, las actividades de Kheir en la vida real fueron más cuestionables desde el punto de vista moral. 

Sa’ad Kheir, jefe de la dirección de inteligencia de Jordania entre 2000 y 2005. Crédito: Facebook. Tomado de OCCRP.

Además de supuestamente beneficiarse del comercio ilícito de petróleo, Kheir supervisó el papel de Jordania en el llamado “programa de entregas extraordinarias” de Estados Unidos. Este fue un procedimiento extralegal donde sospechosos de terrorismo fueron secuestrados y enviados a terceros países, lejos de la jurisdicción estadounidense, donde a menudo fueron torturados como presunto método para obtener información crítica. Su agencia fue acusada de torturar prisioneros y de controlar tribunales de papel.

En 2003, abrió una cuenta personal en Credit Suisse. Durante los siete años siguientes, la cuenta crecería hasta acumular 28,3 millones de francos suizos (21,5 millones de dólares para la época) en su pico, antes de ser cerrada meses después de su muerte, a finales de 2009.

El egipcio Omar Suleiman, el general paquistaní Akhtar Abdur Rahman y el yemení Ghaleb Al-Qamish, también están en la lista de directores de agencias de inteligencia -o sus familiares- que llegaron a abrir cuentas con importantes sumas de dinero en Credit Suisse que difícilmente se pueden explicar con sus ingresos oficiales.

Estos tres últimos tuvieron roles en intervenciones clave de Estados Unidos en Medio Oriente y Afganistán, desde los primeros intentos de la CIA por respaldar a los muyahidines antisoviéticos a finales de la década de 1970, pasando por la primera Guerra del Golfo en 1990, hasta las llamadas guerras eternas lanzadas en Afganistán e Irak en 2001.  

Qamish y Suleiman, como ocurrió con el jordano Kheir, encabezaron organismos conocidos por estar involucrados con torturas. Al menos ocho de sus familiares también tenían cuentas en Credit Suisse. Puesto que estos funcionarios de inteligencia entran en la categoría de personas políticamente expuestas (o PEP, por Politically Exposed Persons), sus cuentas tendrían que haber sido examinadas con cuidado y haber planteado preguntas al banco.

Un antiguo ejecutivo de Credit Suisse dijo a Occrp: "En el ejemplo de un jefe de inteligencia como Saad Kheir, la apertura de una cuenta es una bandera roja y muchos bancos en Suiza no la aceptarían, pero Credit Suisse sí”.

No es claro qué procesos de debida diligencia debida se aplicaron, si es que alguno se llevó a cabo. Al ser interrogado acerca de las revelaciones del presente proyecto periodístico, Credit Suisse no comentó casos individuales, citando las leyes bancarias suizas que prohíben a los bancos identificar o proporcionar información sobre los clientes. El banco se limitó a asegurar que "opera su negocio en cumplimiento de todas las leyes y regulaciones globales y locales aplicables" y que había reforzado su "marco de gestión de riesgos y sistemas de control."

Desvíos de dinero

Mucho antes de que el jordano Kheir o su sosías de Hollywood pudieran abrir una cuenta en Credit Suisse, funcionarios de inteligencia que ayudaron a Estados Unidos a librar una guerra por delegación contra los soviéticos en Afganistán tejieron sus propias conexiones con la institución.

A finales de la década de 1970, Estados Unidos respaldó a siete facciones diferentes de combatientes islamistas llamados muyahidines que luchaban contra la presencia rusa en Afganistán, país al que la Unión Soviética de entonces había invadido en 1979. Arabia Saudí igualó la financiación estadounidense a los yihadistas, dólar por dólar, enviando a menudo dinero a la cuenta bancaria suiza de la CIA. El destinatario final del procedimiento era el grupo de Inteligencia Inter-Servicios de Pakistán (ISI), dirigido por el general Akhtar Abdur Rahman.

A mediados de la década de 1980, Akhtar era experto en traspasar el dinero de la CIA a los yihadistas afganos. Fue en esa época cuando se abrieron cuentas de Credit Suisse a nombre de sus tres hijos. Como escribió en un libro Mohammad Yousaf, un colega de Akhtar en el ISI: "Los fondos combinados [estadounidenses y saudíes], que ascendían a varios cientos de millones de dólares al año, fueron transferidos por la CIA a cuentas especiales en Pakistán bajo el control del ISI".

Tanto Yousaf como el periodista Steve Coll -autor del libro Ghost Wars, ganador del Premio Pulitzer en 2005- afirman que Akhtar era el hombre que decidía sobre el destino final de ese dinero. Para entrenar a los muyahidines con armamento sofisticado, la CIA le confió millones. En 1984, el presupuesto de la CIA para Afganistán ascendía a unos 200 millones de dólares.

Funeral del dictador pakistaní Zia-Ul-Haq en agosto de 1988, quien murió en un accidente aéreo junto con parte de su gabinete, entre ellos Akhtar Abdur Rahman. Crédito: Douglas E. Curran / AFP.

La supervisión era de una laxitud crónica y el papel de Akhtar es cuestionado desde hace mucho tiempo. Una fuente de inteligencia del sur de Asia, que conoce de las operaciones en Afganistán, dijo a Occrp: "En ese momento era fácil abrir cuentas bancarias suizas de cualquier manera o tipo para la transferencia de fondos".

"Akhtar lo hacía para llenar sus propios bolsillos", dijo la fuente. "Se desviaba mucho dinero de la guerra afgana hacia sus cuentas bancarias".

Una de las dos cuentas de la familia de Akhtar en Credit Suisse, compartida por sus hijos Akbar, Ghazi y Haroon, se abrió el 1 de julio de 1985, cuando los últimos tenían entre 20 y 30 años de edad. Ese mismo año, el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, se preocupó por el destino del dinero destinado a los muyahidines. En 2003, esta cuenta acumulaba al menos cinco millones de francos suizos (5,2 millones de dólares). Una segunda cuenta, abierta en enero de 1986 solo a nombre de Akbar, alcanzó a tener más de nueve millones de francos suizos (9,2 millones de dólares) en noviembre de 2010.

Akhtar murió junto a su jefe, el dictador pakistaní Zia-ul-Haq, en un accidente aéreo en 1988.

Akbar y Haroon Khan no respondieron a los cuestionarios que Occrp envió. Ghazi Khan calificó por su parte de "no correcta" la información presentada por los periodistas sobre las cuentas suizas de la familia y rechazó las preguntas.

La caja negra de Yemen

Mientras la CIA y Akhtar colaboraban en Afganistán, el yemení Ghaleb Al-Qamish iniciaba su propio ascenso. En 1980, Qamish dirigía la Oficina de Seguridad Política (PSO) de Yemen, encargada de la inteligencia interna. Al igual que hacía Akhtar desde Pakistán, Qamish reclutaba combatientes para la guerra de Afganistán contra los soviéticos.

Qamish, que ha sido una figura dominante en el aparato de seguridad de Yemen por décadas, fue un ejecutor clave para el presidente Ali Abdullah Saleh, que gobernó de 1978 a 2012. Cuando Al-Qaeda atacó el destructor estadounidense U.S.S. Cole en el puerto yemení de Adén en 2000, Saleh le pidió a Qamish, inicialmente reacio, que ayudara la CIA a descubrir a los autores.

Según tres oficiales que trabajaron bajo las órdenes de Qamish en la PSO de Yemen, era el funcionario de seguridad más temido del país, descrito como la caja negra de Saleh. Las tres fuentes, que solicitaron el anonimato por temor a represalias, dijeron a Occrp que Qamish tenía "un presupuesto abierto de millones de dólares" para hacer lo que quisiera.

A la extrema derecha, con turbante, Ghaleb Al-Qamish con parte del gabinete yemení en el estreno de una película en 2008. Crédito: Khaled Fazaa / AFP.

Cuando se convirtió en el principal espía de Yemen, al ayudar a los estadounidenses a desmantelar células terroristas a principios de la década de 2000, Qamish también tenía millones ocultos en Credit Suisse.

Su cuenta, abierta en 1999, alcanzó a acumular casi cinco millones de francos suizos (3,7 millones de dólares) en 2006. Ese año algunos sospechosos del ataque al Cole escaparon de una prisión yemení. El salario mensual de Qamish era probablemente de 4.000 a 5.000 dólares, incluyendo los subsidios y las primas, indicaron los antiguos agentes de inteligencia y las directrices oficiales de la ley salarial yemení.

Qamish fue acusado de varios abusos, entre ellos por su participación del llamado “programa de entregas extraordinarias” de Estados Unidos, en el que se produjeron millonarios desembolsos de la CIA a funcionarios y a otros auxiliares en países aliados. Los documentos oficiales muestran que se hicieron importantes pagos a países que acogieron centros clandestinos de detención de la CIA y a los que realizaron torturas e interrogatorios.

Ruth Blakeley, del Rendition Project, un grupo de académicos del Reino Unido que examina el programa estadounidense, afirmó que hay que investigar cualquier información nueva sobre fondos ocultos de agentes de inteligencia vinculados con torturas.

"Si hay pruebas de que altos cargos de los servicios de inteligencia se beneficiaron económicamente de la conspiración en el programa de la CIA de entregas, detenciones e interrogatorios, entonces eso merece una investigación exhaustiva", dijo.

Si en algún momento Credit Suisse puso en duda el origen del dinero de Qamish o su idoneidad como cliente, eso no impidió que el banco siguiera tratando con él. Sus cuentas siguieron activas mucho tiempo después de su participación tanto en el programa de “entregas extraordinarias'' estadounidense como en la represión de opositores políticos yemeníes.

"A través de la PSO, [Qamish] se encargaba de detener a todos los elementos que se consideraban opositores al régimen de Saleh", dijo un alto funcionario. Otro añadió: "Nadie sabía cómo se gastaba el dinero de la PSO".

La relación de Qamish y Saleh se desbarató cuando el presidente empezó a preparar a uno de sus hijos para que se hiciera cargo del país. Saleh también creó una nueva unidad de inteligencia interna, la Oficina de Seguridad Nacional en 2002, comandada por un sobrino, que rápidamente eclipsó a la PSO. Poco a poco, el líder comenzó a hacer la cama a Qamish.

En enero de 2011, sacó 3,8 millones de francos suizos (cuatro millones de dólares) de su cuenta de Credit Suisse y cerró la cuenta. Justo en ese momento las multitudes tomaban las calles de Adén, la capital yemení, en los primeros coletazos de la Primavera Árabe. Fue destituido de su cargo de jefe de la OSP en 2014 por el presidente Abdrabbuh Mansur Hadi, que derrocó a Saleh, y lo nombró embajador, aunque no fue destinado oficialmente a ningún lugar.

Actualmente Qamish vive en Estambul, Turquía. En los últimos años ha pasado a un segundo plano, pero al parecer sus hijos siguen activos con negocios en Yemen, Bahréin, Brasil y Turquía. Qamish no respondió a los cuestionarios que se le enviaron varias veces.

El verdugo egipcio

En un cable diplomático de enero de 2009 filtrado a Wikileaks, Margaret Scobey, embajadora de Estados Unidos en Egipto, dijo que el jefe de espionaje Omar Suleiman fue usado por la dictadura de Hosni Mubarak como ejecutor. Añadió que a Mubarak "no le quitaban el sueño" los métodos brutales de Suleiman. 

Credit Suisse tampoco parecía estar demasiado preocupado por Suleiman. A pesar de que las víctimas del llamado “programa de entregas extraordinarias” de Estados Unidos lo vinculó personalmente con torturas, la familia de Suleiman mantuvo gran parte de su patrimonio en el banco.

En febrero de 2003, mientras los amigos de su padre en la CIA y el Pentágono urdían planes desde Washington para invadir Irak, la familia de Suleiman hacía sus propios preparativos: los financieros. Ese mes, se abrió una cuenta de Credit Suisse a su nombre. Más tarde se llenaría de millones. Al igual que Akhtar, Kheir y Qamish, Suleiman era considerado un aliado de confianza de Estados Unidos.

En el funeral de Suleiman, en 2012, pudo entenderse el poder que llegó a tener el espía más importante de Egipto. Crédito: Gianluigi Guercia / AFP.

Semanas antes de que se abriera la cuenta de los Suleiman, el entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, el general Colin Powell, en un discurso ante las Naciones Unidas, expuso las razones por las que era urgente derrocar el régimen del presidente Saddam Hussein en Irak. Cuando Powell afirmó en la ONU que tenía pruebas de que Irak entrenaba a Al-Qaeda en el uso de armas químicas, se basó en una fuente que fue víctima del régimen de inteligencia de Suleiman: Ibn Sheikh Al-Libi. 

Al-Libi, un libio, fue capturado en Pakistán en 2001 antes de ser entregado por la CIA a Egipto en 2003. Confesó porque los egipcios le advirtieron que "3.000 individuos habían estado en la silla antes que él" y que todos habían hablado. Después de ser aplastado en una caja diminuta,  Al-Libi explicó que terminó diciéndole a los egipcios "lo que querían oír".

Y es que Suleiman solía conseguir lo que deseaba.

A medida que la guerra de Irak pasaba de las batallas abiertas a la contrainsurgencia, la riqueza de la familia de Suleiman aumentaba. En 2007, cuatro años después de la caída de Saddam Hussein, la cuenta de Suleiman en Credit Suisse acumulaba 63 millones de francos suizos, que se repartían las tres hijas de Omar.

La familia Suleiman no respondió a los repetidos cuestionarios que se les enviaron.

La cuenta sobrevivió a la dictadura egipcia de Mubarak, que cayó en 2011 bajo el peso de la Primavera Árabe. Tras el derrocamiento de Mubarak, las autoridades suizas afirmaron que estaban congelando los activos de una docena de figuras vinculadas a él y a su gobierno. Pero parece que la decisión no se aplicó a los Suleiman. Credit Suisse mantuvo sus cuentas a pesar de que existían numerosas preocupaciones sobre los crímenes del patriarca.

Además de supervisar las torturas, Suleiman también participó en transacciones financieras clandestinas de la agencia de espías.

En el proceso contra Mubarak en Egipto, un juez citó el testimonio de Suleiman y de otros funcionarios sobre el magnate egipcio y testaferro del servicio de inteligencia, Hussein Salem. Indicaron que era dueño de diversas empresas de gas y otros sectores para la agencia de espionaje. El juez escribió que Suleiman admitió que sus servicios crearon empresas de fachada por razones de "seguridad nacional", usando a Salem con frecuencia.

Salem también era cliente de Credit Suisse. Tenía varias cuentas, una de ellas con activos por 105 millones de francos suizos (79,3 millones de dólares) en 2003. Fue nombrada en un proceso judicial cuando los investigadores alegaron que se había usado para pagar y recibir lo que parecían comisiones corruptas para ejecutivos de FlowTex, una empresa alemana procesada por fraude masivo.

Es posible que nunca se conozca el origen de sus fortunas. Pero los expertos afirman que casos como los de los Akhtar, los Kheir, los Qamish y la familia Suleiman plantean preguntas sobre cómo los líderes de la inteligencia pueden haberse beneficiado de la ilegalidad.

"No hay que olvidar que Mubarak quería que sus generales y jefes de inteligencia robaran dinero", dijo Robert Baer, un exagente de la CIA que sirvió en Oriente Medio. "Porque cualquiera que no esté ganando dinero en un puesto así no es de fiar. Esa es la gente que da golpes de estado". 

Un héroe de acción de Jordania

El jordano Sa'ad Kheir estaba hecho para el cine. David Ignatius, periodista del Washington Post, que escribió la novela en la que se basó la película Red de mentiras, lo describió como "brillante pero emocionalmente herido".

Human Rights Watch informó de que el GID actuó como "carcelero por delegación" de la CIA, "reteniendo prisioneros que la CIA aparentemente quería mantener fuera de circulación", como hicieron las fuerzas de inteligencia de Suleiman en Egipto. Esa organización de derechos humanos documentó al menos 14 prisioneros que Estados Unidos envió a custodia jordana para su probable tortura entre 2001 y 2003.

Amnistía Internacional, citando el testimonio de las víctimas, informó que el GID obtuvo más de 100 confesiones mediante tortura, y luego envió estos casos al Tribunal de Seguridad del Estado de Jordania, que dictó penas de muerte para los más desafortunados.

Posteriormante, altos funcionarios del GID negaron haber retenido prisioneros para Estados Unidos o que la tortura haya existido. Rumores de corrupción relacionados con el comercio de petróleo también han acechado a Kheir, pero nunca se presentaron cargos. 

Según los cables diplomáticos de Wikileaks, el exprimer ministro jordano Ali Abul Ragheb (2000-2003) situó a Kheir en el centro de los acuerdos petroleros en los que participaban Arabia Saudí, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

"Kheir, junto con el entonces primer ministro Abul Ragheb, institucionalizó la corrupción de alto nivel que sigue persiguiendo a Jordania en la actualidad", dijo un político jordano a Occrp.

Sin embargo, la carrera de Kheir tuvo un final. En mayo de 2005, fue destituido de su cargo en el GID por el rey Abdullah, quien ocupa el trono hachemita desde 1999. Murió en un hotel de lujo de Viena, Austria, en diciembre de 2009.

En 2002, su cuenta en el banco acumuló 28,3 millones de francos suizos. El hermano de Kheir, Saeed, un ingeniero que trabaja con los dos aviones privados del rey Hussein -padre y predecesor de Abdullah-, abrió una cuenta de Credit Suisse en 2006, en la que llegó a tener 13 millones de francos suizos en 2011. Fue cerrada en 2014. La esposa de Kheir en el momento de su muerte, Janiche Frayeh, tenía su propia cuenta con un valor de seis millones de francos suizos (5,9 millones de dólares) en 2010. Su cuenta también se cerró en 2014.

Saeed Kheir dijo a Occrp que por el delicado rol de su hermano Sa’ad, “no debería sorprenderte que no compartiera ninguna información conmigo sobre su trabajo en inteligencia”. Añadió que no sabía nada de ninguna cuenta de Credit Suisse abierta por su hermano y que él mismo nunca creó ninguna cuenta. Señaló que todos sus ingresos "han sido declarados a la autoridad fiscal en Jordania". Dijo que nunca compartió una cuenta bancaria con su hermano ni recibió fondos de él.

En un mensaje a Occrp, Frayeh dijo que las preguntas sobre las cuentas de la familia en Credit Suisse eran “raras, extrañas e indignantes”.

Ella describió a Kheir como “un hombre honorable que luchó contra el terrorismo todo su vida para que gente como yo o su grupo pueda vivir seguros”. Ella dijo que no abrió ninguna cuenta en Credit Suisse, que no tenía “ni idea” de esos fondos y que ella es simplemente una “ama de casa”.

Ahorrar para las caídas en desgracia

Para los responsables de inteligencia, tratar con Credit Suisse ofrecía un servicio que era difícil de encontrar en un mundo cada vez más globalizado.

“Estos bancos representan algo que para la comunidad de inteligencia es muy valioso: el secreto”, dijo un oficial de inteligencia europeo que pidió mantener el anonimato. “Esta confidencialidad hace sus servicios muy útiles en operaciones encubiertas”.

Un antiguo director de la inteligencia alemana en Oriente Medio dijo a Occrp y a sus socios que no le sorprende que responsables de alto rango de servicios de espionaje de países no democráticos abrieran cuentas en Suiza. Según la fuente, esas cuentas pueden servir como recurso de emergencia por si los regímenes a los que sirven estos espías son derribados o si ellos caen en desgracia.

Esta hipótesis fue compartida por Baer, el exagente de la CIA.

“En el mundo árabe, solo estás en ese puesto durante un tiempo”, dice Baer. “Tú y tu clan tienen que robar lo que puedan y crear un rinconcito de ahorros. Suiza es el lugar más seguro una vez que creas las cuentas”.

Caer en desgracia, parece, es uno de los principales peligros en el mundo del espionaje. Tras el derrocamiento de Mubarak en 2011, Suleiman se postuló como candidato para liderar Egipto, aunque fue descalificado. Murió en la Clínica Cleveland de la ciudad homónima de Ohio, Estados Unidos, cinco meses más tarde, en julio de 2012, por causas naturales.

Más allá de navegar las luchas internas por el poder, los espías también tienen problemas prácticos que los bancos suizos pueden haber ayudado a solucionar.

“Las agencias de espionaje y las organizaciones terroristas a veces trabajan del mismo modo”, dijo el exoficial del Mossad -servicio de inteligencia israelí en el extranjero-, Avner Avraham. “Ellos tienen los mismos problemas. Ellos tienen que transferir dinero del punto A al punto B, pagar a alguien, y no quieren que nadie sepa quién paga y cómo se transfiere o de dónde viene”.

Graham Barrow, el experto británico en criminalidad financiera, señala que las enormes sumas que aparecen en las cuentas de Credit Suisse conectadas con responsables de inteligencia tendrían que haber hecho saltar las alarmas para el banco.

“No hay motivo para que un responsable de un servicio de inteligencia no pueda abrir una cuenta bancaria, pero tienen que dar explicaciones de por qué quieren esa cuenta y para qué van a usarla”, dijo. “Y la cuenta tiene que ser empleada para lo que se dijo que iba a ser usada”.

“Si en algún momento hay una discrepancia, el banco debe prender las alarmas”.

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05-06-22
Mayday, negocios dudosos a bordo

Si la llegada de Turkish Airlines a Venezuela, en 2016, fue parte del acercamiento de los regímenes de Nicolás Maduro y Recep Erdogan, en realidad se concretó gracias a la sociedad de un intermediario turco, Saffet Calarkan, con dos leales contratistas del chavismo, los hermanos Khalil. Desde entonces la ruta Caracas-Estambul no solo se desarrolló como un virtual puente aéreo por el que discurren misterios diversos, sino como punta de lanza de nuevos negocios entre los mismos socios.  

27-05-22
Dos sobornados, sus dos esposas y las visas de oro

Se revela que las únicas visas doradas concedidas por Portugal a venezolanos hasta 2014 -destinadas a inversionistas en inmuebles- fueron compradas con dinero de sobornos del Banco Espirito Santo y Odebrecht para dos altos funcionarios, el ex ministro Haiman El Troudi y un ejecutivo de Pdvsa, Abraham Ortega. En realidad, fueron a dar a venezolanas: las esposas de cada uno de ellos. Desde entonces el banco y Odebrecht cerraron sus puertas; Ortega fue sentenciado en Florida; pero El Troudi se hizo diputado y bloguero.

Alex Saab cobró caro para construir estas ruinas

El primer gran negocio del empresario colombiano en Venezuela no solo dejó muestras de las que serían sus prácticas irregulares del futuro -amaños cambiarios, precios inflados, palancas en el gobierno-, sino que quedó inconcluso. Entregó menos de cuatro de cada 100 viviendas de un proyecto habitacional en el estado Carabobo, que había facturado a precio de oro. El monte, los invasores y el olvido ahora amenazan la obra, iniciada hace una década y abandonada a medio hacer.

ELENCO DE 
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