Los quemaítos llegan a las tiendas de discos virtuales

Mundo Digital USA, una empresa creada en Florida, y relacionada con otra compañía asentada en Madrid, está usufructuando casi todo el acervo musical de Venezuela luego de una sospechosa y poco clara operación. Se trata de una situación derivada del cambio de paradigma de consumo de las canciones y de cierta displicencia de las principales casas disqueras y los encargados de sus sellos, quienes no supieron advertir a tiempo los cambios legados por la tecnología. Los afectados -cantantes, compositores- siguen siendo los damnificados de siempre. El dinero que deberían devengar por sus creaciones llega incompleto y, a veces, nunca llega.

1 octubre 2017

Se llama Mundo Digital USA. Se ha apoderado de buena parte del catálogo de las disqueras venezolanas Sonográfica, Velvet, El Palacio de la Música y de las desaparecidas como Sonorodven, que tenían en sus formaciones a los mejores cantantes de la escena local en los años ochenta, y distribuye a través de las tiendas en línea, contra la voluntad de sus herederos, las canciones de Simón Díaz, el más emblemático de los folcloristas. La historia es una suma de descuidos, desaciertos y, a decir de los afectados, de un descarado robo del acervo del pop que se hacía en Venezuela hace tres décadas.

Los afectados aseguran que el 70 por ciento de la cartilla de la música venezolana está en manos de impostores. Es decir, unos 1.500 álbumes están a disposición de Mundo Digital USA. Si cada uno contiene 10 canciones se llega a la cifra de 15.000 piezas. Si cada una de ellas, que cuesta casi un dólar, se descarga diez veces, serían unos 150.000 dólares mensuales que están en manos distintas a las de sus verdaderos propietarios. La cifra es una vuelta de tuerca en el eterno conflicto entre las casas productoras y los artistas. Los compositores y cantantes están todavía más desprotegidos porque no están recibiendo nada por sus creaciones. ¿Y cómo fue posible que los catálogos cambiaran de manos sin que sus dueños originales se enteraran?

En estas líneas yace una posible explicación:    

Track 1: Sonográfica

Es quizás la historia más aciaga. El ala musical del Grupo 1BC, dueña de la desaparecida televisora Radio Caracas Televisión y de la radio 92.9 FM, cerradas ambas por el régimen chavista, tardó muchos años en entender que el formato digital era el futuro del negocio. Los discos compactos y los viniles se venden cada mes menos porque la música, pirateada o no, está al alcance de un clic en iTunes, Spotify, Amazon, Deezer o Pandora.

En abril de 2016 todo el catálogo de Sonográfica, unos 4.400 títulos y más de 100 artistas, estuvo disponible por primera vez vía online

Sonográfica empleó un año recuperando todo su catálogo y las carátulas de aquellos discos. En algunos casos rediseñaron las portadas. También contrataron personas y empresas extranjeras que digitalizaron sus productos y los cargaron a una plataforma especial. En todo ese tiempo conversaron con The Ochard, una de las principales distribuidoras o agregadores de música y contenido digital en el mundo. El 29 de abril de 2016 todo el catálogo de Sonográfica, unos 4.400 títulos y más de 100 artistas, estuvo disponible por primera vez vía online, en cualquier lugar del mundo donde internet permitiera darle play a una canción y comprarla por 0.99 dólares, o adquirir el álbum completo por $10.

No era cualquier cosa. Eran todos los títulos de sus archivos, desde el catálogo heredado de la empresa Polydor de Venezuela (creada en los años 60 del siglo pasado) -con el cual nació Sonográfica en 1982- más todo lo producido a partir de la década de 1980, cuando un decreto del entonces presidente Luis Herrera Campins, conocido como “uno por uno”, exigiera a las radios difundir un tema de un artista nacional por cada artista internacional que sonara en sus programas.

El impulso a la industria discográfica nacional y a los artistas venezolanos no tuvo precedentes. Sonográfica se convirtió en el principal rival de Sonorodven, también nacida en los 80 y que pertenecía al Grupo Cisneros, dueños del canal Venevisión. La exigencia del “uno por uno” vio surgir a talentos como Ricardo Montaner, Karina, Melissa, Yordano, Ilan Chester, Franco De Vita, Rudy La Scala, Colina, Guillermo Dávila y otros tantos que se integraron a la escena musical donde ya sonaban voces importantes.

Poco duró la alegría de estar en las principales tiendas en línea. Doce días después de aquel 29 de abril de 2016, Sonográfica comenzó a ver su catálogo duplicado en todas tiendas online. No solo eran títulos repetidos (unos identificados con el copyright de Sonográfica y otros con el copyright de la empresa Mundo Digital USA), sino nombres de álbumes copiados sobre carátulas distintas, compilaciones jamás hechas por este sello disquero y supuestos discos nuevos que mezclaban temas de disqueras rivales.

Se presentan dos discos iguales, a la izquierda el original, perteneciente a Sonográfica y a la derecha el de Mundo Digital USA

Pasó, por ejemplo, con la placa “La Generación Halley”, la banda sonora de la película homónima dirigida por Thaelman Urguelles, éxito de Sonorodven en los 80 que fue versionado por Mundo Digital USA bajo el nombre de “La Degeneración Halley”, mezclando canciones de Sonorodven con Sonográfica. Todo un despropósito que desconoce las disputas que mantenían entonces las empresas. “Nosotros nunca pudimos llegar al acuerdo de sacar un disco juntos, y esta gente lo ha hecho”, subraya Luisa Elena Flores, encargada del manejo digital del catálogo de Sonográfica.

También colocaron en las tiendas digitales los primeros dos discos cantados en inglés por Rudy La Scala cuando llegó a Venezuela. Solo el artista sabía que existían porque nunca llegó a ser parte del catálogo de Polydor adquirido por Sonográfica, e hicieron lo propio con dos discos del personaje Kiko Botones, un personaje encarnado por el mexicano Carlos Villagrán, del elenco de El chavo del 8, cuando el artista grabó una serie en Radio Caracas Televisión.

“Esa persona como que estaba esperando que Sonográfica saliera para él salir…”

El hallazgo de los títulos copiados hace pensar al equipo de Sonográfica que detrás de Mundo Digital USA hay un coleccionista y conocedor de la industria disquera venezolana, pues tienen títulos tan desconocidos como valiosos, incluyendo placas que daban por perdidas porque en el proceso de digitalización del contenido jamás encontraron la cinta máster de la grabación. “Esa persona como que estaba esperando que Sonográfica saliera para él salir, para que fuese como la cortina que tapara al resto de los catálogos. No es el mío nada más, son muchos. Prácticamente el 70% del catálogo venezolano lo han montado ellos”, detalla la representante de Sonográfica.

Al conocer el reclamo The Orchard conectó a Sonográfica con la distribuidora que les hizo llegar el catálogo que se atribuye Mundo Digital. A partir de allí comenzaron los envíos de correos y llamadas que no llegaron a nada. Ni siquiera el valor del copyright ha sido considerado 16 meses después.

Algunos cantantes y compositores comenzaron a darse cuenta casi por azar. Entre ellos está Rudy La Scala, quien no ha cambiado de disquera a pesar de vivir en Los Ángeles y hoy figura como el artista que más ganancias le genera a Sonográfica.  Pero otros no están al tanto. Son más de 100 artistas y contratos que datan desde la época de Polydor, por lo que fácilmente hay más de uno que lo ignora. En este otro grupo se halla Oscar de Jesús Colina, el irreverente cantante de los 80 que marcó pauta en la estética musical y del video clip, y que abrazó el éxito en esa década para luego tocar fondo.

-Me estoy enterando contigo, por esta llamada -responde al otro lado del teléfono. Yo sé que Amazon vende varias de mis canciones, pensé que Sonográfica lo estaba haciendo. No sabía nada de esto. La verdad tampoco he recibido nada de Amazon.

Track 2: Simón Díaz

No es difícil dar con el nombre de Mundo Digital USA. En Amazon y demás tiendas en línea, cada álbum incluye los datos de la empresa que editó el producto, incluyendo un detalle importante: el copyright. El copyright indica el año de la primera publicación y el nombre del productor o dueño de esa grabación. Mientras los títulos originales de Sonográfica son publicados con el copyright “Distribuidora Sonográfica”, y el año en el que efectivamente circuló por primera vez ese disco (entre los 80 y 90), los títulos copiados por Mundo Digital tienen por copyright los años 2016 o 2017.

Habría que ser venezolano para detectar esa anomalía en los años de grabación de un disco que resultó ser un éxito en los 80 o ser un curioso que revisa hasta los créditos de la placa. A casi nadie interesa qué significa la C de copyrignt y si el disco que está escuchando es una copia ilegal.

En una búsqueda de rutina en Spotify y iTunes, a mediados de 2016, Bettsimar Díaz, heredera del patrimonio musical de Simón Díaz, encontró varios discos propiedad de la familia con esos detalles. El sello discográfico de Simón Díaz solía ser El Palacio de la Música, pero entre 1994 y 2008 el recordado Tío Simón comenzó a grabar y producir sin disquera de por medio. Bettsimar consiguió en una de esas plataformas una de las grabaciones independientes.

Para que llegaran allí solo había dos opciones: que la propia Bettsimar, como representante legal, lo hiciera a través de una negociación con una empresa agregadora o distribuidora como The Orchard, posibilidad que ella niega porque no ha ocurrido, o que lo copiaran. No duda de la última opción porque sabe que algunos de estos álbumes producidos sin el respaldo de las grandes disqueras han sido montados en YouTube por espontáneos. De allí toman el audio para montar luego las canciones o los discos completos. Así pudo haber llegado a iTunes la producción “Mano a mano con los niños”, del catálogo 1994-2008, con Copyright 2017 de Mundo Digital USA. El nombre se repite.

“No quiero saber cuántos están plagiando. No quiero ni imaginarme cuánto hemos dejado de percibir porque si no, no duermo más”

Los títulos que son propiedad de El Palacio de la Música también han sido copiados. El primer álbum de Simón Díaz con esta disquera, grabado entre 1963 y1964, es vendido como propiedad de Mundo Digital USA y al mismo tiempo con el sello de su disquera inicial; legal y pirata en las mismas plataformas.

El Palacio de la Música fue el sello discográfico que distribuyó a Fania All Star por toda Latinoamérica. Ya no; ese catálogo se vendió, y la empresa ha permanecido como la principal representante del folklore venezolano y otros géneros, con Simón Díaz, Serenata Guayanesa, Hugo Blanco y Cheo Feliciano como los líderes en ventas de su catálogo.

Todos sus títulos fueron negociados con The Orchard en 2009 y desde entonces pueden ser adquiridos en las principales tiendas online. Ernesto Aue, presidente de El Palacio de la Música, recuerda que en ese entonces debieron enviarle a la trasnacional todos los documentos que comprobaban la propiedad de la compañía sobre todas las grabaciones que negociaron. Aunque en ese momento todo su catálogo viajó en físico, sin riesgo de alguna filtración digital, igual no se ha salvado de las copias de sus títulos. “No quiero saber cuántos están plagiando. No quiero ni imaginarme cuánto hemos dejado de percibir porque si no, no duermo más”, dice. “La tecnología acabó con el negocio nuestro”, agrega, con evidente nostalgia.

El reclamo de Bettsimar Díaz tuvo dos respuestas: Spotify dejó de vender el material cuestionado, pero iTunes no. Esta última empresa tiene por política acercar a las partes para que lleguen a un acuerdo. Si se comprueba que el título denunciado es una copia ilegal lo sacan de su listado. Quizás porque están al tanto de esta situación, los representantes de Mundo Digital USA dejaron de responderle a Bettsimar y la remitieron a un abogado. Mientras la diferencia no se solucione, iTunes sigue ofreciendo los títulos cuestionados sin importar que estén duplicados.

A Palacio de la Música no le fue distinto. Desde que detectaron las primeras ventas irregulares hace más de tres años intentaron localizar a las personas detrás de esas compañías, pero fue inútil. The Orchard tampoco les ha facilitado la búsqueda, ni ha desincorporado de su oferta los supuestos títulos robados. Para Aue, esta trasnacional le huye al conflicto legal.

Track 3: Velvet

Con el fallecimiento de José Pagé, dueño de la disquera Velvet de Venezuela, en abril de 2016, sus hijos heredaron el negocio. Cuando comenzaron a ver el estatus en el que se hallaba la empresa familiar se dieron cuenta de que su catálogo -sustancioso por todo lo logrado desde la década de los 60 con artistas y agrupaciones como la Billo’s Caracas Boys, Los Melódicos, Los Impala, Felipe Pirela, Lila Morillo, Mirla Castellanos, Henry Stephen y Estelita del Llano, entre muchos otros- estaba siendo explotado por alguien más.

Las indagaciones los llevaron a Mundo Digital USA. La empresa es ya un gran lugar común. Pero además las pistas los conducen a otra empresa llamada Sono Ediciones de Venezuela, dependiente de la primera o aliada. Los herederos lograron ubicar a Álvaro Veli, director del sello y quien dice vivir en Madrid. Veli les aseguró que en la década de los 90 compró absolutamente todos los catálogos de las disqueras venezolanas Velvet, Sonográfica, Sonorodven y TH (Top Hits), es decir, todas las producciones de la época más exitosa de la música en Venezuela.

Frente a esa información, los representantes de Velvet le pidieron a Veli mostrar los documentos que comprobaran que habían adquirido los catálogos de Velvet, y así poder aceptar las condiciones de esa negociación. La respuesta del empresario cortó cualquier arreglo amistoso posible: “ese negocio lo hice yo con su papá, no con usted”. Las conversaciones, entonces, terminaron.

“¿Si dices haber comprado todos esos catálogos en los 90, por qué esperaste hasta 2016 para montarlos?”, comenta uno de los representantes de Velvet de Venezuela, quien prefiere quedar en el anonimato ante la intriga de desconocer el poder que tiene la persona que está detrás de esas compañías. A pesar de la negativa de Veli, los herederos de la disquera siguieron solicitando información sin importar la ausencia de respuestas, y buscando documentos que comprobaran la existencia de esa negociación jamás mencionada por su padre. Luego de casi ocho meses de investigación no consiguieron ninguna documentación en los registros venezolanos y estadounidenses, ni en las oficinas de Velvet ubicadas en Caracas.

“Esta es una compañía que se ha dedicado a piratear todos los catálogos de origen venezolano. Hay algunas otras grabaciones de otros países, pero básicamente casi todos sus productos son de Venezuela”, comenta el representante de la disquera. Tan solo en la plataforma CD Universe, Mundo Digital USA tiene 1.270 álbumes a la venta.

Track 4: bajo sospecha

The Ochard, la gran casa distribuidora de música digital, fue fundada en 1997, adquirida por Sony Music en 2015 y tiene presencia en más de 10 países. Sin embargo, entre los productos muestra los catálogos duplicados: los que han llegado directamente de Sonográfica, Velvet de Venezuela y El Palacio de la Música, y los que ha concentrado Mundo Digital USA. Esto sería el equivalente a que una discotienda tradicional exhibiera en sus estanterías el compacto original del sello disquero y la versión pirata.

The Ochard no respondió a los reiterados intentos hechos a su sucursal en Argentina y a sus cuarteles generales en Nueva York desde el pasado mes de agosto para obtener comentarios sobre esa paradoja. Sólo las plataformas que tienen a la venta los títulos venezolanos han dado respuesta a los reclamos de las disqueras. La empresa que les hizo llegar esos catálogos bajo el sello Mundo Digital se llama “Mojito/Pimienta Digital Content Management Corp”, registrada en Miami en julio de 2012.

Frente a ella se encuentran Juan Estévez y Mel Carmona, cubanos residenciados en Miami, vinculados al mundo discográfico desde hace más de una década. Al menos Carmona llegó a conocer la industria venezolana entre los 70 y 80, cuando trabajó para Velvet de Venezuela.

Antes de Mojito/Pimienta Carmona estuvo asociado a otros sellos discográficos, incluida Pimienta Records (también con Estévez), y Max Music. Como presidente de esa disquera, Carmona enfrentó una demanda en Nueva York por una presunta violación de la ley de derechos de autor de EE. UU al usar unas producciones sobre las cuales ya no tenía licencia para su explotación. Es una acusación similar a lo que está ocurriendo con Mundo Digital USA, que autorizó a Mojito/Pimienta la distribución de unos productos de los que dice ser dueño sin presentarle a los agraviados los documentos. Pero ni Juan Estévez ni Mel Carmona quisieron dar su versión para este reportaje. El 17 de agosto Carmona reenvió la solicitud de entrevista de Armando.Info a su abogado Albert Xiques, con el comentario; “Just got this email... next step?”.

Xiques ofreció una entrevista a través de una llamada en conferencia para el 24 de agosto, pero llegado el día no hubo respuesta, como tampoco lo hizo a otras cinco comunicaciones enviadas antes de esta publicación.

Si bien The Orchard podría ser responsable al ofrecer a las tiendas digitales los títulos cuestionados, los representantes de las disqueras y algunos artistas afectados consideran que la trasnacional está viendo a Mundo Digital, Sonográfica, Velvet de Venezuela y El Palacio de La Música como igual de culpables o sospechosas. Cualquiera pudiera estar mintiendo sobre la propiedad de los catálogos. Otros consideran que las disqueras venezolanas son un grano de arena en la playa y por eso The Orchard no se ha volteado a ver qué pasa, pero lo que sí le cuestionan es que no tome en cuenta el valor que tienen los derechos de autor de cada producción, el cual debería bastar para confirmar sospechas.  

Aun así, con todas las diferencias, The Orchard mantiene relación con las disqueras que la escogieron como su distribuidora en Internet, vendiendo legalmente sus catálogos y enviando trimestralmente los reportes de las ventas con el respectivo depósito de dinero, para que cada compañía cumpla con las regalías convenidas con sus artistas.

Track 5: Sin rostros

Mundo Digital USA está recibiendo dividendos al menos desde mayo de 2016, fecha en la que Sonográfica advierte la irregularidad. Pero la empresa nació cinco meses después, el 26 de octubre, cuando fue registrada en Miami.

Argenis Salazar, Carlos Eduardo Molina González y Gabriela Salazar son los nombres del presidente, vicepresidente y administrador de la compañía, que tiene por objeto la distribución en todo el mundo de los catálogos originales de música de Velvet, TH, TH Rodven, Sonográfica, Distribuidora Sonográfica, Love Records, Sono Ediciones de Venezuela, TH Top Hits Venezuela y TH Velvet. Es decir, todos los sellos que llegaron a existir en Venezuela y que sirvieron de base para el nacimiento de otras, como el caso de Love Records y TH o Top Hits.

Un mes antes, el 21 de septiembre de 2016, estas mismas personas ya habían registrado en la misma división de Florida la empresa “Sonografica Music & Distribuidora Sonográfica Digital, LLC”, homónima de la Sonográfica original con sede en Caracas y existente desde 1982.

La fecha de registro de ambas coincide con los meses en los que Sonográfica contactó a Mundo Digital para reclamarle por los catálogos copiados.

En esa misma línea, el 22 de diciembre de 2016, registraron Velvet de Venezuela, S.A, Corporation LLC. En su directiva, además de Argenis Salazar y Gabriela Salazar, está Álvaro Veli. También copiaron el nombre del sello venezolano que aún se mantiene activo en Caracas.

Velvet y Sonográfica pudieron ser constituidas en Miami porque las compañías originales venezolanas, registradas en esa misma ciudad en los 80, no se mantuvieron al día y quedaron inactivas. Ahora estas acciones suponen una pelea por comprobar cuál es la disquera verdadera y cuál es la verdadera propietaria de los catálogos.

Sólo Argenis Salazar ha respondido a los reclamos de los representantes de las disqueras, y a varios cantantes, a través de correos electrónicos. Salazar les ha reiterado que posee los contratos que demuestran la propiedad de los títulos cuestionados, pero que no puede mostrarlos porque son confidenciales. Cuando los afectados insisten promete que su hija Gabriela, abogado, les mostrará la documentación. Todavía no ha ocurrido la primera reunión.

Es una respuesta que han recibido Bettsimar Díaz, los representantes legales de Velvet y Sonográfica, y hasta los autores y compositores que, sin saber la dimensión de esta ilegalidad, están reclamando sus derechos de autor.

Es el caso de Pedro Castillo, el recordado vocalista y compositor de Aditus. En mayo de 2016, unos amigos le comentaron con emoción que habían escuchado en Spotify una compilación de temas de Aditus. El disco nuevo estaba muy bueno, decían. Extrañado, Castillo les pidió ver de qué se trataba y se encontró con un disco inventado, con una carátula inexistente entre los álbumes de Aditus, y hasta nombres de canciones con errores ortográficos. La placa había sido editada por Mundo Digital USA.

Al cantautor Guillermo Carrasco le ha ocurrido algo tragicómico. Unos amigos se bajaron de iTunes un disco incompleto y con canciones distintas a las indicadas. Una vez más, la copia era de Mundo Digital.

En los correos que intercambia con los artistas o sus representantes Argenis Salazar suele colocar el pie de página de la empresa Sono Ediciones de Venezuela. Se trata de una sociedad supuestamente inscrita en Madrid, España, que comparte con Álvaro Veli. A Luisa Flores, gerente general de Sonográfica, no le parece una casualidad la selección del nombre porque están tratando de emular el de “Sono Editora”, la dependencia de Sonográfica que maneja los derechos de autor. “Se equivocaron, se lo copiaron mal”, afirma.

De Sono Ediciones de Venezuela no existe documentación. Nadie atiende el número local de la oficina en Madrid y la sede se ubica en una zona de edificios residenciales, Plaza Los Mostrenses. Tampoco aparece en los registros comerciales de España.

Y de su representante legal, Gabriela Salazar, han enviado datos de la oficina en Venezuela que, al igual que toda la trama, resultan imposibles de comprobar. La supuesta dirección está en la avenida Neverí, código postal 1250 en Caracas, pero ese código no existe en Venezuela. La avenida mencionada se ubica en Colinas de Bello Monte, cuyo código postal es 1050. La vivienda indicada tampoco existe, el número de teléfono suena desactivado y el Registro de Información Fiscal de la empresa tampoco está registrado (J-04042536-9).    

Ni Véliz ni Salazar, padre e hija, respondieron a las solicitudes de entrevistas enviadas desde agosto. Sus identidades parecen estar solo en los bits del “mundo digital” donde operan.

En el caso del tercer socio de Mundo Digital USA, Carlos Eduardo Molina González o Eddie González (se presenta de ambas maneras), su nombre no le es ajeno a la industria discográfica venezolana. Así se llamaba uno de integrantes de Los Fantasmas del Caribe, la agrupación de música caribeña que sonó con fuerza en los 90.

Molina se ha dedicado a la producción musical y audiovisual y ha registrado al menos cuatro compañías con el nombre de la agrupación. En 2016 enfrentó una demanda como representante de la empresa de entretenimiento Just in Time, por incumplimiento de contrato, fraude y difamación. Algunos dudan de que se trate de la misma persona, otros ni lo confirman ni lo descartan.

Bonus track: Lo que les quedaba

Lo que ha estado ocurriendo con estos catálogos de música, dice José Rafael Fariñas, abogado especialista en propiedad intelectual y director general de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (Sacven), es una violación a los derechos económicos o patrimoniales derivados del derecho de autor, que también pudiera incluir la vulneración de los derechos morales por afectarse la integridad de la obra.

La clave, según el especialista, sería determinar quién tiene los derechos sobre los contenidos que se están ofreciendo, los cuales suelen generarse por tres vías: un contrato (por disposición de las partes), disposición de una ley, o por razones mortis-causa (fallece el dueño y quedan los herederos). Si alguna de estas tres condiciones no está presente hay que presumir que son productos ilícitos, agrega, aunque también puede darse el caso de que ese supuesto contrato que una de las partes dice poseer, resulte ser una estafa.

La Cámara Venezolana de Productores Fonográficos está al tanto de lo que ocurre con parte de sus agremiados, e incluso ha escrito a Mundo Digital USA. “No podemos hacer mucho porque, en estos casos, corresponden demandas individuales”, aclara Olga Tovar, directora.

Lo que sí advierten con preocupación es que esta apropiación indebida de los catálogos de música significa un avance inesperado de la piratería. Por lo general los piratas copiaban la música del momento, lo recién estrenado, los éxitos nuevos y de los grandes artistas. Con estos principios nació y ha vivido el mercado ilícito de los discos quemados. “Hasta ahora no se habían metido con los catálogos, los manteníamos bajo resguardo porque de ellos es que vivimos. Por eso que hayan llegado a ellos nos deja sin aliento”, finaliza.     

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