APÓYANOS

El mentor entre sombras de Nicolás Maduro

La extinta Liga Socialista de los años 70 y 80 fue una escuela política para el heredero de Chávez. Aunque de bajo perfil, uno de sus maestros de entonces aún lo acompaña en su gestión gubernamental. Su formación ideológica apunta a una visión vertical del movimiento socialista.

27 junio 2015

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El presentador anuncia que Jesús Martínez tomará la palabra, en calidad de vocero de la Región Capital, ante el Consejo Universitario de la Universidad Bolivariana de Trabajadores “Jesús Rivero”. Es 22 de mayo de 2013, y resuenan los aplausos en el Teatro Municipal de Caracas.

--Camaradas, fíjense, aquí hay un encuentro de sentimientos, emociones. Nicolás las conoce, ¿no es así, Nicolás?—comienza Martínez.

--Perfecto.

--Perdón, “Presidente”, se me había olvidado—corrige.

Son amigos, compañeros desde hace más de treinta años, cuando Maduro daba los primeros pasos de una carrera política que lo llevaría a heredar las riendas de la Revolución Bolivariana –como se denomina a la administración gubernamental de Hugo Chávez–. La Liga Socialista, donde se conocieron, fue su escuela ideológica mucho antes del chavismo, y no la olvida: Martínez, uno de sus mentores en aquel movimiento izquierdista, es el ministro para el Proceso Social de Trabajo de quien se autocalifica como el primer presidente obrero de Venezuela.

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“Vamos a cuidarlo, es el Presidente”, sugiere, con tono amable, el diputado Oswaldo Vera, quien acompañó a Nicolás Maduro en la coordinación nacional de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT) en la década de los noventa. Conoce parte de sus inicios en la militancia política; compartieron luchas sindicales y una amistad muy cercana. Pero sólo se atreve a describirlo a grandes rasgos: pocos detalles, sin anécdotas. “Déjalo así, déjame cuidarlo”.

Su resistencia se ajusta a la acostumbrada opacidad en torno al pasado del mandatario. La historia de su antecesor era, o parecía, más clara: aquel militar, oriundo de Barinas, que intentó un golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, y que luego fue apresado, absuelto, y después promotor del llamado Socialismo del Siglo XXI, en Venezuela y América Latina, hasta que falleció de cáncer. “Elijan a Nicolás Maduro”, pidió aquella noche del 8 de diciembre de 2012, su última en televisión nacional, antes de partir a Cuba al tratamiento del que no sobrevivió.

Su opinión era “firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total”, dijo. No dejó espacio a dudas: no podía ser otro el candidato del chavismo sin Chávez. Meses antes, en octubre, le delegaba, incluso, su gran sueño: “Nicolás, te encomiendo las comunas como te encomendaría mi vida”. La confianza política estaba clara. Chávez sonaba convencido: él era el hombre indicado para continuar su proyecto.

https://youtube.com/watch?v=rlvbfVNsa9s

Entre recuerdos y silencios, la experiencia del presidente Maduro en la extinta Liga Socialista arroja luces sobre su formación ideológica y en esta, figura un mentor de bajo perfil. Las bases de entonces son los cimientos políticos de quien hoy encabeza un chavismo fracturado, sometido al riesgo de perder, por primera vez, su tradicional mayoría legislativa en los comicios parlamentarios de diciembre de este año.

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Nacido en los años 60, Maduro vivió su infancia y adolescencia entre noticias de rebeldía, persecución, detenciones, torturas: el dictador Marcos Pérez Jiménez había caído, pero no el ímpetu de jóvenes liceístas y universitarios, de varias partes del país, de oponerse al poder gubernamental, atraídos por ideas izquierdistas en tiempos de Guerra Fría.

La propuesta democrática del Pacto de Punto Fijo –firmado por los partidos Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) y Unión Republicana Democrática (URD)–, que buscaba garantizar el orden constitucional y el respeto del proceso electoral, no era suficiente para quienes desde muy temprana edad se incorporaban a la política con una posición anti-estadounidense, que entraba en contradicción con la política exterior de la nueva era democrática. El Partido Comunista de Venezuela (PCV) había sido excluido del pacto y muchos afines a planteamientos marxistas y prácticas soviéticas asumieron el camino de la lucha armada.

Los jóvenes eran captados en liceos y universidades, y su incorporación a un movimiento en específico obedecía en gran medida a la influencia de las amistades. Julio Escalona –ex guerrillero, ex secretario de la Liga Socialista y ex embajador de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas (ONU)–, integró la militancia juvenil de AD, que en 1960 se separó del partido para fundar uno nuevo de tendencia marxista, llamado Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que a su vez sufrió una división que dio pie al Frente Guerrillero Antonio José de Sucre, que a su vez también sufrió pugnas internas, se dividió y surgió la Organización de Revolucionarios (OR). “La fundamos con la idea de que no había una organización revolucionaria en el país, pero después se planteó pasar de la clandestinidad a la lucha legal y creamos la Liga Socialista”, explica Escalona.

La Liga Socialista funcionó, entonces, como fachada legal de la Organización de Revolucionarios y entre sus fundadores figuraron Jorge Rodríguez (padre) –asesinado por cuerpos policiales–, David Nieves, Fernando Soto Rojas, Carmelo Laborit, Marcos Gómez, Orlando Yajure y Julio Escalona. “El socialismo se conquista peleando”, era una de las consignas. Uno de sus antiguos militantes, Dafnis Domínguez, ex secretario de la Liga Socialista en el estado Lara, cuenta que la organización se dedicaba al trabajo con estudiantes, barrios y asentamientos campesinos, al tiempo que fracasaba en el plano electoral y padecía la persecución policial. “Cuando yo estaba en Petare (uno de los barrios más grandes de Latinoamérica, ubicado en el Área Metropolitana de Caracas) fui detenido el 13 de junio de 1972, y tras un periodo de dos años de prisión en el Cuartel San Carlos, fui indultado tras protestas en la Universidad de Carabobo por mi libertad”, recuerda Juan Medina Figueredo, quien asumió la Secretaría General de la Liga Socialista luego del asesinato de Rodríguez.

Domínguez y Figueredo no conocieron a Maduro personalmente –que ejercía labores sociales y sindicales de carácter local–, pero precisan a David Nieves y Jesús Martínez como sus compañeros más cercanos en la Liga. A diferencia del primero, Martínez –abogado laboral de 70 años, antiguo miembro de la Dirección Nacional de la Liga Socialista– continúa muy cerca del presidente, ahora como parte del Gabinete Ejecutivo, en su primer cargo en el Gobierno nacional. Hijo de madre campesina y padre pescador, Martínez estuvo en el equipo de abogados defensores de Chávez.

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“Jesús es experto en camuflarse y que no lo vean, ni aparezca. Pero Jesús es el alma creadora de este proyecto histórico de la Universidad de los Trabajadores y Trabajadoras”, destacaba Maduro en aquel evento de la Universidad Bolivariana de Trabajadores “Jesús Rivero” en el Teatro Municipal. Otro día, en otro discurso, el presidente sacó otra vez a Martínez de su bajo perfil por unos minutos: lo mencionó como uno de sus grandes maestros de la Liga Socialista.

Ex miembros de la Liga tienen a Martínez en alta estima, y lo califican de leal y fiel a sus principios de defensa de los trabajadores. Muy reflexivo, hasta el punto de retrasar decisiones y acciones mientras piensa y diseña, dice el parlamentario Oswaldo Vera. “Yo soy más pragmático”, afirma. Ambos coincidieron –y Maduro también– en la comisión presidencial que redactó la Ley Orgánica del Trabajo vigente.

El actual ministro formó parte de la lucha clandestina y de la Liga Socialista, y, como otros compañeros, fue capturado por la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) –hoy Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin)– y torturado, cuenta Figueredo. “Yo recuerdo una oportunidad en que fue detenido con Manuel Fernández. Ambos eran responsables de la parte obrera”. Algunos le dicen El Profesor, porque figuraba entre los formadores de la Liga Socialista.

Las llamaban Escuelas de Cuadros consistían en procesos formativos dirigidos por los propios dirigentes nacionales de la Liga. Estudiaban el marxismo a través textos-manuales soviéticos, tales como ¿Qué hacer? –que trata sobre la organización y el partido–, de Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin, líder de la Revolución bolchevique en Rusia y primer dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Pronto llegó la influencia de China. Desde finales de los 60 y hasta principios de los 80, periodo en que se incorpora Maduro, se palpó la influencia de la Revolución China mediante textos de Mao TseTung, tales como Sobre la contradicción –de cómo abordar y enfrentar las contradicciones en el pueblo–. En la Liga también había personas con formación cristiana –como el mismo Martínez–, pero la base, dicen sus antiguos miembros, era el marxismo.

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Luego vinieron las divisiones: a mediados de los 80 empezaron las discusiones teóricas que derivaron en métodos irreconciliables. Entre las distintas posiciones destacaban dos facciones principales. Por un lado, estaban los que proponían un enfoque más práctico, con el trabajo en barrios y fábricas como punto de partida para planteamientos teóricos nuevos, propios, sobre la experiencia particular de construcción del socialismo. Y por el otro, estaban los que insistían en el modelo marxista-leninista de consolidación del partido izquierdista, que mantenía una estructura vertical del movimiento. Los primeros apostaban por una dinámica más horizontal. Martínez y Maduro pertenecían al segundo grupo.

“Planteamos la lucha por el socialismo partiendo de superar las experiencias conocidas y crear una nueva democracia. Eso se aprobó y ellos (el segundo grupo) no lo aplicaron”, recuerda Orlando Yajure, sociólogo, docente de la Universidad Central de Venezuela y ex miembro de la Dirección Nacional de la Liga Socialista. Los detractores de la imitación de modelos, entre ellos Yajure, se separaron de la Liga, mientras que los leninistas-marxistas la mantuvieron, hasta su desaparición en 2007 cuando se incorporó al Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), creado por Chávez como partido unitario del socialismo venezolano.

El último secretario general de la Liga Socialista fue Fernando Soto Rojas, hoy diputado a la Asamblea Nacional. “No sé mucho de él (de Maduro) porque yo estaba en la clandestinidad. Sí lo conocí y hablábamos, pero no todos los días, como Eduardo Piñate (hoy diputado por el estado Portuguesa) y Jesús Martínez, que estaban más con él”, asegura. Maduro, fiel al marxismo-leninismo, continuó en la Liga tras la ruptura, hasta que se sumó, a mediados de los 90, a las filas de Chávez en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200).

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Junio, 2014 (un año y dos meses en la presidencia). "Ya es suficiente de esa izquierda trasnochada, grupalista, fraccionalista que dañó y mató el proyecto y la esperanza popular en la década de los 70 y los 80. Que no supo dirigir a este pueblo nunca (…) no reconocen jefatura, liderazgo, no reconocen nada”, reclamó Maduro luego de que Héctor Navarro, ex ministro y reconocido dirigente del Psuv, publicara una carta en apoyo a otra carta escrita por el ex ministro de Planificación, Jorge Giordani, donde afirmaba que su gestión se distanciaba de la línea estratégica de Chávez. “Resulta doloroso y alarmante ver a una presidencia que no transmite liderazgo, y que parece querer afirmarlo en la repetición”, reza el escrito del economista.

Navarro, tras respaldarlo, fue expulsado de la Dirección Nacional del Psuv y como él, Nicmer Evans, Heiber Barreto y Carlos Hurtado –identificados en un ala del chavismo que se presenta con el nombre de Marea Socialista– denunciaron haber sido excluidos de la militancia por señalar debilidades del gobierno y su partido. La polémica continuó con la abstención –calculada extraoficialmente entre 88% y 96% en las votaciones de julio para escoger a los delegados del partido.

Maduro, como en el pasado, defiende tajante la autoridad del partido; como nuevo líder del Psuv, exige “máxima lealtad y disciplina”, y condena a quienes lo acusan de ser un nuevo Stalin. Simplemente cumple, dice, la tarea que le encomendó su antecesor. Una lealtad y un destino trazados desde la Liga, o al menos así dio a entender durante un acto de conmemoración, en julio de 2013, de los 37 años de la muerte de Jorge Rodríguez (padre): “Jesús Martínez nos colocó en el camino de Chávez”, soltó.

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