Cadivi también dio dólares a la "Fundación Pérez Jiménez"

El relato oficial de la revolución bolivariana ha buscado apropiarse de la celebración del 23 de enero, aniversario de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez. Y lo sigue intentando a pesar de que el espíritu castrense del proceso no solo permitió reivindicar el nombre del dictador, sino además financiar con 1,7 millones de dólares a una fundación de ese nombre, gerenciada por un nieto del general.

Una tajada de los dólares de la Comisión Nacional de Administración de Divisas (Cadivi) fue a parar a una fundación que se presenta con el nombre del general Marcos Pérez Jiménez, el hombre fuerte que gobernó al país en la década de los 50 a través de un gobierno militar, que hasta sus defensores reseñan como la última dictadura que Venezuela vivió en el siglo XX.

Fueron un poco más de 1,77 millones de dólares. Entre los años 2004 y 2012, Cadivi desembolsó un total de 1.776.273 dólares en respuesta a siete solicitudes de divisas que la Fundación Marcos Pérez Jiménez presentó al Estado. Así quedó asentado en “la lista de Cadivi”, que ese mismo organismo publicó a finales del año 2012 como un ejercicio de transparencia, para aplacar las críticas que –aun a lo interno del Gobierno– han venido acusando corrupción en la asignación de las divisas que desde hace 12 años controla el mismo Gobierno.

No hay detalles que precisen las cuentas de la Fundación Pérez Jiménez. Cadivi ya no existe y en el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex) tampoco ha dado luces sobre los balances que heredaron de ese organismo. En el Registro Subalterno del Sexto Circuito del Municipio Libertador tampoco pueden precisar más que los datos que quedaron asentados en sus archivos.

Más que el nombre de la fundación, a los empleados del registro les llama la atención que el expediente no tenga otro documento que el acta constitutiva que el 29 de agosto de 2003 presentó uno de los nietos de Pérez Jiménez. Ese día Lee Marcos Brook Pérez-Jiménez formalizó los trámites de una entidad privada sin fines de lucro, de cuya actividad rinde cuentas, 12 años después, con una relación de obras de caridad y beneficencia.

“Hemos hecho operativos para donar juguetes, entregamos sillas de ruedas, repartimos lentes, pintamos la iglesia de Michelena, ayudamos a niños víctimas de quemaduras y donamos una ambulancia al ambulatorio de Michelena entre muchas otras obras”, dice. “Tenemos un dossier inmenso guardado en cajas con todo lo que hicimos, estoy hablando de obras de hace más de 12 años que de un día a otro no podría enumerar”.

En el municipio Michelena del estado Táchira, donde nació Pérez Jiménez, ciertamente conocen a Brook. En ese rincón de los Andes venezolanos, el nombre del dictador es todavía –a 57 años de la caída de su régimen, que se cumplieron el viernes– como el de un prócer. Tal vez por eso recibieron con los brazos abiertos al nieto de ese hijo ilustre.

Al nieto, Marcos, como se presenta, lo recuerdan por una temporada en la que se apareció ofreciendo becas y ayudas médicas. Bajito como su abuelo, aunque con acento de España, en algunas ocasiones se vio rodeado por gente que le pedía ayudas y favores. Eso comenta el dirigente local del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Ely Pernía, quien entonces era el alcalde del pueblo: “La gente lo seguía a él en todos los actos que se hacían, le mandaban cartas, pero desconozco de dónde sacaba sus recursos”.

Fue en 2002. El nieto de Pérez Jiménez se convirtió en el acontecimiento del pueblo. Tenía poco tiempo de haber llegado al país cuando se apareció en el terruño familiar. Iba y venía ofreciendo ayudas hasta que al año siguiente no volvieron a saber de él en esa localidad de poco más de 20.000 habitantes. A partir de entonces su nombre quedó asentado en los registros de Caracas como autoridad de la Fundación Pérez Jiménez y como solicitante de dólares ante el Gobierno nacional, que en febrero de 2003 se reservó todas las operaciones de cambios de divisas mediante un régimen de control, a cuyo cargo puso a Cadivi.

“Una vez lo vi en el Círculo Militar de Caracas”, cuenta el ex alcalde de Michelena, Ely Pernía. “Acudía a unas reuniones con gente del Gobierno, con diputados, con personalidades no sé si cercanas a Miraflores”.

Y fue precisamente en el Círculo Militar, el club de la oficialidad de las Fuerzas Armadas, donde la Fundación Marcos Pérez Jiménez se presentó por primera vez en sociedad. Ya no agazapada entre carpetas Cadivi ni entre los expedientes de las notarías, su nombre se vio y se escuchó el 30 de septiembre de 2006 en el evento “Humor, amor y baile”, organizado a beneficio de esa fundación y convocado para el Salón Venezuela, el mismo sitio donde, redundancias de la historia, bailaba la élite de los años 50.

Como atracciones musicales estuvieron la orquesta Los Melódicos y el trío romántico de Los Hermanos Rodríguez; se presentó el Che Gaetano y Rafucho El maracucho. También el humorista Wilmer Ramírez, estrella del canal Venevisión, a quien todavía le llama la atención que tantos artistas juntos no llenaran el salón.

“Yo era el conductor del show; recuerdo que me dijeron: ‘¿Tú tienes algún problema en trabajar para el público del Salón Venezuela?’, y dije que no porque trabajo para todo el mundo. Lo que sí me llamó la atención fue cuando vi la pancarta. Me dije: ‘¿Qué fundación se llama Marcos Pérez Jiménez?’. Pero como nunca se habló del tema, ni siquiera en el show…”.

“El objeto principal de esta fundación es el de fomentar, desarrollar, dirigir, administrar, ejecutar y coordinar ampliamente la capacitación académica de ciudadanos venezolanos a través de la adjudicación de Becas y/o Créditos Educativos al cual podrán optar mediante concursos de oposición en el que deberán presentar los requisitos establecidos por las leyes venezolanas y españolas”, señala el acta constitutiva de la fundación.

Las ayudas estudiantiles, sin embargo, no fueron tantas. “Se becaron tres estudiantes por un lado, cuatro por otro, cinco por otro, no recuerdo ya”, afirma Brook al otro lado del teléfono. Dice que seleccionaron algunos beneficiarios para estudiar carreras como Medicina y Arquitectura en España, pero que suspendieron el programa cuando empezaron a ver que los jóvenes aprovechaban la oportunidad como un trampolín para no regresar a casa.

Los dólares de Cadivi, de cualquier modo, entonces sirvieron a la Fundación Marcos Pérez Jiménez para entregar ayudas sociales: unos camiones de víveres para las víctimas que en 2005 sufrieron los efectos de una segunda vaguada en Naiguatá, estado Vargas (litoral central de Venezuela); apoyo económico para financiar un equipo de fútbol más allá; también insumos y aparatos médicos para los necesitados...

¿Para que serían entonces los dólares de Cadivi? “Trajimos sillas odontológicas entre otros equipos médicos por courier”, dice. “Nosotros no usamos todo lo que estaba estipulado; tendría que ver partida por partida, pero sé que algunas no fueron aprobadas y, en otros casos, reembolsamos parte del dinero”.

El gobierno de Socialismo del Siglo XXI, el mismo que "celebra" el 23 de enero –fecha del derrocamiento de la dictadura militar–, fue quien financió a la Fundación Marcos Pérez Jiménez.

No es la primera vez, sin embargo, que el Bolivarianismo de Hugo Chávez tiene atenciones con el régimen militar que sometió a la disidencia bajo la impronta de una dictadura de derecha aliada de Washington. Ya en 1998, en medio de su primera campaña presidencial, Chávez visitó a Pérez Jiménez en Madrid, en la misma casa de la exclusiva urbanización La Moraleja, donde el general pasó la mayor parte de su exilio hasta sus últimos días.

Chávez nunca tuvo malas palabras para el militar que dominó Venezuela 40 años antes de él. “No hay que decir que cayó la última dictadura con Pérez Jiménez, porque la última dictadura fue la del Pacto de Punto Fijo”, proclamó en cadena de radio y televisión el 23 de enero de 2011 frente a una masa de partidarios que lo acompañaban en el Palacio de Miraflores.

Aún más: Chávez tuvo sus deferencias para el viejo dictador.  Quiso invitarlo para su primera toma de posesión, en febrero de 1999. Mucho más tarde, el 25 de abril de 2010, ya proclamado el carácter socialista de su revolución, el mandatario se animó a afirmar: "Yo creo que el general Pérez Jiménez fue el mejor presidente que tuvo Venezuela en mucho tiempo”. Eso soltó desde la población de Mantecal, en los llanos del estado Apure, al suroeste de Venezuela, en la edición 355 de su programa de radio y televisión Aló, presidente. “¡Ufff! Fue mejor que Rómulo Betancourt, fue mejor que toditos ellos. No los voy a nombrar. Fue mejor, ¡Aahh! Lo odiaban porque era militar”.

Y ese es precisamente uno de los imanes que atrajeron a los dos caudillos, advierte el historiador Luis Alfredo Angulo, decano de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes (ULA) en Mérida: “No hay afinidad ideológica pese a que comparten una base común, soporte fundamental de cada régimen, que son las Fuerzas Armadas”.

Claro que con Chávez llegaron a verse militares dirigiendo hasta geriátricos, acota el historiador. De cualquier modo, el andino se esmeró más por dirimir los asuntos de Estado desde su despacho que por girar instrucciones sobre una tarima. “Era un contraste con lo que fue Hugo Chávez, que gobernó con la lengua o a través de la lengua y coloca en su discurso la reivindicación de la palabra pueblo”, concluye.

“La lista Cadivi” suma 10.373 empresas que aprovecharon la bicoca de obtener dólares preferenciales. Se trata de tan solo 2% de las casi 472.000 empresas que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) calculaba para el año 2008, y entre esos privilegiados estuvo la fundación que el nieto de Pérez Jiménez registró el año en que comenzó el control cambiario.

El cineasta Carlos Oteyza, autor de Tiempos de Dictadura –un documental que en 2012 mostró en pantalla grande la época de Pérez Jiménez– no encuentra problemas en que el nieto de una figura pública reivindique a su familiar a través de obras sociales. “Forma parte de lo que Venezuela debe tener: pluralidad”, dice. “Lo que me llama la atención es que sea con recursos del Estado”.

Brook, de cualquier modo, señala que en su caso no hubo ningún tipo de influencias. “Son solicitudes normales”, dice. “Yo acababa de llegar al país por el proyecto de la fundación, me dijeron cuál era el procedimiento y lo único que sé es que cumplimos con el proceso”.  No tiene nada que ver con el Gobierno, asegura, y su permanencia en Venezuela obedece más al hecho de haberse topado con su actual esposa precisamente en esos tiempos en que vino de España a reivindicar el nombre de su abuelo. “Tengo un anillo aquí que pesa mucho”.

De otra forma, en Venezuela no quedaría ningún heredero del general. Sus cuatro hijas y 10 nietos echaron raíces en España, donde terminaron un periplo que comenzó en República Dominicana, siguió en Estados Unidos y se prolongó otra vez Venezuela, cuya justicia lo condenó a cuatro años de prisión en una cárcel de San Juan de Los Morros por peculado y corrupción.

El 23 de enero de 1958, Marcos Pérez Jiménez había abandonado el poder a bordo de un Douglas C-54 Skymaster de cuatro motores, que en la historia ha quedado con el nombre de La vaca sagrada, el apelativo que le había asignado su anterior usuario, el presidente de Estados Unidos. Olvidó, sin embargo, una maleta que horas más tarde reclamó su esposa, Flor Chalbaud, desde Santo Domingo. “¿Qué sabe usted de una maleta que dejé olvidada en la casa, usted no la ha visto?”, preguntó la ex primera dama al equipo de su marido, en una conversación que documentó el cronista Oscar Yánez en la edición del 29 de enero de 1998 de El Universal en su ya célebre columna, Así son las cosas.

“Búsquela, por favor. Es una maleta blanca, de piel. Tiene una placa pequeña dorada con las iniciales 'M.P.J.'. Yo lo llamo después. Debe estar en el cuarto o cerca de la puerta que va al jardín...”.

La maleta finalmente apareció. Tenía ropa, un uniforme de General de División talla 42, dos pijamas de seda con las inscripciones de “MPJ”. Pero también contenía una serie de títulos valores: alrededor de 3 millones de bolívares en bonos del Centro Simón Bolívar, otros 300.000 bolívares y cerca de 100.000 dólares en billetes, que luego fueron usados como pruebas en el juicio contra Pérez Jiménez.

Así terminó la dictadura. Entre la maleta de entonces y los dólares de Cadivi han pasado muchas cosas. Brook recuerda que la historia la escriben los vencedores. “Yo no viví la historia de mi abuelo; hay cosas reprobables, pero hay otras que destacar”, opina. “Yo juzgo en base a resultados, la situación económica de Venezuela en 1958 fue la mejor de la historia y si sacas el Gobierno fuera del contexto de ese año es evidente que es anacrónico”.

Lejos de los libros, Brook conoció a un Pérez Jiménez cercano y sensible. “No fue una persona sanguinaria como han querido decir; fue más bien alguien muy humano y pendiente de su pueblo”, asegura. “Yo viví con él hasta que murió, él quería regresar. ‘Marcos, tienes que entender que es mi patria’, me decía”.

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