La ambición de estos venezolanos no cupo en un castillo de Toscana

Cuando la petrolera Pacific Rubiales estaba en su mejor momento, varios de sus directivos –junto con los dueños de otra gran fortuna en Venezuela– decidieron hacer una inversión excéntrica en Italia comprando un pueblo medieval con castillo incluido. Algunos de ellos, sin embargo, fueron más allá y explotaron minas de oro en ese país europeo dejando más penas que glorias con esos emprendimientos, que quedaron entre el olvido y un gran daño ambiental.

29 septiembre 2021

“La felicidad solo es posible con el placer”, dice una máxima del hedonismo a la que parecen haberse aferrado los dueños de las fortunas más prominentes en Venezuela. Una, en particular, logró materializar su propio paraíso en los campos de la Toscana, céntrica región de Italia que sabe a chianti –de los más prestigiosos vinos del mundo con denominación de origen– y estampa de un escenario digno de una película de Franco Zeffirelli.

El objeto del deseo no fue cualquier cosa: 683 hectáreas de terreno de una propiedad dominada por el castillo de Montingegnoli, antigua fortaleza medieval del s.XII que está a pocos kilómetros de la localidad de Radicondoli, en la provincia de Siena, centro occidente de Italia. El inmenso predio posee numerosas casas patronales –sin incluir la iglesia– y cubre una extensión de 15.400 metros cuadrados de espacio habitable. Un pueblo medieval abandonado, casi olvidado, en medio de las ciudades más codiciadas de la Toscana, le pertenece a tres contratistas del Estado venezolano que han sido socios durante décadas: Juan Francisco Clérico, Fedele Clérico Bertola y Valentín Bagarella Gleim.

A partir de un documento hallado en Open Lux –la base de datos con 3,3 millones de entradas del registro mercantil de Luxemburgo que logró obtener el diario Le Monde de París, y que coordinó el Proyecto de Reportería de la Corrupción y el Crimen Organizado (Occrp, por sus siglas en inglés)-, se pudo seguir el rastro de varias empresas que derivaron en otro hallazgo. Los tres personajes aparecen mencionados en los documentos de una sociedad en Dinamarca que controla la propiedad, Toscana Holdings ApS, donde también destaca otro ítalo-venezolano que creció en el negocio de petróleo y minería en Colombia: José Francisco Arata y, en menor medida, Miguel Ángel de la Campa. El escuadrón de caballeros que suman a sus riquezas el castillo de Montingegnoli no lograron –o no quisieron– reactivar la vida del bucólico enclave que compraron en el que quizás ha sido el mejor momento de su carrera.

La propiedad está hoy en venta. Un “pueblo medieval en piedra para restaurar” se exhibe en el portafolio de la agencia inmobiliaria de casas de lujo Romolini Inmobiliare y, a diferencia de otras edificaciones, el costo no es público. En la página web se muestran fotografías de una imponente infraestructura con una torre almenada que sobresale y vigila los jardines, el pequeño bosque que rodea al castillo hasta alcanzar los campos “con posibilidad de plantación de viñedos”, de los que ya hay algunos aún productivos. La construcción cuenta con más de un centenar de habitaciones y la misma cantidad de baños, además, la agencia incorpora los trazos de un proyecto a medio hacer que supondría la construcción de un hotel boutique cinco estrellas. 

Para los visitantes curiosos, el castillo de Montingegnoli es un “pueblo fantasma” que incorporaba misterio al turismo local de acuerdo con lo que describe una comunidad en línea dedicada a viajes por la Toscana. En 2017 advertían de una “subasta en espera de un comprador” y las dificultades para acceder a su patio interno. Antes de la adquisición por parte de los nuevos dueños, los visitantes podían recorrer los pasillos empedrados de la histórica edificación que perteneció a poderosas familias de la nobleza italiana, pero ahora el acceso permanece cerrado por ser “propiedad privada”. Ni los propios lugareños conocen a los dueños y las autoridades dicen “haber visto a una mujer” que puede ser enlace con la nueva generación de propietarios, pero no saben su nombre, de acuerdo a lo que explicaron a la reportera que visitó las instalaciones. La historia está escondida en las escrituras como si se tratase de un verdadero mapa del tesoro. 

Los socios de abolengo

Toscana Holdings ApS fue registrada en la ciudad danesa de Copenhague, el 14 de diciembre de 2001, con un capital de 17.000 euros y el propósito de “ser una sociedad de cartera”, que incluía “la concesión de créditos y préstamos, la realización de inversiones en filiales, la realización de actividades comerciales e industriales, así como otros negocios”. Hasta 2017 mostró actividad y actualizó los estatutos sociales. 

Como director administrativo de la sociedad danesa aparece el ítalo-venezolano Juan Francisco de Jesús Clérico, único hijo del empresario italiano Giacomo Clérico quien fundó Venezolana de Inversiones y Construcciones Clérico, C.A. (Vinccler) en 1956. Al morir su padre, Juan Francisco asumió la cabeza del negocio familiar junto a su tío paterno, Fedele Clérico Bertola. Ambos continuaron fortaleciendo los intereses de una de las más importantes compañías en Venezuela que ejecutó poderosos proyectos de infraestructura.

Uno de los socios cercanos de Vinccler es el argentino Valentín José Bagarella Gleim, quien se radicó en Venezuela cuando trabajaba para la transnacional General Electric y en 1989 continuó con Sadeven, compañía propia que fundó después que la transnacional en la que trabajaba dejó el país, según contó en una entrevista. Explicó que Venezuela “era el lugar en el que normalmente” ganaba la mayor parte del dinero, aunque realizaba trabajos en otros países. El Sistema Nacional de Contrataciones registra al menos tres firmas de su propiedad que ejecutaban trabajos en ingeniería civil, controladas totalmente por sociedades extranjeras, que son parte de la estructura empresarial de Bagarella: Sade, SDV y Sadeven. En esta última, Juan Francisco Clérico aparece como uno de los directores sin participación accionaria. 

A lo largo de los años, la fortuna de Bagarella ha crecido al igual que los negocios con el Estado venezolano, incluyendo los que tuvo con Petróleos de Venezuela (Pdvsa). En 2017, SDV Energía e Infraestructura fue suspendida por el expresidente de la estatal petrolera, Eulogio Del Pino, para cualquier contrato de servicios por un supuesto desfalco en la Faja del Orinoco. La irregularidad cometida por 10 contratistas y gerentes de Pdvsa entre 2010 y 2016, que involucró 200 millones de dólares, fue investigada por el Ministerio Público y hasta 2018 solo una había sido exculpada. 

Fue tan próspero el negocio en el área de hidrocarburos que el heredero de Vinccler, Juan Francisco Clérico, incursionó pronto como socio capitalista con la empresa Vinccler Oil & Gas. Además tenía la presidencia y gerencia general de la canadiense PetroFalcon Corporation, que operaba en el occidente de Venezuela. En 2006, se ejecutó el contrato de conversión final con Pdvsa para crear la empresa mixta Petrocumarebo, en la que Vinccler obtuvo participación de 40%. “Esto estabiliza y fortalece nuestra posición en el negocio de petróleo y gas en Venezuela”, dijo en su momento Juan Francisco Clérico. 

En el camino de la alardeada “soberanía petrolera” que propuso el chavismo, Vinccler fue aprobada por el Parlamento de 2005 –controlado por el oficialismo– para la conformación de dos empresas mixtas con mayoría accionaria para la estatal petrolera: Petrorinoco –llamada Petrodelta en 2006 luego de un cambio de nombre por Gaceta Oficial– y Petromiranda, ubicada en el oriente del país, de acuerdo a lo publicado en el portal de Pdvsa. 

En los círculos sociales y políticos de Venezuela, Juan Francisco Clérico no pasó inadvertido. Capitalizó las relaciones políticas de su padre, tenía una inmensa fortuna y forjó credibilidad en la comunidad italiana de la que ha recibido reconocimientos. En abril de 2002, su nombre llegó a sonar junto al del magnate Gustavo Cisneros como financistas del golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez, de acuerdo con información que circuló en medios oficialistas, lo que marcó un breve desencuentro con el chavismo, que luego trastocó en una nueva era de reconciliación y contratos. En 2004, presidía la Federación de la Industria de la Construcción en Venezuela, hacía referencia al crecimiento económico del país y a los planes del Ministerio de Infraestructura de otorgar contratos para nuevos proyectos de capital.

Unos años después, a la empresa de Clérico le asignaron sin licitación las obras civiles de la central hidroeléctrica Manuel Piar, en Tocoma, sobre el cauce medio del río Caroní, estado Bolívar, que el gobierno de Hugo Chávez prometía tener listo para 2012. Vinccler se consorció con la constructora brasileña Odebrecht y la sucursal extranjera de la italiana Impregilo, con una participación mínima de 10%. Cuando las empresas fueron interpeladas en la Asamblea Nacional en 2016, ninguna explicó las razones de la parálisis.

De la compañía Toscana Holdings ApS, empresa relacionada con el castillo de Montingegnoli, Juan Francisco Clérico tiene 41% de participación, Fedele Clérico mantiene 34% y el restante 25% está en manos de Valentín Bagarella, de acuerdo con la información del portal Virk, una plataforma que trabaja con datos abiertos de la Autoridad Comercial Danesa. Todos registran direcciones en Venezuela, aunque el socio argentino desde hace varios años vive en Madrid junto a su segunda esposa y, en sus redes sociales, se jacta de los viajes por el mundo que emprende. 

El castillo de Montingegnoli es un pueblo fantasma. La propiedad  actualmente está en venta. Crédito: IrpiMedia

Muñecas rusas en Italia

Como una verdadera matrioska, la red de empresas dueña del pueblo y castillo de la Toscana la encabeza la sociedad Montingegnoli SRL, controlada ciento por ciento por la danesa European Real Estate ApS y constituida como una empresa inmobiliaria, aunque en su documento constitutivo menciona la posibilidad de “otorgar créditos y préstamos, realizar inversiones en subsidiarias, realizar negocios e industrias”. Constituida en febrero de 2002 con un capital de 16.900 euros es, a la vez, parte de otra empresa de nombre Toscana Holdings ApS, incorporada también en Dinamarca.

El documento de Montingegnoli SRL que se encuentra disponible en el registro de la Camera di Commercio, Industria, Artigianato e Agricoltura, de Florencia, detalla que la sociedad fue constituida en 1991 como una “empresa agrícola”, con un capital de 3,5 millones de euros y, desde el día 10 de abril de 2007, se encuentra cancelada. Sin embargo, la compañía sigue presentando balances financieros e incluso, en el último publicado, narran los problemas que enfrentaron con la llegada del coronavirus. El objeto social de Montingegnoli SRL contemplaba, además, “desarrollo de agroturismo, gestión de centro ecuestre, cría e instalaciones deportivas, restaurante y gestión de servicios de alojamiento”.  

Dentro de European Real Estate ApS despunta el nombre de José Francisco Arata como el “administrador único” del castillo y sus amplios linderos, justo en la época en la que se forjaba la parte más fulgurante de su carrera como empresario petrolero en Colombia, a donde fue a parar tras salir de Venezuela tres meses después del golpe contra Hugo Chávez. Allí echó a andar el coloso petrolero Pacific Rubiales, primero con Pacific Stratus Energy, en 2004, y luego Pacific Rubiales Energy Corp, el 23 de enero de 2008, según registros oficiales y, junto con otros ejecutivos de Pacific, acabó en la lista de los "100 directores generales mejor pagados" de Canadá, que recibieron sueldos con opciones sobre acciones.

Sus socios fueron los venezolanos Serafino Iácono y Miguel De la Campa, este último director también de una de las empresas danesas que compró el castillo en la Toscana. 

Según los documentos, el geólogo venezolano de ascendencia italiano fue asignado a ese cargo en el castillo el 25 de julio de 2002, por un período de tres años. Una seguidilla de documentos demuestra que, al día de hoy, Montingegnoli SRL ya no existe con este nombre sino con el de Turismo & Energia SRL de Turín, propiedad, a su vez, de Muraseni Investments de Panamá. Detrás de esta última empresa se encuentra Arata. 

Turismo & Energía SRL inició actividad el 18 de abril de 2006, con el objetivo de arrendar bienes muebles propios o alquilados. El nombre de la sociedad no solo aparece en los archivos oficiales de la Cámara de Comercio de Italia, también en la sentencia de divorcio de José Francisco Arata y Mirna Díaz Cornwal. Por su parte, Muraseni Investments fue incorporada en marzo de 2006 y a partir del 10 de septiembre de 2019 aparecen como directoras la exesposa de Arata, Mirna Díaz y la hija de ambos, Keith Caroll Arata. En los años anteriores, los directores-presidentes solían ser extranjeros vinculados con firmas de inversión con dirección en Mónaco, otro en el Principado de Liechtenstein y en el cargo de secretario estuvieron las sociedades Adconsult LTD, en Belice, y Adconsult Management LTD, en Islas Vírgenes Británicas, ambos reconocidos paraísos fiscales de Centroamérica y el Caribe oriental, respectivamente.. 

Las vueltas entre Dinamarca, Luxemburgo, Italia y Panamá para correr una especie de velo corporativo sobre los dueños del castillo hoy lucen como un artilugio inútil, pues el emprendimiento nunca avanzó sobre el terreno, incluyendo su plan de restauración del inmueble y su conversión en un hotel boutique de lujo con 90 habitaciones y varias residencias secundarias en los alrededores.

La agencia inmobiliaria que vende la propiedad describe que “se han obtenido opiniones favorables para la plantación de unas 25 hectáreas de viñedo y 5 hectáreas de un olivar” y destaca que su proximidad con los escenarios más deslumbrantes de la Toscana, como Florencia, Siena y Pis,a convierten a la propiedad en un lugar de esparcimiento con todas las comodidades para bodas o para una convención privada. 

Pero en dos décadas nada de esto cristalizó. Desde 2002, el pueblo ha quedado a merced de los elementos. El acceso a la plaza está cerrado con tablones de madera, y los pasillos abovedados del pueblo están bloqueados por puertas oxidadas y apuntaladas por hierros inciertos. El castillo cruje abandonado, descuidado. Sólo el césped, muy verde, está cortado. ¿Para qué fue comprado entonces? Juan Francisco Clérico y José Francisco Arata no respondieron la solicitud de entrevista e información enviada por Armando.info e IrpiMedia, vía correo electrónico, para conocer detalles sobre esta inversión y los negocios asociados. 

Aunque ante algunos conocidos le gustaba jactarse de que tenía “un castillo en Toscana”, todo parece indicar que Arata vio mayor potencial en la isla de Cerdeña, tan lejos y tan cerca del castillo como un vuelo de helicóptero, donde se desarrollaba una actividad que le es más afín: la explotación de minerales. 

La zona minera de Cerdeña, explotada por empresarios venezolanos, luce como un gigantesco paisaje lunar. Crédito: Indip

Una mina dura de roer

La historia de la mina de oro de Furtei comenzó en 1986, cuando la Autoridad Minera de Cerdeña y la Compañía Minera Italiana (SIM, entonces propiedad de ENI, la estatal petrolera italiana, equivalente a Pdvsa), realizaron un estudio en busca de oportunidades mineras en la isla. Con SIM colaboró Progemisa, una empresa minera sarda de capital público, que obtuvo permisos de exploración en tres localidades, Osilo, Monte Olasteddu y Furtei, y terminó por confirmar la existencia de oro. Con el tiempo, SIM perdió el interés en las excavaciones, con lo cual la Autoridad Minera de Cerdeña buscó capital extranjero para continuar y se asoció con la australiana Euromining, dispuesta a cubrir a Furtei de dinero a partir de la explotación del metal. 

Se creó Sardinia Gold Mining S.p.A (SGM) con una participación de 90% por dos empresas australianas y el resto ára Progemisa. La empresa se proponía explotar la mina que se encuentra entre los municipios de Furtei, Guasila, Serrenti y Segariu y que prometía un tesoro difícil, pero tesoro al fin, pues garantizaba tres gramos de oro por cada tonelada de roca. Los inversionistas pusieron manos a la obra y así, una explosión tras otra, una superficie de 530 hectáreas fue destripada con dinamita que con el tiempo se convirtió en un yermo de lagos cargados de cianuro, metales pesados y otras sustancias tóxicas, incluidas las utilizadas para separar el oro y la plata de otros minerales. 

Hoy la zona minera parece un gigantesco paisaje lunar, donde las paredes arañadas por los explosivos revelan la estratificación de la roca y las vetas azules, moradas y verdes de las reacciones químicas que ha sufrido.

Alrededor hay caminos en desuso, carreteras cerradas, puertas giratorias con carteles oxidados que advierten que se trata de una "zona minera", que hay "peligro", también "residuos tóxicos". Todo alrededor es devastación, como muestra un dron que sobrevuela las excavaciones para este reportaje. El experimento advierte que los cuatro estanques tóxicos aún contienen restos de la mina, así como productos químicos utilizados para separar el oro de las rocas. Las aguas ácidas de uno de ellos, incluso, corre el riesgo de desbordarse, como pudo constatar IrpiMedia al consultar por primera vez una investigación realizada por la Fiscalía de Cagliari en 2017, la ciudad a 40 minutos de la mina, capital de la isla. 

Después de la explotación minera la zona quedó abandonada, con lagos de aguas ácidas y tóxicas, cargadas de cianuro, mercurio y metales pesados. Crédito: Indip

Entre esos primeros dueños privados y la investigación de la Fiscalía, la mina pasó por las manos de Arata. 

"Los australianos son los principales responsables de los daños, del desastre medioambiental", informaron dos fuentes a IrpiMedia. En cualquier caso, las noticias hablan de una montaña de aproximadamente 1,5 millones de metros cúbicos que ha sido excavada hasta el punto de rebajar su cima en cuarenta metros. “Cuando se ‘excava’ con explosivos así, se crean abismos llenos de cianuro y otras sustancias tóxicas causadas por la reacción química de llevar a la superficie materiales que están bajo tierra tan rápidamente”.

La fiebre del oro, sin embargo, pasó rápidamente: hacia 2003 el precio del oro se desplomó. En Furtei se han extraído 135.000 onzas, algo más de tres toneladas y media tras la remoción de millones de metros cúbicos de tierra y roca. 

Una vez que los australianos se marcharon en 2002, lo que quedó de Furtei era una mina potencialmente viable, pero que requería una gran inversión pues los predecesores habían extraído el oro más expuesto en la superficie, dejando a quien viniera después la carga de tener que invertir más para explotar el metal ubicado en las profundidades del cerro. Sin embargo, todavía había ventajas desde el punto de vista del negocio, según un técnico entrevistado por IrpiMedia, que precisa que “Furtei era la única mina en Europa con una concesión minera en marcha y que podía contar con una balsa para almacenar los materiales inertes del procesado (...). Se podría haber excavado más, y también diferenciado. Además del oro, se podría producir caolín”.

“Pero está claro que el break even, el verdadero ‘Eldorado’ habría sido adquirir concesiones en Osilo y Monte Ollasteddu, donde se calcula que hay 40 gramos de oro por tonelada de roca”, añade. 

Los australianos vendieron a un grupo de inversionistas canadienses –de la empresa Gold Mines– que habían estado en contacto con Arata, Iacono y De la Campa, quienes en ese momento montaban su proyecto en Colombia con Pacific Rubiales, cuyo holding estaba registrado en Canadá y cotizaba en la bolsa de Toronto. 

Gracias al acuerdo con los canadienses, el trío venezolano fundó la empresa Medoro Resources utilizando otra empresa que ya poseían, Bolívar Gold. Medoro se convirtió en propietaria de todo el paquete sardo, de nuevo en asociación con Progemisa, a principios de 2004 y, en consecuencia, en gestores del proyecto Furtei y herederos de las concesiones de exploración de Osilo y Monte Ollasteddu. Arata, Iacono y De La Campa fueron nombrados directivos de la empresa, pues se confiaba en su experiencia para dirigir las minas en Cerdeña, para obtener acuerdos políticos y encontrar inversores.

Entonces, en 2003, José Francisco Arata y Serafino Iacono son los que se empeñan en el oro de Osilo y Monte Ollastedu. Saben que la mayoría del oro en Furtei lo extrajeron los australianos pero también saben que al entrar en el proyecto pueden poner un pie en los otros dos, mucho más prometedores. Algunos recuerdan todavía la presencia de Arata: “Llegó a la mina en helicóptero, fue arrogante y actuó como si fuera todo suyo. Pero 'legalmente' creo que era una figura marginal", dice alguien que trabajó en la mina durante esos años. Arata tampoco respondió la solicitud de información enviada por Armando.info e IrpiMedia sobre las concesiones y proyectos mineros desarrollados en Italia. 

En Turín, su base de operaciones en Italia, Arata viajaba en carros de lujo, mientras que a Cerdeña llegaba en yate, haciendo alarde de riqueza y hablando, por supuesto, de su “castillo en la Toscana” aunque en Cerdeña su objetivo parecía claro: el Monte Ollasteddu. Sin embargo, el negocio nunca llegó a cristalizar pues esta concesión fue bloqueada por el consejo municipal, además de que limitaba con la base aérea militar de Quirra. A la larga, la mina de Cerdeña se convirtió en un costo que era mejor evitar, sobre todo teniendo en cuenta el desastre medioambiental y el peligro de desbordamiento de los embalses, del que los propietarios habrían sido responsables en su momento, como ocurrió poco después. 

En 2007 la empresa canadiense Sargold compró 45% de los bonos de SGM y, un año más tarde, 90% restante de la propiedad de SGM a Medoro, con lo que se convirtió en el propietario total de la mina. En 2007, los canadienses de Sargold vendieron todo a otro grupo canadiense, Buffalo Gold Ltd que no pudo evitar el desastre. “Enviaron a un americano que parecía sacado de un cómic de Tex Willer. Era un experto en la extracción de oro, pero aquí procedieron sin ninguna estrategia real. La última excavación fue a cielo abierto y no hubo ninguna posibilidad de beneficio real ni de recuperación. Así que al poco tiempo abandonaron todo el asunto", dijo el técnico a IrpiMedia.

En 2017, la Fiscalía de Cagliari abrió una investigación por el abandono total de la empresa, figurando como imputados únicamente los directivos de la última empresa de la lista, Buffalo Gold. De los tres, uno ha fallecido, otro es "ilocalizable" y el tercero –McEwen– fue absuelto “porque el hecho no existe”.

No se pudo con el oro, quizá con el calor

Algunas reuniones de lo que fue la gestión de la mina de Cerdeña fueron organizadas por Arata en el castillo de Montingegnoli, que no reposa en yacimientos minerales pero sí tiene un gran potencial geotérmico. En medio de la evaluación de impacto ambiental en el proyecto del castillo, se describe la intención de explotar un recurso termal para el turismo. 

La zona tiene una fuerte vocación geotérmica, hasta el punto de que el geólogo que redactó la evaluación de impacto ambiental escribió que “desde el punto de vista económico, la zona se identifica universalmente como zona geotérmica (...) utilizada casi exclusivamente para la producción de electricidad” y sitúa la zona en un área de subdesarrollo y abandono en el centro sur de la Toscana y, en particular, en la zona de las Colinas Metalíferas.

Gracias a la energía geotérmica y a los recursos subterráneos, Radicondoli y los demás municipios de la zona se encuentran entre los más ricos de Italia. Pero no es oro todo lo que reluce, porque tanto las administraciones municipales como la Superintendencia y el Ministerio de Patrimonio y Actividades Culturales se han opuesto a nuevos proyectos de investigación geotérmica en la zona, que cuentan con el apoyo de la Región de Toscana. 

Las tierras de Radicondoli, donde está el castillo de Montingegnoli tienen potencial geotérmico. Crédito: IrpiMedia

¿Podría ser esta la razón por la que Arata se interesó por el "complejo Montingegnoli" y no por presumir al mundo de tener un castillo? Al fin y al cabo, no se trata de la zona del Chianti, sino de un territorio salvaje, en su mayor parte abandonado, y dejado completamente en manos de la industria minera.

A esta pregunta Radicondoli no encuentra respuesta. Actualmente hay tres proyectos piloto de investigación geotérmica en la zona y pasarían a cientos de metros del pueblo. El ayuntamiento de Radicondoli ha sido claro: “Hoy la administración está en contra de nuevos proyectos geotérmicos, no queremos otra central eléctrica en nuestras narices”. Sin embargo, al lado de la oficina técnica se encuentra la sede del organismo coordinador de las centrales geotérmicas.

Arata también pasó por estos corredores en 2012, entregando un nuevo proyecto para Montingegnoli, pero uno agrícola y no urbano. Mejor dicho, pidiendo permiso para renovar el viñedo, construir una bodega con zona de degustación desde cero y desruralizar algunas de las fincas. En ese momento, la administración dio el visto bueno en una resolución del consejo, especificando, sin embargo, que debía procederse primero con la reestructuración del castillo y las estructuras que le rodean antes de proceder a cualquier otra construcción. 

"Cuando los venezolanos vinieron a hablar, teníamos muchas esperanzas”, dice gente del ayuntamiento. “Aquí, en el pasado, había grandes planes para la finca de Montingegnoli y esperábamos que realmente quisieran invertir en ella". Pero no ocurrió una cosa ni la otra y hoy, mirando el valle desde el castillo, no se ve más que el humo blanco de las numerosas centrales geotérmicas que salpican la zona.

(*) Esta historia fue cubierta y publicada en simultáneo por Armando.info, en Venezuela, e IrpiMedia, en Italia, junto con su aliado en Cerdeña, Indip.

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