En 2016, ‘Cambio16’ está cambiada

La revista emblemática de la transición y del destape español al final del franquismo cayó en 2014, y tras cuatro décadas, en manos de dos inversionistas venezolanos. Son los hermanos Neri, contratistas en gran medida de la Alcaldía y el Gobierno capitalinos, en manos del chavismo. Ahora desde la revista, convertida en mensuario y con salas de redacción en Caracas y Madrid, dicen que quieren promover el diálogo entre los polarizados españoles, aunque no falte quien le achaque a la publicación el propósito de circular con “culos, autoayuda y picante”.

12 marzo 2016

Hay medios de comunicación que cambian con la sociedad. Y otros que son los que promueven la transformación y empujan las nuevas corrientes mientras dan aire fresco a los quioscos. Si la premisa es esa, remover, cambiar, no hay un nombre mejor para una cabecera que “Cambio”. Sólo que, en tiempos de dictadura, es mejor maquillarlo con un número para evitar el lápiz del censor. Así nació en EspañaCambio16, una revista que fue clave –junto al diario El País y la revista Interviú– en la Transición española del franquismo a la democracia parlamentaria, tránsito que se cumplió en la segunda mitad de los años 70. 

Ahora, en 2016, Cambio16 está cambiada. Nunca se fue de los quioscos y hasta se encuentra en Internet, pero su trayectoria de 43 años de altibajos –con algunos tramos que no han sido dignos de su pasado glorioso– acaba de encallar en las manos de unos dueños tan nuevos como inesperados: unos hermanos venezolanos que, en su gran mayoría, han obtenido jugosos contratos con instituciones afines a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y que en 2010 ayudaron a instalar toldos junto a los centros de votación. También han prestado servicios a las alcaldías de Baruta y Chacao controladas por la oposición.

En realidad este relanzamiento data de casi dos años atrás, en noviembre de 2014. Llegó en lo que algunos llaman la “Segunda Transición” de España, tras la erupción del llamado movimiento de los indignados –formado a raíz de la manifestación del 15 de mayo de 2011 contra las políticas del bipartidismo español– y del ascenso de partidos alternativos como Podemos y Ciudadanos en desmedro de la tradicional mancuerna de populares y socialistas. De hecho, ese, el de la Segunda Transición, fue el título de una de las portadas de esta nueva época de la revista que, por cierto, también coincide con otra posible transición, la que iría del chavismo, tal como se dio a conocer, hacia lo que sea que venga después en Venezuela.

Desde Venezuela desembarcaron en España y en la revista los hermanos Neri Bonilla, Francisco y Jorge, propietarios en la península del Grupo EIG Multimedia, una empresa que, según los informes mercantiles que presenta el portal Empresia, dispone de un capital social de 3.359.812 euros, patrimonio de 1.591.440 millones de euros y el resultado de su último ejercicio en rojo, con un déficit de 513.100 euros. Pero en el bagaje de estos empresarios no son las únicas cifras rojas, el color de identidad de la revolución bolivariana en Venezuela.

A pesar de haberse codeado con los altos círculos de la sociedad española, los Neri no son muy conocidos entre los círculos empresariales venezolanos. Eso sí, sus vínculos con Venezuela no están rotos del todo; por el contrario: la revista mantiene una redacción binacional, con salas paralelas en Madrid y Caracas.

Francisco Neri posee una empresa en el país, Sinergia Total. La sede está en El Rosal, en el municipio Chacao de Caracas, en una quinta entre la Policlínica Americana y la sede de la Oficina Nacional Antidrogas. En ese espacio también se encuentra una sede de Seguros La Constitución –la aseguradora del empresario Omar Farías Luces– y una pequeña galería de arte. No hay cartel o identificación alguna en la puerta, Registro de Información Fiscal (RIF) o seña. Al llamar al intercomunicador sí responden ante el nombre de Sinergia Total. Pero no dejan pasar más allá de la primera puerta, de un pequeño estar con las paredes de concreto y, de nuevo, ninguna identificación con el nombre de la empresa. Si bien confirman que desde allí se trabajaba para Cambio16, advierten que tienen “otros clientes bajo un contrato de confidencialidad”, por lo que no se pueden mostrar las facilidades de Sinergia Total-Cambio16 a terceros. Todo lo que se quiera saber se debe escuchar de la boca de Óscar Abou-Kassem, el director de la revista.

Los hermanos Francisco y Jorge Neri Bonilla adquirieron la marca a partir de 2014. Foto: Jorgeneribonilla.com

Una agencia de eventos

En la página web de Jorge Neri Bonilla, el otro hermano, aparece un apartado especial de esta empresa, Sinergia Total Eventos, donde ofrecen “la mejor presentación a sus eventos, dando una innovadora y notable presencia a su imagen y productos en los lugares de mayor exposición para los medios, así como el público en general”. También se ofrecen como asesores y productores.

De acuerdo al Registro Nacional de Contratistas (RCN) de Venezuela, Sinergia Total, con Francisco Neri Bonilla como administrador principal, con frecuencia ha prestado servicios a dos clientes principales: al Gobierno del Distrito Capital –un organismo creado a la medida por Hugo Chávez en 2009 para restar atribuciones a la Alcaldía Metropolitana, a cargo del opositor Antonio Ledezma– y la Alcaldía del Municipio Libertador de Caracas, zona correspondiente al centrooeste proletario de la capital venezolana. La actividad, muy intensa en 2010 y 2011, se registró sobre todo cuando en la Alcaldía –como ahora– figuraba como titular el ex presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) y ex vicepresidente de la República bajo Chávez, Jorge Rodríguez, y en el Gobierno del Distrito Capital su aliada, Jacqueline Farías, también dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

Entre los muchos contratos que aparecen como ejecutados está el de la Alcaldía de Libertador para la “organización y adecuación de espacios para las torres publicitarias alucivas” (sic) al Bicentenario del 19 de abril –la ocasión en 1810 del primer grito de Independencia en Venezuela–, para juegos parroquiales en distintas locaciones de Caracas, o para un concierto en el parque Los Caobos en diciembre de 2010.

El Gobierno del Distrito Capital, por su parte, aparece contratando por esa época a Sinergia Total para el acto de juramentación de diputados en la Plaza O’Leary de Caracas el 31 de enero de 2011 y para actividades de los consejos comunales en la parroquia caraqueña del 23 de Enero, así como para organizar el centro de acopio de damnificados en febrero de 2011, es decir, el centro donde atendieron a las víctimas de las lluvias de los meses anteriores.

El Ministerio de Interior y Justicia también aparece como cliente, así como el Ministerio de Educación, que hizo uso de esta empresa para la instalación de toldos en los centros de votación el 24 de septiembre de 2010, dos días antes de las elecciones a la Asamblea Nacional. No precisa qué tipo de toldos son, si bien, los que suelen aparecer en esas jornadas están asociados al Psuv, el partido del Gobierno, y son los llamados “puntos rojos”, tema de controversia en el país porque ejercen influencia sobre los electores el propio día de votación.

La revista española tiene otras publicaciones hermanas como Cambio Financiero, de antigua data, o Energía16, que apareció en noviembre de 2014. En este rubro, el de petróleo y energía, la experiencia de los hermanos Neri también se une a Venezuela. En su web, Jorge Neri se describe como “negociador y empresario, especializado en consultoría estratégica de negocios, fusiones y adquisiciones, negociación y finanzas corporativas, centradas en la industria de la energía y América Latina”. También se dice fundador y director en empresas con “especial énfasis en el sector de la energía en la región”.

El petróleo también es un tema, que al menos de modo transversal, les ha tocado. Entre la cartera de clientes de Sinergia Total aparece la Corporación Venezolana de Petróleo (CVP), la filial de la petrolera estatal, Pdvsa, para eventos como la transmisión de varios juegos deLaVinotinto, la selección de fútbol, conciertos, ruedas de prensa, un evento cultural y deportivo en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela y así hasta los 94 contratos solo hasta 2012.

Venezuela no es el único puerto donde se extiende el legado de la española Cambio16. Según el portal InfoEmpresa, la revista tiene como administrador único a EIG Multimedia S.A.R.L., empresa a su vez afincada en Luxemburgo. Parte de los pagos regulares que se hacen en la revista provienen de ese país. Fuentes cercanas a la redacción cuentan que esto ha causado recelos, pues el Gran Ducado en los Países Bajos es reconocido como un paraíso fiscal.

Los hilos del negocio llevan hasta otro paraíso fiscal, en este caso, Panamá, donde desde enero de 2012 está registrada Sinergia Total S.A., con Daniel Mijic como representante.

La prosapia de la revista

En la España de 1971 las suecas campaban por las playas en topless para horror de muchos y deleite de otros y en los guateques (minitecas) se movía el esqueleto con “Help, ayúdame”, el tema que le dio éxito al cantante Tony Ronald. Pero también fueron los tiempos en los que el director del Diario Madrid era obligado a pagar una multa de 250.000 pesetas (3.623 dólares de entonces) por un artículo titulado “Ni Gobierno, ni oposición”. Eran los últimos coletazos del franquismo, un régimen que, aunque había visto unos años de apertura y desarrollismo económico, no dejaba de ser una dictadura.

El 22 de noviembre de aquel año salieron a la calle 2.000 ejemplares de Cambio16. De ellos solo se vendieron 800, pero su apariencia prometía. La portada era rompedora para la época, un diseño de Michel Malka con una caja fuerte hecha un mazacote de hielo y la leyenda “Inversión congelada”. En el interior, 52 páginas y un editorial que dejaba las intenciones claras, enfoques distintos para las mismas noticias, osadía informativa para dar al traste con el periodismo ramplón que se venía haciendo en el país y, en definitiva, garantizarle a la España del futuro uno de los principios fundamentales de la democracia para entonces ausente, la libertad de expresión.

Su primer director, Juan Tomás de Salas, licenciado en Derecho, venía de diferentes aventuras en el mundo del periodismo. En España fue parte de la clandestina Agencia de Prensa Española Libre. Luego, en los siete años que estuvo en el exilio, fue crítico de cine en El Tiempo de Bogotá y, en París trabajó para France Presse y TheEconomist para América Latina, donde cultivó el estilo anglosajón que imprimiría a Cambio16. Quería una revista “nueva en lenguaje, desarrollo, enfoque, combativa y criticona, que sirviera para analizar lo que pasaba en España”.

La redacción estaba formada en su mayoría por periodistas liberales y socialdemócratas, con alguno del Partido Comunista, férreo enemigo del régimen. Pronto se empezó a decir que la revista estaba financiada por la CIA o por multinacionales, incluso que era el órgano informativo de la banda terrorista ETA. Lo cierto es que hasta nueve ministros de Franco eran accionistas. 

La revista fue la palestra de políticos de oposición y dirigentes en la clandestinidad que de otra manera no podrían haber aparecido en los medios españoles. Esto le daba todas las papeletas para someterse al secuestro preventivo de la publicación, una medida común en el Ministerio de Información de la época. Estas circunstancias no ayudaban en nada a la ya maltrecha economía de la revista, que a duras penas logró reunir los cinco millones de pesetas (72.463 dólares de entonces) necesarios para su lanzamiento. Pero cuanto más roce tenía con la censura franquista, mayor era el prestigio que adquiría como adalid de la libertad de expresión, incluso después de que el Caudillo, Francisco Franco, muriera en 1975. Al año siguiente estuvieron al borde del secuestro preventivo cuando llevaron en portada una caricatura del rey Juan Carlos I quien, como si fuera el actor de Hollywood Fred Astaire, bailaba sobre Manhattan. Fue el mismo monarca el que intervino para evitar el secuestro. En 1978 no se libró del secuestro tras una querella de un empresario cuyo nombre aparecía relacionado con actividades de espionaje.

Pero el hito más sonado fue en 1983. Dos ediciones fueron secuestradas por artículos referidos al caso Almirón, donde se daba cuenta de los crímenes de Eduardo Almirón, jefe de la escolta personal de Manuel Fraga, entonces presidente de Alianza Popular, el germen del actual Partido Popular. Almirón era un conocido dirigente de la Triple A, la Alianza Apostólica Anticomunista, un grupo terrorista de los últimos tiempos de Franco. El entonces director de Cambio16, Pepe Oneto, dijo que la medida era “el atentado más grave contra la libertad de expresión cometido en España desde la aprobación de la Constitución de 1978”.

La situación política se fue normalizando a lo largo de los años 80. Los tiempos exigían un viraje en los contenidos y por eso Cambio16 se avocó al contenido social y general y cada vez menos al político. La competencia se recrudeció con la aparición del diario El País y de Diario16, del mismo grupo. Aparecieron nuevos semanarios como Tiempo o Época. Sumado a los problemas financieros, la revista perdió vuelo, aunque nunca dejó de publicarse, si bien durante algunos años casi de modo residual.

La marca, sin embargo, conservó un halo de prestigio que por mucho tiempo tuvo el poder para traspasar fronteras. En 1993 el periodista de investigación colombiano Daniel Samper Pizano y unos socios españoles intentaron franquiciar la revista para arrancar con una edición para la América de habla hispana. Su intento fue vano. Pero Gabriel García Márquez, junto a un grupo de periodistas, le compró Cambio16 América en 1998.

La revista, bajo el nombre simplificado de Cambio, circuló en Colombia hasta 2006, cuando ya García Márquez se había apartado del negocio por razones de salud y la publicación estaba en manos del Grupo Planeta. En 2002, el escritor había conseguido un acuerdo con el grupo multimedia Televisa para lanzar una edición en México y otros países del hemisferio. El proyecto, que a la postre naufragó, puso en evidencia el interés constante por parte de inversionistas latinoamericanos en sacar provecho a la marca, una intención que cristalizó, quizás con retardo, en 2014 con la llegada de los venezolanos Neri Bonilla.

La Segunda Transición

En conversación por Skype, Óscar Abou-Kassem, actual director de Cambio16, confirma que hay una actividad compartida entre las dos orillas, España y Venezuela. “La revista aún tenía prestigio en América Latina y ellos (los hermanos Neri) lo vieron como una oportunidad de negocio, como empresarios obviamente no quieren perder dinero. Tienen un sentido de la empresa bastante encomiable”, cuenta.

Sobre su trabajo cotidiano y el devenir de la revista, asegura estar encantado con el desempeño de los hermanos, “no influyen en la línea, aunque obviamente tienen interés con Venezuela, pero entienden que la revista tiene más enfoque en lo español. Deben ser cosas relevantes las que pongamos, no podemos seguir al día a día lo que pasa en el país”. Él se incorporó al equipo como redactor en diciembre de 2014 y toma el cargo en septiembre de 2015. Antes estuvo en su puesto el periodista Daniel Lozano, quien además es corresponsal en Venezuela de El Mundo.

Con la salida de Lozano emergió también la polémica sobre los intereses de los nuevos propietarios. Su relación con ellos cambió cuando desde Caracas pretendieron imponerle una portada que sustituyera a la propuesta elaborada para el número de septiembre de 2015, titulada “Los retos del cambio climático”. La redacción escribió una carta apoyando la decisión del director y se respetó la portada, pero desde entonces, cuentan fuentes al tanto de la historia, los propietarios quisieron meterse más en los contenidos de la revista e irse a una línea con “más culos, más autoayuda, más picante”. También se eliminaron algunas noticias sobre Venezuela en la web de Cambio16, concretamente una sobre las marchas estudiantiles contra el presidente Maduro y otra del apoyo del ex presidente Felipe González a los presos políticos.

Pero desde Cambio 16 aportan otra versión. El director general de EIG Multimedia, Javier Ramírez, afirma que los hermanos Neri “no saben lo que va en la revista hasta que se publica”. Y agrega: “A Daniel Lozano le pedimos mayor compromiso con la revista. Él compartía sus labores en la revista con sus labores de corresponsal desde Venezuela para El Mundo (España) y La Nación (Argentina). A partir de entonces cambió todo. Su comportamiento y actitud se tornaron violentos y tuvimos que prescindir de sus servicios. Y con respecto a las notas que se han levantado, debo decir que fue él quien lo hizo porque eran incorrectas”.

Ahora España se enfrenta a un nuevo cruce de caminos y a un panorama inédito. La abdicación de Juan Carlos I, los casos de corrupción dentro de la Casa Real, en los partidos políticos, la irrupción de Ciudadanos y Podemos que vienen a quebrar la hegemonía bipartidista de PP y PSOE, los desahucios, el paro. Todo ha hecho que la política tome las calles, los bares, las charlas de cualquiera. “Desde hace poco más de un año los españoles tienen más interés por la política, como pasaba en los años 80. Hace cinco no se hablaba de eso, ahora lo domina todo. Es un tema de interés y qué mejor que nosotros para contarlo, que lo hacemos de toda la vida”, dice Abou-Kassem. El director explica que precisamente en este contexto es donde nace –la razón por la que nace– la nueva Cambio16, con el objetivo hecho lema de “hazte una opinión” y la premisa, “apostar por el diálogo donde se presente”.

Fue Cambio16 una revista esencial para la transición y el diálogo en tiempos en los que había que unir a dos bandos enfrentados desde la Guerra Civil de 1936-39, aún con las heridas abiertas, y a una población sufridora de casi 40 años de dictadura militar. Ahora, con esta llamada “Segunda Transición” en pleno auge, cuando los debates en España citan con frecuencia la situación venezolana de modo maniqueo, la revista parece no mostrarse ni a favor ni en contra del Gobierno del presidente Nicolás Maduro. “Es un tema muy polarizado no sólo allí, también en España. Nosotros tratamos de abordar el tema con periodismo”, explica Abou-Kassem. Pero lo que sí resulta claro, lo que pone el ojo en esta histórica publicación, es que sus nuevos dueños, criticando o no el modelo, lucraron con él.

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