El 'Citizen' Gill compra medios por América Latina

En julio de 2008 el empresario y ex banquero venezolano, Carlos Gill, llegó a La Paz, Bolivia, para adquirir tres medios, que puso al servicio del gobierno del presidente Evo Morales. La operación que concretó entonces se parece mucho a la forma cómo adquirieron en Venezuela a los diarios El Universal y el ahora llamado Grupo Últimas Noticias.

13 diciembre 2014

El colectivo humorístico venezolano El Chigüire Bipolar creó un seriado muy exitoso en la web llamado Isla Presidencial. En el primer capítulo de la primera temporada, como en todo producto similar, se presenta a los personajes de la historia: nada más y nada menos que los presidentes de los países de América Latina como náufragos en una isla. Al jefe de Estado de Bolivia, Evo Morales, lo caracterizan como al discípulo tonto de Hugo Chávez, un hombre que no se atreve a tomar una decisión sin contar con el aval de su mentor venezolano.

La realidad ha demostrado ser menos uniforme que ese seriado. Bolivia sí tiene algo que enseñarle a Venezuela. El modelo de compra de medios de comunicación privados en Venezuela se inspira en un plan orquestado por el presidente Morales y su gabinete hace ya algunos años y con gran éxito. El periodista Raúl Peñaranda, en su imprescindible libro Control remoto, que ya lleva seis ediciones, cuenta cómo en aquel país se creó una red de medios paraestatales y se acosó, mediante empresarios amigos, a la prensa independiente. En toda esa trama sobresale el nombre de Carlos Gill Ramírez, ex banquero venezolano de origen paraguayo, y presidente de la Junta Directiva del Grupo Corimón, líder en el área de pinturas, como protagonista principal. Gill está casado con Chepita Gómez, una reputada Spin Doctor venezolana, fundadora de la empresa de Relaciones Públicas Proa, y hermana del diputado opositor a la Asamblea Nacional, Eduardo Gómez Sigala.

Este empresario tiene que ver, y mucho, con la importación de esta estrategia hacia Venezuela. Fue una respuesta directa a una certeza que asumió el chavismo con la muerte de su líder: cerrar medios o impedir sus transmisiones a través del espectro radioeléctrico estatal no implica el traspaso automático de la audiencia. Poco antes de enfermar de gravedad, el propio presidente lo reconocía en un insólito mea culpa. Por esa razón, a partir de 2013 empezaron a aparecer empresarios interesados en adquirir medios por cantidades que en muchas ocasiones sobrepasan el valor del negocio en el mercado.

Modus operandi

En enero de 2007, cuando Evo Morales tenía un año en el poder, La Razón era el diario más prestigioso de La Paz, la capital de Bolivia. Fuerte, consolidado y financieramente saneado, el periódico, propiedad del grupo español Prisa –holding de, entre otras marcas, el diario El País de Madrid–, tenía impacto en la opinión pública.

Peñaranda relata en su investigación que desde ese año el gobierno boliviano intentó presionar a los empresarios españoles para comprar el medio. Prisa tenía entonces –todavía tiene– algunas urgencias económicas y quería deshacerse de algunos activos para encararlas. Las negociaciones, sin embargo, no cristalizaron a pesar de las presiones indirectas que inició Morales a través de su gabinete: una inspección encabezada por el entonces ministro del trabajo de Bolivia, Alex Gálvez, para constatar condiciones laborales, o el envío de un grupo de técnicos de la oficina de tributos de ese país para efectuar una auditoría.

Solo la llegada de Gill a Bolivia, en 2008, destrabó esas negociaciones. El empresario llegó para coordinar, según Peñaranda, la compra de medios, aunque no era un propósito declarado. Gill se escudó tras fachada de una fundación que creó, llamada Siglo XXI, que se encargaría de fomentar la exportación de textiles bolivianos a Venezuela, mientras concretaba la compra del diario para ponerlo al servicio del gobierno boliviano. El entonces embajador venezolano en La Paz, Julio Montes –ex ministro de Vivienda del gabinete de Hugo Chávez–, lo presentó con el número dos, el vicepresidente Álvaro García Linera, quien estaba encargado de concretar el plan. A través de Gill, el gobierno boliviano también controló otros dos medios: ATB, un canal de televisión, y Extra, un periódico popular.

Como era una misión encubierta se creó una empresa en España, llamada Akaishi, que negoció directamente con Prisa por los tres activos. Todo esto con el fin de evitar que se supiera que un venezolano había adquirido tres medios de comunicación. Dos años después no solo se supo que Gill era el dueño, sino que la propia vicepresidencia de Bolivia ofrecía los cargos directivos en la redacción de La Razón.

Sea que no pudo o no quiso seguir ocultando sus propiedades, Gill decidió romper con el bajo perfil que cultiva en Venezuela para ofrecer entrevistas a medios bolivianos y comentar sobre sus inversiones. A mediados de 2014 le dijo al diario El Deber que había escogido a ese país y a su natal Paraguay para invertir “porque vieron un enorme potencial”. Además de los diarios La Razón y Extra, Gill confirmó que era el propietario de la empresa llamada Ferroviaria Oriental. Y allí también aparece en su junta directiva el nombre de Rafael Enrique Abreu Anselmi, cuyo hermano gemelo, Jesús, fue designado como el presidente del diario El Universal de Caracas apenas se concretó la venta.

Con lentes oscuros y chaqueta negra, Carlos Gill destaca en esta reseña junto a la directiva de una de sus nuevas empresas: el diario La Razón de Bolivia.

Rafael Enrique Abreu Anselmi representa, como presidente del directorio de Ferroviaria Oriental, los intereses de Gill, de acuerdo con datos oficiales recolectados de la ASFI (Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero) de Bolivia. Como su hermano Jesús, Rafael Enrique, o Enrique, como le conocen sus amigos, ha sabido moverse muy bien entre los poderes fácticos desde mucho antes de la llegada del comandante Hugo Chávez al palacio de Miraflores. Las buenas relaciones que ha hecho en todos estos años quedan en evidencia cuando se comprueba que ha participado en varias juntas directivas de empresa. Fue director principal de la desaparecida Seguros Carabobo. Y también forma parte de Corimón con el mismo cargo, como lo prueba la asamblea de accionistas del 22 de mayo de 2013.

Jesús Abreu Anselmi no ha sido menos afortunado, quizás porque también tiene una idea muy clara de cómo funciona la sociedad venezolana. A principios de los años noventa acariciaba la idea de crear, junto a su hermano Enrique, un gran emporio que compitiera con Empresas Polar. Se llamaba Agrícola La Castellana y tenía vínculos comerciales con el desaparecido Banco Latino. El hoy presidente de El Universal fue introducido en los círculos sociales de Caracas por el presidente de aquel grupo, Gustavo Gómez López. En 1998, cuatro años después de la quiebra del Banco Latino, El Fondo de Garantías de Depósitos (Fogade) demandó a Agrícola La Castellana para cobrarse dos pagarés en bolívares. En enero de 2003, justo después del golpe de Estado contra Hugo Chávez, esa acción judicial quedó sin efecto.

Los ecos de la venta de la antigua Cadena Capriles –hoy Grupo Últimas Noticias– y del diario El Universal resuenan en estas líneas. Para cerrar ambas operaciones se crearon dos empresas –Latam Media Holding (Inglaterra) y Epalisticia (España), respectivamente– como vehículo especial de inversión, que oculta la verdadera identidad de los dueños. Es ese uno de los mejores secretos guardados del Caribe e infructuosos han sido los intentos por despejarlos.

Hay, sin embargo, una pista que conduce a Gill. Una fuente vinculada con la nueva dirección del diario aseguró a Armando.info que uno de los propietarios de El Universal es Carlos Gill. A pesar de los correos electrónicos enviados a direcciones registradas a su nombre y las llamadas hechas a Corimón para contrastar esta información, Gill nunca respondió a la solicitud de una entrevista.

Gill, según esa versión, forma parte de ese pool de inversores que se hicieron con el centenario medio de la esquina de Ánimas, en Caracas, y uno de los artífices del brusco cambio de línea editorial sufrida por el medio. Su relación con el actual presidente del diario, Jesús Abreu Anselmi, trasciende lo profesional. Fue uno de los requisitos que pusieron los desconocidos accionistas del periódico para contratar a la persona que diera la cara en la empresa, de acuerdo con una entrevista concedida al periodista Jesús Yajure por el representante de Epalisticia, José Luis Basanta, y publicada en el portal Politikom.

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