La expansión precoz de unos empresarios farmacéuticos toma Caracas

Un par de veinteañeros están detrás de una empresa privada que desde el año pasado regenta Farmacias Caribe, una nueva red que desde la Alcaldía de la capital de Venezuela y otras instancias municipales distribuye y vende medicamentos a bajo costo. Sin experiencia conocida y desde una oficina que parece un búnker, la dupla maneja también la distribución de medicinas de Irán e India y comparte apellido con un personaje sancionado por Estados Unidos por vínculos con una organización terrorista y estados forajidos del Medio Oriente.

Cuando firmaron la constitución de su primer negocio en 2016, Atef Ghazi Nassereddine Nassereddine y Mahdi Nassereddine Nassereddine no llegaban a los 20 años de edad. Hoy, apenas un lustro más tarde, son los dueños y representantes de la empresa que fue escogida por Erika Farías, la alcaldesa de Caracas por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), para establecer la nueva red de farmacias con las que el chavismo, a través de su poder local, distribuye medicinas provenientes de India e Irán de bajo precio.

La iniciativa que ha catapultado la meteórica carrera de estos empresarios se llama Farmacias Caribe. Desde el año pasado busca replicar -y mejorar, se supone-  la fórmula que alguna  vez encarnó Farmapatria, creada en 2012 por el gobierno de Hugo Chávez para vender medicinas baratas en los espacios de las cadenas Mercal y Abastos Bicentenarios, ambas extintas.

El lanzamiento de esta nueva red se hizo público en septiembre de 2020 con la firma de una alianza entre la Alcaldía de Caracas y la empresa farmacéutica iraní Farmaozono, según se informó a través de una nota de prensa oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores.  El pacto se suscribió en la sede de la alcaldía capitalina y contó con la presencia de Miguel Carreño, jefe del gabinete de Economía de la Alcaldía de Caracas; Erika Farías, alcaldesa del municipio Libertador (el más grande y populoso de la capital venezolana, que comprende su mitad occidental), el embajador de la República Islámica de Irán, Hojjatollah Soltani, y una abogada poco conocida, Anayantzi Acevedo, de quien entonces no se sabía a quién representaba.

Dos meses después de la ceremonia, la abogada Acevedo anunció la recepción de 40 toneladas de medicamentos en la capital, que serían distribuidos en las Farmacias Caribe, cuya red entre tanto había subido como la espuma: en siete meses ya cuenta con 17 locales y siete farmacias móviles. La meta, aseguran, es llegar a 22 para tener al menos una sede por cada parroquia del Distrito Capital.

Novatos, pero bien conectados

Lo cierto es que, aunque esta alianza se promueve como uno más de los programas sociales del gobierno revolucionario, la maneja una empresa privada de nombre Farmasolidaridad 2021 C.A. De hecho, la presencia de Anayantzi Acevedo se debe a que es su representante y vocera.

Pero Farmasolidaridad 2021 C.A., el holding de las Farmacias Caribe, creado en enero de 2020, tiene a Atef Ghazi Nassereddine Nassereddine y Mahdi Nassereddine Nassereddine por directores y accionistas.

Estos dos jóvenes, con un apellido árabe muy común en Marruecos o Arabia Saudita, tienen 24 y 21 años, el mismo rango de edad de la mayoría de sus empleados en muchas de las farmacias.

Fuentes relacionadas con el sector salud en Venezuela aseguran no conocer la experiencia o trayectoria de los Nassereddine como empresarios, importadores o proveedores en esa categoría de productos. Aunque no sean funcionarios del gobierno venezolano, son los responsables de la importación de toneladas de medicamentos iraníes e indios que se han ido vendiendo ya no solo en la capital, sino de municipio en municipio, promovidos por líderes locales y regionales del chavismo.

Los precoces empresarios abrieron en 2016, con 16 y 19 años de edad, la empresa Droguerías Freemed. Un año más tarde, en junio de 2017, registraron otras dos: Freemed Cosméticos y Freemed Alimentos. En estas primeras tres sociedades los acompaña un tercer hombre llamado Armando José Sánchez Fernández, de 34 años de edad, que siempre tiene su nombre figurando con una participación de menos de 1%.

Entre abril de 2017 y junio de 2018 se dedicaron a la importación de cereales, jabones y aceites esenciales, por lo general, desde Turquía y China, según muestra la base de datos de importación y exportación Import Genius, consultada para esta nota por el Proyecto de Reportería de la Delincuencia Organizada y la Corrupción (Occrp por sus siglas en inglés). En total, importaron  2.090 toneladas de mercancía por 1,3 millones de dólares.

Pero el 22 de agosto del año pasado comenzaron a llegar las primeras importaciones de medicinas a través del grupo de empresas denominadas Freemed, que los Nassereddine crearon originalmente entre 2016 y 2017, antes de constituir Farmasolidaridad 2021.

Desde ese 22 de agosto de 2020, hasta el reciente 29 de abril de 2021, las importaciones de medicinas y vitaminas hechas por los Nassereddine solo desde India suman 4.445 toneladas, según los datos de aduana. Las compras, en su mayoría, se hacen a la empresa Merit Organics Limited, pero también hay negocios con  S D Pharmaceuticals, Omnilife Healthcare, Bonitek Pharmaceuticals Llp, Rescuers Lifesciences Ltd y Flagship Biotech International Pvt Ltd, siempre según la información que yace en Import Genius.

Una sede sui generis

De la empresa iraní Farmaozono -con la que la Alcaldía de Caracas firmó la alianza que dio origen a la red de Farmacias Caribe- no se encuentran registros aduaneros, aunque una farmacia de nombre similar existía en el Centro Comercial Chacaíto -en el centro geográfico de Caracas, justo sobre la frontera entre los municipios Libertador y Chacao-. En ese lugar hoy reciben los currículos de quienes se postulan para trabajar en la red de Farmacias Caribe.

Aunque, como se dijo, el local ahora hace las veces de una especie de oficina de recursos humanos, también es una farmacia, pero de nombre Fundación Abre Brecha. También pertenece  a los jóvenes Nassereddine y es un expendio de medicinas de India e Irán. Que es otro comercio de los empresarios se confirma al momento de pagar las medicinas, pues el ticket del punto de venta, que se emite al cancelar con tarjeta de débito, lleva impreso el nombre de Freemed Alimentos, mientras que la factura de la compra sale a nombre de Farmaozono C.A., la compañía que firmó el acuerdo con la Alcaldía de Caracas y la Embajada de Irán para la red de farmacias.

Pero esta no es la sede principal en la que funciona la dirección de la red de farmacias. La primera oficina de los jóvenes Nassereddine funcionaba en el viejo y corroído edificio Broadway, entre la esquina Marrón y Cují de La Hoyada, en el centro de Caracas.

Cuando las Farmacias Caribe brotaron y cobraron escala, los “muchachos” -como los nombran cuando se inquiere por ellos en las viejas oficinas- compraron un antiguo colegio en la urbanización Los Chaguaramos, al sur de la capital, y lo convirtieron en una especie de búnker: delimitaron con conos el perímetro para evitar que carros ajenos a la empresa se estacionen enfrente y reforzaron la seguridad con civiles armados que se encargan de que nadie pase mucho tiempo en los alrededores de la compañía.

Lo que a los lejos puede suponerse es una cuadrilla de mototaxis, de cerca resulta un escuadrón de escoltas armados que han llegado a espantar a servicios de delivery que por error se han estacionado allí. El edificio de Los Chaguaramos tiene varios pisos y papel ahumado en sus ventanas para no dejar casi nada a la vista.

Hay cámaras de seguridad por doquier. Es un detalle que, como las ventanas polarizadas, se repite en las farmacias móviles, en las que sus empleados se rehúsan incluso a comentar aspectos básicos laborales sin autorización de sus jefes, como el horario de trabajo o la manera en la que fueron contratados.

Uno de ellos solo se limita a contestar que el medicamento más vendido en su unidad es el acetaminofén y afirma que pueden vender cualquier medicina sin prescripción médica, aún cuando el capítulo II del título tercero de la Ley de Medicamentos establece la necesidad de récipes para la dispensación al público de ciertas medicinas como los antibióticos.

La mujer y el diplomático

La abogada Anayantzi Acevedo no solo es la representante jurídica de las compañías, sino la cara visible del negocio de las medicinas que manejan los Nassereddine, jóvenes con barbas luengas y tupidas.

Desde que empezó la distribución de los medicamentos en la red, Acevedo se ha dejado ver varias veces al lado de la alcaldesa del municipio Libertador para promocionar las bondades del negocio. “Con la creación de la red Farmacias Caribe estamos dando un golpe contundente al bloqueo económico, al bachaqueo, al egoísmo y al sabotaje interno”, dijo la abogada en la inauguración de una de las farmacias, que quedó inmortalizada en uno de los vídeos propagandísticos del programa social de la alcaldesa Farías.

En su carrera profesional, Acevedo tuvo un paso por el Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad y en 2009 dirigió una escuela de formación –que se definía como un campamento ideológico organizativo– del Ministerio para las Comunas y Protección Social, despacho que entonces conducía la hoy alcaldesa por Erika Farias. Fue cuando se llamaba Ministerio de Participación y Protección Social antes de ser absorbido por el nuevo Ministerio de Comunas.

También se puede ver que Acevedo, por interacciones en la red social Instagram,  es reconocida como una “camarada” estimada por Ghazi Atef Nassereddine, venezolano de origen libanés, exencargado de Negocios de la Embajada de Venezuela en Damasco, Siria, y exdirector de Aspectos Políticos de la Embajada de Venezuela en Líbano.

Con exactamente el mismo nombre que uno de los jóvenes dueños de la red de farmacias, Nassereddine fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en 2008 por sus vínculos con el grupo terrorista chiíta Hezbollah. Washington señaló entonces a este Nassereddine como organizador de reuniones entre altos funcionarios del gobierno venezolano, de la Siria de Bashar Al-Assad y del Irán de los ayatolás, junto con miembros de Hezbollah. En un par de entrevistas, el exdiplomático ha negado estas funciones o vinculaciones y ahora se decanta por un perfil más teórico como analista de Centro Global AZ, con alguna que otra publicación en portales como Aporrea.

Este Nassereddine, el exdiplomático, promueve con efusión la nueva red de farmacias en sus redes sociales sin aclarar si tiene o no parentesco con los jóvenes dueños del negocio. Armando.info intentó contactarlo para responder a esta y otras preguntas en varias oportunidades, sin recibir respuesta.

El negocio se clona

La abogada Acevedo ha detallado que además de los medicamentos más o menos básicos de botiquín, la red proveerá otro tipo de fármacos para tratar la hipertensión arterial, diabetes, alergias, complejos vitamínicos, y hasta dexametasona.

En sus redes sociales Farmacias Caribe difunde que expende dosis del antiviral Remdesivir, el fármaco que se popularizó para tratar la Covid-19, por un costo de 60 dólares, mientras que en otras farmacias se consigue en 85 dólares, 160 dólares y hasta más. A principios de julio también anunció por la misma vía la inauguración de una farmacia consagrada exclusivamente a la venta de tratamientos oncológicos en la avenida Baralt.

Para tratar de entender cómo se conformó este esquema de importación y distribución de medicinas de tan variado espectro a bajo costo, justo en un contexto de aguda contracción económica y sanciones internacionales, se le solicitó una entrevista a la abogada Acevedo, a los Nassereddine y también a la embajada de Irán. Todos aseguraron que solo la Alcaldía de Caracas podía declarar sobre el tema.

El jefe del gabinete económico de la Alcaldía de Caracas, Miguel Carreño, apenas respondió al primer contacto con un saludo vía whatsapp y no contestó más los mensajes para concretar una entrevista sobre el tema.

Entre tanto, persiste la expansión de las Farmacias Caribe, ya no solo en zonas populares del Distrito Capital de la mano de la Alcaldía de Caracas, sino en territorios otrora considerados “bastiones de la oposición”, en el este de la ciudad, que en el pasado no eran servidos por programa alguno de índole social o asistencial del chavismo.

Perteneciente a Farmasolidaridad 2021 y como parte del Sistema Unificado de Atención Farmacéutica, el esquema de Farmacias Caribe se ha convertido en parte de la propaganda de otros alcaldes y gobernadores del chavismo y concejales del PSUV con pretensiones de medirse en las venideras elecciones de noviembre.

Así, los medicamentos baratos de Irán e India se venden en locales bajo el nombre de Farmabaruta en el municipio Baruta y son promovidos por la presidenta del Concejo Municipal de esa entidad, Georgette Topalián. En La Guaira hay cinco sedes que son publicitadas por el alcalde del municipio Vargas, José Alejandro Terán, y que se llaman FarmaLaGuaira. En el estado Miranda se les llama FarmaMiranda y cuentan con el apoyo del gobernador Héctor Rodríguez y la alcaldesa de Guaicaipuro, Wiselys Álvarez. Hasta en el remoto archipiélago de Los Roques, al norte de Caracas en pleno mar Caribe, se abrió un local el pasado 15 de junio, sucursal de una de las sedes que inauguraron en La Guaira. Todas se muestran como locales del Estado pero las ventas van a la firma de los Nassereddine.

Cada entidad tiene una versión móvil con camiones itinerantes que van llevando la mercancía a distintas comunidades y que no parece verse afectada por la escasez generalizada de combustibles. El modelo está siendo replicado por el gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava.

Esta propagación de sedes y farmacias móviles se ha llevado a cabo en detrimento de al menos tres sedes de Fundafarmacia, una cadena de boticas que se creó en 1990 como el brazo social de la industria farmacéutica, que tiene por objetivo vender las  medicinas a bajo costo en una alianza con entes públicos y privados. Los contratos de comodato que amparaban sus sedes en los hospitales de Guarenas-Guatire “Dr. Eugenio D’ Bellard”, de Los Teques, “Dr. Victorino Santaella”, y una sede en La Guaira que estaba ubicada en la Avenida Soublette, principal de la ciudad litoralense, se vencieron y no les fueron renovados a Fundafarmacia. Sus espacios pronto fueron ocupados por las farmacias de los Nassereddine, en su vertiginoso crecimiento.

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