Una casta empresarial hizo cumbre en el hotel Humboldt

Si los caraqueños alzan la mirada podrán ver en la cima del cerro El Ávila las evidencias de un proceso de conquista: la familia Ceballos, uno de los grupos contratistas favorecidos por la Revolución Bolivariana, empezó en 2014 a construir la extensión del teleférico al litoral, pero cinco años después amplió su control a la operación de la lujosa torre cilíndrica que corona la montaña. Ahora la apuesta es seguir privatizando allí más bienes para explotarlos, incluyendo todo el sistema teleférico, la pista de patinaje sobre hielo y los pequeños comercios de la caminería que culmina en el hotel construido en la década de los años 50.

21 abril 2021

La habitación-museo número 101 del hotel Humboldt, el tótem de 15 pisos de altura que desde mediados de los años 50 domina Caracas sobre la cumbre del cerro El Ávila -o Waraira Repano, como lo rebautizó el régimen chavista en su pretensión indigenista-, intenta recrear el aspecto que el cuarto tuvo en su debut, en tiempos de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

Entre el mobiliario de época, junto a un par de maletas de cuero y piel típicas de las películas de entonces, cuadradas y con broches a presión, en las que los turistas solían adherir calcomanías de los destinos visitados a manera de un pasaporte o recuento de sus travesías, yace un par de botines negros para patinar sobre hielo.

La historia que cuentan en la visita guiada asegura que los objetos fueron abandonados por huéspedes de la época y resguardados desde entonces y durante 40 años por "el señor Paco", el guardián del Humboldt, un hombre que vivió en el hotel haciendo las veces de guardia y que se mantuvo vigilante hasta su muerte, en 2008.

“¿Aquí había pista de patinaje?”, es la pregunta que surge de inmediato. El guía responde con un anuncio para aclarar que, más que a una reliquia, la pregunta apunta al futuro inmediato: "La pista de patinaje está abajo en el parque y ahorita estamos en mantenimiento para volver a activarla”.

El hotel Humboldt es más que un hotel. Es un complejo de entretenimiento. Además de las instalaciones de alojamiento, gastronomía y casino que ya funcionan en la torre, comprende también el sistema teleférico, desde su estación de partida en Maripérez -en el centro norte de Caracas- hasta la terminal en la cima de El Ávila, así como los locales de comida rápida, restaurantes y quioscos de suvenires asentados a orillas del bulevar que conduce desde allí al hotel. Todo esto va en camino de ser asignado a la empresa Operadora Turística Humboldt 1956, que se propone agregar también la pista de patinaje, actualmente en remodelación, a sus haberes.

¿Qué es Operadora Turística Humboldt 1956? Es otra de las múltiples fachadas mercantiles de la familia Ceballos, uno de los contratistas predilectos de la administración de Nicolás Maduro.

¿Y quiénes son los Ceballos? Se trata de un grupo familiar que, desde finales de la década de los años 70, se había dedicado a la construcción de obras civiles para el Estado venezolano al amparo de diversas personas jurídicas y, desde el año 2000, con Inversiones Alfamaq como su empresa principal. En el Sistema Nacional de Contrataciones públicas no es difícil notar que la experiencia de los Ceballos se había desarrollado hasta 2007 fundamentalmente en el área de construcción de planteles educativos, como proveedores de la Fundación de Edificaciones y Dotaciones Educativas (FEDE) del Ministerio de Educación.

Los indicios a partir de ese año muestran una diversificación de sus servicios y de su cartera de clientes, que empezó a incluir a otros entes del Estado, como la poderosa estatal petrolera PDVSA.

Desde entonces han participado en la recuperación de colosos como el Poliedro de Caracas y otra obra adyacente que data del perezjimenismo, el Hipódromo de La Rinconada. También se apuntaron en su hoja de servicios los acueductos manejados por Hidrocapital (Tuy I, II y III), Hidrocaribe (en Anzoátegui) e Hidrolago (sistema Tulé-Manuelote-Tres Ríos en el estado Zulia), así como otros proyectos milmillonarios y de envergadura en términos de ingeniería civil, incluida la construcción, dilatada y todavía en marcha, del tramo que volverá a conectar a Caracas con las playas del litoral central, bajando desde la cima de El Ávila por su vertiente norte hasta La Guaira.

Desde que en 2014 los Ceballos se encargaron del proyecto, iniciaron en simultáneo una especie de colonización del cerro, emblema de Caracas. Primero con Alfamaq, que aún sin contar con experiencia en sistemas de teleféricos, ha logrado tener el protagonismo en estos trabajos; luego, desde finales de 2019, con Operadora Turística Humboldt 1956, empresa con la que se encargan -tras bastidores- de manejar las actividades del imponente hotel que vigila al valle de Caracas desde la cima. Y más recientemente, desde finales de 2020 con esta misma empresa, llevan adelante un intento por administrar todo el sistema teleférico que une a Caracas con la cumbre del Ávila y su enlace con el Humboldt.

La operación del hotel Humboldt le fue concedida a los Ceballos en 2019. Fue una decisión adoptada por Félix Plasencia (actual embajador en China y acompañante de la vicepresidenta Delcy Rodríguez durante su polémica escala en el aeropuerto de Barajas de Madrid, en enero de 2020) cuando estuvo al frente del ministerio de Turismo y Comercio Exterior (Mincoex).

El hotel Humboldt, obra del arquitecto Tomás José Sanabria, fue declarado Bien de Interés Cultural de la nación en el año 2009. Foto: Armando.info.

Los rayos verdes

La apertura del casino y la celebración de festejos fastuosos inevitablemente llamaron la atención, entre finales de 2019 y en 2020, ya en pleno confinamiento por la pandemia, sobre la actividad en el hotel. Desde entonces ha sido Luis Semprún Van Grieken quien ha dado la cara al público por el hotel como su gerente general. Pero en realidad quienes figuran como accionistas de Operadora Turística Humboldt 1956 son otros: Roberto Meinhardt Iturbe y Luis Alberto Hernández Abreu, este último un viejo conocido en la familia Ceballos, pariente y socio de Alejandro Andrés Ceballos Cevallos, el hijo mayor de Alejandro Jesús Ceballos Jiménez, economista de 63 años que lidera desde hace varios años el grupo de empresas familiar.

En noviembre de 2019, apenas cuatro días después de haber concretado todos los trámites administrativos para el registro comercial de Operadora Turística Humboldt 1956, llegó la primera gran convocatoria: “por todo lo alto” invitaban a la pre-inauguración del Casino Humboldt para el martes 10 de noviembre. No sería la única celebración. Hubo segunda y tercera invitaciones para el primer torneo de póker con participación en dólares, el 17 de noviembre, y otra cita con las cartas el 4 de diciembre.

La ocasión representaba un desmentido al cierre de bingos y casas de juego que Hugo Chávez había ordenado en 2011. El propio Nicolás Maduro bendijo el giro de 180 grados en la política oficial durante una alocución televisada en enero de 2020: anunció que en el casino del Humboldt se apostaría en divisas y en petros, la criptomoneda diseñada por su gobierno.

La discreción con la que se otorgó la concesión no sería la característica del inicio de actividades del hotel. Los caraqueños lo supieron la noche del 14 de diciembre de 2019. Un festival de haces de luz láser alumbró el valle capitalino desde la torre cilíndrica del hotel. Los rayos verdosos atravesaban la nitidez de esa noche de temporada navideña, en competencia algo sacrílega con la modesta cruz que tradicionalmente se enciende en esa temporada en el cerro El Ávila, y perturbando la paz del parque nacional que desde 1958 abarca la montaña y toda la muralla de la Cordillera de la Costa que separa a Caracas del mar Caribe.

El espectáculo fue recogido en historias de Instagram y compartido en las redes casi en tono de confidencia. Pronto se confirmaría, tras una verificación del portal Es Paja, que la excepcional fiesta con invitados VIP fue organizada por el restaurante El Cine, con sede en El Hatillo, un suburbio semicampestre al sureste de Caracas. Cinco días después, el propietario de El Cine, Alejandro Suegart, falleció en un accidente aéreo junto a ocho personas más cuando regresaba a Caracas desde Guasipati, zona minera del estado Bolívar, en el sur del país.

Aquella ostentación fue el preámbulo del programa de visitas guiadas al hotel (con un costo de entre 30 y 60 dólares) que convoca ahora a todo el que desee ser parte del quién-es-quién de la capital de la autodenominada Revolución Bolivariana. El recorrido permite revivir glorias pasadas y conocer el meticuloso trabajo de restauración que se hizo en la edificación durante siete años.

También marcó el inicio de la aparición, cada vez más frecuente, de Semprún Van Grieken en medios, con quien no fue posible hablar para este reportaje.

Carlos Salas, director de Operaciones, Banquetes y Eventos del hotel Humboldt, sí aceptó conceder una entrevista. Según Salas, en noviembre de 2019 decidieron hacer un soft opening del hotel. Es decir, un inicio de actividades controlado, sin grandes volúmenes de visitas para probar servicios, con clientes a puerta cerrada, eventos privados, visitas guiadas para un máximo de 15 personas, comidas dirigidas, todo con reservación previa. Solo a partir de diciembre de 2020, cuando obtuvieron de manera oficial la categoría de hotel de cinco estrellas, lo abrieron a la opción de hospedaje, a un costo de 300 dólares por noche, iniciando con 22 habitaciones de las 70 disponibles.

Salas hace notar que no tiene nada de raro que el Estado otorgue a privados la concesión de un hotel para su manejo; de hecho, recuerda, esa es desde 2017 política de Venetur (Venezolana de Turismo, empresa del Estado encargada de las operaciones turísticas). En el caso del Humboldt, la concesión fue otorgada a la cadena Marriott en 2018 pero, siempre según el relato de Salas, “a mediados de 2019 Marriott no lo ve viable, por montones de variables que estaban sucediendo en el país, y devuelve la concesión. Y allí se vuelve a ofertar a diferentes actores hoteleros”. Salas lo dice con conocimiento de causa: asegura haber trabajado durante años para Marriott y ser el desarrollador del concepto del Humboldt para esa cadena. “Mi experticia es abrir hoteles”, recalca.

Luego fue contactado por los representantes de Operadora Turística Humboldt 1956 para que terminara de desarrollar el concepto del hotel con ellos, como los nuevos autorizados. Otro tanto ocurrió con Luis Semprún Van Grieken, quien también tiene amplia experiencia en el sector turístico, en la cadena Marriott, y en su carácter de expresidente de la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV) y de aerolíneas como la desaparecida Santa Bárbara Airlines (SBA).

A pesar de que le confiaron tamaña responsabilidad, Salas afirma que no conoce quiénes son sus verdaderos empleadores.

De constructores a hoteleros

Las identidades de los socios accionistas, según aparecen en los registros mercantiles, son las que permiten entender quiénes están detrás del hotel. Por cierto, lejos están de ser expertos hoteleros.

Luis Alberto Hernández Abreu, tenedor del 75% de las acciones y presidente de la Operadora Turística Humboldt 1956, creada con un capital de 22.000 dólares de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela para la fecha en 2019, representa los intereses de Alejandro Andrés Ceballos en el negocio.

De ambos se puede decir que son casi primos: Luis Alberto es sobrino de Nelson Ceballos Jimémez, al ser hijo de una de las hermanas de su esposa, Zhereyda Abreu. Nelson era tío de Alejandro Andrés, y segundo hermano en la estirpe de los Ceballos Jiménez. Murió en febrero de 2008 en un accidente aéreo, cuando la avioneta privada en la que viajaba se precipitó a tierra a mitad de camino en un viaje de Valencia, en el centro del país, a Puerto Ordaz, en el sur, sobre la intersección de los ríos Orinoco y Caroní.

Nelson y Zhereyda fueron los fundadores de Inversiones Alfamaq en enero del año 2000. Ella sigue en la directiva de la empresa con un pequeño porcentaje de acciones junto a su sobrino, Alejandro Andrés, y su padre, al menos según los últimos movimientos de la empresa registrados en 2019. Hoy Alfamaq es la principal empresa del Grupo 7C, nombre que deriva de los seis hermanos Ceballos y de su madre, Maura Betty Jiménez de Ceballos. De hecho, por Alfamaq han pasado todos ellos como accionistas y directivos.

Adicionalmente, Luis Alberto Hernández y Alejandro Andrés Ceballos han compartido obras en proyectos de construcción, cada uno con sus empresas. De las nueve compañías vinculadas a Hernández, seis tienen que ver con el sector construcción y solo dos se mantienen activas: Grupo 1324, destinada a la construcción de drenajes y acueductos e instalación de tuberías de alumbrado, gas, agua, oleoductos y arrendamiento de inmuebles; y Constructora X99, con experticia en obras de ingeniería, arquitectura y construcciones en general. De acuerdo con la información recopilada en el Registro Nacional de Contratistas (RNC) y sus sistema de contrataciones, Grupo 1324 ha sido cliente de Constructora X99 y de Inversiones Alfamaq, lo que se traduce en una pequeña alianza comercial que quedó en familia. 

Tanto Luis Alberto Hernández Abreu como Roberto Meinhardt Iturbe tienen experiencia en el sector de la construcción, no en hotelería y turismo.

Ambos llegaron a compartir acciones en una empresa adicional, registrada en el estado Anzoátegui, en el oriente del país, llamada Transportes NFC, C.A y sin actividad comercial desde hace varios años.

Fue creada en 2006 para prestar servicios de transporte de todo tipo, desde ejecutivos hasta colectivos (traslados masivos) y de maquinaria pesada. Apenas constituida, ingresó al programa de Empresas de Producción Social (EPS) promovido por la estatal PDVSA, una vía ideal para convertirse en sus proveedores.

En Transportes NFC, C.A. también aparecían como socios otras cuatro personas, además de Hernández y Ceballos: el hermano del primero, Luis Enrique, y un primo de Ceballos llamado Manuel Ricardo Alonso Ceballos, respectivamente, y otra persona cercana a la familia llamada Henry John Gilbert Van Grieken, quien ha sido apoderado de Inversiones Alfamaq en casos judiciales; el cuarto, Zelim Avendaño Pérez, llegó a tener cierta notoriedad pública por una denuncia de corrupción diez años después, a la larga desechada.

Avendaño Pérez ocupó el cargo de director general de la Alcaldía de Barcelona (capital de Anzoátegui, municipio Simón Bolívar, en la costa noreste de Venezuela) a partir de 2013 y fue presidente de la empresa estatal Kamacuto, encargada por la municipalidad para ejecutar las obras del complejo turístico “Barcelona Caribe” o “La gran Barcelona”, proyecto que contemplaba la construcción de canales navegables, pero que no llegó a nada.

Este proyecto y la venta de terrenos municipales para su desarrollo turístico fueron llevados ante la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, entonces de mayoría opositora, en julio de 2018. Presumían algunos diputados que en la venta de los ejidos municipales para el proyecto se  podían verificar actos de presunto lavado de dinero y corrupción. En el caso también estaría involucrada Inversiones Alfamaq de la familia Ceballos, al tratarse de la empresa encargada de ejecutar parte del proyecto.

La denuncia fue presentada en su momento por el entonces diputado del partido Primero Justicia (PJ) por el estado Anzoátegui, Richard Arteaga, quien hoy integra la llamada "fracción Clap" o grupo de Los Alacranes, como la opinión pública dio por llamar a los diputados que intercedieron ante autoridades internacionales en favor de Alex Saab, el principal factor comercial y presunto testaferro de Nicolás Maduro, y que luego protagonizaron una rebelión parlamentaria contra la dirección oficial opositora. Con los meses la denuncia fue desestimada, así como las demás investigaciones llevadas por el parlamento sobre Alejandro Ceballos Jiménez, líder de Alfamaq y del Grupo 7C (vinculadas con el Proyecto Guaire y con el desvío de 500 millones de dólares de la Corporación Venezolana de Guayana que fueron depositados en una cuenta de Gazprombank en una sucursal en Líbano). 

Vínculos dorados

Las otras dos compañías que completan las nueve vinculadas a Luis Alberto Hernández ya se alejan del sector construcción y obras civiles. Una es, por supuesto, la mencionada Operadora Turística Humboldt 1956. Esta compañía tiene su contraparte en el estado de Florida, en Estados Unidos: Promotora HH 1956 Corp. Se trata de la receptora de los pagos en divisas que generan varias de las actividades del hotel Humboldt.

Hay que decir que entre sus accionistas no resaltan los mismos apellidos del entorno de la familia Ceballos, pero el agente registrador que hizo los trámites para crearla, Michael Ortiz, P.A., resulta conocido.

Es la misma firma que registró en Florida a Jesús & Yorky Productions INC, cuyo director era Alejandro Andrés Ceballos (el nombre de Jesús corresponde al del hermano menor de Alejandro, quien hasta 2018 exploró su faceta de cantante de reguetón y música urbana con Yorky). 

El agente también se encargó de hacer algunos trámites entre 2017 y 2018 del Grupo 7C Racing Stable Corp, otra de las compañías de la familia Ceballos, en este caso en Florida y dedicada a la compra de caballos purasangre para su competición en hipódromos como el Gulfstream Park en Hallandale Beach. En Venezuela su equivalente es el haras Urama, en el estado Yaracuy, donde cruzan y crían a los caballos de carrera enviados desde Florida y los entrenan para competir en La Rinconada, el hipódromo del sureste de Caracas, pues los Ceballos son también una familia aficionada al hipismo.

La otra compañía de Luis Alberto Hernández alejada de las obras civiles es Inversiones Aurum 19. Se trata de una de las tantas empresas que han llegado a los registros mercantiles del estado Bolívar, al sur de Venezuela, a partir del anuncio de creación del Arco Minero del Orinoco, proyecto extractivista anunciado por Nicolás Maduro en febrero de 2016. Inversiones Aurum 19 fue constituida en diciembre de ese año con el propósito de suscribir alianzas estratégicas con el Estado en actividades de explotación de oro y demás minerales estratégicos.

El perfil de la empresa resulta llamativo si se toman en consideración los vínculos familiares de sus accionistas (Luis Alberto Hernández y su hermano, Luis Enrique) y la presencia que ya ha tenido la familia Ceballos en la zona minera del estado Bolívar.

En una reciente investigación publicada por Armando.info con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), como parte de la filtración de los llamados FinCEN Files, se reveló que en 2016, justo tras la entrada en vigencia del Arco Minero del Orinoco, Alejandro Ceballos Jiménez se acercó a la canadiense Gold Reserve, interesado en invertir en ella. Compró 10% de las acciones en mayo de ese año y tres meses después la canadiense regresaría formalmente a Venezuela (había sido expulsada por Hugo Chávez en 2009, tras dar por terminada la concesión) al firmar acuerdo con el gobierno venezolano para la explotación aurífera al sur de Bolívar, una zona conocida por ellos desde principios de 1990, cuando llegaron a Las Claritas. La firma de esa alianza estratégica con la administración de Nicolás Maduro fue motivo de celebración en Caracas, en la residencia de la familia Ceballos en Alto Hatillo, con los representantes de Gold Reserve entre los invitados

De tal palo

Alejandro Andrés Ceballos se ha labrado un camino en el sector empresarial al igual que su padre, pero con mucha más discreción y sin apariciones públicas. Además de ser accionista de Inversiones Alfamaq, es el socio principal de Proyectos y Construcciones 1128, con la que ha participado en obras estatales de casi los mismos entes a los que le ha trabajado Alfamaq: la Fundación de Edificaciones y Desarrollos Educativos (FEDE), los ministerios de Vivienda y Ambiente, el Gobierno del Distrito Capital (para la recuperación de escuelas), la Fundación Che Guevara y Fundación Barrio Nuevo Barrio Tricolor.

Una transacción calificada como sospechosa por la unidad de inteligencia financiera (FinCEN, por su acrónimo en inglés) del Departamento del Tesoro en Washington DC, que involucró a la Fundación Che Guevara y a Petróleos de Venezuela (PDVSA), puso a la familia Ceballos, particularmente a padre e hijo, bajo la lupa del sistema financiero estadounidense.

Se trataba del proyecto de Misión Vivienda Colinas de San Francisco de Yare, un complejo de 1.540 apartamentos que sería construido por Pdvsa. Sarleaf Company, empresa de la familia Ceballos en Londres, fue la seleccionada para ejecutar las obras pero esta, a su vez, subcontrató a Inversiones Alfamaq, quedando todo como un rulo en los negocios familiares. La jugada enrevesada, así como el origen y destino de los fondos públicos venezolanos fue vista con reticencia por las autoridades de la sucursal en Miami del Banco Espirito Santo (BES), pues la cuenta bancaria a nombre de Sarleaf Company fue abierta como fondo de inversión familiar y para recibir transacciones de la Fundación Che Guevara, no de la estatal petrolera venezolana.

Al final el reporte de actividades sospechosas involucró un monto de unos 262 millones de dólares, por presentar transacciones bancarias atípicas como movimientos entrantes y salientes apenas se recibían los fondos, envíos a países de alto riesgo como Suiza, envíos de pequeños montos a cuentas personales de la familia y en particular 44 millones de dólares a cuentas de dos empresas de Alejandro Andrés Ceballos: 22 millones tuvieron como destino Sidon Enterprise, una compañía registrada en las Islas Vírgenes Británicas, y el resto a una entidad panameña con cuenta bancaria en Suiza, Wexford Services, dedicada a la importación y exportación de productos para el sector construcción. Finalmente la cuenta bancaria de Sarleaf Company en el BES fue cerrada en enero de 2014, un año y cuatro meses después de haber sido activada.

La Unidad de Inteligencia Financiera del Departamento del Tesoro advirtió sobre transacciones sospechosas vinculadas a la familia Ceballos, sobre todo con empresas de Alejandro Andrés, como puede leerse en el reporte.

En aquel momento, Alejandro Ceballos, hijo, no respondió la solicitud de entrevista enviada por Armando.info y el ICIJ; como tampoco lo ha hecho para este reportaje. Sus negocios se extienden a empresas que no han tenido la necesidad de ofrecer sus servicios al Estado venezolano, como Aero Global Corp, que se dedica a la gestión y contratación de vuelos chárter; El nido del halcón, ubicada en un sector de El Hatillo del mismo nombre, con helipuerto incluido, y creada con el propósito de organizar actividades de arte y entretenimiento; una compañía de actividades inmobiliarias llamada Inversiones Faluel 1507 (el accionista mayoritario es Proyectos y Construcciones 1128, también de Ceballos hijo); y otra que desarrolla proyectos de ingeniería civil llamada Constructora Menecon 2013.

Aunque el trabajo de Inversiones Alfamaq fue escrutado en 2015 por el “Cuerpo de Inspectores Socialistas” adscrito a la Vicepresidencia de la República, por el mismo proyecto de San Francisco de Yare que llegó al Departamento del Tesoro estadounidense, las conclusiones que advertían el sobreprecio de la obra y de la irregularidad del pago en divisas de un contrato ejecutado por una empresa venezolana con empleados venezolanos no impidieron que Alfamaq avanzara en la construcción del nuevo teleférico al litoral.

Este es otro proyecto colosal que en un principio se ejecutaría con la participación de la brasileña de construcción de infraestructura Odebrecht y la austríaca Doppelmayr, líder en el mercado global de sistemas teleféricos; al final quedó en manos de Doppelmayr y Alfamaq. La empresa de la familia Ceballos está encargada de ejecutar 87,5% del contrato de las obras civiles del nuevo sistema de teleférico hacia La Guaira en todos sus tramos y no solo hasta la estación El Cojo en Macuto, frente a las playas del Litoral, pues incluye el teleférico de servicios llamado El Aguilucho, entre la estación Maripérez y el Ávila (estación Warairarepano); el teleférico Warairarepano-Hotel Humboldt (como existió en el proyecto original de Tomás Sanabria) y el teleférico Warairarepano-El Irón.

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Desde que Alfamaq se sumó al proyecto en 2014, ha recibido desembolsos equivalentes al 60% del anticipo del contrato de las obras civiles, unos 166,8 millones de dólares del llamado “componente nacional” (en bolívares 1.048.779.181 en ese año 2014) más 26,7 millones de euros. Recientemente, entre 2018 y 2019, recibió 7,5 millones de euros adicionales. En total unos 207 millones de dólares de inversión que se traducen en un pobre avance del 35% de las obras civiles del sistema teleférico, según trabajadores de la obra, y apenas 40% de la estación El Cojo, de la época de Pérez Jiménez, remodelada. Euros que por cierto ha recibido Sarleaf, la empresa familiar de los Ceballos, según registros del propio Fonden.

La austríaca Doppelmayr, que debe ejecutar el restante 12,5% del contrato (básicamente asesorías técnicas en el contrato de obras civiles, pese a tener la experticia sobre teleféricos, a diferencia de Alfamaq), ha recibido otros seis millones de dólares (4,8 millones de euros) en el mismo período. 

Un saco roto al que han llegado millones en monedas extranjeras pero donde los ganadores han sido Alfamaq y la familia Ceballos. Desde el teleférico actualmente en servicio, en la ruta que sube de Maripérez al Ávila, es posible ver las bases de las torres del futuro sistema, abandonadas en lo agreste, como abandonado luce el campamento de las obras del teleférico de servicio, llamado El Aguilucho.

Los sultanes del Ávila

Pero no es solo construir uno nuevo. También los Ceballos quieren administrar el teleférico caraqueño.

Eso se desprende del borrador de un contrato de alianza comercial redactado a finales de 2020 y que ha estado sujeto a discusiones recientes en el Centro Internacional de Inversión Productiva.

Se trata de una instancia creada en octubre del año pasado, adscrita a la Vicepresidencia, con el propósito de revisar y aprobar los proyectos de inversión en el marco de la Ley Antibloqueo, así como de estudiar y hacer seguimiento a las “medidas coercitivas unilaterales” y demás medidas restrictivas o punitivas contra la República, para diseñar políticas públicas que puedan contrarrestarlas, detalla la Gaceta Oficial donde se publicó el decreto correspondiente. Otra de sus atribuciones es “promover proyectos orientados a incrementar el flujo de divisas hacia la economía” e impulsar la “marca país” como estrategia para promover inversiones. El presidente designado para el Centro fue Héctor Silva Hernández, quien venía de dirigir el Banco de Comercio Exterior (Bancoex) y de ser viceministro de Comercio Exterior.

La aprobación de la llamada Ley Antibloqueo, por su parte, fue uno de los últimos actos de la extinta e írrita Asamblea Nacional Constituyente, designada por el oficialismo en 2017 tras un simulacro de elecciones rechazado por la comunidad internacional. El instrumento legal tiene por objetivo declarado el de “contrarrestar, mitigar y reducir, de manera efectiva, urgente y necesaria, los efectos nocivos generados por la imposición, contra la República Bolivariana de Venezuela y su población, de medidas coercitivas unilaterales y otras medidas restrictivas o punitivas, emanadas o dictadas por otro Estado o grupo de Estados”,  autorizar la suscripción de “todos los actos o negocios jurídicos que resulten necesarios para proteger el patrimonio”, y actuar bajo un manto opacidad según de desprende se uno de sus artículos que establece la implementación de un “régimen transitorio sobre reserva, confidencialidad y de divulgación limitada de información”.

De acuerdo con el borrador de contrato, que por parte del Estado involucra a Venezolana de Teleféricos (Ventel, encargada de la operatividad del sistema), y por los privados a la Operadora Turística Humboldt 1956, esta última plantea servir de “aliado comercial” en la “rehabilitación, administración, operación y comercialización del teleférico Warairarepano”, una propuesta muy amplia que incluye todo el sistema teleférico de Maripérez hasta la cima de la montaña. En detalle: la estación terminal de Maripérez con el estacionamiento, oficinas, centro de acopio; el sistema teleférico; la estación terminal Ávila con las oficinas, dormitorios y área de Misión Nevado; los salones de eventos y pista de patinaje sobre hielo; las caminerías, áreas comerciales y de servicios que comprenden la zona entre la estación Ávila y el Hotel Humboldt.

La empresa argumenta tener la experiencia y los recursos financieros necesarios para el reimpulso y reactivación del proyecto, considerando “lo complejo que se torna para el Estado venezolano la puesta en marcha de la operación del teleférico Warairarepano, en momentos en que los ingresos de divisas al país se han visto mermados por la caída de los precios del petróleo”, por lo que se hace necesario recurrir a la inversión privada para el mantenimiento y recuperación. Además establece que la alianza tendrá una vigencia de 30 años prorrogables. Al momento de la firma del acuerdo, Ventel tendría que hacer entrega de todo el sistema.   

Ninguno de los accionistas de Operadora Turística Humboldt 1956, Luis Hernández y Roberto Meinhardt, quienes suscriben el borrador del contrato, respondieron a la solicitud de información enviada por Armando.info para este reportaje. Tampoco fue posible hablar con alguno de ellos vía telefónica, aunque en un primer intento la llamada fue atendida por un representante de la empresa con disposición a canalizar la solicitud, pero que luego dejó de atender las llamadas.

Por trascendidos se sabe que las conversaciones para la eventual aprobación de esta alianza han transcurrido con lentitud y sin alcanzar acuerdos hasta ahora. Pero eso no ha sido obstáculo para que en la cima de El Ávila los hechos se consumaran.

Los comerciantes que regentan puestos en el bulevar que va de la estación del teleférico al hotel, dan por cierto que son los operadores del Humboldt quienes ahora mismo llevan a cabo las obras de remodelación de la pista de patinaje sobre hielo y de una parte de la terminal. Por esas obras, en la actualidad el acceso a la estación se hace por la puerta trasera, pues el parque teleférico se mantiene activo en las semanas de flexibilización por la pandemia de la Covid-19, operando desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde y, en el caso del Humboldt, el teleférico se mantiene activo toda la noche hasta las tres de la madrugada, hora de cierre del casino.

Y en las visitas guiadas al Humboldt se asoma que, efectivamente, la Operadora Turística Humboldt 1956 se apresta a la reactivación de la pista de patinaje sobre hielo. Será otro paso en la conquista del hotel, muestra de la arquitectura moderna en Venezuela, declarada bien de interés cultural en 2009, así como de todo el complejo y de la cumbre del cerro El Ávila, símbolo de caraqueñidad, por parte de la familia Ceballos.

El borrador del contrato de alianza está en discusión y evaluación como parte de los proyectos amparados por la Ley Antibloqueo. Aún no ha sido aprobado ni rechazado.

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Quien durante la última década haya querido mantenerse al día con el patrimonio inmobiliario de estas venezolanas, madre y tres hijas que gustan de hacerse pasar por las Kardashian, lo tuvo difícil: en un abrir y cerrar de ojos pasaron de una vivienda familiar en un suburbio de Caracas a apartamentos en Miami y París. Una oficina de servicios offshore en Panamá le pidió en 2016 a Norka Luque que actualizara sus fuentes de ingreso, entre las que reportó hasta una franquicia de tintorerías, pero se reservó parte de su imperio de bienes raíces y sus vínculos especiales con jerarcas del régimen chavista como la almiranta Carmen Meléndez o la extesorera Claudia Díaz.

20-10-21
El exministro que se ponchó sin hacer swing

La puerta giratoria del chavismo trajo a la gerencia pública al ingeniero Rafael Gruszka y casi de inmediato lo devolvió a la actividad privada, pero con renovados contactos con el Estado y apetencias por negocios inéditos. Uno de ellos, con éxito reconocido, fue el béisbol profesional, donde convirtió a Caribes de Anzoátegui en una potencia. Pero casi al mismo tiempo se embarcó en la constitución de una offshore en Islas Vírgenes Británicas que despertó suspicacias en un despacho de abogados panameño y nunca cumplió su cometido.

17-10-21
Su nombre lo prestaba, pero su mansión la vendió a Luka Modric

El abogado venezolano Gustavo Mirabal Castro, señalado por distintas versiones como presunto testaferro del extesorero nacional, Alejandro Andrade, se apresuró a mudarse a Dubai desde Madrid apenas se enteró de la disposición del también exmilitar a someterse a las autoridades de Estados Unidos. Para esa peregrinación, Mirabal debió soltar lastre, así que hizo cambiar de manos un superyate que en 2016 se había comprado a través de una offshore, y pasó su residencia en el suntuoso barrio de La Moraleja al crack del Real Madrid.

Un caballo de Troya ‘venezolano’ en el Novo Banco

Según investigaciones de la fiscalía de Portugal, Clippon Finance, una empresa constituida en Panamá por el despacho de abogados Alcogal, fue usada entre 2011 y 2014 por el Banco Espírito Santo como canal para enviar pagos irregulares por 29 millones de dólares a un alto ejecutivo de Pdvsa a través de su testaferro, ambos de Barinas. Pero los Pandora Papers revelan que, años después, una compañía inglesa se presentó en Panamá con el único interés de adquirir a Clippon, apenas poco antes de que los mismos inversionistas de Londres trataran de comprar el Novo Banco, sucesor “sano” del Espírito Santo.

Cuando China despertó, José Simón Elarba todavía estaba allí

El gigante asiático, potencia mundial emergente, tiene años haciendo negocios con una Venezuela gobernada por sus aliados políticos y comerciales del chavismo. Pero en 2014, por alguna razón, dos de sus empresas emblemáticas del sector de tecnología, ZTE y Ceiec, precisaron de la intermediación de este abogado venezolano, dueño de la empresa de recolección de desechos Fospuca, para acceder a información privilegiada del mercado criollo y, en última instancia, conseguir contratos con las telefónicas locales Cantv y Movistar. A cambio, este recibió 28 millones de dólares.

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