Ni comprándolo Chávez pudo ganarle al Casino

El ‘comandante eterno’ de la Revolución Bolivariana quiso tener su cadena de supermercados socialistas y para eso mandó a expropiar en 2010 las tiendas Éxito, que creía colombianas. Para cuando se enteró de que pertenecían al francés Grupo Casino, ya era tarde: el Gobierno de París había intervenido y consiguió no solo un pago jugoso por el negocio, sino que ayudó a conservar una participación francesa en lo que pasó a ser Abastos Bicentenario. Siete años más tarde, cuando la red de abastos languidece, los franceses siguen vendiéndole hasta 3.000 toneladas al año de productos no alimenticios a través de una empresa en Panamá.

18 junio 2017

Basta entrar a algún local de la red estatal Abastos Bicentenario para comprobar el ocaso de la que fue una de las principales cadenas de supermercados de Venezuela. Por ejemplo, en la sucursal de Terrazas del Ávila, al este de Caracas, destacan la pobre iluminación, neveras dañadas, hileras interminables de un mismo producto, empleados deambulando por los pasillos y estanterías vacías coronadas con propaganda política. La estampa se repite en otros establecimientos de la capital que aún permanecen abiertos.

Es un fracaso difícil de disimular, incluso, para el Gobierno. “Abastos Bicentenario se pudrió, así lo digo y ordeno una reestructuración total y absoluta”, admitió Nicolás Maduro en febrero de 2016. En un esfuerzo acaso tardío por rescatarla, Maduro acaba de nombrar a Ramón Campos Cabello, capitán del Ejército y primo del número dos del chavismo, Diodado Cabello, como presidente de la red de supermercados.

El reconocimiento del presidente de la República llegó semanas después de que organismos de inteligencia realizaron una operación policial que terminó con el arresto de directivos y empleados de la empresa.

Habían transcurrido seis años desde que Hugo Chávez ordenó expropiar la cadena de las hipertiendas Éxito, compañía participada por el francés Grupo Casino. “De todas modos ya lo dije: señores dueños de la cadena Éxito busquen al ministro (Eduardo) Samán, el Vicepresidente Elías Jaua (hoy Ministro de Educación), porque la cadena Éxito en base a las numerosas violaciones a las leyes venezolanas pasa a ser de la República”, sentenció Chávez un domingo de enero de 2010 durante uno de sus maratónicos programas televisivos.

Ese era el año bicentenario: se cumplían dos siglos de la rebelión patriótica del 19 de abril. Empujado por la bonanza petrolera y en pleno auge estatizador, Chávez quería su propia red de supermercados “socialistas”, con la que bajaría “todos los precios de la cadena Éxito”. “El nombre hay que cambiárselo, por supuesto”, machacó para que no quedaran dudas de su determinación.

“El nombre hay que cambiárselo, por supuesto”

La ocurrencia de Chávez se cumplió a rajatabla. El comandante revolucionario creyó en un principio que afectaba intereses colombianos, pues del país vecino viene la marca Éxito. Pero entonces no advirtió que detrás del negocio estaban los franceses del Grupo Casino, quienes al final salieron mejor librados que nadie de lo que, en principio, proyectaba las sombras siniestras de una expropiación compulsiva: Casino no solo cobró una jugosa indemnización por su operación venezolana y mantuvo una participación minoritaria en Bicentenario; también, y es lo que ahora se revela, ha seguido sirviendo tras bambalinas como proveedor del Gobierno venezolano mediante una empresa creada en Panamá para tal fin.

En el listado de proveedores de la Corporación Venezolana de Comercio Exterior (Corpovex), el holding encargado de las importaciones estatales, se repite el nombre de Anis Services, una sociedad panameña que nació de la mano de directivos del Grupo Casino en Venezuela, quizás los únicos ganadores en medio de la historia de corruptelas e ineficacia gerencial en la que se hundió la fantasía de los Abastos Bicentenario. 

Una costosa lección de geografía

Anis Services fue registrada en Panamá el 12 de julio de 2010. Sólo habían pasado seis meses desde que Chávez manifestó su intención de hacerse con Hipermercados Éxito, que junto con los supermercados Cada -esta, una cadena tradicional que había pasado antes por manos de la familia Rockefeller y de la Organización Cisneros-, pertenecía a la Cadena de Tiendas Venezolanas (Cativen). La decisión del caudillo venezolano se produjo por recomendación del entonces Ministro de Comercio, Eduardo Samán, conocido por su animadversión a la iniciativa privada. En principio, era una medida de presión hacia Colombia a raíz de las pulseadas entre Chávez y el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. Eso pensaron las autoridades venezolanas, desorientadas por el sello Éxito, una empresa de origen colombiano. Pero no fue así. El estruendo, en realidad, llegó hasta Francia.

Desde finales de la década de los 90 la mayoría accionaria de Cativen pertenecía a la empresa colombiana Almacenes Éxito, y esta a su vez era propiedad del Grupo Casino, razón por la cual Cativen figuraba entre los activos de la compañía francesa. “Fue una medida de retaliación contra Colombia, pero las relaciones de Chávez con Francia eran buenas y a raíz del anuncio de expropiación comenzó una negociación porque Francia lo consideró como una agresión”, relata una fuente que trabajó en Grupo Casino y pidió reservar su identidad.

A Eduardo Samán el error le costó su salida del gabinete en febrero de 2010, sólo un mes después del anuncio de la expropiación. La equivocación también llevó al Gobierno venezolano a sentarse para negociar con el Grupo Casino, algo inusual en las expropiaciones ordenadas por el comandante de la “revolución bolivariana”. Hoy los documentos del acuerdo y la ruina de Abastos Bicentenario confirman que la mejor parte fue para los franceses. “Fue un tratamiento muy diferente porque Chávez no quería que su imagen con Francia se dañara”, relata el ex ejecutivo de Casino.

Los documentos avalan esa versión. Para el momento en que se constituyó la empresa en Panamá –12 de julio de 2010–, el Grupo Casino ya había suscrito con las autoridades venezolanas un “protocolo de intenciones” (5 de marzo de 2010), un “acuerdo de entendimiento” (1 de mayo de 2010) y un “acuerdo de principios” (2 de junio de 2010). El tono del propio Chávez había cambiado en febrero cuando planteó que “ellos (Casino) quieren vender a Venezuela el 80% de las acciones en Cativen (...) Me ha gustado la propuesta y he autorizado al Vicepresidente (Ejecutivo) para iniciar el proceso”. Asomó, incluso, que “haríamos una empresa mixta, con mayoría venezolana”.

Pero los planes de la compañía francesa eran distintos y para ello necesitaban la empresa en Panamá. “Se montó a propósito una empresa en Panamá para que fuera la responsable de la asesoría que se acordó en las conversaciones con el Gobierno”, reconoce otro ex directivo del Grupo Casino, que conoció esa operación.

Inicialmente, detrás de la firma panameña figuraron como directores Pascal Rivert y Laurent Zecri, antiguos ejecutivos franceses de Cativen, en representación del Grupo Casino. A partir del 20 de abril de 2015 ambos salieron del directorio y Anis Services quedó en poder de Joseph Claude Kalifa y James Levy, quienes también están relacionados con el conglomerado francés. Kalifa fue el artífice de la exitosa negociación con el Gobierno venezolano y Levy es director suplente de Zecri en la directiva de Abastos Bicentenario.

El “kalifa” del casino

La presencia de Kalifa en Venezuela y en el Grupo Casino es casi fantasmal. “Nunca había escuchado de él antes. Pudo haber sido recomendado por el Gobierno de Francia, por los servicios secretos o sencillamente ser alguien cercano a las autoridades de la casa matriz del Grupo Casino”, cuenta uno de los ex directivos de Casino en Venezuela. Precisamente, Kalifa pactó con las autoridades venezolanas los términos de lo que empezó como una expropiación y terminó en un jugoso contrato de compra-venta, suscrito en noviembre de 2010. “Kalifa llevó la negociación por fuera del Grupo Casino y con el alto Gobierno”, sostiene el ex directivo.

De acuerdo a ese documento, Kalifa representó a Grupo Casino gracias a un poder legal “otorgado por Jean Charles Naouri en su carácter de representante legal y funcionario ejecutivo jefe de Casino Guichard Perrachon S.A, suscrito en fecha 3 de noviembre de 2010”. La gestión de Kalifa luce redonda: el Gobierno de Chávez terminó pagando al Grupo Casino 690 millones de dólares por el 80,1% de las acciones que se cancelaron en cuatro plazos, según detalla el contrato firmado por Richard Canán, sucesor de Samán en el Ministerio de Comercio, y el propio Kalifa como apoderado de Casino. En marzo de 2010 la cabeza del conglomerado francés a nivel global informó que las "conversaciones están en curso entre Casino y el Gobierno para poder considerar un procedimiento ya no de expropiación sino de cesión amistosa". Naouri olía el éxito de la negociación.

El paquete accionario comprado por Venezuela quedó en manos del Ministerio de Alimentación, mientras que el 19,9% restante siguió en manos de los franceses. “Kalifa logró el acuerdo él solo y me imagino que con todo el apoyo jurídico y financiero de Casino en Francia”, apunta otro directivo que vivió aquel proceso. La compra de la mayoría accionaria dio luz verde al Gobierno para administrar 39 supermercados, 6 hipermercados y uno más que estaba construyéndose en la zona rental de Plaza Venezuela, en Caracas, y que finalmente fue inaugurado por Chávez en 2012.

Un proveedor en la sombra

El acuerdo con el Ejecutivo venezolano fue sólo una parte de la misión de Kalifa. Con Anis Services, Kalifa también se convirtió en un proveedor en la sombra de Abastos Bicentenario y Corpovex. Aunque fue a partir del 20 de abril de 2015 cuando Kalifa y Levy –el ciudadano irlandés que quedó como director suplente de la junta directiva de Abastos Bicentenario– asumieron como apoderados de la empresa panameña, en enero de ese año suscribieron un primer acuerdo comercial, según muestra el Registro Nacional de Contratistas (RNC).

El contrato fue para suministrar “alimentos y productos de higiene personal” a Abastos Bicentenario entre el 5 de enero de 2015 y el 31 de diciembre de ese año, pero el convenio se cumplió en 70%. La relación comercial entre Anis Services y el Gobierno venezolano recién comenzaba.

Entre enero de 2016 y febrero de este año, Anis Services ha despachado a la estatal Corpovex una veintena de embarques de productos como detergentes y papel higiénico que la firma compra a fabricantes en distintas partes del mundo y luego revende a Venezuela, de acuerdo a bases de datos de tráfico y carga marítima. Esos despachos sumaron alrededor de 3.000 toneladas entre productos para limpiar pisos, ropa y papel higiénico que terminaron en los anaqueles de Abastos Bicentenario. El año pasado en varias de las sucursales de la red estatal, tanto de Caracas, como en algunas del interior del país, se comercializaron detergentes españoles, entre otros de los productos venidos por Anis Services. Los precios estaban por encima de la regulación establecida por el Ejecutivo nacional, que desde entonces quería evitar la aglomeración de consumidores en las puertas de los locales a la caza de productos baratos que luego serían revendidos en mercados informales.

Las 3.000 toneladas vendidas por Anis Services al Gobierno venezolano para Abastos Bicentenario representan buena parte de la meta que la red estatal pensaba distribuir en 2016 en la categoría de “productos no alimenticios”. De acuerdo a la Memoria y Cuenta de 2015 del Ministerio de Alimentación –última disponible–, para el ejercicio económico de 2016 el plan era comercializar 4.918 toneladas en “productos no alimenticios”.

“Lo que sucede es que actualmente no estamos realizando ningún tipo de gestión comercial”

En la oficina de la empresa, ubicada en la torre Parque Cristal, en Caracas, prefirieron no contestar la solicitud de entrevista para este reportaje. “Lo que sucede es que actualmente no estamos realizando ningún tipo de gestión comercial”, respondió al teléfono una mujer. “Es que no estamos realizando ningún tipo de operación comercial actualmente, no estamos en funcionamiento, es una sola persona que está en la oficina que es la secretaria, que soy yo, no hay nada acá”, insistió al preguntarle sobre las ventas de Anis Services al Gobierno venezolano y la relación con el conglomerado francés Grupo Casino.

Además de iniciarse como proveedor del Gobierno venezolano, en 2015 Kalifa también abrió una filial de Anis Services en Cuba, según consta en el expediente de la empresa en el Registro Público de Panamá. Fue el 12 de octubre de ese año y para ello se designó como “representante legal” de esa sucursal a Edgar Antonio González Martínez, quien fungía como encargado de negocios de Venezuela en La Habana. El 28 de abril de 2017 fue “revocado” el nombramiento de González Martínez como el representante legal de Anis Services en Cuba.

Fracaso marcial

El futuro de Abastos Bicentenario es una incógnita. De la reestructuración anunciada por Maduro en febrero del año pasado no hay noticias. La única certeza es que la administración de la empresa sigue en manos de militares. Desde el pasado 1 de junio el presidente es el capitán del ejército, Ramón Rafael Campos Cabello, de acuerdo al decreto presidencial 2.889, contenido en la Gaceta Oficial 41.163. Campos Cabello ha desempeñado otros cargos públicos y es también primo del diputado y número dos del chavismo, Diosdado Cabello.

Campos Cabello sucede a José De Freitas Jardim, otro militar que llegó a Abastos Bicentenario a comienzos del año pasado, precisamente, para reordenar la compañía, tal y como pidió Maduro. En la práctica ha ocurrido, más bien, una especie de liquidación en cámara lenta con al menos 10 tiendas cerradas y miles de despidos. Es algo en lo que Jardim tenía experiencia, ya que venía de liquidar el Banco Industrial de Venezuela (BIV), una de las instituciones financieras más antiguas del país, rescatada y quebrada varias veces durante el chavismo. “Ese señor (Jardim) llegó a hacer lo que hizo en el Banco Industrial, él llegó para cerrar la empresa”, afirma un líder sindical que está entre los no menos de 3.000 trabajadores despedidos desde 2016, casi la mitad de los 6.274 empleados que tenía Abastos Bicentenario al cierre de 2015, según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Alimentación correspondiente a ese año.

Con el nombramiento de Campos Cabello no hay expectativas de cambio. “Abastos Bicentenario está quebrado, en rojo. Los franceses, incluso, podrían recuperar la empresa a precio de gallina flaca si quisieran”, insiste el dirigente sindical, que mantiene un litigio con la empresa y espera su reenganche.

“Los militares llegaron con un estilo muy autoritario y prepotente"

Las botas militares han caminado por los pasillos de Abastos Bicentenario prácticamente desde el día que Chávez soltó su intención de expropiar Hipermercados Éxito. “Los militares llegaron con un estilo muy autoritario y prepotente, pero en esos días no podían tomar decisiones operativas porque no sabían nada del negocio”, recuerda el ex directivo del Grupo Casino, a propósito de la tensión vivida a medida que las fuerzas militares fueron ocupando las sucursales de Éxito en todo el país para cumplir la orden de Chávez. Oficialmente la saga de militares en la empresa comenzó desde febrero de 2011, cuando el Gobierno de Venezuela completó el último pago al Grupo Casino, acordado en el contrato de compra-venta. Rafael Coronado Patiño, un general de brigada que años después fue viceministro de alimentación, fue el primer presidente de Abastos Bicentenario. En esa primera directiva también estuvo Félix Osorio, otro militar que a la postre fue Ministro de Alimentación. Con ellos comenzó, precisamente, la putrefacción un negocio en el que, paradójicamente, los franceses del Grupo Casino se quedaron con la mejor parte.

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