Los amigos de la vicepresidenta dan la hora en la UCV

A pocos meses de su tercer centenario, la principal universidad del país fue tomada por el gobierno, de noche y tras muchos años de asedio. La ocupación se presenta benévola, dirigida por egresados afectuosos, y con el propósito único de restaurar el esplendor de un campus que hace más de dos décadas fue proclamado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero, aún si nadie conoce los alcances y criterios profesionales de la intervención, hay un contratista que ya sabe de sus beneficios: Racar Ingenieros, una empresa con relaciones de vieja data con Delcy y Jorge Rodríguez.

24 noviembre 2021

La Universidad Central de Venezuela (UCV), estatal pero autónoma, y el chavismo gobernante, son casi antagónicos desde el comienzo de la autodenominada Revolución Bolivariana. Pero luego de que el campus, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en el año 2000, literalmente empezara a venirse abajo -como ocurrió con un segmento del techo de uno de sus emblemáticos pasillos techados, el año pasado- la vicepresidenta y ministra de Finanzas, Delcy Rodríguez, pasó a erigirse ahora como su salvadora en el rol de cabeza de la Comisión Presidencial para la Reforma de la UCV, mientras que también cumple el papel de benefactora de sus amigos de negocios. 

Salvadora se hizo a las bravas y entre sombras. Rodríguez ingresó el lunes 4 de octubre, a las siete de la noche, al Aula Magna, el auditorio decorado con grandes nubes de Calder que compila buena parte del genio de Carlos Raúl Villanueva y que sirve de corazón para la universidad, forzando las cerraduras en una especie de profanación televisada, no solo del recinto sino del régimen de autonomía universitaria, que desde luego no contó con el permiso de las autoridades de la UCV.  

Mucho menos pública fue la adjudicación de las obras de rehabilitación de la sede universitaria, para las que se ha anunciado una inversión de 40 millones de dólares.

Son 11 empresas las que se reparten los contratos, de las que seis aparecen inscritas en el Registro Nacional de Contratistas (RNC). Pero de todas ellas hay una que destaca, no solo por la tajada que le ha correspondido en la intervención -siete de los 40 “frentes de obra” definidos por la Comisión Presidencial en una primera etapa de dos años-, sino por su largo historial de relaciones con los Rodríguez Gómez, Delcy y su hermano Jorge, ambos alumni de la UCV e integrantes de la dupla que se ha constituido en la facción más poderosa del gobierno de Nicolás Maduro. Esa empresa es Racar Ingenieros.

Racar Ingenieros fue fundada en 1981 por Raquel María Soto Rosa de Lomeña y Carlos Jesús Lomeña Esteves, ingeniero de profesión y quien permanece en la actualidad como único accionista. Ambos son padres de Carlos Lomeña Soto Rosa, un empresario venezolano cuyo currículo ofrece muestras de interés en el negocio de las comidas empaquetadas: desde 2009 comparte la sociedad Cor Investments International en Barbados con Omar Abou Nassif. Este es, a su vez, uno de los tres hermanos del séquito empresarial de los Rodríguez, que ha llegado a conseguir hasta 413 millones de dólares en contratos con el Estado para suministrar alimentos al programa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), como reveló Armando.info

En Venezuela, Omar Abou Nassif y Carlos Lomeña, hijo, se cruzan como accionistas de otras empresas como Loabse y Distribuidora Loabse, y son parte de la junta directiva de Servicios Alservi, que ha contratado con el Tribunal Supremo de Justicia y la Vicepresidencia de la República en la venta de alimentos y bebidas, según el RNC. Otros socios son Mohamed Ibrahim Ibrahim, sobrino del empresario Camilo Ibrahim Issa, y Rafael Dionisio Sifontes, investigado por la Asamblea Nacional en 2019 por presunta corrupción en la creación de una plataforma cambiaria en línea que surgió de la noche a la mañana. El presidente de la Comisión de Contraloría del Parlamento de ese entonces, Freddy Superlano -hoy en liza por la gobernación del estado Barinas, en los llanos occidentales-, lo señaló de tener nexos privilegiados con Tareck El Aissami, actual vicepresidente sectorial de Energía. 

Los Lomeña también aparecen juntos desde marzo del 2019 en IIP Holding, una empresa registrada en Panamá en 2016. La propia Racar Ingenieros compartió sede en la urbanización La Castellana del noreste de Caracas con otras dos contratistas del Estado venezolano, Importadora Gonnam e Inversiones MCLRS. 

A Racar Ingenieros no solo le tocó un buen número de asignaciones en la intervención de la UCV. En términos de patrimonio arquitectónico y simbólico, quedó a cargo de un área tan prestigiosa como delicada. 

A esta compañía se le encomendó el mantenimiento de los edificios de los institutos de Medicina Tropical y Anatómico, la sede del Decanato de la Facultad de Medicina y la restauración del gran complejo artístico de la Plaza Cubierta y Plaza del Rectorado. Un juego completo que incluye el edificio del Rectorado, edificio del Museo, el Paraninfo y el revestimiento externo del Aula Magna.

Es esta la zona más sensible del campus donde se exhibe la llamada “síntesis de las artes mayores” de Villanueva, con 19 murales y esculturas de destacados artistas del siglo pasado como los europeos Jean Arp, Víctor Vasarely y Henry Laurens, o los criollos Oswaldo Vigas y Mateo Manaure. Una herencia cultural que se distribuye en un espacio en el que Racar Ingenieros impermeabiliza techos, hace limpieza de drenajes y de concreto, trabajos de  jardinería e iluminación, restauración de fachada, reconstrucción de losas fracturadas y reparación de canto rodado, según un informe técnico al que obtuvo acceso Armando.info.

En los límites de ese complejo artístico, una colosal estructura de concreto limpio se estira como plastilina a lo largo de sus 25 metros de altura: es la Torre del Reloj, de la que Racar Ingenieros tiene a su cargo la restauración. Por estos días su forma, que con el tiempo se convirtió en el logotipo de la UCV en el imaginario de los venezolanos, luce invadida por andamios y sin la esfera con las agujas que marcan el tiempo. 

Ojalá sepan lo que hacen

Con extrema cautela, el decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Gustavo Izaguirre, asoma que se trata de una etapa de “mantenimiento con criterios de restauración”. Las autoridades ucevistas han señalado en público y varias veces que no han tenido voz o capacidad de decisión en el proceso de rescate del campus universitario, una hazaña urbanística diseñada enteramente por Carlos Raúl Villanueva, con 80 edificaciones y más de 100 obras de arte. 

Desde que en el año 2000 fue declarada Patrimonio de la Humanidad, la UCV se convirtió en una de las apenas cuatro sedes universitarias en el mundo que ostentan este título junto con la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Alcalá de Henares en España y la Universidad de Virginia en Estados Unidos. Una intervención en un ámbito así corre el riesgo de distorsionar algunas de sus características únicas. No se sabe si el gobierno de Maduro contó con alguna asesoría experta. Las obras empezaron entre gallos y medianoche y no hubo consultas con nadie. “Son contratistas que no conocemos y no existe una memoria descriptiva de las cosas que se están haciendo en la universidad”, se quejó el 6 de octubre en una rueda de prensa la rectora, Cecilia García Arocha, quien se abstuvo de declarar luego para este reportaje, a pesar de ser contactada varias veces.

De acuerdo con el ingeniero Ibrahim Ledezma, director de Mantenimiento de la UCV, el emblemático reloj tenía 12 años fuera de servicio y su torre tenía mucho más tiempo sin mantenimiento. “Esa torre necesita un tratamiento especializado, no lo puede hacer cualquiera, tienen que ser personas que conozcan mucho de la materia. Por la fatiga de material es uno de los trabajos más difíciles de todos. Nos encontramos en una etapa preliminar”, agregó. 

Con estas refacciones, ya son dos las obras de Carlos Raúl Villanueva que restaura el ingeniero Carlos Lomeña Estéves con su empresa. Ambas restauraciones fueron financiadas por instituciones u órganos encabezados por alguno de los hermanos Rodríguez. La primera fue la del teatro Simón Rodríguez, en la parroquia comercial de El Recreo, en Caracas. 

En 2012, la Alcaldía de Libertador, entonces a cargo de Jorge Rodríguez, le asignó a Racar Ingenieros –con meses de diferencia entre sí– el levantamiento de dos importantes complejos culturales. El teatro, que fue reabierto en diciembre de ese año, fue uno de ellos, con un presupuesto de 4,4 millones de bolívares (444.000 dólares, según la tasa paralela promedio de ese entonces), según informó una nota de prensa del ente. 

Si Lomeña, hijo, es cercano a la vicepresidenta, su padre ha trabajado tanto para ella como para su hermano. Según el RNC, Racar Ingenieros tuvo al menos 21 contratos asignados durante la gestión de nueve años del hermano Jorge Rodríguez como alcalde del municipio Libertador, la jurisdicción que corresponde al oeste obrero y popular de Caracas, entre 2008 y 2017.

Las obras comenzaron en 2011 con unos movimientos de tierras para un proyecto integral de viviendas en la parroquia de Antímano. Luego se extendieron con proyectos de mayor calibre como el levantamiento de “infraestructura y superestructura”, labores sanitarias, eléctricas y acondicionamiento del terreno para esta misma propuesta habitacional y para otra similar, ubicada en la calle Maury de Catia. Casi al mismo tiempo, en 2013, Racar obtuvo el contrato para la construcción del mercado municipal de Antímano, como lo haría con una segunda etapa para su ampliación, dos años después. De allí en adelante, los otros trabajos de Racar Ingenieros con la Alcaldía de Caracas dan cuenta de que su rol dentro de la UCV no es meramente circunstancial y que los Lomeña forman parte del selecto grupo de empresarios del sector privado con el que el gobierno hace “alianzas estratégicas”.

La compañía terminó asumiendo diversas rehabilitaciones de lugares públicos como la Plaza La Candelaria y Parque Carabobo, primero en 2013, al igual que el Paseo Anauco, y más tarde dentro del marco de un “plan de revitalización del Centro de Caracas”, puesto en marcha por la alcaldía en 2015. 

En los años siguientes, entre 2016 y 2017, Racar Ingenieros culminó cuatro fases de construcción del Parque Hugo Chávez, en La Rinconada, contratados por la Alcaldía de Libertador y por la fundación que lleva el mismo nombre del fallecido presidente. Casi en simultáneo, brindó servicios de mantenimiento a las sedes principales de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv) y del canal Venezolana de Televisión (VTV), ambas en Caracas.

Fuera de la capital venezolana, Racar Ingenieros abrió en 2007 una sucursal en la ciudad de La Guaira, en el entonces estado Vargas -hoy homónimo de la ciudad-. Ese año obtuvo varias consignaciones del Instituto Autónomo de Infraestructura de la región costera. Desde la ejecución de varias etapas del Complejo Deportivo José María Vargas, hasta la reparación y asfaltado de carreteras en el sector Catia La Mar. Tal cual como lo haría en 2003, pero en el sector Carayaca de la misma entidad. 

De ser un retén quedaría incompleto

Días después de la incursión nocturna de Delcy Rodríguez en predios universitarios, la vicepresidenta acompañó al mandatario, Nicolás Maduro, a la primera dama, Cilia Flores, y a Jacqueline Farías, ingeniera egresada de la UCV y presidenta de la Misión Venezuela Bella, durante un recorrido por el campus, el 21 de octubre. Era el paseo de un conquistador por territorio recién ocupado, pero que también debió hacerse de noche y por sorpresa, al cobijo de una nube de escoltas. Apretado en un pupitre de la Escuela de Psicología, Maduro declaró que a la universidad “la tenían toda abandonada”, refiriéndose a las autoridades de la institución, y agregó que “parecía el retén de Catia”, el desaparecido reclusorio del oeste de Caracas que fue escenario de toda clase de horrores y desidias durante sus 31 años de funcionamiento, hasta su demolición en 1997. Resulta una curiosa comparación si se toma en cuenta que Racar Ingenieros tiene una experiencia poco exitosa en una obra vinculada con recintos carcelarios. 

Se trató del Centro de Reclusión de La Planta, otro recinto siniestro en la urbanización El Paraíso, en el oeste de Caracas. En septiembre de 2012, un mes antes de las elecciones presidenciales que darían su última victoria a Hugo Chávez, el entonces alcalde Jorge Rodríguez anunció la demolición del presidio para dar paso al parque Cipriano Castro, que sería “el segundo parque más grande de Caracas”. El complejo también iba a incluir un colegio, un núcleo universitario, un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), una concha acústica, un teatro y 100 viviendas.

Con un apuntador en mano y un plano a color de cómo se vería el parque, Rodríguez informó que con este nuevo centro de recreación se sumarían 100.000 metros cuadrados de espacios públicos a la ciudad, con una gran plaza y un parque de agua para niños. 

En el lugar de la obra, una desvencijada valla oficial informa todavía hoy que Racar Ingenieros era su responsable. Con Carlos Lomeña como su ingeniero residente y Benito Martínez, como inspector. 

El parque Cipriano Castro debía estar listo para finales del 2013 y para su ejecución el Consejo de Ministros de Hugo Chávez aprobó el desembolso de 174 millones de bolívares, alrededor de 18 millones de dólares. Sin embargo, de acuerdo con lo registrado en el Sistema Nacional de Contrataciones, la compañía solo empezó con los trabajos civiles en septiembre de ese año, y todavía en 2015 seguía con la tercera, cuarta y quinta etapas del proyecto. 

Ocho años desde la fecha prometida para su inauguración, del megaproyecto no queda sino una pequeña plaza sin nombre, con dos esculturas simples de metal corroído. Lo demás está delimitado por una larga pared blanca que en letras rojas avisa “Recuperado por la revolución”. Detrás de ese extenso muro: nada. 

La nada es un terreno baldío con maleza que crece incontrolable y algunos vehículos de uso oficial, desvalijados. Un vigilante del lugar comenta que el sitio es actualmente un estacionamiento del Ministerio de Asuntos Penitenciarios. Con ese desembolso de 18 millones de dólares, tal vez se trate del parking más costoso del país.

Racar, ‘not irie’

Auspiciado por un gobierno solidario de Hugo Chávez, quien entonces presumía de su abultada petrochequera en la región, los contratos de Racar Ingenieros traspasaron las fronteras y llegaron financiados por el Estado venezolano a Jamaica, aunque no pasaron por debajo de la mesa ni estuvieron exentos de escándalo. 

Todo comenzó en 2008, primero con un proyecto para restaurar el Centro Cívico Port Maria, St. Mary, considerado histórico y ubicado al norte de la isla, a hora y media de viaje por carretera desde Kingston, la capital. La rehabilitación fue coordinada por la Corporación de Desarrollo Urbano (UDC, por sus siglas en inglés) y financiada por el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), en el marco del Acuerdo de San José. Un convenio donde parte de las ganancias de la venta de crudo de Venezuela y México hacia países americanos no productores de petróleo se usaba como préstamos para planes sociales en esos territorios.

“Los contratistas son Racar Ingenieros C.A. de Venezuela. El contrato para facilitar la mejora y poner el centro en pleno funcionamiento se firmó en 2008 por aproximadamente US$2,5 millones”, se lee en un comunicado en inglés de la UDC. En su reporte anual 2007-2008,  esa organización indicó que la duración de las refacciones era de siete meses y que se contemplaba la restauración de la oficina del alcalde, cámara del concejo, restaurantes y tiendas comerciales.

Una imagen con vista frontal del Centro Cívico Port María fue incluida en el reporte anual 2007 – 2008 de la Corporación de Desarrollo Urbano. Créditos: Reporte anual de la UDC.

Por otro lado, el 14 de julio de ese mismo el ministro de Agua y Vivienda del país caribeño, Everald Warmington, anunciaba la extensión de un préstamo rotatorio de dos millones de dólares que había otorgado Venezuela para la creación de viviendas para las personas damnificadas por el huracán Iván, que sacudió al país en 2004. “He mantenido conversaciones con los directores de Racar Ingenieros de Venezuela, una empresa constructora y fabricante de viviendas prefabricadas, con la intención de utilizar esta línea de crédito para completar el proyecto de reubicación en Burkefield, Old Harbour Bay”, declaró para una nota de prensa publicada por el Servicio de Información de Jamaica.

Eran unidades habitacionales prefabricadas de hormigón que se producirían en Venezuela y se ensamblarían en los sitios acordados en Jamaica. “Se estima que las unidades de estudio de 270 pies cuadrados costarán en la región US$39,00 por pie cuadrado. Esta línea de crédito puede proporcionar hasta 300 unidades”, indicó el ministro Wilmington que, tres años después, en septiembre del 2011, denunció ante el parlamento que el proyecto habitacional había sido abandonado y que no se habían completado las unidades de estas viviendas donadas por Venezuela, como lo informó una nota del diario Jamaica Observer. 

Un hecho que “se estaba convirtiendo en un punto delicado entre las naciones”, se lee en la publicación, donde igualmente se menciona que “Racar Ingenieros de Venezuela” era la empresa encargada de proporcionar estas estructuras prefabricadas. 

"Nos entregaron esos edificios y permitimos que se arruinaran y por eso tenemos un serio problema con los venezolanos", declaró el parlamentario. “Incluso se niegan a conversar con nosotros por la vergüenza. Llegaron hasta el punto de darle a Jamaica esas casas para los pobres y los gobiernos de Jamaica permitieron que se desperdiciaran, y por eso la relación está en las rocas", añadió. Sobre este y los demás asuntos no se obtuvo respuesta a un cuestionario enviado vía correo electrónico a una dirección corporativa de la empresa. En su tráiler, ubicado detrás del Decanato de la Facultad de Medicina, el personal dijo no estar autorizado para hablar en representación de Racar Ingenieros.

Ahora en Caracas, y aunque en la universidad poco se sabe sobre las constructoras -menos aún sobre la historia y conexiones de Racar Ingenieros-, la ausencia de estudiantes hace que los obreros se destaquen por doquier. Son más de 1.000, según la información oficial. Destacan por el número y no precisamente por su equipamiento. No tienen guantes, ni calzado adecuado, algunos se ven sin cascos de seguridad, y la mayoría ganan entre 20 y 30 dólares semanales en efectivo por trabajar ocho horas diarias, incluyendo los fines de semana. Se han quedado a dormir en las instalaciones y se les ha llegado a ver laborar en sandalias de plástico y hasta descalzos. Más allá, cerca de los búnkers de las constructoras, carros de último modelo yacen estacionados y hacen notar que al menos por esta temporada son empresarios afortunados, y no depauperados profesores universitarios, los que mandan en la UCV. 

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