
Luego de tres años, la prisión de Nelson Ramón Rivero Sanes sorprende hasta a sus propios custodios. Lo que todos saben es que sigue detenido en la cárcel de Tocuyito por la inexplicable saña de Marcos Campos Flores, dos veces candidato oficialista a alcalde del Municipio San Diego en Carabobo, sobrino de la otrora ‘Primera Combatiente’ y hermano de uno de los ‘narcosobrinos’. Unos indicios débiles y hasta caprichosos bastaron para armarle un caso judicial, cuyos efectos siguen vigentes, a pesar de la caída del madurismo y los cambios políticos del interinato.
La consigna de Hugo Chávez en 2010 fue la de atender cuanto antes a los damnificados por los deslaves, y de ello se encargó la recién creada Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (Opppe). Sembró moles masivas de estilo soviético en el estado Vargas, hoy La Guaira, recurriendo a la asignación de contratos a dedo y a una dudosa supervisión técnica para cumplir los plazos perentorios. El resultado después del reciente doblete sísmico: 16 de sus torres colapsaron, y otras 27 quedaron listas para la demolición.
La sede en Caracas del Comando Antidrogas de la Guardia Nacional hace tiempo dejó de ser un centro de detención transitorio. Se transformó en un reclusorio clandestino que llegó a albergar a 72 prisioneros. Hoy, sin embargo, apenas aloja a una mujer y cuatro hombres, todos ellos exalcaldes del estado Zulia, acusados por narcotráfico y arrestados en 2025 durante la operación policial ‘Relámpago del Catatumbo’. La exclusividad de esta cárcel se refuerza con la identidad de su carcelero VIP: Diosdado Cabello.
Un par de abogados que pusieron sus rostros a la toma de Bangente actuaban atados por un acuerdo, una opción de compra, a un tercer abogado, José Simón Elarba, quien poco después se quedaría con otra entidad financiera, Bancamiga. Esta última operación fue más pública que la primera, en la que los letrados convirtieron los tribunales en armas arrojadizas. El negocio convocó no solo a los familiares de Elarba, dueño a la vez de la recolectora de desechos Fospuca, sino también al entorno de un influyente personaje: Carlos Malpica Flores, el sobrino ‘favorito’ de Cilia Flores.
Entre 2017 y 2019, la Liga Venezolana de Béisbol Profesional recibió, en una cuenta de Investbank, 27 millones de dólares por contratos de patrocinio con Pdvsa y Bandes. La cuenta estaba entre las 101 mencionadas en una investigación de la fiscalía búlgara como participantes de una red de lavado de 500 millones de dólares procedentes de Venezuela. A su vez, de la cuenta de la Liga salieron transferencias cuantiosas a empresas de todo el mundo, entre ellas, una del exgrandeliga Carlos Guillén.
Aunque no hubiera quien les llamara ‘pitiyanquis’, familiares de la ahora cautiva pareja presidencial y del ministro de Defensa, junto a la claque empresarial que se formó al cobijo del régimen, se aficionaron a un caro recreo de ‘cowboys’ en las instalaciones del principal cuartel militar de Venezuela. Importaron caballos cuarto de milla con precios de hasta medio millón de dólares y colonizaron la asociación deportiva correspondiente, hasta que el ataque de Estados Unidos, paradójicamente, detuvo el jolgorio.