Hace más de 25 años que la violencia del conflicto armado en Colombia desbordó la frontera con Venezuela dejando su cuota de desplazamientos forzados, secuestro, muerte y también de desaparecidos: personas que vivían en la frontera común, en ese ir y venir que caracteriza su dinámica y que un día como cualquier otro, tras anunciar el cruce a sus familiares, parece que se los tragó la tierra.
Ahora, una investigación de Vorágine y Armando.info revela los principales puntos en los que cientos de venezolanos han perdido su huella en esa franja binacional, hermanada por la geografía e infestada de grupos criminales de ambos países y trochas sin ley. De esa tragedia, hasta ahora, solo ha dado un paso al frente el Estado colombiano, con instituciones que llevan años contabilizando e intentando localizar a las personas… o sus restos. En Venezuela, en cambio, la autodenominada “Revolución Bolivariana” encarna una indiferencia total.
En la frontera que comparten Venezuela y Colombia yacen decenas de historias ocultas bajo un mismo rótulo, la ausencia. La cartografía del horror y del olvido da cuenta de lugares, en ambos países, donde los grupos violentos mataron y abandonaron los cuerpos. Allí estarían las huellas de un delito silencioso que desde hace un cuarto de siglo oculta tumbas y borra nombres; que nadie investiga: la desaparición forzada transfronteriza. Un sinnúmero de testimonios es el rastro que deja.
Aunque las desapariciones ocurren en ambas naciones, y a pesar de que en 2023 los gobiernos de Gustavo Petro y Nicolás Maduro activaron lo que se recuerda como el único y más claro esfuerzo oficial para la búsqueda de decenas de ciudadanos desaparecidos en la convulsa frontera colombo venezolana, Colombia avanza sola para dar respuesta, con sus altibajos burocráticos y políticos, a la interrogante sobre sus paraderos. En Venezuela impera el silencio y el desinterés de las autoridades, cuando no la burla.
Un bulto con armamento debía llegar a un receptor desconocido en una aldea del estado Táchira, cerca de la frontera con Colombia. La entrega, que era monitorizada con celo por al menos un oficial desde un cuartel del Ejército Bolivariano, alcanzó su meta, pero por la fuerza: a los emisarios, dos soldados venezolanos muertos de miedo, los secuestraron y torturaron en el destino previsto del correo. Solo uno volvió de ese martirio y al otro se le busca desde 2017, entre pistas falsas y el aparente encubrimiento militar.
Edición: Ewald Scharfenberg.
Coordinación: Valentina Lares, Laila Abu Shihab Vergara.
Periodistas: Ginna Morelo, Mariana Duque, Cristian Herrera, Karina Judex, Jonathan Maldonado.
Ilustradora del cómic: Angie Pik.
Diseño gráfico: Equipo de diseño de Armando.info.
Colaboración: José Darío Puentes.