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	<title>Ministerio Público de Venezuela - Armando.info</title>
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		<title>Cruz Weffer: el general chavista que desembarcó en un paraíso fiscal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[LISSETH BOON]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Mar 2016 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[Fiscalía]]></category>
		<category><![CDATA[Islas Vírgenes]]></category>
		<category><![CDATA[los creadores de Panama Papers]]></category>
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		<category><![CDATA[Mossack Fonseca]]></category>
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					<description><![CDATA[El general retirado Víctor Cruz Weffer, jefe del Plan Bolívar 2000 y Fondur, abrió una sociedad en Seychelles en 2007 cuando fue imputado por enriquecimiento ilícito y ocultamiento de datos. Nunca pudo justificar el aumento de 1.071 millones bolívares de su patrimonio, equivalentes a 86% de los fondos que manejó entre 2000 y 2003]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los 
vecinos de las residencias Juan Manuel Cajigal, ubicadas en el sector San Andrés 
de la populosa parroquia El Valle de Caracas, se quejan de los problemas que 
afectan a sus viviendas desde que fueron construidas en la alborada de la 
autodenominada revolución bolivariana: filtraciones, falta de agua, hacinamiento 
y obras inconclusas. Los apartamentos, levantados a una cuadra de la estación El 
Valle del Metro por el Instituto Nacional de Vivienda, Inavi, formaban parte del 
primer proyecto de envergadura del Plan Bolívar 2000, una alianza cívico militar 
lanzada por el entonces presidente Hugo Chávez durante el primer año de su 
gobierno con la promesa de atender directamente a familias pobres, mediante 
variados servicios: mercados populares, reparación de calles, atención médica y 
construcción de viviendas populares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 
6 de junio de 1999, en el programa Aló Presidente número 2, que por aquel 
entonces se transmitía por Radio Nacional de Venezuela, un voluntarioso Chávez 
anunció la construcción de unas primeras 128 viviendas populares en el sector de 
San Andrés valiéndose de la fusión de instituciones del Estado, “para evitar la 
anarquía y la corrupción”. También, el recién estrenado presidente subrayó que 
para la edificación de 1.424 apartamentos en el Valle de Caracas y otros 1.800 
para los Valles del Tuy, en Miranda, serían invertidos 20 mil millones de 
bolívares (33 millones de dólares para la época), y que para comenzar sólo el 
primer año, se habían aprobado 7 mil millones de bolívares (11,5 millones de 
dólares). “Eso forma parte del Plan Bolívar 2000 en el que yo me juego la vida”, 
aseguró el exmandatario, cuando la llamada V República era toda 
efervescencia.</p>


<p class="wp-block-paragraph">En 
aquel programa radial de 1999, Chávez también presentó al general Víctor Antonio 
Cruz Weffer como el flamante jefe del Plan Bolívar 2000, quien se encargaría de 
manejar un presupuesto de 73.000 millones de bolívares ($120.462.046 de la 
época) entre 1999 y 2000 para ejecutar un proyecto que fungiría como el primer 
globo de ensayo de las misiones sociales del gobierno 
bolivariano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero 
el oficial, que ocupaba otros tres cargos en la burocracia chavista, no asistió 
a la inauguración de estas obras. En diciembre de 2001 salió del gobierno por la 
puerta de atrás en medio de denuncias de corrupción de las cuales sería el 
principal protagonista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Apenas 
llevaba un mes fuera del gobierno cuando Cruz Weffer comenzó a ser investigado 
por el Ministerio Público (MP) el 14 de enero de 2002, a partir de una denuncia 
del Seniat y por una serie de reportajes periodísticos publicados en varios 
medios nacionales que hacían referencia a irregularidades cometidas en el 
Proyecto Plan Bolívar 2000 y Fondur. Cinco años más tarde, el 18 de abril de 
2007, el ex comandante del Ejército fue imputado por los delitos de 
enriquecimiento ilícito y ocultamiento de datos en su declaración jurada de 
patrimonio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 
Ministerio Público fundamentó su versión con el informe final de auditoría 
patrimonial que presentó la Contraloría General de la República (CGR) el 31 de 
enero de ese año, que certificaba que el otrora jefe del Plan Bolívar 2000 y ex 
presidente de Fondur dispuso de 1,2 millardos de bolívares entre el primero de 
enero de 2000 y el 30 de junio de 2003. La Contraloría concluyó que Cruz Weffer 
no pudo justificar cómo el ascenso de su patrimonio a 1.071 millones de 
bolívares (aproximadamente un millón de dólares para la época) correspondía a 
sus ingresos como funcionario. El monto equivalía a 86% de los fondos públicos 
que administró como jefe del Plan Bolívar 2000 y presidente de 
Fondur.</p>


<h2 class="wp-block-heading">Chavista en un paraíso fiscal</h2>


<p class="wp-block-paragraph">El 
7 de mayo de 2007, tres semanas después de haber sido imputado por el Ministerio 
Público por delitos incluidos en la Ley contra la Corrupción de Venezuela, Cruz 
Weffer desvió su trayectoria empresarial a otro continente, a unos 13 mil 
kilómetros de distancia de las viviendas populares cuyas cintas rojas no llegó a 
cortar. En Seychelles, un archipiélago de arenas blancas y aguas color esmeralda 
del Océano Indico, fue registrada a su nombre la empresa Univers Investment Ltd, 
con un capital de 50 mil dólares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
inscripción de la sociedad de Cruz Weffer en este paraíso fiscal, reconocido 
refugio internacional del turismo de lujo y empresas de maletín para el lavado 
de dinero y evasión de impuestos, no sería la primera operación mercantil que 
efectúa en el extranjero. En 2007, la Fiscalía venezolana confirmó el rastreo de 
transferencias por 330 mil dólares realizadas por el oficial imputado hacia 
cuentas bancarias en el extranjero, según informe de Contraloría General de la 
República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A 
primera vista, el nombre de Cruz Weffer no aparece en la ficha de registro 
inicial ni en el certificado de continuidad con fecha del 29 de septiembre de 
2008 que emiten las autoridades de Seychelles. De hecho, la inscripción de 
Univers Investment en el archipiélago no la hizo directamente el militar 
venezolano sino Barreto &amp; Partners Sàrl, una firma de administración de 
propiedades domiciliada en Suiza, que a su vez es cliente del poderoso bufete de 
abogados Mossack Fonseca, radicado en Panamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 
nombre de Cruz Weffer está encubierto bajo la figura de “bearer” (portador, en 
inglés), una de las fórmulas de registro de empresas que ofrece el bufete 
panameño para garantizar un alto nivel de secretismo. En su caso, se creó una 
empresa offshore (que no realiza ninguna actividad económica o comercial en el 
país donde está registrada y además no paga impuestos) cuyo intermediario, 
Barreto &amp; Patners Sàrl (cliente de M&amp;F) actuó como 
representante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
inscripción de la empresa de Cruz Weffer cumplió las formalidades exigidas por 
la Seychelle International Business Authority (SIBA), que notificó a la sucursal 
en el archipiélago de Mossack Fonseca &amp; Company la incorporación de Univers 
Investment el 7 de mayo de 2007, bajo el número 036837.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Barreto 
&amp; Partners Sàrl ha abierto unas 47 empresas de maletín en paraísos fiscales 
(6 de accionistas venezolanos en Seychelles) como intermediario de MF. Su sede, 
domiciliada en la Route de Lussy de St Prex, Suiza, contradice la magnitud del 
conjunto de compañías que representa, cuyos propietarios se encuentran alrededor 
del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 
las bases de datos de MF está registrada la relación del nombre de Cruz Weffer y 
Univers Investment. Sin embargo, en el intercambio de correos que se da en 2009 
entre la casa matriz y la sucursal en Seychelles, trasciende que el SIBA 
solicitó a MF que actualizara los nombres de los accionistas y direcciones de 
las sociedades registradas en el archipiélago por exigencias de la enmienda de 
la Ley en Seychelles. Debían ser entregados antes del 1ero de enero de 
2010.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
dirección del accionista único (shareholder) de Univers Investment, tal como lo 
indica la ficha de registro, no se encuentra a orillas del Océano Índico sino 
del Mar Caribe, específicamente en Caracas, en las residencias Cascadas La 
Castellana, situadas en la urbanización del mismo nombre. Se trata de un 
exclusivo conjunto residencial que cuenta con vigilancia privada y rejas 
eléctricas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
autora de esta nota contactó a Cruz Weffer en la dirección de la empresa en 
Caracas. Solicitaron una entrevista por escrito el 15 de marzo de 2016, así como 
el 25 de marzo de 2016 con un cuestionario de preguntas sobre las empresas 
registradas en el extranjero. Vía correo electrónico (30-03-2016), el oficial 
retirado negó haber registrado Univers Investment: “Revisando por Internet pude 
verificar que Seychelles son un grupo de Islas pertenecientes al Continente 
Africano, donde jamás, pero jamás he estado, por tanto mal pude registrar una 
Sociedad en ese lugar” (sic). También, sugirió que podía comprobarse fácilmente 
sus salidas y entradas al país mediante una solicitud al Ministerio de 
Relaciones Exteriores. Agregó que “años atrás” adquirió una empresa registrada 
en Panamá por un monto de $50 para abrir una cuenta en un banco filial del 
Crediss Suiss (sic) en Ginebra, para solicitar un crédito a la financiadora 
italiana Credito and Svillupo con el fin de desarrollar proyectos de vivienda en 
Venezuela. Aclaró que tanto la empresa como la cuenta están actualmente 
cerradas.</p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="430" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/PP-35.jpg" alt="" class="wp-image-52116"/><figcaption>A pie del Ávila de Caracas está la sede de la compañía Univers Investment, registrada en Seychelles en 2007.</figcaption></figure>


<p class="wp-block-paragraph">Al 
contrario de lo que asegura Cruz Weffer, hoy en día no es necesario viajar hasta 
abrir una empresa en un paraíso fiscal. Pueden emitirse certificados de 
propiedad difíciles de rastrear conocidos como “acciones al portador” a través 
de firmas que actúan como intermediarios, como fue el caso de Univers 
Investment.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
empresa de Cruz Weffer en Seychelles sólo tuvo 4 años de duración, durante los 
cuales no registró mayor movimiento, según su ficha de registro mercantil. Fue 
cerrada el 11 de abril de 2011, año en que un tribunal absolvió el juicio por 
corrupción contra el ex jefe del Plan Bolívar 2000, medida que fue apelada poco 
después por la Fiscalía.</p>


<h2 class="wp-block-heading">El consentido de Chávez</h2>


<p class="wp-block-paragraph">La 
cuestionada conducción de Cruz Weffer en el Plan Bolívar 2000 y Fondur se 
convirtió en el primer escándalo de corrupción del gobierno de Chávez no sólo 
por el monto público que implicó (unos 120 millones de dólares) sino por 
involucrar a una de las figuras más leales al presidente 
fallecido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Presentado 
inicialmente por el propio Chávez como un “novedoso plan revolucionario”, el 
Plan Bolívar 2000 comenzó a ser blanco de señalamientos por irregularidades 
prácticamente desde su inicio. El diario El Nacional, por ejemplo, publicó que 
Cruz Weffer había comprado un apartamento en la exclusiva urbanización Colinas 
de Tamanaco por 1,8 millones de dólares. El general se limitó a decir que era 
objeto de una campaña de difamación, pero nunca desmintió la 
compra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A 
dos años de su creación, Chávez le fue restando poder a su ejecutor del Plan 
Bolívar 2000 hasta que el 24 diciembre de 2011, desde su programa radial Aló 
Presidente, confirmó que la remoción de Cruz Weffer de la Comandancia del 
Ejército fue una “decisión de ajustar el alicate, como cualquier 
otra”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Graduado 
dos años antes que Chávez, Cruz Weffer ocupó el puesto número 2 de su promoción 
1973 en la Academia Militar. Aunque no formó parte del fundacional 4 de febrero 
(asonada militar que encabezó Chávez en 1992 contra el presidente Carlos Andrés 
Pérez), formaba parte de su círculo de confianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Cruz 
Weffer tuvo un trato privilegiado en los primeros años del gobierno de Chávez. 
No a cualquiera le daban un sector económico estratégico como la construcción en 
Venezuela. El presidente fallecido le tenía estima, pero el oficial comenzó a 
cometer demasiados excesos y eso no se lo perdonó”, observa Rocío San Miguel, 
directora de la organización Control Ciudadado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
analista resalta que Chávez nunca castigó a los uniformados que hubiesen 
incurrido en irregularidades administrativas, salvo el caso de Raúl Baduel y al 
militar del Central Azucarero Ezequiel Zamora (Caeez), general Delfín Gómez 
Parra (condenado en 2011 a 7 años y 7 meses de prisión cuando ya llevaba 5 años 
y dos meses preso), “Cuando Chávez se molestaba con ellos solía alejarlos, 
nombrarlos en embajadas. Actuaba como un pater familias en una relación potestad 
y dominio hacia sus subordinados”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">San 
Miguel no descarta una posible “guerra sucia” dentro de las fuerzas armadas que 
impulsó la caída en desgracia de Cruz Weffer. “No era moneda de oro para otros 
militares, por todo el poder que ostentaba”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un 
dato que resalta un informe sobre Venezuela de la firma estadounidense Stratford 
(reproducido por Veneconomía en noviembre de 2011) podría dar pistas sobre las 
fisuras dentro de las fuerzas armadas antes del golpe del 11 de abril de 2002. 
El entonces ministro de la Defensa, José Vicente Rangel y el alto mando militar 
emitieron un comunicado público en el que manifestaban su apoyo pleno a Chávez. 
El documento, que tenía la intención de contrarrestar el descontento dentro del 
Ejército, no fue firmado por ninguno de los principales comandantes, entre ellos 
Lucas Rincón y Cruz Weffer, considerados como las fichas militares más 
importantes de Chávez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
creciente corrupción dentro el gobierno era una de las principales discrepancias 
dentro del Ejército a comienzos de la primera década del siglo. Basta con 
revisar las declaraciones de Cruz Weffer en el año 2000 para entender el 
criterio que tenía el ex general sobre el manejo de los dineros públicos. Cuando 
aún era titular de Fondur, manifestó estar en desacuerdo con la modalidad de 
licitación para escoger las empresas que ejecutarían las obras. “Las ganan 4 o 5 
constructoras que son las mafias de la construcción; en cambio con la 
adjudicación directa le estamos dando cabida a más de 400 empresas pequeñas y 
medianas”, declaró a El Nacional el 
8-03-2001.</p>


<h2 class="wp-block-heading">Bajo perfil</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Aunque 
Cruz Weffer procuró pasar agachado después de ser separado de los cargos, no 
dejó de trabajar indirectamente para el gobierno chavista. Según el registro del 
Seguro Social IVSS, hasta 2014 fue presidente de la empresa Grandes desarrollos 
integrales y organizacionales de soluciones sociales C.A (Grandiosos), una 
contratista del Estado cuyo objeto social es “la ejecución y realización de 
obras y proyectos relacionados con la construcción civil, eléctrica e 
industrial”. Un sector sobre el que ya tenía experiencia el general 
retirado.</p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="768" height="384" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/PP-36.jpg" alt="" class="wp-image-52117" srcset="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/PP-36.jpg 768w, https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/PP-36-700x350.jpg 700w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /><figcaption>La empresa Grandes desarrollos integrales y organizacionales de soluciones sociales C.A (Grandiosos) funcionaba en estas oficinas ubicadas en la capital venezolana. Sin embargo, ahora allí se encuentra un portal de noticias, una productora y una academia de modelaje.</figcaption></figure>


<p class="wp-block-paragraph">Según 
el Registro Nacional de Contratistas (RNC), la vicepresidencia de Grandiosos era 
ocupada por José Antonio Páez Jurado, compañero de la Academia Militar de Cruz 
Weffer pero de la promoción 1972 General de Brigada Pedro Briceño 
Méndez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Grandiosos 
está desactualizada en el RNC, es decir, está inhabilitada para contratar con el 
Estado. Tampoco tiene sede, al menos ya no funciona en la dirección que indica 
el Registro, en la Torre Credicard de El Bosque. Los nuevos ocupantes de la 
oficina (el portal de noticias Entodonoticias.com, de abierta línea pro 
oficialista; una productora de televisión y una academia de modelaje) no tienen 
información donde ubicar a la empresa de construcción presidida por Cruz Weffer, 
que se mudó del lugar hace aproximadamente dos años. Los teléfonos Cantv que 
indica la ficha RNC no funcionan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 
los años que era investigado mas aún no imputado por corrupción, Cruz Weffer se 
dedicó a actividades empresariales. Aparece como director ejecutivo de la 
empresa Pac Rim Group, registrada en Caracas en 2005. Pese a no estar en el 
Registro Nacional de Contratistas (RNC), esta compañía firmó el 12 de mayo del 
año siguiente de su creación un contrato de Alianza estratégica con la 
Gobernación de Carabobo, bajo la administración de Luis Felipe Acosta Carlés 
-general de Brigada de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB)- para la 
“construcción, equipamiento, gestión administrativa, operación y mantenimiento 
del Aeropuerto Internacional Bartolomé Salom de Puerto 
Cabello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según 
el documento, la alianza con la Gobernación de Carabobo implicaba más: el 
otorgamiento de la concesión de 50 años a Pac Rim Group, contados desde el 12 de 
mayo de 2016 hasta el 12 de mayo de 2056. En esa ocasión, la empresa estimó una 
inversión aproximada de 850 millones de dólares en infraestructura, equipos y 
adquisición de terrenos adyacentes para construir la pista del aeropuerto 
operativo, entre otros gastos. Actualmente, el aeropuerto de Puerto Cabello se 
encuentra operativo, pero no tiene vuelos comerciales. Pertenece a Bolivariana 
de Aeropuertos (Baer), adscrito al Ministerio para el Transporte Acuático y 
Aéreo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cruz 
Weffer también registró propiedades en Estados Unidos junto con su ex esposa, 
Lenis Josefina León de Cruz antes de ser imputado. Según los registros oficiales 
de Broward County Florida, el 25 de noviembre de 1996 fueron beneficiarios de 
una concesión de una propiedad en 16691 Royal Poinciana Dr, Fort Lauderdale, 
Florida, valorada en $287.300. Esa misma propiedad fue traspasada por la pareja 
a Corey Schmith el 23 de mayo de 2005.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra 
propiedad donde Cruz Weffer tiene domiciliado su nombre en EEUU es el 524 N 
Paxton Alexandria, Virginia 2230, donde funciona la compañía Cruz and Tran 
(registrada el 27 de enero 2011) que según el registro Realtor.com está valorada 
en $ 493.025.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cruz 
Weffer admite vía email que a partir de 2003, cuando pasó oficialmente a retiro, 
se dedicó a trabajar independientemente. En Venezuela creó dos empresas de 
construcción (una activa y otra inactiva) y una tercera en el extranjero, de 
“capital y personal bajo”, aclara. Asimismo, es asesor de varias empresas del 
sector. Detalla que tiene dos cuentas personales y una jurídica a nombre de 
Promotora Colinas de Yara que desarrolla un conjunto residencial en Maturín, 
Monagas, llamado Puertas del Sur Country.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agrega 
en el escrito que en el exterior tiene una cuenta personal abierta recientemente 
en el Banco Banistmo de Panamá, “en virtud de que estoy tratando de desarrollar 
un proyecto de casas de interes social en ese país”, y una cuenta jurídica a 
nombre de VK Land Group, administrada “unilateralmente” por su pareja, Krsmer 
Velásquez Fariñas.</p>


<h2 class="wp-block-heading">Retardo procesal</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Desde 
que comenzó a ser investigado por la Fiscalía en 2002, el proceso judicial 
contra Cruz Weffer ha estado lleno de intermitencias a lo largo de 14 años: 
anulaciones, recursos de amparo y apelaciones lo convierten en un caso de 
retardo procesal “en beneficio del imputado”, describe Juan Carlos Apitz, 
profesor universitario y ex magistrado del TSJ. “Los accidentes han servido para 
que el imputado no haya sido finalmente condenado y purgue su 
condena”.</p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="700" height="430" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/PP-37.jpg" alt="" class="wp-image-52118"/><figcaption>Residencias Cajigal, El Valle. Primer proyecto de Plan Bolívar 2000.</figcaption></figure>


<p class="wp-block-paragraph">La 
última decisión judicial que se conoce data del 16 de julio de 2013, cuando la 
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia ordena el enjuiciamiento 
contra Cruz Weffer, instruyendo a la Sala de Apelaciones del Circuito Judicial 
Penal de Caracas a resolver el recurso de apelación intentado por el Ministerio 
Público. Pero “¿dónde está la nueva sentencia? ¿qué pasó con el expediente de la 
Corte de Apelaciones?”, se pregunta Apitz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 
juicio contra el ex presidente del Plan Bolívar 2000 luce “engavetado”, fórmula 
que permite que con el tiempo se olviden los delitos y sus respectivas penas, 
recuerda Apitz. Si se tiene en cuenta que la consumación de los delitos 
imputados a Cruz Weffer se remontan a 2002, y el artículo 108 del Código Penal 
indica que una acción penal prescribe a los 15 años, en 2017 podrían quedar sin 
efecto el proceso penal contra el primer caso de corrupción del gobierno de 
Chávez.</p>


<h2 class="wp-block-heading">Cruz Weffer se defiende</h2>


<p class="wp-block-paragraph"><I>El 
30 de marzo de 2016 Cruz Weffer afirmó vía correo electrónico que la misma 
Contraloría General de la República reconoció, mediante la derogatoria al 
Departamento de Estado norteamericano, la existencia de un crédito del Sun Trust 
Bank por 330.000 dólares, debidamente declarados y recibidos en transferencia en 
el Banco del Caribe, equivalentes a Bs. 480.000 cuando no existía control de 
cambio en el país. “Lo adquirido con ese dinero -terrenos, equipos, material 
para cultivos organopónicos, tractores, plantas eléctricas- se sumaron al 
incremento patrimonial en vez de ser restados por la más perversa y manifiesta 
mala intención. La Contraloría manifestó que no debían ser considerados en la 
declaración jurada de patrimonio por tratarse de una empresa de mi propiedad, 
Criadero Villa de Lobos, sin embargo sí fueron considerados como incremento 
patrimonial personal”, aseguró 9 años después del informe de la 
CGR.</I></p>



<p class="wp-block-paragraph"><I>También, 
sobre lo que califica como “supuesto delito de ocultamiento de datos”, Cruz 
Weffer indica que el terreno de Nueva Tucacas, estado Falcón, que ciertamente no 
fue declarado, tenía un valor entonces de Bs. 12.000, que la propia Contraloría 
describe como “tipo rancho, con calles sin aceras ni cloacas ni asfaltadas”, que 
además medía 240 metros cuadrados y asegura que nunca fue hasta el lugar a 
conocerlas, razón por la cual no la incluyó en la declaración. “¿Cuál es la mala 
intención de ocultar un bien con esas características?”, se pregunta el general 
retirado.</I></p>

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		<item>
		<title>Un crimen, muchos poderes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[ADRIANA RIVERA]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 15:29:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[Asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Ministerio Público de Venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[Periodistas]]></category>
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					<description><![CDATA[Tres años después, el homicidio de Pierre Gerges, vicepresidente de Reporte-Diario de la Economía, continúa sin resolverse. La pesquisa de seis fiscales del Ministerio Público y numerosos detectives, ahora archivada, se orientó a desentrañar una conspiración que salpica a las élites políticas y económicas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Entre las oficinas de Reporte-Diario de la 
Economía y la estación de servicio donde el 2 de junio de 2008 fue interceptado 
y asesinado su vicepresidente, Pierre Gerges, en Las Mercedes, Caracas, no hay 
más de diez minutos de camino en automóvil, si el tránsito caraqueño es leve. La 
casa de Gerges también estaba cerca del rotativo, en una urbanización a menos de 
diez kilómetros del este. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Gerges era de esos hombres que van de su 
casa al trabajo y viceversa, confían sus conocidos. Esa tarde, salió del 
periódico y se detuvo a hacer las compras en un supermercado para su madre, con 
quien vivía en Colinas de Chuao. Rozaban las 5:30 pm cuando pasó por la bomba 
Texaco, entre la avenida Araure y la calle Amazonas de Chuao, y le empezaron a 
llover balas por el lado derecho. El carro siguió andando hasta que chocó, pocos 
metros después contra un árbol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un médico que pasaba por el lugar intentó 
socorrerlo. Pero ya era tarde. De la moto negra y los dos tripulantes que 
dispararon contra el ejecutivo se sabría meses después. El automóvil tenía más 
de una docena de impactos de bala; seis de ellas hirieron a Pierre, que tenía 48 
años de edad. Los tiradores eran profesionales, posiblemente con formación 
policial. A esa conclusión llegaron los investigadores tras analizar el 
impecable modus operandi. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La víctima tenía heridas en el pecho y en 
las manos, como si hubiese tratado de frenar los disparos. Tendido en el lado 
del conductor, con la puerta del carro entreabierta, lo encontró su hermano 
mayor, Tannous Gerges, propietario y editor de Reporte. Su abogada, Yisel 
Soares, dice que casi a las siete de la noche, Tannous la llamó para preguntarle 
si sabía dónde estaba Pierre. Habían pasado más de dos horas. La respuesta la 
encontró en los reportes de sucesos. La siguiente llamada anunció: “Encontré a 
mi hermano muerto”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pierre tomó el Honda Accord gris de Tannous 
aquella tarde. “Cuando él vio su propio carro y los zapatos de su hermano que se 
salían de la puerta, se estacionó de golpe”, relata Soares. Periodistas que 
cubrieron el suceso recuerdan que Tannous pedía a los fotógrafos y camarógrafos 
que no enfocaran a su hermano. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La Policía del municipio Baruta había 
rodeado la escena del crimen y esperó por el Cuerpo de Investigaciones 
Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) para que se hiciera cargo de las 
pesquisas. Los problemas para determinar a los responsables del asesinato 
comenzaron enseguida, cuando se presentó una comisión de la Dirección de 
Servicios de Inteligencia y Prevención, policía política (Disip), actual 
Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). “Hubo un contrapunteo de 
competencias. Aunque en estos casos todo le compete al Cicpc y nada tenía que 
hacer la Disip, los funcionarios querían hacer el levantamiento. Yo me opuse”, 
recuerda Soares. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de tres años, aún no se precisan los 
autores materiales e intelectuales del asesinato. El expediente –que se 
encuentra reservado- reposa en el despacho de la fiscal 59 con competencia 
nacional, Marisol Zakarías. </p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Blanco equivocado?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La primera pista la dio la familia Gerges. 
“El verdadero objetivo era Tannous”, sostiene la abogada. Un año antes del 
asesinato, en 2007, había denunciado ante la Fiscalía las amenazas de muerte que 
recibía el presidente de Reporte a través de llamadas, mensajes de texto y 
correos electrónicos. Soares fue la primera en descartar al hampa común como 
responsable. No duda de que el ataque tuviera relación con las denuncias sobre 
corrupción y narcotráfico que Reporte publicaba para la fecha. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pierre no tenía ni problemas recientes ni 
enemigos aparentes, y en el diario era el encargado de tareas administrativas 
como el pago de los salarios y la compra de insumos. Hubo coincidencias que 
pudieron confundir a los sicarios. Pierre salió en el carro de vidrios oscuros 
de su hermano mayor; además, ambos tenían similar estatura, contextura gruesa y 
el cabello un poco cano. Sin embargo, esa no era la ruta que solía tomar 
Tannous, que vivía en la urbanización El Cafetal y solía salir acompañado por 
escoltas en otros vehículos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque avanzaron en la hipótesis de la 
equivocación, los policías tenían dudas, pues los sicarios se caracterizan por 
estudiar previamente la rutina de sus víctimas. Si se equivocan, no cobran. El 
comisario Alexander Pérez, exjefe de Investigaciones Nacionales del Cicpc, 
recuerda que con la información aportada por los testigos del crimen, familiares 
y amigos de Gerges, así como con las evidencias halladas en el sitio, se 
establecieron las primeras líneas de acción. Sabía que estaba frente a un caso 
de sicariato y se concentró en capturar a los autores materiales para luego 
demostrar la autoría intelectual. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Las pesquisas iniciales estimularon a los 
investigadores, ante las conjeturas que señalaban como sospechosos a banqueros 
hoy prófugos de la justicia, incluso a un poderoso hombre de negocios vinculado 
con el narcotráfico. Todos los caminos que recorrían tenían conexión con las 
élites económicas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Días después del asesinato de Pierre, el 
mayor de los Gerges continuaba recibiendo amenazas que lo llevaron a hacer una 
nueva denuncia ante el Ministerio Público. </p>



<h2 class="wp-block-heading">La conexión Makled</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Los esfuerzos del Cicpc durante varios meses 
se enfocaron en la identificación de un grupo de sicarios que operaba en el 
centro del país, bajo las órdenes del entonces respetado empresario Walid Makled 
García, radicado en Carabobo. Makled y Tannous Gerges –el primero de origen 
sirio y el segundo libanés– se enemistaron luego de que pugnaran por adquirir la 
línea aérea Aeropostal y Reporte publicara columnas en las que se señalaban las 
presuntas conexiones del empresario carabobeño con el tráfico de droga. Sin 
embargo, las investigaciones quedaron truncadas en el marco de las 
averiguaciones que señalaban a Makled (hoy detenido a las órdenes de la justicia 
venezolana) como el mayor narcotraficante venezolano, que logró amasar una 
fortuna estimada en dos mil millones de dólares. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocho meses después del homicidio, el 21 de 
febrero de 2009, por primera vez la policía científica habló oficialmente sobre 
el caso Gerges. Los comisarios Robinson Castillo y Benito Artigas, jefe de la 
Subdelegación Carabobo y jefe de la División Nacional contra Homicidios del 
Cicpc, respectivamente, revelaron las conexiones de Walid Makled con un grupo de 
sicarios autodenominado como la banda Los Piloneros. Castillo informó que los 
criminales estarían comprometidos en el homicidio por encargo del periodista 
Orel Sambrano –asesinado por un sicario en moto- y del veterinario Francisco 
Larrazábal. Pero fue escueto en cuanto a Pierre Gerges. Se limitó a decir que 
los sicarios estaban siendo investigados por otra serie de crímenes, “incluso la 
del vicepresidente del diario Reporte”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Makled fue acusado por los asesinatos de 
Sambrano y Larrazábal. Desde mayo pasado, cuando fue extraditado desde Colombia, 
se le sigue un juicio por narcotráfico, legitimación de capitales, asociación 
para delinquir y sicariato en contra de esas dos víctimas. Pero el crimen de 
Pierre Gerges no figura en su expediente. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Soares, el modus operandi de estos 
casos es parecido al del asesinato de Gerges. Recuerda que durante las 
investigaciones, un funcionario policial le aportó datos que conectarían a 
Makled con el caso. “Con el rastreo de las llamadas que hacen al abogado de 
Walid Makled, descubren que pasa 30 minutos después por el sitio donde habían 
acabado con la vida de Pierre Gerges. Su domicilio queda distante a la zona 
donde asesinaron a Pierre (…) Me dice también el Cicpc que una vez muerto 
Pierre, la última llamada que recibe ese abogado es de Walid Makled. ¿Por qué 
Makled llama al abogado y este pasa por el sitio del hecho? ¿No sería una forma 
de saber si está listo el encargo?”, inquiere Soares. Pero esa interrogante aún 
no ha sido respondida por el Cicpc o por el Ministerio Público. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los homicidas –relataron a la policía los 
testigos en la estación de servicio– utilizaron una moto marca Yamaha, modelo YT 
150, de color negro. Aunque se tenían las señas del vehículo, nunca pudo ser 
localizado. Los presuntos autores materiales del crimen de Gerges, explican 
desde la policía científica, murieron en abril de 2010 en un enfrentamiento con 
agentes del Cicpc, en Naguanagua, estado Carabobo. La pareja de delincuentes no 
pudo ser interrogada en torno a la muerte de Gerges. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El jefe de la banda, Víctor Rafael Reales 
Hoyos, huyó a Colombia y fue capturado el 16 de mayo de 2011 en Barranquilla. La 
Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia acordó solicitar su 
extradición, pero la medida no se ha concretado. 
</p>



<h2 class="wp-block-heading">La conexión bancaria</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Otros hombres de negocios fueron 
investigados. Una de las pistas que maneja la policía indica que algunos 
banqueros se unieron en una causa común para asesinar al editor y acallar así 
las denuncias que afectaban sus intereses y negocios que mantenían con el 
gobierno venezolano. Según esa hipótesis, el asesinato de Gerges habría contado 
con la participación de banqueros del grupo de empresarios coloquialmente 
denominados los “boliburgueses”, que amasaron grandes fortunas al amparo de 
conexiones con el alto Gobierno, y cuyas actividades ilícitas fueron denunciadas 
por columnistas de Reporte. “El diario sacó publicaciones que, en cierto modo, 
perturbaron o dañaron negociaciones”, advierte la abogada. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el diario alertaron sobre una crisis 
financiera que terminó por desatarse a finales de 2009. En diversas entregas se 
denunciaron actividades que realizaban ejecutivos de bancos pequeños y medianos 
de reciente creación. Todas esas agencias financieras fueron intervenidas por el 
Fondo de Garantías y Depósitos Bancarios y el Ministerio Público ordenó 
encarcelar a 31 banqueros. Nueve de ellos fueron capturados, pero la mayoría 
huyó del país. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En la búsqueda de los enemigos del editor 
que quisieran cobrar venganza al verse afectados por las publicaciones, Soares 
apunta al banquero Eligio Cedeño que, al ser liberado luego de dos años de 
prisión –medida que llevó a la cárcel a la juez que la dictó–, salió del país 
hacia Estados Unidos. “Cuando el tabloide publicó a las autoridades que se 
estaba planificando la fuga de Eligio Cedeño con una juez, al día siguiente él 
llamó a (Tannous) Gerges y lo amenazó de muerte”, afirma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las denuncias relacionadas con la banca le 
hicieron ganar enemigos al presidente de Reporte. A finales de 2007, el 
sacerdote José Palmar y el periodista Leocenis García (entonces columnista, como 
Palmar, de Reporte, y ahora detenido como editor del semanario 6to Poder), 
columnistas de ese medio, denunciaron ante la Fiscalía lo que llamaron “la 
estafa del caso Bandagro”, relacionada con el cobro de unos bonos que el Estado 
venezolano se niega a pagar desde finales de la década de los 90, con el alegato 
de que fueron falsificados. La causa se ha ventilado en los últimos años en 
tribunales de Estados Unidos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Palmar y García acusaron de estar implicado 
en el fraude al abogado que defiende a los tenedores de los bonos, Carlos 
Ramírez, hermano de José Rafael Ramírez. Este último, exjefe de redacción de 
Reporte, fue detenido en 2007 por un supuesto chantaje a Wilmer Ruperti, 
empresario petrolero y de los medios, cercano al oficialismo. Ruperti señaló que 
se le intentaba cobrar a cambio de que el diario de Gerges no publicara 
informaciones que lo comprometerían. El editor salió librado de las acusaciones, 
pero Ramírez fue detenido cuando presuntamente cobraba la extorsión y luego 
recluido en la cárcel de La Planta, en Caracas, en la que estuvo tres años 
preso. “Cuando el caso de Bandagro salió publicado, Gerges recibió 102 amenazas 
de muerte. Le decían ‘ya vas a ver qué va a pasar con tu hermano’, ‘ya vas a ver 
lo que le haremos a tu mamá’, ‘te vamos a arrancar la cabeza’. Esas denuncias 
están en el expediente de la fiscal”, precisa la consultora jurídica del medio. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los investigadores, sin embargo, no han  revelado si encontraron elementos que indiquen la participación de Cedeño u  otros hombres relacionados con el mundo financiero en el crimen.  </p>



<h2 class="wp-block-heading">Sin resolver </h2>



<p class="wp-block-paragraph">La causa por el asesinato de Gerges tiene dos años congelada. Soares señala que la última actuación data de enero de 2009, cuando ella solicitó a la Fiscalía que interrogara a dos presos de la cárcel de Tocuyito, en el estado Miranda, que –según testigos- habían hablado de los detalles del crimen. “La fiscal tardó ocho meses en hacer las entrevistas en el penal y ya uno de los presos había salido en libertad”, lamenta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Ministerio Público, no obstante, aseguran que el caso todavía se encuentra en fase de investigación. Pocos se atreven a hablar del estatus del expediente sin pedir la reserva de su nombre. Los dos primeros fiscales asignados fueron separados de la investigación y en su lugar quedaron encargados los fiscales nacionales Jairzinno Orea, Marisol Zakarías y Saúl Acuña. Ellos, junto al Fiscal del Área Metropolitana de Caracas, Dámaso Cabrera, comisionaron a la División contra Homicidios del Cicpc para que siguieran las diferentes hipótesis, incluso una que surgió meses después: una posible venganza entre hermanos por las propiedades familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la Fiscalía señalan que no se ha podido interrogar nuevamente al editor Tannous Gerges, para que amplíe su declaración, pues casi un año después de la muerte de su hermano –en el que pidió protección policial y siguió recibiendo amenazas- regresó con toda su familia a Líbano, el país de sus padres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los policías que manejan esta trama presumen que Tannous colocó a nombre de Pierre varias propiedades y temía que, si su hermano se casaba próximamente con una trabajadora de Reporte con quien mantuvo una relación de varios años, sus bienes formaran parte de la nueva sociedad conyugal. Luego del crimen, los bienes de la familia Gerges –precisaron los investigadores- fueron colocados a nombre de Joseph, el menor de los hermanos, que reside en Estados Unidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era la primera vez que a Gerges se le relacionaba con un crimen. En 1996 fue detenido e imputado por el homicidio del banquero César Manduca, cuyo cadáver había sido encontrado incinerado meses antes en una carretera de Aragua. Manduca le vendió a Gerges la entidad de ahorro y préstamo Creciahorros, pero luego de la transacción el banquero señaló que el cheque del pago no tenía fondos y los empresarios se enemistaron. La institución fue intervenida por el gobierno de Rafael Caldera poco después. Pero a los dos meses de su detención, la juez que llevó el caso Manduca ordenó la liberación de Tannous Gerges y de los otros imputados, al alegar falta de pruebas en su contra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allegados a los Gerges recuerdan que Tannous hacía las veces de jefe de los negocios familiares y asumía los problemas empresariales, mientras que Pierre tenía un perfil más bajo y a veces fungía como mediador. “Nunca los vi tener diferencias grandes o insultarse. Como católicos maronitas, eran una familia muy unida, sobre todo en torno a la figura de la madre”, señala un extrabajador del diario. A pocos meses de su llegada a Líbano, de donde había emigrado junto con su familia a Venezuela a finales de la década de los 60, Tannous Gerges fue electo presidente de la Unión de Municipalidades de Zgharta (cargo similar al de alcalde mayor), una localidad a 91 kilómetros de Beirut. Vía telefónica, se negó a ser entrevistado y delegó en su abogada la vocería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soares reconoce que el propietario de Reporte tenía enemigos poderosos. “No te puedo decir como abogada con 22 años trabajando para la familia Gerges que él es un santo. Es una persona tremenda, se le ha adjudicado cualquier cantidad de atrocidades. Pero ha probado su inocencia y eso se ha visto mediante sentencias”. Desestima la tesis de la venganza entre hermanos y dice que fue lanzada por los detractores de Gerges. Critica el escaso interés de la Fiscalía en resolver el caso y se inclina por señalar que las investigaciones desarrolladas en el estado Carabobo parecen tener conexión con el asesinato de Pierre. “Los testigos fueron amenazados, pero con este caso hay un poderío económico. Y con eso se puede controlar a un fiscal, a un juez o se puede exterminar una prueba”, apunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Excolumnistas de Reporte –los consultados pidieron reservar sus identidades- recuerdan que eran muchos los intereses en juego, relacionados tanto con los otros negocios de Tannous Gerges y los choques con algunos grupos económicos, como con las publicaciones del tabloide sobre corrupción en el Poder Judicial y en la esfera política. “Tannous tenía una cantidad tal de enemigos poderosos que por cualquier lado pudo venir la bala”, concluye uno de los periodistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a que meses después del asesinato algunos policías declararon extraoficialmente que el caso estaba resuelto, luego de tres años, el Ministerio Público no ha acusado a los presuntos responsables ni ha informado sus últimas actuaciones. Los investigadores asignados al caso dejan abierta la opción de una conspiración fraguada por grupos delictivos o desde sectores de poder político o empresarial para acallar las denuncias del diario.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La justicia es ciega y coja para Jacinto López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[CÉSAR BÁTIZ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 15:23:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[Asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Ministerio Público de Venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[Periodistas]]></category>
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					<description><![CDATA[Aunque dos de los presuntos responsables de la muerte en 2009 del periodista larense están identificados, siguen en libertad amparados por su propia astucia y una madeja de complicidad con funcionarios policiales.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El próximo primero de enero se cumplirán 
tres años del homicidio del joven reportero a destajo Jacinto Elías López 
Velasco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;A pesar de su juventud, López era muy 
conocido por la comunidad en Barquisimeto, quizá por lo polifacético: además de 
reportero, hacía de productor audiovisual, fotógrafo, poeta y empresario. El 
caso de su asesinato cobró también notoriedad por la amplia cobertura dada por 
los medios de comunicación. El Comité de Víctimas Contra la Impunidad, un 
colectivo que agrupa a familiares y víctimas de la violencia y otras violaciones 
a derechos humanos en el estado Lara, adoptó el caso como 
bandera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El homicidio sacudió a la población hasta 
generar manifestaciones públicas de protesta por los altos índices de 
inseguridad en el estado Lara, una importante entidad agroindustrial del centro 
occidente de Venezuela. El propio gobernador del estado, Henri Falcón, acompañó 
a la familia del asesinado hasta el Ministerio Público para solicitar el inicio 
de las investigaciones. Pero hoy todas las diligencias lucen diezmadas por la 
impunidad. Pese a que el único sobreviviente de aquella emboscada nocturna, 
donde López perdió la vida, su amigo y reportero gráfico del diario <I 
style="mso-bidi-font-style: normal">El Impulso</I>, de Barquisimeto, Ricardo 
Maracaputo, identificó a dos de los cuatro presuntos asesinos, y que un tribunal 
libró una orden de captura en su contra, los presuntos responsables del hecho 
siguen en libertad. </p>


<h2 class="wp-block-heading">“Los vamos a matar, para eso nos pagaron”</h2>


<p class="wp-block-paragraph">El 1 de enero es una fecha especial para 
todos. En Venezuela, como en buena parte del mundo, se celebra el inicio del 
año, cuando se renuevan votos y esperanzas. Pero para la familia López-Velasco 
no es así. Ese día es como una nube de la que llueven sufrimientos y recuerdos. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Carlos López, su padre, lo expresa así: 
“Siete balazos acribillaron sus 22 años, a su familia y a todo el que compartía 
sus afectos. Siete disparos que periódicamente me arrebatan el sueño para 
despertar con la frente perforada, los peronés quebrados y las mejillas rotas. 
El pasado y el futuro se desintegraron”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese día de enero, pero de 2009, Jacinto pasó 
la tarde en compañía de su amigo y casi hermano –por cuenta de su fraternidad-, 
Ricardo Marapacuto, con la esposa de este y el hijo pequeño de la pareja. Más 
tarde, en la noche, llevaron a la madre y al pequeño hasta su residencia en 
Cabudare, la población a cinco minutos de Barquisimeto que ya ha pasado a ser un 
mero suburbio de la capital de Lara. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Marapacuto recuerda que Jacinto debía 
entregar un bastón a su abuela. “Fuimos a llevarle el bastón a la abuela de 
Jacinto y luego él me pidió que lo acompañara a comer. Estamos en el semáforo de 
Valle Hondo, en Cabudare, cuando pensamos en ir hacia Barquisimeto. Pero al 
final, Jacinto dice: ‘Vamos al McDonalds de aquí porque es más rápido’, y cruza 
a la izquierda”. Ya en el estacionamiento, los dos jóvenes deciden comer en la 
camioneta en la que esa noche circulaban, cuando tres sujetos los abordan. 
Marapacuto fue el primero en verlos: “Yo veo por el espejo retrovisor que se 
acercan tres tipos y uno de ellos se levanta la camisa y le veo un arma. En eso 
le digo a Jacinto: ‘¡arranca que nos van a robar!’, pero ya era muy tarde”. Los 
tres sujetos les obligaron a pasarse al asiento trasero. Los golpean y fuerzan a 
agachar la cabeza. Y se los llevan. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los dos periodistas intentaron negociar con 
sus captores. Les ofrecieron sus pertenencias y la camioneta, una Chevrolet 
Grand Vitara color gris, propiedad del padrastro de Jacinto. Pero de nada les 
sirve. En el camino, uno de los hombres –el más violento- dijo repetidas veces 
–siete, según el testimonio de Marapacuto-: “Los vamos a matar, para eso nos 
pagaron”. La camioneta fue conducida hasta una zona conocida como La Choricera, 
un descampado al pie de una montaña cercana a Lomas de Tabure, un urbanismo de 
casas grandes de campo al que se llega por un camino terroso y serpenteante En 
el sitio, un cuarto sujeto que esperaba a los delincuentes abre la puerta del 
vehículo y los hace bajar. “Hasta ese momento eran tres, pero luego uno de ellos 
nos abre la puerta y me doy cuenta que este era otro sujeto que ya estaba allí. 
Era moreno y relleno, un poco obeso”, cuenta Marapacuto, quien con el tiempo no 
ha perdido detalles de lo que vivió esa noche. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Y continúa. “Ellos nos bajan, nos golpean. 
Les dijimos que podíamos ir a un banco, que se llevaran todo. En eso suena el 
chevystar (un sistema de localización, N. de R.) de la camioneta y ellos se 
ponen muy nerviosos. Nos preguntan si somos petejotas (coloquialismo que en 
Venezuela designa a los agentes de la policía científica, N. de R.); les decimos 
que no, pero se alteraron mucho. Uno de ellos me preguntó cómo se apagaba. 
Jacinto les ruega que no lo maten. En eso me disparan y yo quedo sordo. Lo único 
que escuchaba eran zumbidos. No sabía si estaba muerto, nadie sabe cómo se 
siente morir. Y luego siento que Jacinto cae a mi lado”. Entonces los agresores 
se van.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marapacuto recibió dos impactos de bala. El 
primero golpeó en su mandíbula y se le alojó en el hombro derecho; el otro entró 
por detrás de la cabeza, en la región occipital, y salió por el hueso superior 
en el parietal. Sobrevivió por una lotería del destino. Se hizo el muerto y 
quienes lo atacaron no dispararon más. Con Jacinto fue diferente, recibió siete 
disparos. A los pocos minutos, Marapacuto levanta la cabeza y alcanza a ver a 
los sujetos que huyen en una camioneta Jeep Wagoneer de color vinotinto y con 
una raya blanca en la parte posterior Esta visión prometía, incluso en esas 
dramáticas circunstancias, ser crucial para el esclarecimiento del caso. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la Grand Vitara de López se llevaron casi 
todo: el equipo de sonido, efectos personales. Pero los malhechores la dejaron 
allí, a un paso, todavía en funcionamiento. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Marapacuto esos segundos fueron los más 
angustiosos de su vida. Cargó a su amigo agonizante hasta el vehículo. Pero no 
sabía conducirlo. Se las arregló para bajar la colina y llevar la camioneta 
hasta un centro de asistencia ambulatoria en Cabudare, donde Jacinto López 
ingresó sin signos vitales cerca de las diez de la noche. En el ambulatorio, un 
funcionario policial que estaba de guardia ve a Marapacuto y de inmediato lo 
reconoce. Marapacuto es hijo de un comisario retirado del Cuerpo de Policía de 
Lara, del mismo nombre. Entonces a ambos jóvenes los trasladan hasta el Hospital 
Central Universitario de Barquisimeto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A Carlos López, padre de Jacinto, la noticia 
le llega por una llamada telefónica. “Me llama el padrastro de Jacinto y me dice 
que le dispararon, que los tenían en el Hospital. Yo me voy para allá, 
desesperado. Cuando llego, veo que toda la Emergencia estaba tomada por 
policías. Había no menos de 30 funcionarios. En ningún momento se me permitió 
ver el cuerpo de mi hijo”. </p>


<h2 class="wp-block-heading">Dédalo de pistas</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente del hecho, varias versiones 
circularon en torno a los motivos que tendrían quienes asesinaron a Jacinto 
López. Las autoridades se mantuvieron, al menos en principio, reservadas, aunque 
los rumores de una posible venganza comenzaron a filtrarse a los medios de 
comunicación. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En una nota publicada en el diario <I 
style="mso-bidi-font-style: normal">El Informador</I> de Barquisimeto, el 
periodista Gerardo Morón Sánchez mencionó que el crimen pudo ser producto de un 
encargo a sicarios. ¿El motivo? Cinco años antes, el 26 de agosto de 2004, en un 
accidente en la vía pública, muere arrollado en la avenida Venezuela de 
Barquisimeto Aniseto Esteban Silva Silva, de 58 años de edad. El conductor del 
carro era Jacinto López. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2005, un tribunal declaró el 
sobreseimiento de la causa al considerar que el accidente fue ocasionado por 
imprudencia de la víctima, que no atendió a la normativa de la Ley de Tránsito. 
El acta también señala que, de acuerdo al Código Orgánico Procesal Penal, no 
podía atribuírsele la responsabilidad al imputado habiendo culpa de ambas 
partes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez, por lo tanto, los familiares de la 
víctima habían querido cobrar la deuda por sus propias manos. Pero, por 
increíble que parezca, a casi tres años del homicidio de Jacinto López y de que 
trascendiera esa primera versión de venganza, los familiares de Silva –fallecido 
en el accidente de tránsito- aseguran no haber sido visitados siquiera por algún 
funcionario de cuerpos policiales. Se diría que la hipótesis del ojo por ojo ni 
se ha descartado ni se ha comprobado, oficialmente. De todas maneras María 
Pernalete, viuda de Aniseto Silva, la desecha desde su residencia del barrio La 
Ruezga de Barquisimeto: “Imagínese, nosotros somos cristianos. Eso fue un 
accidente. Mi esposo estaba recién infartado. Se mareaba al caminar. No lo 
dejábamos salir solo, pero él se escapaba de la casa de su mamá que luego 
llamaba para saber si había llegado de vuelta. Nadie quiere matar a alguien así. 
El otro era un muchacho. Eso fue de día, no estaba tomado. Nosotros le dejamos 
eso a Dios. Ellos se portaron muy bien. Su papá pagó todos los gastos del 
entierro, incluso me dieron el derecho a elegir la urna”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Enfermera jubilada, Pernalete cuenta que sus 
hijos no nombran a Jacinto López “ni para bien, ni para mal”. Mucho menos, 
añade, tienen dinero “para eso”, pudorosa expresión que elige queriendo decir: 
mandar a matar a alguien con unos sicarios. Pero si esta hipótesis no fue 
debidamente chequeada, quizá por su debilidad, hay que citar otra versión que 
también atribuye el hecho a la venganza. En este caso, el blanco de la 
retaliación sería Marapacuto, hijo de un excomisario de la Policía de Lara y 
portador, por tanto, de una larga de nómina de enemistades. El propio Ricardo 
Antonio Marapacuto Henríquez, el padre, se hizo eco de esa sospecha cuando 
acudió, días después del crimen, a la casa de la familia López Velasco. Allí, 
cuenta el padre de Jacinto, le confió que “creía” que todo el hecho estaba 
dirigido contra él. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta versión, sin embargo, no explicaría la 
supervivencia casi milagrosa de Marapacuto, en contraste con la saña que los 
siete disparos contra López parecen mostrar. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Queda el robo como hipótesis del hecho; la 
que, de acuerdo a fuentes cercanas a la investigación, sigue manteniendo la 
Fiscalía como principal. Los tropiezos para esta vía no son pocos: los atacantes 
no se llevaron la camioneta Grand Vitara, el bien más valioso a su alcance esa 
noche fatídica, y con frecuencia se jactaron de que les habían pagado para 
actuar. Pero insisten las fuentes en que los homicidas están vinculados a una 
banda dedicada al robo y al tráfico y distribución de estupefacientes que, de 
acuerdo a las investigaciones, cuenta con “protección” de algunos funcionarios 
del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). 
“Son mafias muy peligrosas”, apuntan. En consecuencia, la Fiscalía adoptó la 
táctica de contener los avances y datos de la investigación con celo para evitar 
que se filtre información y se entorpezcan las pesquisas. 
</p>


<h2 class="wp-block-heading">“El Diablo” y demás presuntos</h2>


<p class="wp-block-paragraph">En el expediente 13-F5-080-90 de la Fiscalía 
Quinta del Ministerio Público, figuran como presuntos responsables del hecho 
Borin Temito Guevara Colmenarez, de 25 años; y Leonardo José Gómez Sira, alias 
“<I style="mso-bidi-font-style: normal">El Diablo</I>”. Ambos aparecen reseñados 
en la base de datos del Cuerpo de Policía de Lara con antecedentes por delitos 
menores que datan de 2005. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ricardo Marapacuto sobrevivió para 
identificarlos como dos de los sujetos que ejecutaron a López y lo dejaron 
malherido a él mismo. Maracaputo ayudó a realizar los retratos hablados que 
abrieron la pista hacia Guevara y Gómez. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Las fotografías de los presuntos 
responsables no han sido publicadas en los medios de comunicación, y sus nombres 
se mencionaron solo un par de veces en artículos de prensa relacionados con el 
caso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Gómez pasa por el violento del dúo. Apodado 
“<I style="mso-bidi-font-style: normal">El Diablo</I>”, era quien iba sentado en 
el puesto del copiloto esa noche y quien, a la postre, disparó contra 
Maracaputo. Tenía residencia en el sector Nuevo Amanecer, en Cabudare, aunque se 
sabe que también vivió un tiempo en Coro, estado Falcón. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En las colinas del sur de Barquisimeto 
conocen bien a Borin y “<I style="mso-bidi-font-style: normal">El Diablo</I>”. 
El sector es una virtual zona roja. Recientemente fue instalado un puesto de la 
Guardia Nacional (GNB). En una ocasión, la comunidad fue tomada por ese cuerpo 
militar y en medio de la balacera que se produjo durante el procedimiento 
resultó herido un funcionario en el hombro por disparo de un rifle de alta 
potencia. La mayoría de las casas son precarias. Los vecinos se cuidan y 
prefieren no hablar para no meterse en problemas. Al indagarse sobre el paradero 
de Borin o de “<I style="mso-bidi-font-style: normal">El Diablo</I>”, los 
rostros delatan el temor y de inmediato responden con negativas. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph"><A name=_gjdgxs></A>Cuerpos de seguridad 
practicaron tres allanamientos en distintas viviendas del sector pero sin 
resultados. “<I style="mso-bidi-font-style: normal">El Diablo</I>” se escapó en 
cada ocasión. La policía apenas se anotó un éxito mediano el 4 de febrero de 
2009 –un mes después de la muerte de López- cuando capturó a una mujer y tres 
hombres, supuestos miembros de la banda “<I 
style="mso-bidi-font-style: normal">El Diablo</I>”, en posesión de artículos 
deportivos robados con anterioridad a un camión de carga. 
</p>


<h2 class="wp-block-heading">Buscando justicia</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Si el relato de los hechos de la noche del 1 
de enero de 2009 resulta dantesco para la familia de Jacinto López, el calvario 
que han recorrido en el ámbito judicial sigue un guión igualmente intrincado y 
doloroso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El expediente 13-F5-080-90 del Ministerio 
Público, correspondiente al caso, ya ha pasado por las manos de siete fiscales a 
lo largo de 34 meses. Carlos López, el padre de Jacinto, ha dirigido 
correspondencias a los jefes del Cicpc en Lara, al Ministerio Público, a cuerpos 
policiales, medios de comunicación y a diputados a la Asamblea Nacional (AN), en 
cuya Comisión de Política Interior ya fue recibido dos veces. Es el mismo número 
de ocasiones que ha visitado el lugar donde a su hijo le segaron la vida. Son 
excursiones inspiradas en parte por la nostalgia, pero sobre todo por una 
voluntad de disipar los misterios que rodean el caso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">López es director de la Fototeca Larense, 
una institución que funciona en una vieja casona donde también está el Centro de 
Historia Larense. A raíz de la muerte de Jacinto ha devenido también criminólogo 
amateur. Con ayuda de un investigador privado, logró dar con el paradero de tres 
vehículos con la misma característica que resaltaba en la Wagoneer vinotinto que 
Ricardo Maracaputo vio marcharse de la escena del crimen: una franja blanca. Las 
tres circulaban de manera ilegal pues cargaban placas de matrícula que no se 
correspondían con el registro, según determinaron las autoridades. Sin embargo, 
relata sin dar crédito a lo que cuenta, no se hicieron más averiguaciones y 
hasta ahora no hay ninguna detención basada en el dato. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Fueron tantas las vueltas y vueltas que la 
investigación tuvo, que López en un momento creyó sufrir de estrabismo: parecía 
que se llevaban dos expedientes simultáneos, uno en manos de la Fiscalía Quinta, 
y el otro de la propia fiscal superior, Lucila Sirit. “Pero no se hizo nada. He 
acudido a todas las instancias posibles, pero no hay interés en las autoridades 
para resolver el caso. Y nadie me va a devolver a mi hijo. Eso es una pérdida 
que nunca se repara”, se lamenta sin que en el horizonte asome siquiera el 
consuelo de la justicia.</p>

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		<title>Y llegaron los cuchillos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[JESSICA POLANCO]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 12:24:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[Asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[Ministerio Público de Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace un año, el cinco de septiembre de 2009, mataron de seis puñaladas a Giovanni Conte Trezza, Yani para sus amigos. La prensa dijo entonces que el homicidio parecía haber resultado de una riña entre tribus urbanas. Pero no fue así. He aquí un recuento de estos eventos con un poco de la historia de este joven músico. El asesinato –uno más en el historial de violencia de Caracas–, sin motivo aparente, todavía no tiene siquiera sospechosos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“Su llamada será desviada al buzón de 
mensaje al oír el tono. Piiiiiiiiiii”. Una y otra vez el mismo estribillo 
después del quinto repique. No importaba cuál número marcara: el de Yani, Kalo, 
Fabiola, Miguel, Nicolás. Ninguno contestaba. Ya eran las cuatro de la madrugada 
y no había sosiego para Franca. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El monte y la grama forman un macizo verde 
en el que pronto se pierde de vista cuál es cuál. Ha estado lloviendo. Un Mazda 
6 gris se detiene en un punto exacto del terreno. Los vidrios del auto bajan. La 
música se cuela, se desparrama por doquier; sin embargo, hay una lógica 
ordenadora que le da sentido a la melodía, a esa y no a otra, regada sobre las 
lápidas de los que ya no están entre los 
vivos.</p>


<p class="wp-block-paragraph">Un hombre se baja del carro. Sus movimientos 
enérgicos, incesantes, demuestran que está ansioso. Lleva una camisa de rayas de 
marca, un pantalón formal, zapatos de cuero y una gorra azul con el logo de 
Globovisión justo en el centro, casi como un intruso en el vestuario. No es un 
hombre sano. Desplaza con notable incomodidad su metro setenta y pico de 
humanidad. Desde que su hijo murió, hace ocho meses, trece kilos le cayeron 
encima. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Se agacha y arranca de una porción 
específica de parcela todo lo que no es grama. Lo hace como quien repite una 
acción aprendida, automática. Luego se dedica a quitar las flores marchitas de 
los jarrones de barro que custodian el recuadro de tierra bajo el que está 
enterrado su hijo; el cuerpo, al menos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“No era un tipo al que le gustaban las 
flores, la verdad”, comenta mientras saca del asiento trasero del carro un ramo. 
Estaba claro que lo había comprado en esas tiendas que están cerca de los 
cementerios en las que arman los arreglos con el mismo criterio de color y tipo: 
varios claveles blancos, algunas rosas rojas, unas espigas verdiamarillas y unos 
botones de un tono blanco viejo que por su tamaño opacan todo lo demás. Desata 
el pabilo que sujeta el papel plateado y escoge uno de los jarrones próximos a 
la lápida, como si de esa forma estuviese acercándose al corazón de su hijo. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ausencia es un tipo de soledad que 
lacera, que quiebra todas las estructuras. La ausencia no la deja todo el mundo 
cuando se va, la deja, por ejemplo, un hijo único cuando es asesinado. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antonio (Tony) Conte se sienta como puede. 
Prácticamente se deja caer en el suelo. Muchos mosquitos revolotean en su cara. 
No trata de espantarlos, simplemente sabe que están allí: “La vida se complica 
con este sobrepeso”, murmura mientras se sienta. “Lo más difícil va a ser poder 
levantarme”, sentencia resignado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Minutos más tarde se para junto a la tumba 
con las manos recogidas en la espalda, como si observase con desgano la oferta 
de una vitrina, como si leyese por primera vez aquel epitafio: Siempre te 
sentiremos, serás la brisa que acaricia nuestros rostros en cada amanecer. Te 
amamos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Baja un poco la cabeza, da la impresión de 
que reza, de que conversa de algo con alguien, un tema que ambos conocen y que 
no requiere mayor articulación. Un metalenguaje se produce, rápido, pero ocurre. 
Al terminar, aprieta los labios y gira la cabeza en señal de negación, todavía 
le cuesta creer lo que ha ocurrido. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Varios suspiros interrumpen su jadeo. 
Aspiraciones y exhalaciones defectuosas que transitan por una nariz brillante, 
porosa, naturalmente enrojecida. Tony Conte luce agobiado. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">La visita se extiende más de lo debido; las 
reglas en el Cementerio del Este son claras: “Permitido el paso a las terrazas 
hasta las 5:00 P.M.”. Para entonces ya eran las seis. Los guardias no lo han 
visto, o quizá sí, pero deben tener claro que cuando se está junto a los muertos 
es fácil perder la noción del tiempo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La tarde toma su relevo del día. Tony parece 
entender el cambio de luz como una señal de salida. Descruza los brazos y 
empieza a caminar hacia el carro. Antes de irse toca la lápida, se la lleva la 
mano a los labios, la besa y sin más dice: “Hijo, yo sabía lo que tenía”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">*** </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando llega te toca, y así, sin aviso, ese 
día se convirtió en tu día. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En un edificio de Los Palos Grandes, en 
Caracas, a las tres de la tarde del cuatro de septiembre de 2009, Giovanni 
Emilio Conte Trezza jugaba PlayStation 3 con su amigo Carlos Julio Acosta, Kalo. 
El domingo treinta de agosto Giovanni recién había llegado de Miami. Había hecho 
un viaje con su mamá, Franca Trezza. Aprovechó para comprar muchas cosas, entre 
ellas instrumentos para su banda, Drömdead, y, justamente, un lector para el 
PlayStation 3. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca de las cinco, Giovanni y Carlos Julio 
se levantaron, dejaron los controles en algún lugar del cuarto, porque tenían 
cosas que hacer: ir a ensayar con el resto de la banda a la urbanización La 
Floresta. Volvieron al apartamento a eso de las siete. Franca había hecho un 
mercado de novecientos bolívares para poder alimentar al grupo: Kalo, Fabiola, 
Nicolás, Mariana y Giovanni. Conversaron y se rieron, los músicos y la 
anfitriona. El tiempo pasó rápido y pronto fueron las diez de la noche. El plan 
inicial era quedarse en casa; sin embargo, estaban todos juntos y era viernes y 
bueno…por qué no. Decidieron ir a La Cabaña, un local que queda en Altamira. Los 
muchachos “pa´ La Cabaña” y Franca a su cama. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A las tres y media de la madrugada un 
sobresalto la despertó. Una punzada en el área del corazón le hizo tocarse el 
pecho. Giovanni fue lo primero que pasó por su cabeza somnolienta. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">*** </p>



<p class="wp-block-paragraph">A las cuatro y media de la madrugada del 
cinco de septiembre de 2009, Franca aún no sabía lo que había ocurrido. 
Continuaba llamando. Una y otra vez el mismo estribillo después del quinto 
repique: “Su llamada será desviada al buzón de mensaje al oír el tono. 
Piiiiiiiiiii”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Alrededor de las cinco Kevin llegó a casa de 
Franca con la camisa llena de sangre. La sangre no era suya, sino de sus amigos, 
a quienes intentó ayudar antes de ir a buscarla. La orden que recibió Kevin fue 
de no decirle nada a la madre. Solo estaba autorizado para decir que Yani había 
chocado, solo eso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Franca se montó en el carro de Kevin. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">–¿Qué pasó? Dime la verdad por favor ¿están 
todos bien? ¿Dónde está Giovanni? </p>



<p class="wp-block-paragraph">–Vamos a La Bonita– le respondió Kevin 
intentando mostrarse calmado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">–¿La Bonita? ¿Qué estaban haciendo ustedes 
allí? – preguntó Franca. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella no era capaz de atar cabos. Sin 
embargo, sabía que todo estaba mal, aunque nadie quisiera decirlo. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Fuimos para allá anoche. Ahí nos reuníamos 
cuando Jonathan Sirit vivía en Venezuela. Señora Franca, tranquila, Yani chocó, 
pero todo va a estar bien. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando llegaron, Franca vio el carro chocado 
y escuchó a la policía que le decía con todo el tacto que puede tener un oficial 
caraqueño: </p>



<p class="wp-block-paragraph">–No pudimos hacer nada. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella seguía sin entender. ¿Cómo podía 
imaginar que habían asesinado a su hijo de seis puñaladas horas antes? ¿Cómo? 
¿Cómo se imagina eso una madre?</p>


<h2 class="wp-block-heading">Primer viaje</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Franca Trezza podría ser calificada como una 
mujer muy dulce. De esas que terminan las frases con un “mi amor”, “mi vida”, 
pero no dicho como un saludo a la bandera, sino como una ternura real. Tiene el 
pelo corto, rubio, sus ojos son negrísimos, expresivos, tristes. No mide más de 
un metro sesenta, es robusta sin ser gorda, de piel muy blanca; un tipo clásico 
mediterráneo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Era un tipo con alma, transparente, 
auténtico. Mi único hijo”, afirma con una sonrisa forzada. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Nació músico. Desde pequeño dejó claro cuál 
era su vocación; sin embargo, pasó por todo: beisbol, fútbol, natación, básquet, 
en esta última fue donde más duró, en parte para complacernos a nosotros. Una de 
las maestras de primaria me llama: ´Franca, lo tuve que separar del amiguito 
porque él, sin prestar mucha atención, entiende y sale eximido, pero el otro 
niñito es más lento y Giovanni lo desconcentra´ ¿Qué hace cuando lo pones solo 
en una esquina? Empieza a hacer movimientos como si tocara algún instrumento; 
pasa todo el día en eso…´”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese instante recuerda cuando embarazada 
se sentaba a tocarle el órgano. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Era un puente. Lograba conciliar las 
partes. Cuando entró al grupo Metrozubdivision la vacante que él ocupó (bajista) 
estaba libre porque los integrantes se habían peleado. Giovanni logró unirlos de 
nuevo. Era alto, medía un metro ochenta y dos, flaco. Tenía una gata que era el 
amor de su vida, negra, le puso de nombre Mumu, tal como le decía a una de sus 
novias. Era un humanista. En eso se parecía mucho a mí. Devoraba libros. Podías 
hablar con él de lo que fuera, siempre tenía algo que decir, cosas interesantes, 
profundas. Su tema favorito era la religión. Era ateo. Creía en el ser humano. 
Yo, sin embargo, soy muy católica. No era peleón. Para nada. Jamás llegó a la 
casa amoratado o sangrando. Él no sabía pelear. Su arma de combate era el verbo 
y solo eso.” </p>



<p class="wp-block-paragraph">Giovanni estaba estudiando Sociología en la 
Universidad Central de Venezuela. Al momento de su muerte había hecho un año de 
economía en la Universidad Andrés Bello y un semestre adicional en la Central. 
En el tercer semestre de Sociología fue preparador de estadística. Era un alumno 
aplicado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Su tiempo libre lo dedicaba a la música. Era 
su pasión. Pasó por varios grupos. Primero estuvo en Skalofríos, luego en Khaos, 
Blackout, Zeitgeist, Despair, Drömdead y el último fue Metrozubdivision; todos 
encajaban dentro del género de la música industrial, una corriente que va a 
medio camino entre la electrónica y lo experimental. Sus orígenes se remontan a 
los años setenta. En su trabajo como solista, Yani combinó el postpunk en la 
primera mitad de la producción y dark folk en la última. Los dos géneros usan 
líricas y ritmos tristes, reflexivos, oscuros, estructurados sobre la plataforma 
de lo acústico. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A los diecinueve años, Giovanni decidió que 
no comería carne de ningún tipo, más nunca. Que sería vegetariano. Y así fue. 
Llegó a esa decisión al ver un programa de televisión en que se mostraba de qué 
forma mataban a los animales para el consumo humano. No quería contribuir con 
esa matanza. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay partidos de fútbol al aire libre, bodas 
a la intemperie, misas que se celebran bajo la claridad del cielo, sin 
estructuras barrocas, ni púlpito. Misas que se convocan para recordar el dolor, 
para presionar la herida, para no olvidar la intensidad del sufrimiento, porque 
eso, justamente eso, hace pensar a la gente que no murió, que el dolor tiene el 
poder de mantener vívido el recuerdo. Este cinco de mayo de 2010, a ocho meses 
del asesinato de Giovanni, el lugar de los hechos, el lugar donde cayó sangre 
sin motivo aparente, esa redoma siniestra de La Bonita, es el mismo que sirve de 
escenario para la ceremonia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La redoma de La Bonita está formada por el 
recodo final de la calle La Guairita, justo en una zona del este de Caracas de 
clase media alta. La bordea un parque en el que se juntan columpios, máquinas 
para desarrollar músculos, una pequeña pista de trote, algunos árboles y varios 
banquitos de obra limpia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los árboles sirve de techo a la mesa 
con mantel blanco y arreglos florales que sostiene, con restricciones de 
espacio, la biblia, el cáliz cubierto por un pañuelo y un portarretrato con la 
foto de Giovanni –Yani para sus amigos– sonriendo. Ese toldo, justo enfrente, no 
alcanza para cobijar a todos los presentes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colores de la escena son importantes: 
una masa de jóvenes viste de negro y aguarda en silencio, llora y transpira. 
Cincuenta individuos –aproximadamente– con camisas negras rasgadas, 
incrustaciones metálicas en los rostros, tatuajes, ojos maquillados de negro, 
muy negro; una postura encorvada y apática los uniforma. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Franca y Tony reciben muchos abrazos esa 
tarde. Escuchan muchas palabras a medio terminar, muchos “lo siento” que con 
vergüenza salen frágiles de las gargantas de los que allí están. 
</p>


<h2 class="wp-block-heading">Segundo viaje</h2>


<p class="wp-block-paragraph">El arquitecto Tony Conte no necesita que le 
abran pista para hablar de su hijo. Acelera y no frena. Hay un goce evidente en 
ese deporte. No sabe por dónde empezar, por dónde terminar, simplemente se 
desboca. Habla desordenadamente. Pierde el hilo con facilidad y está consciente 
de sus desvaríos, así que constantemente pide asistencia a su interlocutor para 
que lo centre. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Mi hijo era un tipo inteligente. Era una 
belleza. Franca y yo nos divorciamos cuando él tenía doce, pero siempre supo, le 
recalcamos hasta el cansancio, que quienes se habían separado éramos nosotros 
dos. Ahora vas a tener dos casas, le decía. Se trató de que esa decisión lo 
afectara lo menos posible. Franca es una gran mujer, de verdad que sí. ¿Una cosa 
curiosa? Mi esposa actual está embarazada. Cuando el médico hizo el cálculo de 
fecha para el nacimiento, me di cuenta de que se concibió cuatro días antes de 
la muerte de Yani. La verdad no estoy emocionado con su llegada. Nunca va a ser 
lo mismo”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La relación de Tony con su hijo era muy 
horizontal. Conversaban de todo. A pesar de la confianza, el señor Conte puso un 
dispositivo en el carro de Yani para poder rastrearlo satelitalmente: “A veces 
lo llamaba y le preguntaba ¿dónde estás? Y me decía mentiras. En muchas 
ocasiones tuve que morir callado para que no descubriera que le había puesto el 
GPS. Sin embargo, era obediente. Lo mejor del caso es que él siempre buscaba la 
manera de negociar y llegar a un acuerdo donde los dos ganáramos”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Con las novias era un buen hombre, 
demasiado bueno. Lo digo porque yo sí soy tremendo. Él tuvo muchas noviecitas, 
pero solo dos novias serias: Jennifer y Cecilia, conocida artísticamente como 
Sexilia; es músico también, cantante”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">De pronto hace pausas largas, se queda con 
la mirada fija, perdida. Da la impresión de que despega, y después de unos 
segundos regresa. Entonces lo hace de golpe: “Yani siempre estaba pendiente de 
mí y yo de él”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El 6 de septiembre se leería en algunos 
diarios del país que un joven de veintiún años había muerto de seis puñaladas en 
la urbanización La Bonita, con el siguiente mensaje: la causa del asesinato 
había sido una lucha entre tribus urbanas, góticos versus reguetoneros. Eso no 
fue lo que ocurrió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo que ninguno de los presentes ese día 
puede aún descifrar desató la violencia. El odio. La locura. La historia de esa 
noche comenzó como cualquier reunión ordinaria en una redoma de Caracas, un 
viernes en la noche. Yani y sus amigos llegaron primero, luego otros carros con 
jóvenes que ellos no conocían. Compartieron el espacio, pero sin relacionarse. 
Cada grupo estaba por su lado: tomando, hablando, escuchando música. De pronto 
el ambiente casual cambió. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno, dos, tres, cuatro, hasta veinte 
puñaladas repartieron esa noche los que llegaron después, entre las tres y media 
y las cuatro de la mañana del cinco de septiembre de 2009, hace un año ya de 
aquello. Nadie sabe cuántos (o no lo dicen) fueron los autores de esas 
cuchilladas. Solo que fueron capaces de usar un cuchillo de cacería y penetrar 
una y otra vez cuerpos jóvenes que huían, que estaban de espalda. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seis personas del grupo de Giovanni quedaron 
heridas, tres de ellas de gravedad. Tres pulmones perforados, una nariz 
rebanada, un espina dorsal a un centímetro de ser lacerada, ojos ensangrentados 
y una vida perdida. Esa, la que se fue, la que no pudo más, fue la vida de Yani. 
</p>


<h2 class="wp-block-heading">Los caminos verdes</h2>


<p class="wp-block-paragraph">María Gabriela Sotillo y Giovanni se 
conocieron un día en que ella caminaba por Terrazas de El Ávila. Él le ofreció 
la cola y cuando se montó en el carro le lanzó un “¿y tú qué?” al que ella 
respondió un “¿qué de qué?”. Yani contrapunteó de vuelta: “¿Qué música 
escuchas?”. María Gabriela, aún asombrada por el arrojo del conductor, 
respondió: “Me gusta The Cure”. “Nooooo, mentira”, respondió él. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fueron encontrando infinidad de puntos en 
común, hasta que Yani la bautizó: “Mi maldita mejor amiga”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Maga, como todos la conocen, vivió de cerca 
la vida de Giovanni. El día que conoció a Franca se preguntó de quién habría 
salido Yani así, oscuro, diferente. Para Maga él tenía una estrella, algo que, 
además de irresistible, lo convertía en un sujeto extraño, fascinante. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Era muy histriónico. Hacía un gesto 
característico todo el tiempo. Era su sello: se pasaba la mano con los dedos 
entreabiertos frente a la cara, como si ambos estuviesen viéndose, fruncía el 
ceño, y decía: ‘Yo soy la oscuridad’. Le gustaba la oscuridad. Tenía cortinas 
gruesas, le encantaba la luz de las velas y siempre usaba unos lentes de sol muy 
negros, en parte porque sufría de una alergia en los ojos por fotosensibilidad”, 
recuerda Maga mientras prende un cigarro. Cuanto más habla, más nerviosa se 
pone, aunque revive con agrado cada detalle. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Le gustaba tomar vino. Hubo un momento de 
su vida, no sé exactamente cuándo, alrededor de los diecisiete, dieciocho, en el 
que tuvo problemas con el alcohol. Se fue de su casa a vivir con el tío, al que 
quería profundamente. Nunca fuimos novios, muy a mi pesar. En el momento que nos 
conocimos, Yani estaba en un proceso de ‘purificación’, decía constantemente: 
‘Estoy en celibato’. Era alegre, muy contradictorio. Jamás se le iba la sonrisa 
de la cara, pero siempre se quejaba de todo: ¡Esto es una mierda, aquello 
también! Al final quedabas convencida de que efectivamente todo era una mierda. 
Pero no había un mensajito de texto de Yani que no terminara con una carita 
feliz. Así era, oscuro, pero alegre. Si no lo conoces, no lo entiendes”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el grupo de amigos salió de La 
Cabaña, decidió ir a tomarse unas cervezas a La Bonita, por sugerencia de uno de 
ellos: Tomás. Una redoma en la que por tradición la gente va a eso, a tomar. Una 
licorería veinticuatro horas en el pequeño Centro Comercial La Bonita fue la 
responsable de crear el punto. Era de conocimiento público que no solo el 
alcohol era el negocio del local, las drogas también. Por eso, y las quejas 
recurrentes de los vecinos, cerraron el recinto ocho años atrás. Sin embargo, la 
costumbre quedó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La redoma tiene un diámetro de veinticinco 
metros aproximadamente, no más. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de un rato tres carros llegaron: dos 
camionetas grandes de lujo y un carro pequeño tipo coupé ¿Qué modelos 
exactamente? No se sabe aún (o no lo dicen); solo se conoce con certeza que uno 
de ellos era una Grand Cherokee. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Alrededor de diez personas se bajaron de los 
autos, dos eran mujeres (tampoco se conoce a ciencia cierta cuántos eran: o no 
lo dicen). </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los primeros, los del grupo de Giovanni eran 
catorce, de los cuales dos pertenecían al grupo de música punk Apatía-No y el 
resto a Drömdead, el grupo en el que Yani tocaba la música industrial. El 
atuendo característico de estas bandas es un conjunto completamente negro. Es 
parte de su carácter artístico; nada tiene que ver con pertenecer o no a una 
tribu urbana. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los segundos, los de las camionetas, eran 
tipos vestidos “a la moda” con camisas y pantalones de marca, de tallas 
ajustadas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta ese momento nada había pasado. Música, 
alcohol y dos grupos de personas un viernes por la noche compartiendo entre 
amigos, entre los propios. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los decibeles empezaron a molestar a los 
vecinos del edificio La Loma, frente a la redoma, así que llamaron, como en 
tantas otras oportunidades, a Polibaruta, la policía de esa jurisdicción. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Minutos más tarde apareció la unidad 
policial. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En la patrulla había cinco oficiales; solo 
tres se bajaron: Carlos Enrique Morales, Giordani Rafael Briceño y Gerald 
Gabrielle Jottediani. Caminaron primero hacia el grupo de Yani, a pesar de que 
quienes tenían la música alta eran los del otro bando: </p>



<p class="wp-block-paragraph">–Buenas noches– saludó el oficial y procedió 
a preguntar–: ¿Todos ustedes están juntos? </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los del grupo de Yani, casi como un acto de 
inercia, contestaron que sí. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los oficiales les pidieron que se retiraran. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nicolás, quien estaría en el asiento trasero 
de Yani cuando recibió las primeras tres cuchilladas, recuerda que no hubo mayor 
explicación: “No se pidieron documentos, ni se anotaron nombres”. Luego 
caminaron hacia el otro grupo y repitieron el mismo procedimiento: ninguna 
precisión. Los tres oficiales se dieron la vuelta y se subieron en su patrulla 
sin haber tomado nota de nada, ni siquiera de las placas de los vehículos. No 
esperaron tampoco a que los presentes “desalojaran el área”. Arrancaron hacia su 
próxima tarea sin dejar ningún registro de esta. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Las puñaladas vinieron rato después de que 
se fueran. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Argenis Oviedo, inspector de homicidios del 
Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísiticas en la 
subdelegación de Santa Mónica, quien lleva la investigación del caso, ha 
interrogado a estos oficiales varias veces sin revelaciones. Desde entonces, por 
no haber tomado registro de esa noche, el trío se encuentra cumpliendo trabajo 
administrativo. Ya no están patrullando en la calle. 
</p>


<h2 class="wp-block-heading">Fueron seis</h2>


<p class="wp-block-paragraph">El orden de los hechos. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yani recibió primero tres puñaladas por la 
espalda. Corrió a su carro, un Corsa negro de cuatro puertas. Se puso tras el 
volante. Luego Mariana y Nicolás se montaron en la parte de atrás del carro. 
Yani esperó a Kalo y a Fabiola, que nunca llegaron. Nicolás recuerda que ya para 
entonces a su amigo se le cortaba la respiración. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los atacantes estaba encima de Kalo, 
en el piso, a unos cuatro metros del carro de Yani. Yani retrocedió y al hacerlo 
le pegó a Kalo en la cabeza. El que un segundo antes apuñalaba a Kalo, un joven 
rubio de pelo largo a la altura de la barbilla, salió corriendo con el arma en 
la mano hacia Giovanni, quien trató de huir, pero ya el cuerpo no le respondió. 
El rubio rompió el vidrio del piloto y terminó lo que iba hacer: tres puñaladas 
más, las últimas, las que redondearían un total de seis. El carro rodó hasta que 
Nicolás, también con un pulmón perforado, logró poner el freno de mano. Para 
entonces ya habían chocado contra un Citröen azul estacionado en uno de los 
laterales de la calle. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Las señales registradas por el GPS que Tony 
le había puesto a Yani en el carro permitieron determinar una hora aproximada de 
la muerte: entre las tres y cincuenta y cinco y las cuatro y diez de la mañana. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por las aceras se arrastraba Erickson, uno 
de los que esa noche estaban en el grupo de Yani, con cinco heridas encima. 
Víctor sangraba por su pulmón. Miguel recién se levantaba del piso, lo habían 
golpeado en la cara hasta el desmayo. Las mujeres gritaban: 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">–¡Ayuden a mi amigo que se está muriendo! 
¡Ambulancia, llamen a una ambulancia! </p>



<p class="wp-block-paragraph">Juan Carlos, el vigilante de la torre A del 
edificio La Loma, salió corriendo cuando escuchó los gritos de ayuda. Se sacó su 
camisa y trató de detener las hemorragias mientras llegaban las autoridades. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yraima Cedeño, auxiliar de la Multifarmacia 
May que está dentro del minicentro comercial, llegó horas después a trabajar. 
Recuerda que eran cerca de las ocho y media. A medida que se acercaba a la 
farmacia se horrorizaba: “Había varios charcos de sangre. Esta zona más nunca se 
va a recuperar de ese horror. La sangre no se fue hasta que llovió varios días 
después”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los vecinos de la torre A no pueden hablar 
de lo que escucharon sin arrugar la cara y bajar la cabeza. “Los gritos fueron 
desgarradores, sobre todo los de las mujeres”, revive Janeth, residente del piso 
once. “Aquí la acústica es muy buena, hay mucho eco porque tenemos una montaña 
atrás donde rebotan y crecen todos los sonidos”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, nadie vio nada, nadie sabe nada 
(o no lo dicen). A pesar de la insistencia de los familiares y de las 
autoridades, los testigos han tomado la decisión de no contar nada a nadie, ni 
siquiera para mentir. </p>


<h2 class="wp-block-heading">Los motivos, ¿por qué?</h2>


<p class="wp-block-paragraph">El Cuerpo de Investigaciones Científicas, 
Penales y Criminalísticas (la policía judicial venezolana) maneja tres hipótesis 
de cómo o por qué se desató el suceso, qué fue lo que, se puede suponer, prendió 
la mecha: </p>



<p class="wp-block-paragraph">1) Los atacantes llegan con pistolas de 
paintball (hecho que se confirmó porque se recogió la evidencia de la pintura 
amarilla estampada en los muros) y molestan al grupo de Yani, de donde les piden 
que no sigan disparando. </p>



<p class="wp-block-paragraph">2) Una de las mujeres del grupo de Yani le 
dice a las que estaban con los otros que “por qué no tripean todos juntos”. 
Ellas se molestan porque creen que les están insinuando que están drogadas, 
aunque ella hubiera querido decir que se divirtieran, otra acepción de esa 
palabra. Comienza una riña a los golpes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">3) Erickson, amigo de Yani y uno de los de 
mayor edad del grupo, pasa los treinta, está muy borracho. En esas condiciones 
se acerca al otro bando sin ningún propósito en específico, de donde devuelven a 
Erickson a sus amigos y aprovechan para advertirles: “Váyanse de aquí que 
nosotros somos malos, muy malos y estamos drogados”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">O todas las anteriores. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yani se estaba yendo cuando empezó el 
problema. Se dio cuenta, puso freno de mano y dijo: “Coño, qué peo”. Se bajó del 
carro a ver cuál era el alboroto. Seis puñaladas letales en su cuerpo –la 
muerte– fueron el resultado de su decisión. Su mamá está convencida de que 
Giovanni murió por lealtad a sus amigos: “Él se pudo haber ido, mi hijo lo que 
hizo ahí fue mediar, estoy segura, era eso lo que siempre hacía”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">La única certeza es la nada. Los culpables 
siguen impunes, las autoridades con las manos vacías, y Franca y Tony también. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Todavía no tenemos nada. Solo meses de 
investigación”, dice el inspector Oviedo. Mientras tanto hojea las fotos del 
expediente realmente afectado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Entrevistó a todos los presentes ese día, 
incluso a Juan Carlos, el vigilante de la torre A, a todo el que ha podido. “No 
me explico cómo nadie vio nada o cómo no recuerdan algo, un detalle serviría. Ni 
siquiera el color exacto de los carros. Solo alcanzan a decir que eran unas 
camionetas oscuras y que una de ellas creen que era una Grand Cherokee”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen cuatro factores que pueden tener que 
ver con la pérdida de memoria de los testigos, explica Oviedo: el alcohol que 
consumieron durante toda la noche, el bloqueo como desencadenante del trauma, 
tienen miedo por lo que vivieron o tienen miedo porque alguien los amenazó. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">O todas las anteriores. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Me resulta sorprendente que gente de esta 
clase social colabore tan poco. La gente en los barrios, cuando pasan cosas de 
este tipo, no dudan en soltar información. Les he enseñado las fotos de la 
escena del crimen a los muchachos, todas las imágenes forenses de su amigo 
muerto… para ver si se conmueven, si hablan, pero nada”, dice el inspector. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mariana estaba en el puesto del copiloto 
cuando interceptaron a Giovanni. En el momento justo en el que le clavaron las 
últimas tres puñaladas, ella estuvo sentada junto a él, de hecho intentó halarlo 
hacia ella para evitar que los golpes dieran en el blanco. Sin embargo, luego 
decidió que de su boca no saldría ningún dato. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El día del asesinato, Mariana declaró y dijo 
que efectivamente estuvo allí. En la siguiente cita con la policía cambió la 
versión y negó haber estado dentro del carro, dijo que toda la confusión se 
debía a un mal procesamiento de datos por parte de ellos cuando tomaron la 
declaración. Nicolás, su novio, terminó la relación en seguida; no pudo soportar 
la mentira. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Mariana nunca fue amenazada por nadie, esa 
no es la razón por la que cambió su testimonio inicial, dice Nicolás, quien cree 
conocerla bien después de tres años. Para él, la causa es menos dramática: 
“Mariana es mala. Quiso desentenderse, así de simple. Su entorno familiar ha 
sido duro, muy raro, quizás eso la haya hecho ser como 
es”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ahora, el inspector Oviedo tiene algunos 
retratos hablados en los que no puede confiar. Porque si bien coinciden los 
datos de los testigos con ciertas características comunes, muchas de ellas están 
cruzadas: el pelo de este con la nariz del otro, el color de la piel de uno con 
los ojos del otro. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Armando es un joven que vive en una casita 
detrás del parque que bordea a la redoma de La Bonita; se encarga del 
mantenimiento del lugar, entre otras cosas. El día del asesinato tuvo que salir 
a la una de la mañana a cambiar un bombillo de los postes del parque. Mientras 
lo hacía vio que los dos grupos convivían en sana paz. Recuerda con claridad que 
la música que salía de las camionetas era el grupo mexicano Maná, “El muelle de 
San Blas”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eran todos unos burguesitos: unos tipos de 
negro y unos millonarios”, precisa. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa noche Armando se quedó viendo una 
película de vampiros. De pronto escuchó unos gritos. Lo primero que pensó fue 
que “estaban robando a los burguesitos. Nunca imaginé que algo como lo que pasó 
ocurriera entre grupos de esa clase. Yo sé muy bien lo que es un malandro, yo 
estudié en el liceo Tito Salas, ahí sí hay malandros de verdad. Y esos tipos 
(los atacantes) parecían todo menos eso. Eran tipos con billete”. Por eso, 
Armando no se levantó hasta el día siguiente. Al salir de su casa se topó con un 
charco de sangre justo al lado del poste de luz al que le había cambiado el 
bombillo la noche anterior. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Dito, integrante de Drömdead, tampoco ha 
querido hablar. Franca y Tony dicen que es inútil intentarlo con él. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de las conjeturas, de las 
hipótesis, solo quedan percepciones vagas, inservibles. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Kalo, con rastros de tres puñaladas –una de 
ellas casi lo deja paralizado–, cree que no hay nada oculto en este caso, 
refiriéndose a los motivos: “Estábamos en el lugar equivocado, en el momento 
equivocado. Fue algo que pasó porque sí, sin una explicación lógica”. 
</p>


<h2 class="wp-block-heading">¿Un cangrejo policial?</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Un caso que parece “tan sencillo” de 
resolver, un año después, aún no tiene ni siquiera sospechosos. Y la policía 
judicial venezolana ha logrado en el pasado resolver asesinatos con menos pistas 
y menos testigos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La muerte de Yani es una muerte violenta más 
dentro de la estadística anual. Según el informe “Una década de Impunidad en 
Venezuela (1999-2009)” del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el 2009 
cerró con 16.047 homicidios. En lo últimos tres años de esa medición fueron 
detenidos apenas nueve sospechosos por cada cien asesinatos. Las cifras 
oficiales, reveladas recientemente por el diario venezolano El Nacional, son más 
altas. El informe “Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad 
Ciudadana 2009”, realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas, divulgado 
dentro del gobierno en mayo de 2010, indica que la cifra de asesinatos el año 
pasado llegó a 19.133. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tony Conte visita semanalmente al inspector 
Oviedo en la subdelegación de Santa Mónica, se mantiene en contacto y asiste al 
investigador en lo que haga falta para evitar que el homicidio de su hijo caiga 
en el saco de los casos que no se resuelven: según el OVV, 91% de los casos de 
2009 quedaron impunes. “Estoy seguro que con el tiempo algo va a salir, estoy 
convencido de que así será”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Oviedo ha dejado claro que la falta de 
resolución del caso no tiene que ver con el Ministerio Público, órgano encargado 
de ordenar las diligencias de acuerdo con el Código Orgánico Procesal Penal. El 
fiscal encargado, el Noveno del Área Metropolitana de Caracas, Dámaso Cabrera, 
no ha obstaculizado trabajo investigativo, dice el inspector. “Todo lo 
contrario. Tenemos varias investigaciones abiertas con él y con ninguna hemos 
tenido problema. Nos mantenemos comunicados y siempre trata de aportar ideas 
para que se resuelvan las cosas”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El comisario Luis Godoy, quien fuera jefe de 
Homicidios de la antigua Policía Técnica Judicial, explica que la reforma del 
Código Procesal Penal que se hiciese en 1999, además de darle protagonismo al 
Ministerio Público en el procesamiento de los delitos, también ha hecho más 
difícil que se logre demostrar, con evidencias válidas, la culpabilidad de un 
sospechoso en un asesinato, porque según esta norma la manera más segura de 
hacerlo es la flagrancia: que el delincuente sea capturado mientras comete el 
delito o cuando recién lo ha hecho, tal como reza el artículo 257 de este 
código: “(…) se tendrá como delito flagrante el que se está cometiendo o acaba 
de cometerse. También se tendrá como delito flagrante aquel por el cual el 
imputado se vea perseguido por la víctima o por el clamor público o por la 
autoridad policial o en el que se le sorprenda a poco de haberse cometido el 
hecho, en el mismo lugar o cerca del lugar donde se cometió, con armas, 
instrumentos u otros objetos que de alguna manera hagan presumir con fundamento 
que él es el autor”. En el homicidio de Yani no existió flagrancia puesto que 
los asesinos no fueron capturados en el momento que cometían el acto, lo que 
exige del trabajo científico policial un gran reto en el tema de la 
demostración. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras un proceso de análisis de llamadas de 
telefonía celular, de acuerdo a las coordenadas del lugar y a la hora en la que 
ocurrió el suceso, el CICPC, en conjunto con las compañías de telefonía móvil, 
intentan analizar las coincidencias entre número, hora y lugar para, al menos, 
precisar sospechosos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta ruta de búsqueda se emprendió hace más 
de tres meses y aún no hay nada en concreto. El inspector Oviedo asegura que 
tiene mucha “esperanza” en la información que se derive de 
allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Las cosas no son como en las películas. 
Nada es tan fácil como parece. El caso se va a resolver… A veces tardamos tres, 
cuatros años investigando, pero al final obtenemos resultados; el saldo negativo 
de esos plazos son las familias”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En la entrada del Cementerio del Este hay un 
letrero grande con letras claras y pictogramas que indica a los visitantes que 
la normativa del lugar prohíbe poner música en el área de las terrazas. Esto 
nada tiene que ver con Tony aquella tarde. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Frena frente a la tumba y le da play al CD 
de su hijo, el trabajo que recién en marzo del 2009 había empezado a grabar. 
Diez pistas compuestas, cantadas y musicalizadas por él (Sorrow/Hope): letras en 
inglés, canciones profundas, tristes, guiadas por las notas de una guitarra 
eléctrica que se escucha siempre en segundo plano. Play, volumen y todo lo demás 
deja de existir (para escuchar el tema Hope en radio, se puede pedir a la 
emisora Hot94). </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tony Conte cierra los ojos. Como cuando los 
músicos buscan inspiración. Para ver si de esa forma lograba sentir más cerca, 
mucho más cerca a su hijo Yani.</p>

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