<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>El Salvador - Armando.info</title>
	<atom:link href="https://armando.info/tag/el-salvador/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://armando.info</link>
	<description>periodismo de investigación venezuela</description>
	<lastBuildDate>Fri, 28 May 2021 16:43:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.1.3</generator>

<image>
	<url>https://armando.info/wp-content/uploads/2021/05/cropped-logo-animado1-32x32.gif</url>
	<title>El Salvador - Armando.info</title>
	<link>https://armando.info</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Pandilleros salvadoreños usaron granadas extraídas del Ejército</title>
		<link>https://armando.info/pandilleros-salvadorenos-usaron-granadas-extraidas-del-ejercito/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=pandilleros-salvadorenos-usaron-granadas-extraidas-del-ejercito</link>
					<comments>https://armando.info/pandilleros-salvadorenos-usaron-granadas-extraidas-del-ejercito/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[JÉSSICA ÁVALOS]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jun 2015 08:37:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[Ejército]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
		<category><![CDATA[Robos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://armando.info/?p=286</guid>

					<description><![CDATA[Siete muertos. Más de 100 heridos. Entre 2009 y 2010 hubo 22 atentados con granadas M-67 en El Salvador. Una de ellas, destinada a un comerciante que no pagó una extorsión, no explotó, lo que permitió obtener su número de serie para comprobar que la Mara Salvatrucha la obtuvo de la fuerza armada de ese país.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El 
comerciante se subió al Daewoo rojo y puso en marcha el motor. Vivía en una 
calle estrecha de San Juan Opico, en La Libertad, y ese jueves de febrero de 
2009 se dirigía a trabajar. Las llantas empezaron a rodar. Recorrió la angosta 
calle para incorporarse a la principal, una con nutrido tráfico vehicular. 
Manejaba lento, pero un golpeteo metálico le llamó la atención. La secuencia del 
tuc-tuc continuaba a cada vuelta de rueda. Siguió despacio. Cada vez más 
despacio. Hasta que se detuvo y revisó el microbús. Se agachó y se asomó a la 
parte baja del vehículo. Y la vio. Tenía ante sus ojos una granada M-67 con un 
radio de acción efectiva letal a 15 metros y máximo a 40 metros a la redonda. En 
ese momento comprendió que las amenazas ya no eran amenazas, que los pandilleros 
estaban a una vuelta de rueda de consumar la advertencia de matarlo por no pagar 
la extorsión. La granada, amarrada con alambre a la llanta delantera, explotaría 
cuando girara el timón, cuando la espoleta fuera lanzada por la fuerza del 
alambre en tensión. Pero el comerciante nunca giró.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las granadas fragmentarias tienen dos números que permiten 
rastrear su procedencia: uno en la boquilla, o espoleta, y otro en el cántaro 
metálico. En el cuerpo metálico quedó el rastro del propietario: el número de 
serie LS84 L059-001, que estaba registrado como parte de los inventarios de la 
Fuerza Armada de El Salvador (FAES). Este cotejo solo es posible cuando las 
granadas no explotan. Si hay detonación, se requiere una técnica postexplosión y 
se necesita el número de espoleta. La granada destinada al comerciante tenía 
grabada en la espoleta la serie FUZE M213. ME184G 007-001. 
</p>


<p class="wp-block-paragraph">El Ministerio de Defensa informó a la Fiscalía General de la 
República (FGR), en el proceso judicial que se siguió por el hurto de 9,563 
granadas en la hacienda el Ángel, de Tapalhuaca, que el LS84 L059-001 era parte 
de un lote de granadas propiedad del Ejército salvadoreño, que nadie más puede 
tener granadas con esas características, y que ese lote llegó a El Salvador en 
calidad de donación durante el conflicto armado. En un oficio fechado el 15 de 
febrero de 2012, el entonces ministro de la Defensa Atilio Benítez dio cuenta 
del inventario militar y señaló: “Por tratarse de explosivos o pertrechos de 
guerra ningún particular puede adquirirlos o poseerlos, por tanto el único 
propietario y poseedor es el Estado”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los investigadores acordonaron la cuadra y usaron una tenaza 
roja para quitar el alambre. El comerciante no quiso declarar en un proceso 
judicial. No lo fulminó la granada, pero sí el miedo. Únicamente permitió que la 
policía retirara el explosivo y que levantara un acta del hallazgo. Luego se 
marchó en su microbús, con una calcomanía afianzada en la retaguardia con la 
leyenda: Paz social. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Su caso quedó consignado, con muchos otros de extorsiones, en 
un expediente de un tribunal especializado de San Salvador. El proceso se 
dividió en dos partes: una en la que se procesó a 15 miembros de la Mara 
Salvatrucha por cuatro casos de homicidios, privación de libertad y agrupaciones 
ilícitas. Y la otra, donde consta que los pandilleros usaron una granada de la 
Fuerza Armada para intentar matar al comerciante, a la que el sistema le impuso 
reserva total. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><B>***</B> </p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre febrero de 2009 –después de lo que le pasó al comerciante 
de Opico– y diciembre de 2010 hubo una sucesión de ataques con granadas M-67 en 
todo el país: por lo menos 22, de acuerdo con los registros de este periódico. 
Murieron siete personas y hubo más de 100 heridos. Entre las víctimas hubo 
niños, mujeres, hombres, empresarios de transporte, agentes del CAM, vendedores 
y una profesora. 100 heridos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cojutepeque se convirtió en una diana para esos ataques. El 28 
de diciembre de 2009, una mujer lanzó una granada industrial M-67 adentro de la 
clínica Santa Mónica, mientras 13 personas, niños y adultos, esperaban a pasar 
consulta. Víctor tuvo la sensación de que lo arrancaron del suelo y lo 
levantaron de las piernas. En el aire, sintió que un pedazo de cristal le 
penetró la cabeza. Luego cayó sentado en el piso y observó a Rosa Mayra, su 
compañera de vida, y a Silvio, su hijo de cuatro años. Empapados en sangre. 
Tirados, junto a otras 10 personas más, en el piso de la clínica pediátrica. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ocurrió en segundos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Víctor y Rosa Mayra fueron trasladados al Hospital Nacional 
Nuestra Señora de Fátima. Los colocaron en dos camillas contiguas. Las últimas 
palabras que él recuerda de su compañera de vida son las que ella articuló para 
preguntar por Silvio. La profesora de 42 años no sabía que su hijo era uno de 
los dos niños que no sobrevivieron a las esquirlas en el abdomen y en el tórax. 
Víctor le pidió que se tranquilizara. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El humo ya se había dispersado en el consultorio Santa Mónica. 
La onda expansiva se trasladó al hospital nacional, donde enfermeras salían del 
área de emergencias con sábanas teñidas de rojo. En uno de los pasillos estaba 
la jefa de la delegación policial de Cojutepeque, Verónica Uriarte, quien se 
atusaba su pelo con una mano, mientras sostenía con la otra su radio 
comunicador. “Mire, uno cree que esta profesión ya lo ha visto todo, pero esto… 
Los niños, quedaron destrozados”, comentó con ojos vacíos, para expresar que 
este caso había trastocado su umbral de indignación. 
</p>


<p class="wp-block-paragraph">Un día después, cuando los investigadores ya tenían los 
primeros testimonios de las víctimas, empezó a tomar forma la hipótesis: los 
atacantes habían visto a la perfección a quiénes le tiraban la granada. Dos de 
ellos se apostaron al lado de un vehículo estacionado frente a la clínica, y el 
tercero se encargó de vigilar desde un poste. Lo habían hecho en represalia 
porque la clínica no había entregado la extorsión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Víctor sufrió múltiples heridas, un edema cerebral severo y 
lesión vascular, según el reconocimiento médico que le practicaron. Fue 
interrogado el 9 febrero de 2010 en el octavo piso del Hospital General del 
Seguro Social, donde permaneció ingresado después de un mes del ataque. Ese día 
le contó al investigador de la Policía que pasó varios días sin poder levantarse 
de la cama y que el 3 de enero le avisaron que Rosa Mayra no había resistido, 
que al igual que su hijo Silvio había fallecido a causa de las heridas. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Víctor era agente de la División Antinarcóticos de la Policía. 
En el octavo piso le contó al investigador que también era amigo del propietario 
de la clínica. Que su amigo el doctor le contó que desde 2007 estaba siendo 
extorsionado. Que el doctor le pidió consejo y él le dio algunas 
recomendaciones. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos pisos abajo, en el nivel cinco del Hospital General, estuvo 
hospitalizada Sandra, la madre de Verónica, la niña de seis años, que falleció 
en el ataque. Desde ahí rindió su declaración de lo sucedido el 28 de diciembre 
de 2009. Contó que llegó a la clínica a las 11 y que esperó dos horas porque 
había pacientes antes que ella. Le dijo al investigador que el día del ataque 
tenía a su hija sentada en sus piernas, que solo escuchó como que tiraban una 
lata y que la recepcionista gritó: ¡Levántense! Después del estruendo, ella y su 
hija estaban bañadas en sangre. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Once, otra de las víctimas, recibió una llamada a las 9 de la 
mañana del 28 de diciembre de 2009. Era su esposa para avisarle que ya había 
hecho cita en la clínica Santa Mónica. Que había siete pacientes inscritos. 
Llegó a su casa a las 11, pero el niño estaba dormido. Entonces esperó 15 
minutos para tomarlo en sus brazos y salir rumbo a la clínica. Estacionó su 
vehículo como a 50 metros de la clínica, porque al frente no había parqueo. La 
recepcionista les dijo que tenían que esperar a que atendieran a cuatro 
pacientes, según su relato. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Once y su esposa decidieron ir al banco a pagar unos recibos, 
pero como en el banco encontraron una fila más grande, su esposa se regresó con 
el niño. Once se incorporó después. Llegó a la clínica y se percató de que su 
hijo tenía sucio el pañal. Lo colocaron sobre una mesa plástica y lo cambiaron. 
Después tomaron un juguete de la juguetera de la clínica para entretenerlo. Once 
estaba de espaldas y escuchó a un hombre gritar: “¡Una bomba!” La granada acabó 
con la clínica. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Alma, el seudónimo que el sistema le asignó a uno de los 
testigos clave del caso, relató que era un día claro, con sol y sin lluvia. Se 
dirigía a realizar comprados. Iba por el Biggest, ubicado a unos metros de donde 
estaba la clínica, cuando observó movimientos extraños desde varios vehículos. 
Observó a un joven al que Alma identifica como “Hecho Mierda” en uno de los 
postes cercanos a la clínica. También vio a alias “Cucharita” y a una joven, a 
quien conocía como “China”, recostados en un vehículo estacionado frente a la 
clínica. Alma los reconoció como pandilleros de la Mara Salvatrucha. Dijo que 
los tres se dedicaban a “andar fregando” o a andar “aplanando las calles” de 
Cojutepeque. Alma también relató que “Hecho Mierda” hacía señas a la pareja 
apostada frente a la clínica y que fue “China”, quien llevaba la granada dentro 
del morral cruzado en el pecho. Esa joven, según la testigo, abrió la puerta 
corrediza de la clínica, lanzó la M-67 y corrió. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El testimonio de Víctor, el de Sandra, el de Once, el de Alma y 
otros que fueron recabados antes del día del juicio constan en las diligencias 
de investigación que se siguieron en el proceso penal contra Carlos Alberto 
Alvarado Ávalos, alias “Cucharita”; Éder Wilfredo Beltrán, “Hecho Mierda”; y 
Sonia Maryli Ramírez, alias “China”. Los tres fueron llevados a juicio ante el 
Juzgado Especializado de Sentencia A de San Salvador. En el expediente se agregó 
la experticia realizada a la argolla y a la palanca metálica que fueron 
recolectadas después de la explosión. La palanca tenía el número de lote FUZE 
M213, MIE1840, 007-001. Una de las conclusiones de los peritos fue que se trató 
de una granada de fabricación industrial, de uso privativo de la Fuerza Armada, 
y que “por lo duro de la superficie del suelo, la mayor dirección de las 
esquirlas salen hacia arriba en todas direcciones”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El 30 de agosto de 2010, el entonces director de logística del 
Ministerio de la Defensa, el coronel Salvador González Quezada, después 
procesado en otro caso por comercio ilegal de armas de guerra, envió un oficio a 
la Fiscalía para decir que la espoleta FUZE M213, MIE1840, 007-001 no estaba 
inventariada por la Fuerza Armada. El número de serie, sin embargo, es casi 
idéntico al de la espoleta de la granada encontrada meses antes en el microbús 
de San Juan Opico, que sí pertenecía al Ejército: la FUZE M213, ME184G, 007-001. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">El juicio contra los pandilleros “Hecho Mierda”, “China” y 
“Cucharita” se realizó el 16 de agosto de 2011. Lo presidió el juez 
especializado Godofredo Salazar Torres. Ni los testimonios de las víctimas ni el 
de Alma convencieron al juez Salazar. Tampoco le pareció que el testigo clave 
solo mencionara el alias de los acusados, y no se refiriera a ellos con sus 
nombres y apellidos. Los absolvió a los tres. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Y culpó a la Fiscalía por el fallo absolutorio que otorgó. Le 
recriminó una investigación deficiente: “El hecho que ocurrió puede considerarse 
funesto, y que escapa a la comprensión humana la capacidad de realizar tales 
acciones, sobre todo porque las principales víctimas fueron niños; por lo que se 
hubiese esperado una indagación más exhaustiva del mismo; sin embargo, el 
proceso investigativo se limitó a lo dicho por los testigos, no incorporándose 
prueba científica suficiente…”, se lee en la resolución. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso llegó a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de 
Justicia. Esta notificó en diciembre pasado que se debe celebrar un nuevo 
juicio, que Salazar Torres no hizo una valoración adecuada de las pruebas y que 
los testigos no están obligados a conocer el nombre de los acusados. El tribunal 
superior también constató que hubo “la falta de valoración integral de los datos 
probatorios obtenidos por el juzgador, los cuales son de tal importancia que de 
haberlos incluido y ponderado de manera completa, el resultado de su decisión 
habría sido diferente”. El caso ha regresado, después de cinco años de la 
explosión, al Tribunal Especializado de Sentencia A de San Salvador, donde 
deberá celebrarse un nuevo juicio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Este es un mensaje de parte de LA MARA les exsijimos que los 
colabores con $3000 dólares tenemos todas las direcxiones de sus familiares y de 
qui de su tienda y si no quiere que le pase nada a su familia ni a usted tiene 
que colaborarlos con lo que le pedimos porque used sabe que con la mara no se 
fuega porque sino les bamos ha ir a tirar una granada a sus casas”. Así. Sin 
puntos y sin comas. Ayala tenía ese mensaje ante sus ojos a las 6 de la mañana 
del 3 de septiembre de 2009. Encontró la hoja debajo de la puerta de su casa. 
Nuevamente en Cojutepeque. Cojutepeque. Extorsión. Granada. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pandilleros advirtieron que no se asomara a la Policía, 
porque si lo hacía ellos siempre se enterarían. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Y esto no es una broma en berdad es bastante serio y tiene 
tres días para entregarlo y por fabor comunicar se a este número comunicar se 
lomas pronto posible”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La denuncia llegó a la policía de Cojutepeque el mismo 3 de 
septiembre de 2009, cuatro horas después del hallazgo del anónimo. Ayala, quien 
en la delegación recibió ese apellido para proteger su identidad, dijo a los 
agentes que sospechaba que los emisarios de aquella “güila” eran dos vecinos que 
tenían un hermano preso. Le pidió al agente que lo entrevistó que un 
investigador siguiera con la negociación, y entregó su teléfono celular para que 
la policía se encargara del resto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un investigador se comunicó con los pandilleros ese mismo día a 
las 3 de la tarde. Los pandilleros lo insultaron y le ofrecieron muerte, según 
consignó el agente en un reporte. Le advirtieron, creyendo que se trataba de 
Ayala, que sabían que su negocio le daba para pagar los $3,000 y que también 
sabían que tenía familiares en Estados Unidos. Le dieron un ultimátum: cinco 
días para entregarlos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El día siguiente, el 4 de septiembre, el investigador le 
comunicó a Ayala que había logrado negociar. Que uno de los pandilleros había 
rebajado la exigencia a la mitad. Y le explicó que solo debía llevar a la 
delegación $20 y papel periódico recortado del mismo tamaño de los billetes para 
rellenar el paquete y simular los $1,500. Ayala siguió al pie de la letra las 
instrucciones. El 5 de septiembre entregó los $20 y el papel periódico 
recortado. En la delegación le sacaron fotocopias a los dos billetes de $10 que 
el hombre había llevado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La entrega se pactó en el parque Francisco Menéndez de 
Cojutepeque, conocido como parque viejo, el 8 de septiembre. Había niños y 
cachiporras del Centro Escolar Anita Alvarado que ensayaban previo al 15 de 
septiembre. Unas 15 personas, según los cálculos de la víctima. Ayala se sentó 
en un arriate cercano a la zona de patinaje. Tenía la bolsa con el papel en la 
mano. Y ahí esperó por 25 minutos. Hasta que se le aproximó un hombre que, según 
recuerda, le preguntó: “¿Tú eres quien me va a entregar el dinero?” y Ayala 
respondió que sí, agarró la bolsa y le dijo que le llamaría después. Había 
caminado unos 10 metros cuando los policías, que habían rodeado el parque antes 
de la llegada de Ayala, le ordenaron que se detuviera. Al grito de “¡Alto. 
Policía!”, el joven sacó una granada de su pantalón y gritó: “¡Los voy a hacer 
mierda a todos!”. </p>


<p class="wp-block-paragraph">ññLa 
gente corrió y el parque viejo de Cojutepeque quedó desierto. La granada no 
explotó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los 
policías lo persiguieron y neutralizaron. Lo identificaron como miembro activo 
de la Mara Salvatrucha. Le decomisaron documentación a nombre de José Manuel 
Hernández. En su bolsón de nailon llevaba una hoja donde constaba que estaba 
bajo prueba y libertad asistida. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
granada no estalló. Los policías llamaron a los técnicos de la División de Armas 
y Explosivos (DAE), quienes determinaron que la granada industrial, y de uso 
privativo del Ejército, se encontraba en “perfecto estado de funcionamiento” y 
que era capaz de ocasionar lesiones, la muerte de una o varias personas y daños 
materiales en un radio de acción letal a 15 metros y máximo a 40 metros a la 
redonda. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ayala 
regresó a la delegación a ampliar su declaración en el caso por extorsión. Dijo 
que el pandillero “era un desalmado, un hombre sin corazón, y que al tirar la 
granada iban a pagar justos por pecadores, sobre todo por los niños que estaban 
ahí, que esperan que le impongan la pena más alta, porque él y su familia están 
traumados”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
DAE consignó en su informe que el número de serie de la granada estaba borroso. 
En ninguna de las 200 páginas del expediente consta que la Fiscalía haya 
solicitado que se ampliara el peritaje a la granada. Tampoco que pidiera 
explicaciones a Defensa para esclarecer la procedencia del pertrecho. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
única experticia que se amplió fue la grafotécnica. Hernández, el acusado, hizo 
planas dentro de las bartolinas. Llenó cuatro páginas tamaño oficio con las 
palabras “pandiya, berdad, berdad, por fabor, por fabor”. Esa prueba determinó 
que fue Hernández quien redactó el manuscrito del 3 de septiembre. El Juzgado de 
Sentencia de Cojutepeque lo condenó a 30 años de prisión el 30 de junio de 2010. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cojutepeque, 
la cabecera de Cuscatlán, fue el epicentro de los ataques con granada en 2009. 
Un mes después de lo del parque viejo, el viernes 23 de octubre, murieron dos 
personas en un restaurante de comida rápida. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><B>***</B> 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">No 
solo ataques. Las investigaciones también refieren a hallazgos de armamento 
propiedad de la Fuerza Armada, como el del 23 de julio de 2011, cuando dos 
fusiles M-16, dos lanzacohetes Law y 19 granadas lumínicas en un predio baldío 
de la colonia Lomas San Francisco, Antiguo Cuscatlán. Esos dos cohetes, al igual 
que las granadas, salieron de los depósitos del Ejército. Tienen el mismo número 
de lote que los encontrados en una bodega de San Pedro Sula, en Honduras, los 
que fueron a parar a manos del mexicano Cartel del Milenio. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Este 
tipo de armamento pesado solo puede salir de los almacenes del Ejército y es 
preocupante que las pandillas tengan acceso a los almacenes”, dijo Herard Von 
Santos, un exmilitar que elaboró el estudio titulado “El entrenamiento de las 
pandillas salvadoreñas: Análisis de su letalidad, poder de fuego e implicancias 
de seguridad pública”, un documento que en 2014 evidenció el fácil acceso que 
las pandillas tenían a las armas de uso exclusivo de la Fuerza Armada. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros 
hallazgos consignados en investigaciones policiales dan cuentas de al menos una 
docena de granadas encontradas en diferentes partes del país con número de serie 
coincidente con las inventariados por la Fuerza Armada. Como las dos granadas 
M-67 localizadas en marzo de 2010 en una finca de La Libertad. O la descubierta 
después en otra finca de San Juan Los Planes, municipio de Santa Tecla. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los 
informes regionales sobre el tráfico de armas perfilan a los Ejércitos como la 
alacena para el suministro de armas del crimen organizado. Un estudio del Centro 
de Estudios Sociales y de Opinión Pública de México lo resume con las siguientes 
líneas: “Así, los arsenales militares en Honduras, El Salvador y Guatemala, 
parecen ser las mayores fuentes de armas de fuego ilegales en la región”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe 
un Juzgado de Primera Instancia Militar. Es el único en su especie en el país. 
En cinco años ha procesado a 26 militares, entre estos Gilberto Espinoza 
Hércules, a quien sobreseyó definitivamente y quien luego fue condenado en un 
tribunal de lo penal. En 22 casos dictó sentencia favorable para los militares. 
Solamente en tres casos dictó una condena, sentencias condenatorias con 
beneficios o reemplazo de la pena. Hay un caso que todavía está en trámite. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fallos 
absolutarios abundan en todas las instancias. En diciembre de 2009, el CAM de 
San Miguel fue víctima de un atentado con una granada M-67, que sí explotó y 
lesionó a un agente. Un exmiembro de la Tercera Brigada de Infantería de San 
Miguel fue identificado por testigos como responsable del ataque. Y fue 
procesado. Pero, al igual que los procesados en el ataque a la clínica Santa 
Mónica, fue exonerado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los 
ataques con granadas se reactivaron a finales de marzo de 2015. Entre el 27 
marzo y el 22 de abril, siete granadas industriales fueron arrojadas a diversos 
puestos de la Policía Nacional Civil. Los investigadores han apuntado a las 
pandillas como responsables de los ataques hechos con armamento exclusivo de la 
Fuerza Armada. Consultado al respecto en una conferencia de prensa de esta 
semana, el ministro de la Defensa, David Victoriano Munguía Payés, reconoció que 
parte de las granadas hurtadas a la institución que él dirige fue a parar a 
narcotraficantes mexicanos. Entonces no dijo nada de las granadas de las 
pandillas, de la Mara Salvatrucha, pese a que las evidencias así lo demuestran. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Y 
las granadas, igualmente, esas granadas que en un momento se sustrajeron en un 
polígono donde debieron ser destruidas, la información que tenemos nosotros es 
que salieron para los grupos de narcotráfico en México. No obstante, aquí en el 
país, ya lo ha dicho el director de la Policía, hay tráfico de armas”, dijo el 
general el 9 de abril. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego 
agregó: “Es un error estar pensando o pensar que solo porque se habla de armas 
de uso privativas de la Fuerza Armada pertenecen a los inventarios de la Fuerza 
Armada, eso es totalmente falso”. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><I>(*) 
Esta nota fue publicada el 24 de abril de 2015 en un proyecto conjunto entre 
</I><a title="Opens external link in new window" href="http://connectas.org/pandillerosusanarmas/" target="_blank" rel="noopener"><I>Connectas</I></A><I> 
y </I><a title="Opens external link in new window" href="http://www.laprensagrafica.com/2015/04/24/pandilleros-ms-usaron-granadas-extraidas-de-la-faes-para-ataques" target="_blank" rel="noopener"><I>La 
Prensa Gráfica</I></A><I>.</I></p>

<div style="display:flex; gap:10px;justify-content:center" class="wps-pgfw-pdf-generate-icon__wrapper-frontend">
		<a  href="https://armando.info/tag/el-salvador/feed?action=genpdf&amp;id=286" class="pgfw-single-pdf-download-button" ><img src="https://armando.info/wp-content/plugins/pdf-generator-for-wp/admin/src/images/PDF_Tray.svg" title="Generar PDF" style="width:auto; height:45px;"></a>
		</div>]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://armando.info/pandilleros-salvadorenos-usaron-granadas-extraidas-del-ejercito/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Óscar Arnulfo Romero prêt-à-porter</title>
		<link>https://armando.info/oscar-arnulfo-romero-pret-a-porter/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=oscar-arnulfo-romero-pret-a-porter</link>
					<comments>https://armando.info/oscar-arnulfo-romero-pret-a-porter/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[ALICIA HERNÁNDEZ]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2015 22:36:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://armando.info/?p=264</guid>

					<description><![CDATA[Después de 35 años de su asesinato mientras daba misa, el sacerdote salvadoreño fue proclamado beato por el Vaticano. El gesto, sin embargo, no sana las heridas de 12 años de guerra civil en ese país ni es el final de un proceso de reconciliación.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><I>San 
Salvador.-</I> “Es primera vez que 
vengo a su casa, no la conocía”. Malibú Martínez es de San Salvador y mira 
curiosa cada espacio que habitó monseñor Oscar Arnulfo Romero en el Hospital 
Divina Providencia. Allí está la capilla donde dio su última misa. Donde el 
Cristo de palo pegado en la pared, como dice el verso de la inmemorial canción 
de Rubén Blades, fue testigo del tiro que le quebró el pecho a los 62 años. 
También están las dependencias donde hacía vida y donde aún se conservan 
intactas sus cosas: libros, jabones, hojillas de afeitar, 
sotanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la ropa impregnada de 
sangre por el disparo ejecutado por el suboficial Marino Samayor Acosta 
siguiendo órdenes del mayor Roberto D’Aubuisson, según las investigaciones de la 
Comisión de la Verdad para El Salvador de las Naciones Unidas. “Nunca había 
pensado en venir, pero con esto de la beatificación me animé”. Sus ojos pasean 
por cada esquina de la habitación de Romero, se lleva la mano al pecho cuando ve 
su ropa y la cama, pequeña, donde dormía. “Qué hombre más humilde. Apenas tenía 
nada”. En 1980 sus tías fueron al entierro del religioso. “Casi no lo cuentan. 
Allí también empezaron a matar gente”. </p>


<p class="wp-block-paragraph">Israel Benjamín tiene 
16 años. Lleva lentes que se oscurecen un poco con el sol. Su cara es la de un 
adolescente cualquiera: pelo incipiente, granos, algunas marcas de haberse 
tocado esos granos. Sabe que a monseñor Romero lo mataron al inicio de la guerra 
civil, pero los muertos de ese conflicto que asoló El Salvador por 12 años le 
son muy lejanos. “Mis papás me cuentan que eso fue una catástrofe, un gran 
sufrimiento para todos. En el país no se ve tanto que hay rencillas. No creo que 
haya secuelas de eso”, dice con esa voz a medio camino entre la de un niño y un 
hombre. Parece tener razón. En esos días el país luce como uno solo, enfocado en 
la beatificación de Monseñor Romero y en ensalzar su figura. San Salvador, la 
capital, es una fiesta. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En la vigilia previa a 
la beatificación, los fieles se congregan cerca de la Plaza de El Salvador de El 
Mundo. En el escenario, un grupo de bailarinas con un escote muy generoso se 
mueve al ritmo de ‘Vivir mi vida’ de Marc Anthony. Son las dos de la mañana y la 
lluvia, que empezó a las siete de la noche, sigue, pero no disuelve a la 
audiencia de este peculiar concierto. Algunos se resguardan en los techos de los 
comercios cercanos, pero son centenares los que bailan bajo un mar de sombrillas 
de colores. Una monja aplaude y se agita dentro de su hábito blanco. Un señor 
con tantos surcos en la cara como años observa de pie, bajo la protección de un 
paraguas que sostiene una mujer. Ella tiene zapatos planos, falda por debajo de 
la rodilla, un suéter cerrado y una Tau, la cruz de San Francisco, colgada en el 
cuello. En la tarima, las muchachas giran bajo la atenta mirada de un fraile de 
hábito marrón con un cordón de tres nudos. Y en un poste, un afiche de dos 
metros de alto por uno y medio de ancho con la cara de monseñor Romero. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la fiesta de los 
humildes, de los que honran la memoria de monseñor con sus zapatos empapado por 
la lluvia. “He venido desde Guatemala porque Romero es una figura muy 
importante. Luchó por todos, derramó su sangre por nosotros”, dice Rita, una 
monja de 20 años que nació en El Salvador pero estudia en el país vecino. A su 
lado está Abraham, guatemalteco, extasiado por la figura del religioso. “Nunca 
abandonó a su gente. Lo mataron porque defendió a los pobres”. 
</p>


				<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-embed-handler wp-block-embed-embed-handler wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
				<iframe title="Beatificación de Monseñor Óscar Arnulfo Romero en San Salvador" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/K64JcXH4LbQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
				</div></figure>
				
				 

<p class="wp-block-paragraph">Los días previos al 23 
de mayo, la fecha prevista para la beatificación, comenzaron a llegar muchos 
extranjeros a San Salvador. Los recibían taxistas uniformados, impolutos y 
sonrientes, del Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero y 
Galdámez. La terminal se llamaba Comalapa, pero a petición del anterior 
presidente, Mauricio Funes (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, 
izquierda), se cambió el nombre con motivo del 35 aniversario del asesinato del 
religioso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Hay una Ley de 
Amnistía desde 1993 que tapó todo”, explica Roberto Valencia, periodista de 
<I>El Faro</I>. Se taparon los crímenes cometidos por el Estado y las 
atrocidades de la guerrilla. La ley sigue ahí y teníamos esperanza de que con la 
llegada de la izquierda (FMLN) se hiciera al menos un intento honesto de derogar 
esa ley y lo que representa, ese tapar todo y que no haya responsables de todo 
lo que ocurrió en la guerra civil. El FMLN rebautizó la autopista y el 
aeropuerto con el nombre del sacerdote, pero su asesinato sigue en la 
impunidad”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de llegar el 
Frente, en el Gobierno estaba la Alianza Republicana Nacionalista (Arena, 
derecha), el partido fundado por Roberto D’Aubuisson. Fue él quien mandó matar a 
Monseñor Romero. “En los 20 años del gobierno de Arena su figura fue opacada, 
retirada de la narrativa oficial, trataron de minimizarla, desaparecerla. El 
pueblo salvadoreño, la gente más pobre fue quien mantuvo vivo su nombre”, agrega 
Carlos Dada, periodista salvadoreño. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ángel, de 32 años, 
atiende mesas en un restaurante. Delgado, ágil y siempre sonriente, cuenta que 
nunca supo de Monseñor Romero en el colegio o en el liceo, que nunca le 
explicaron quién era y que es ahora cuando sabe más de él. “Pero sabés, cuando 
uno es niño no está consciente de esas cosas ni de la política”. Sofía, de 19 
años, piel tostada, se intuye aún más flaca bajo la camiseta blanca que lleva 
arremangada y con la cara de Monseñor Romero. Cree que si no le hablaron antes 
de Óscar Arnulfo Romero fue porque en la escuela no se habla de los asuntos de 
la Iglesia. Ella supo del religioso por su tío, que hace unos años le llevó unos 
afiches y le leyó algunas de sus homilías. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Ha sido una figura muy 
controversial. Lo mató el fundador de un partido de derecha y la izquierda 
radical ha tratado de hacer con él una bandera. Para beatificarlo algunos 
pensaron necesario despojarlo u ocultar su lado político, su indignación. Ahora 
escuchamos por todos sitios mensajes de monseñor es amor, es reconciliación… 
Pero la reconciliación no es posible sin paz ni justicia social. Y la violencia 
seguirá mientras no se ataquen sus causas estructurales”. 
</p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="550" height="419" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/30052015-1.jpg" alt="" class="wp-image-50740"/><figcaption>La Plaza Salvador de El Mundo fue el escenario para la beatificación. De un lado el altar y los invitados formales, más allá un tumulto que se disputaba la mejor vista. Foto: Alicia Hernández.</figcaption></figure>


<p class="wp-block-paragraph">El Salvador es uno de 
los países más violentos del mundo. Las cifras oficiales de 2014 dan una tasa de 
homicidios de 61 por cada 100.000 habitantes. Desde 2012 hubo un periodo en el 
que el número de muertos bajó. Es el tiempo conocido como la Tregua, un pacto 
entre la Mara Salvatrucha, el Barrio 18 y el primer gobierno del FMLN, el de 
Mauricio Funes. Cuenta Roberto Valencia en su artículo <a title="Opens external link in new window" href="http://www.salanegra.elfaro.net/es/201503/cronicas/16490/La-Tregua-redefini%C3%B3-el-mapa-de-asesinatos-de-El-Salvador.htm" target="_blank" rel="noopener"><I>La Tregua redefinió el 
mapa de los asesinatos en El Salvador</I></A> que poco antes de 
cumplir tres años, en enero 2015, la tregua murió cuando el actual presidente 
Salvador Sánchez Cerén (FMLN) dijo: “No podemos volver al esquema de entendernos 
y de negociar con las pandillas porque eso está al margen de la ley”. Las 
proyecciones de homicidios para 2015 no son nada halagüeñas. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dominga y Puri 
Martínez, madre e hija, vienen de San Martín, un municipio del departamento de 
San Salvador. Ven en la beatificación la ayuda que El Salvador necesita para que 
haya paz. “Hay mucha violencia con los jóvenes. Monseñor nos ayudará a 
solucionar esto”. </p>


<h2 class="wp-block-heading">Beatificación feliz</h2>


<p class="wp-block-paragraph">No cabe un alma más en 
los alrededores de la Plaza Salvador de El Mundo. Hay un espacio enorme, en el 
centro, reservado y separado con una valla de casi dos metros de alto. De un 
lado está el altar donde se hará la misa de beatificación, las sillas del cuerpo 
eclesiástico, las autoridades del país, los emisarios extranjeros, las 
personalidades. Del otro, miles de personas que se agolpan y buscan su hueco 
para poder ver mejor la celebración. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En los huecos que 
quedan al borde de las calles, muchos se rebuscan y venden café con canela, 
cigarros, pupusas (tortilla de maíz o arroz, rellena de chicharrones, queso u 
otros alimentos), churros, manzanas, tostadas de plátano. Monseñor Romero es 
como un icono pop estampado en camisetas, llaveros, gorras y afiches.&nbsp; 
También hay muñecos con su cara, títeres que, al halar de un palito en su 
centro, suben las manos en modo de plegaria. Y algún que otro libro con su 
pensamiento. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos se han montado en 
la ola de monseñor. Hasta periódicos que en su día clamaron por la muerte de 
Romero llenan sus páginas alabando al religioso. “Quien celebró su asesinato no 
le queda de otra que admitir ahora su altura. Se hizo un gran avance. Antes era 
políticamente incorrecto aceptar a monseñor. Ahora, negarlo es lo incorrecto. Es 
un paso positivo”, afirma Dada. En un costado de la zona de celebración, una 
tímida pancarta reza: “La oligarquía lo mandó matar y ahora lo vienen a adorar”. 
</p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="550" height="367" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/30052015-2.jpg" alt="" class="wp-image-50741"/><figcaption>Una masiva asistencia para un acto que en El Salvador mezcla historia con devoción. Foto: Cancillería del Ecuador.</figcaption></figure>


<p class="wp-block-paragraph">Para convertir a Oscar 
Arnulfo Romero en parte del relato oficial salvadoreño se ha minimizado su lucha 
por la justicia social y algunas de sus posturas que en su momento incomodaron 
al poder. Cuenta Dada que algunos obispos que estuvieron al lado de Romero han 
empezado a decir que no importa quién lo mató, que no importa la impunidad. 
También, dice, se está olvidando su mensaje de justicia social. “Desde fuera 
puede verse como un logro que se hable de monseñor, se ve que el país está 
unido. Es un avance claro viendo de dónde venimos, pero no está siendo lo que 
debería ser porque se hace renunciando a la esencia de Romero”, explica Roberto 
Valencia. En la superficie está la alegría por el nuevo beato, la elevación a 
los altares del Santo de América. Pero solo basta escarbar un poco entre los 
asistentes a la ceremonia religiosa para encontrar unas heridas profundas y de 
años. Unas heridas que Arena y FMLN han tratado de tapar, dice Valencia, con un 
acuerdo tácito para no remover el pasado, porque a ambos les salpicaría. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diana Jacqueline López, 
de 47 años, lleva colgado de su pecho una estampilla de Romero. “Él me dio la 
confirmación a los 13 años y su hermana fue mi madrina”, dice orgullosa mientras 
agarra la imagen y la besa. No le gusta que se vendan tantas cosas con su 
imagen, pero lo justifica. “El país está viviendo una pobreza extrema y la gente 
aprovecha para poder ganas unos centavos y darle de comer a sus hijos”. Miro sus 
zapatos y tienen tantos huecos como su dentadura. “Lo que estamos viviendo 
ahorita son las consecuencias de la guerra que se vivió entonces. Quien se fue 
mandó dinero para ayudar a los que se quedaron, pero no hubo quien les dirigiera 
el camino”. Esa guía que para ella es el inminente beato, “un mártir a quien 
querían taparle la voz matándolo”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo un puente, a más 
de 500 metros del altar donde están a punto de proclamar beato a Romero, a los 
pies de una treintena de estudiantes de la Universidad Nacional de El Salvador, 
una pancarta dice: “El pueblo que él amó sigue sufriendo de muerte. Por tanto, 
el que celebra a monseñor se compromete a cosas serias”. Uno de los profesores 
que los acompaña es Joel Franco, que imparte Sociología General. Cree que la 
beatificación es una deuda que la Iglesia tiene con El Salvador, “es un 
reconocimiento a la lucha social, la que de verdad hace girar las ruedas de la 
historia”. Pero no la ve suficiente para cerrar heridas, es un punto de partida. 
“Es un símbolo a tener en cuenta, porque San Romero es el santo de los 
revolucionarios, de los pobres. Pero esto puede cosificarlo. Hay que trabajar 
por su legado, su denuncia y su propuesta de trabajar por un mundo con más 
justicia social”. </p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img loading="lazy" decoding="async" width="550" height="407" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/30052015-3.jpg" alt="" class="wp-image-50742"/><figcaption>El tras cámaras de un acontecimiento religioso en el que también hubo espacio para vender café con canela, cigarros y las ya célebres pupusas de El Salvador. Foto: Alicia Hernández.</figcaption></figure>


<p class="wp-block-paragraph">Franco cree que los 
conflictos que originaron la guerra siguen vigentes. “La violencia ahora es 
horizontal, no vertical, pero la situación de conflicto es la misma que Monseñor 
denunció en los años ochenta”. Las deudas son profundas, como las heridas, y se 
manifiestan, dice, en la corrupción, la impunidad y la explotación económica. 
“No hay una voluntad fuerte para solucionar estas demandas”. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su mezcla de acentos 
hace difícil reconocer su origen. Mikel Cortés es de España, pero estuvo en los 
años 80 en El Salvador y ahora vive en Guatemala, donde trabaja con Fe y 
Alegría. Es jesuita. Dice con emoción, casi con lágrimas en los ojos, que la 
beatificación es un acto de justicia, “un reconocimiento a Romero y a los 
mártires de esta tierra”. Vio de cerca las consecuencias de la guerra civil y 
cree que esas heridas solo se pueden sanar con la misericordia de Dios. “Hay una 
sociedad muy elitista que vive en un catolicismo abstracto. Ojalá la 
beatificación ayuda, que haya un sentido mayor de reconciliación y de unidad. 
Ojalá esto lleve a una paz duradera”. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra civil se 
llevó por delante la vida de más de 75 mil personas en un país con alrededor de 
4,5 millones de habitantes para la época. Hay mutilados, huérfanos, 
desaparecidos. “Hay madres que siguen buscando a sus hijos, asesinos que siguen 
viviendo muy cómodos”, dice Carlos Dada. Es la historia de un conflicto muy 
cruento que nadie en el poder, ni izquierda ni derecha, quiere que se cuente. 
“Se nos quiere imponer ese olvido pretendiendo hacer que todo es bonito. Pero no 
es así”. </p>


<h2 class="wp-block-heading">Verdad y perdón</h2>


<p class="wp-block-paragraph">Ya se puede decir: 
beato Romero. Jaime Aquino Loyola aplaude y llora cuando termina de leerse la 
carta que el papa Francisco ha enviado a los salvadoreños. Lleva con él las 
fotos de su hermano menor, Edgar José Aquino Loyola, y de su primo hermano, 
Mauricio Aquino Chacón. “Ellos habrían querido estar aquí”. No pueden porque 
Edgar José falleció en la ofensiva guerrillera en el 81. Era parte de las 
Fuerzas Populares de Liberación. A Mauricio “lo desaparecieron” luego de sacarlo 
de su casa en marzo de 1981. La esposa y la hija de Mauricio crearon una 
fundación en Estados Unidos, llamada “Los huesos de nuestros padres”, para 
encontrar sus restos y los de muchos otros que aún no se sabe dónde están. 
</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Ojalá que la 
beatificación sane heridas. Ese puede ser el regalo que monseñor Romero dé a 
esta tierra”, asevera Aquino Loyola. Clama justicia y que den a Romero lo que no 
le dieron en vida. “Ojalá sea sincero y legítimo el arrepentimiento de muchos 
que hoy celebran. Ha sido bien fuerte ver todo lo malo que se decía de él y no 
es justo”. Lo dice como alguien que trabajó en el Socorro Jurídico del 
Arzobispado cuando Romero estaba ahí. Hacía las estadísticas semanales de 
represión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice que esta semana ha 
sido de lecciones fuertes, de sentimientos encontrados. “Hoy le pedí a Monseñor 
que me dé fuerzas para perdonar”. Agarra la foto de su primo Mauricio. “Que nos 
explique, que nos cuenten, que me digan dónde está enterrado mi primo, mis 
compañeros de mi organización”. Ha tratado de buscar, tiene puesta una denuncia 
en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Incluso sabe el nombre 
del capitán que fue a buscarlo. Vive en San Salvador. “Para que haya perdón y 
olvido debe haber verdad. Tenemos que perdonar sobre la 
verdad”.</p>


<figure class="wp-block-image size-medium"><img loading="lazy" decoding="async" width="407" height="550" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2020/12/30052015-4.jpg" alt="" class="wp-image-50743"/><figcaption>Los souvenirs de la ocasión mostraron a Monseñor Romero como un icono pop estampado en camisetas, llaveros, gorras y hasta marionetas. Foto: Alicia Hernández.</figcaption></figure>

<div style="display:flex; gap:10px;justify-content:center" class="wps-pgfw-pdf-generate-icon__wrapper-frontend">
		<a  href="https://armando.info/tag/el-salvador/feed?action=genpdf&amp;id=264" class="pgfw-single-pdf-download-button" ><img src="https://armando.info/wp-content/plugins/pdf-generator-for-wp/admin/src/images/PDF_Tray.svg" title="Generar PDF" style="width:auto; height:45px;"></a>
		</div>]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://armando.info/oscar-arnulfo-romero-pret-a-porter/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
