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	<title>Autodefensas - Armando.info</title>
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	<description>periodismo de investigación venezuela</description>
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	<title>Autodefensas - Armando.info</title>
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		<title>Las autodefensas indigenas se levantan al sur de Venezuela</title>
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		<dc:creator><![CDATA[M.ª ANTONIETA SEGOVIA]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Oct 2015 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Investigacion]]></category>
		<category><![CDATA[Autodefensas]]></category>
		<category><![CDATA[Guayana]]></category>
		<category><![CDATA[Indígenas]]></category>
		<category><![CDATA[Minería]]></category>
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					<description><![CDATA[La resistencia aborigen que se celebra el 12 de octubre tiene desde hace cuatro años una nueva expresión en Musukpa, a orillas del río Paragua, estado Bolívar. Nativos de diversas etnias, con los pemones a la cabeza, se organizaron para desarmar a las fuerzas militares y hacer frente a bandas criminales que pretenden controlar los yacimientos de oro de la zona, que hoy es prácticamente territorio liberado. Pero no una utopía.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Era 
la tarde de un jueves con mucho calor y en realidad nadie pensaba en 
solemnidades como una declaración de independencia. A lo que iban unos 600 
indígenas procedentes de trece comunidades a orillas del río Paragua era a 
someter a un grupo de militares, armado, pero muy inferior en número: sumaban 22 
integrantes. Hacía un mes desde que los uniformados habían desalojado del sitio, 
la mina de oro Toronó, a casi 3.000 mineros que explotaban la veta de manera 
ilegal. Pero tras su pírrico triunfo la tropa había dejado las labores de 
vigilancia y patrullaje para dedicarse, con pantalones arremangados y botas 
mineras, a utilizar en su propio provecho las bombas hidráulicas que los 
intrusos dejaron abandonadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Transformados 
por la codicia en mineros, resultó fácil reducir a los efectivos del Ejército, 
componentes del Batallón 507 de Fuerzas Especiales. Los nativos, de antemano 
superiores en número y determinación, los sorprendieron hundidos en el barro 
hasta las rodillas y con las motobombas encendidas. Los desarmaron y amarraron. 
Solo el oficial al mando del grupo, un tal teniente Gutiérrez, y un soldado, 
consiguieron escapar del ataque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al 
despuntar el siguiente día, un helicóptero trajo al coronel Cortez para negociar 
en el sitio. El propio presidente Hugo Chávez lo enviaba a atender la situación. 
Al menos, eso fue lo que dijo. En cualquier caso, su autoridad no solo se 
desprendía de la comisión alegada. De un metro con 80 centímetros de estatura, 
corpulento, canoso, de voz grave, tapizado de insignias y condecoraciones, 
pronunciaba palabras con rigor marcial. Cortez pretendía la liberación de los 
militares, casi la exigía. La escenificación estaba concebida para 
intimidar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cruzada ya 
la raya, sin embargo, los indígenas no pensaban dejar que las cosas se les 
fueran de las manos. Se organizaron en grupos. Uno se ocupó de resguardar el 
perímetro, emplazando vigías en distintos puntos. Otro, de redactar documentos. 
Con sentido común repararon en que no sabían negociar rehenes ni cualquier otra 
cosa frente a la coerción del Estado. Llamaron a unos compañeros en la turística 
Gran Sabana, que sí tenían experiencia en esas lides.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese 
momento Alexis Romero se encontraba a muchos kilómetros de allí. Estaba en su 
comunidad pemón, Maurak, ubicada a 17 kilómetros de la localidad de Santa Elena 
de Uairen del municipio Gran Sabana, en el sureste del estado Bolívar, cerca de 
la frontera con Brasil. Pero no tardó en contestar al llamado. Llegó al lugar la 
tarde del mismo día en que lo hizo el enviado de Chávez. Romero, con amplia 
trayectoria en el movimiento comunitario indígena y estudios en el exterior, 
encabezó la negociación con el militar, que se prolongaría por cuatro 
días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así fue 
como de manera inadvertida, el 27 de octubre de 2011 y los días subsiguientes, 
se desencadenó la secuencia de hechos que daría origen a la comunidad de Musukpa 
y su virtual independencia del Estado venezolano. Cuatro años más tarde, sus 
habitantes explotan hoy la mina Toronó por su cuenta y de acuerdo a reglas que 
ellos mismos definieron. Cobran tributos para sufragar los gastos de salud y 
educación. Y organizan, bajo el asedio simultáneo y asimétrico de los cazadores 
de fortuna y de la estructura del Estado, rondas de 
seguridad.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="despierta-el-camaron">Despierta el camarón</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Es 
invierno –en Venezuela, la temporada lluviosa de mayo a diciembre– y la cuenca, 
aún prístina, del río Paragua, alardea de su enorme y poderoso caudal. La espesa 
vegetación arropa la embarcación cuando deja el curso del río para penetrar la 
casi imperceptible quebrada Musukpa, la puerta de entrada a la comunidad 
indígena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Musukpa 
significa “camarón” en idioma pemón. El nombre del caño entraña cierta 
nostalgia. Parece que alguna vez esos animales abundaron en esta esquina fluvial 
del noroeste del estado Bolívar que, junto al de Amazonas, conforman la rica 
región de Guayana, mitad austral del territorio de Venezuela, al sur y este del 
río Orinoco. Más que la civilización, la minería se encargó de aniquilar los 
camarones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un cartel 
tallado en madera y atado a un árbol, anuncia la llegada a la comunidad de 
Musukpa. A primera vista se abre una extensa porción de selva deforestada. 
Amplios bancos de arena, imposibles de abarcar de un solo vistazo, cubren el 
área. Encima corren largas mangueras que trepan por plataformas construidas de 
manera rudimentaria con troncos y pedazos de madera. Las mangueras se conectan a 
máquinas que escupen con asmático esfuerzo agua enlodada sobre unas alfombras en 
mal estado que retienen el material removido por la 
succión.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-gestor-del-servicio wp-block-embed-gestor-del-servicio wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Son 
todos rastros de la minería. Aunque los pobladores sean indígenas, ya no 
practican la extracción artesanal. Un diagnóstico realizado en diciembre del 
2013, como parte de un proyecto para la construcción de un complejo deportivo 
comunitario, encontró que uno de cada dos habitantes de Musukpa es dueño de 
máquinas mineras pequeñas. Dos de cada diez trabajan la madera. Uno de cada diez 
dice que se dedica al comercio o al transporte fluvial. Solo el cinco por ciento 
se vincula a la agricultura. En Musukpa no hay conuco para sembrar. La demanda 
de casabe –tortilla de harina de yuca, esencial en la dieta indígena– se 
satisface con compras a comunidades vecinas. Musukpa es independiente pero no 
autárquica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la 
típica comunidad indígena en donde las casas se distribuyen alrededor de un 
terraplén que sirve como cancha de futbol los domingos. Al entrar a Musukpa lo 
que se observa a la izquierda es un grupo de casas distribuidas sin criterio 
aparente. Al centro se yergue una pequeña churuata, luego un ambulatorio y el 
esqueleto de una estructura todavía sin techo que en un futuro pretende ser una 
escuela. Hay al menos cinco expendios de víveres, donde se consigue desde 
baterías hasta alquiler de teléfono por minuto. El lugar se muestra 
esmeradamente limpio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
disposición de Musakpa transmite una imagen de amalgama, de aglomerado desorden. 
De hecho, la comunidad es un milagro de heterogeneidad. En ella conviven 
miembros de diferentes etnias del sur: pemones, yekuanas, chirianas, kurripakos 
y arawacos. También hay criollos en las 30 familias del 
lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 
concierto interno que debe reinar en la comunidad, difícil de percibir a través 
de las evidencias que brinda el caserío, se hace casi palpable a la hora de la 
asamblea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llueve a 
cántaros cuando la voz de Gloria Lucila Morales se deja escuchar por el megáfono 
para convocar a todos los habitantes a participar de una asamblea 
extraordinaria. Son las diez de la mañana del sábado y algunos se van 
incorporando empujados por la curiosidad. Gloria es joven, delgada, de cabellera 
gruesa y oscura, oriunda de la comunidad Itoy Ponkon del municipio Heres del 
estado Bolívar, a unos 15 kilómetros de la capital de esa entidad, Ciudad 
Bolívar, al este de Musukpa. No habla pemón, confiesa, la <i>lingua franca</i> de la reunión. Pero lo compensa con toda una 
vida de experiencia en la lucha y procesos de organización de sus “hermanos 
indígenas”. No en balde es quien lleva la voz cantante durante la asamblea a la 
que convocó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Aquí no 
permitimos corruptelas, ni bandas armadas, no permitimos venta de alcohol”, 
detalla. Musukpa se rige por un estricto compendio de normas de convivencia de 
10 capítulos y 76 artículos, que ordena todos los aspectos de la vida 
comunitaria, desde el trabajo minero hasta el ingreso de visitantes. Según la 
Ley Comunal la planta eléctrica se apaga todos los días a las diez de la noche, 
la explotación de la mina solo se permite de lunes a sábado, entre seis de la 
mañana y cinco de la tarde. Los domingos se destinan a labores comunitarias. 
Cualquier incumplimiento de las normas acarrea multas y hasta puede motivar la 
expulsión del infractor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ángel 
Blanco, que también está en la asamblea, sí habla pemón. Participó del desarme 
de los militares en 2011; es uno del medio centenar de tomistas originales que 
permanecen desde entonces en el baluarte. Regenta una <i>compañía</i>, nombre que recibe un grupo 
no mayor a cinco personas dueñas de los motores e implementos que se requieren 
para explotar las minas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No nos 
estamos enriqueciendo, lo que estamos es sobreviviendo”, dice Ángel Blanco.&nbsp; Altivo y contestatario, durante dos años 
ocupó la segunda capitanía y ahora encabeza el Comité de deporte. Durante la 
asamblea toma la palabra y proclama con orgullo que desde 2011 “hemos sido 
independientes del Gobierno, mantenemos el ambulatorio con el 10% de la 
comisión, estamos construyendo una escuela con el aporte de la minería, no es 
que esas planchas que reposan ahí”, señala unos tablones de madera, “las hemos 
recibido del Gobierno, no, aquí todo ha sido gracias al esfuerzo de todos”, 
reitera. Los asistentes asienten con la cabeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a title="Opens external link in new window" href="https://www.scribd.com/doc/284365193/Ley-Musukpa" target="_blank" rel="noopener">La Ley Comunal, en su  capítulo IX, establece un Fondo Social a cargo de una comisión especial elegida  por el Consejo indígena</a>,  responsable de administrar los recursos económicos aportados por los dueños de  máquinas, quienes cada semana deben declarar un reporte de ganancia y destinar  un diezmo a la comunidad. Todos los comerciantes, paleros y compradores de oro  también están obligados a dar un aporte destinado a la  autogestión.</p>


<div class="kb-gallery-wrap-id-_b2bbb4-28 alignnone wp-block-kadence-advancedgallery"><div class="kb-gallery-ul kb-gallery-non-static kb-gallery-type-slider kb-gallery-id-_b2bbb4-28 kb-gallery-caption-style-below kb-gallery-filter-none kb-gallery-magnific-init" data-image-filter="none" data-lightbox-caption="true"><div class="kt-blocks-carousel splide kt-carousel-container-dotstyle-dark kt-carousel-arrowstyle-whiteondark kt-carousel-dotstyle-dark kb-slider-group-arrow kb-slider-arrow-position-center" data-slider-anim-speed="400" data-slider-scroll="1" data-slider-arrows="true" data-slider-fade="true" data-slider-dots="true" data-slider-type="slider" data-slider-hover-pause="false" data-slider-auto="" data-slider-speed="7000" data-show-pause-button="false"><div class="splide__track"><ul class="kt-blocks-carousel-init kb-blocks-slider splide__list"><li class="kb-slide-item kb-gallery-slide-item splide__slide"><div class="kadence-blocks-gallery-item"><div class="kadence-blocks-gallery-item-inner"><figure class="kb-gallery-figure kb-gallery-item-has-link"><a href="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/102015-indigenas1.jpeg" class="kb-gallery-item-link"   role="button" aria-haspopup="dialog"><div class="kb-gal-image-radius"><div class="kb-gallery-image-contain kadence-blocks-gallery-intrinsic kb-gallery-image-ratio-inherit kb-has-image-ratio-inherit" ><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/102015-indigenas1-700x467.jpeg" width="700" height="467" alt="" data-full-image="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/102015-indigenas1.jpeg" data-light-image="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/102015-indigenas1.jpeg" data-id="70242" class="wp-image-70242 skip-lazy" srcset="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/102015-indigenas1-700x467.jpeg 700w, https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/102015-indigenas1-768x512.jpeg 768w, 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<p class="wp-block-paragraph">A 
esa ley <i>de facto</i> se oponen las ordenanzas del criollo. En 
especial el Decreto presidencial 8.413, con “rango, valor y fuerza de Ley 
Orgánica” –Chávez lo firmó investido de poderes habilitantes–, que en septiembre 
de 2011 otorgó al Estado el monopolio de la exploración, explotación y 
comercialización del oro. Apenas dos meses después, ocho capitanes indígenas 
–entre ellos, Alexis Romero, el activista pemón que en octubre del mismo año 
había lidiado con el coronel Cortez el desenlace de la escaramuza en la mina 
Toronó– introdujeron un recurso de nulidad del Decreto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Sala 
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en Caracas rechazó el 
recurso. En un solo plato, le dijo a los habitantes de los territorios en 
proceso de expropiación que no tienen derecho a decidir sobre sus propios 
entornos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La 
precariedad legal no es la única debilidad que amenaza dar al traste con este 
experimento de autogobierno, que no de utopía. La más acuciante puede que sea el 
acecho de los maleantes que se han hecho fuertes en la zona. “Ellos trabajan 
juntos”, expresa Ángel Blanco, sin reparo en denunciar la alianza entre 
militares y los "sindicatos", el apelativo que denomina a los grupos armados 
delictivos que andan por la zona. “Hay que decirlo así, no vamos a tapar el sol 
con un dedo, es una situación pública. Todo el mundo sabe que ellos pagan 
vacunas a los mismos militares, a los policías, al ejército. Aquí estamos claros 
de que los cuerpos de seguridad encabezan a los 
sindicatos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque 
todos reconozcan el peligro, no todo el mundo parece dispuesto a mencionarlo de 
manera tan abierta. Dentro de las comunidades indígenas, la connivencia entre 
las fuerzas militares y las bandas criminales es algo que se comenta con más 
discreción y temor que enojo. De hecho, aparte de la intervención de Blanco, 
durante la asamblea en Musukpa las otras alusiones al tema provienen de 
lugareños que se refieren en son de chanza a las bandas armadas como “agentes 
del Gobierno” que pagan vacuna a los generales, “a sus jefes, pues, la mafia 
institucional”.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="la-sangre-llega-al-rio">La sangre llega al río</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque 
desde 2005 se registran hechos de violencia alrededor del surgimiento de grupos 
irregulares que tomaron las minas en el sector Kilómetro 88 del municipio 
Sifontes, y El Manteco, en el municipio Piar, al este del estado Bolívar, todos 
los testimonios coinciden en fechar el punto de quiebre entre el Estado y la 
comunidad a finales de agosto de 2013. Entonces desapareció Teodoro Osman, 
originario del sector de Bethel pero que tenía campamento en Musukpa. Su cuerpo 
se encontró dos semanas después, flotando en el río cerca del salto Uraima, 
comido por los peces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Teodoro 
Osman pagó con su vida una deuda que no debía. Manolo, su hermano, que se había 
aliado con los forasteros, desapareció sin dejar rastro, pero sí una cuenta 
pendiente con algún grupo criminal. El cuerpo inerte, hinchado, de Teodoro Osman 
sirvió de aviso para que los pobladores se enteraran de que en La Paragua ya se 
aplicaba la ley del “sindicato”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 21 de 
enero de 2014, casi cinco meses después de la muerte de Osman y tras numerosas 
reuniones internas, los pobladores emiten un informe en Asamblea General, en el 
que dan cuenta de la presencia de grupos foráneos que portan armamento militar 
en sus territorios y realizan “extorsión, ultraje a mujeres, amenazas, secuestro 
y asesinatos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a title="Opens external link in new window" href="https://www.scribd.com/doc/284325981/Indigenas-formalizan-denuncia-contra-sindicatos-mineros" target="_blank" rel="noopener">Una  carta sellada y firmada el 15 de agosto, de la que se obtuvo una  copia</a>, da fe de  que el director de la policía regional en la zona, Pinto Novis, informó sobre el  tema al secretario de Seguridad Ciudadana y director de la Policía del estado  Bolívar, Juvenal Villegas. El estado Bolívar es gobernado desde 2004 por un ex  general del Ejército, Francisco Rangel Gómez, ficha del oficialista Partido  Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y ministro hasta el año 2000 del gabinete  ejecutivo del fallecido Hugo Chávez.</p>


<div class="kb-gallery-wrap-id-_b6bd32-5f alignnone wp-block-kadence-advancedgallery"><div class="kb-gallery-ul kb-gallery-non-static kb-gallery-type-slider kb-gallery-id-_b6bd32-5f kb-gallery-caption-style-below kb-gallery-filter-none kb-gallery-magnific-init" data-image-filter="none" data-lightbox-caption="true"><div class="kt-blocks-carousel splide kt-carousel-container-dotstyle-dark kt-carousel-arrowstyle-whiteondark kt-carousel-dotstyle-dark kb-slider-group-arrow kb-slider-arrow-position-center" data-slider-anim-speed="400" data-slider-scroll="1" data-slider-arrows="true" data-slider-fade="true" data-slider-dots="true" data-slider-type="slider" data-slider-hover-pause="false" data-slider-auto="" data-slider-speed="7000" data-show-pause-button="false"><div class="splide__track"><ul class="kt-blocks-carousel-init kb-blocks-slider splide__list"><li class="kb-slide-item kb-gallery-slide-item splide__slide"><div class="kadence-blocks-gallery-item"><div class="kadence-blocks-gallery-item-inner"><figure class="kb-gallery-figure kb-gallery-item-has-link"><a href="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6.jpeg" class="kb-gallery-item-link"   role="button" aria-haspopup="dialog"><div class="kb-gal-image-radius"><div class="kb-gallery-image-contain kadence-blocks-gallery-intrinsic kb-gallery-image-ratio-inherit kb-has-image-ratio-inherit" ><img loading="lazy" decoding="async" src="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6-700x467.jpeg" width="700" height="467" alt="" data-full-image="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6.jpeg" data-light-image="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6.jpeg" data-id="70252" class="wp-image-70252 skip-lazy" srcset="https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6-700x467.jpeg 700w, https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6-768x512.jpeg 768w, https://armando.info/wp-content/uploads/2022/02/10102015-6.jpeg 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<p class="wp-block-paragraph">"Los 
capitanes están solicitando que las autoridades se aboquen a darle una solución 
a las presuntas irregularidades que están presentando, por los que se hacen 
llamar Sindicatos Mineros los cuales están cometiendo barbaridades entre las 
cuales destacan los actos lascivos con las menores, así como también con las 
mujeres de los mismos capitanes de las comunidades a quienes de igual forma los 
golpean y maltratan", indica el reporte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 
asesinato de Osman y el deterioro de la seguridad en la zona de La Paragua 
coincidieron, llamativamente, con el retiro de las fuerzas militares hasta 
entonces estacionadas allí y el abandono de un punto de control ubicado a metros 
del Puerto Uraima, donde se encontró el cuerpo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Hace 11 
meses aproximadamente los funcionaros militares correspondientes al Ministerio 
para el Poder Popular de la Defensa (M.P.P.D.) cesaron sus funciones en el 
Puerto Uraima, ubicado en el Medio Paragua, por motivos que desconocemos”, 
denuncian los 20 capitanes comunitarios en su declaración de enero de 2014. 
“Desde ese momento se ha estado generando un exagerado éxodo de ciudadanos no 
indígenas y extranjeros entre nosotros, muchos con antecedentes penales y 
organizados en bandas delictivas, que ejercen la minería e imponen con violencia 
una nueva administración de todo lo que allí circula”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uraima 
–puerto, paso, salto e isla– es un punto clave del río. Allí es necesario 
desembarcar para sortear un raudal que interrumpe la navegación entre el alto y 
el bajo Paragua. Se trata de un trecho de casi un kilómetro que se recorre en 
vehículos de tracción en las cuatro ruedas y bordea los rápidos. El lugar 
también tiene fama como meca mundial de la pesca deportiva, ideal para la 
captura de la payara (<i>Hydrolycusscomberoides</i>) y el pavón 
(<i>Cichlaocellaris</i>), entre otras especies de la 
Orinoquia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca de 
Uraima se encuentra la más reciente y productiva <i>bulla</i>, como se conoce a las 
inmigraciones súbitas y en tropel que ocurren cuando se corre la voz de un nuevo 
filón de oro. El nombre de la mina es Manaza. Queda rumbo al sur, hacia el alto 
Paragua, cerca de Musukpa y del abandonado punto de control militar. Manaza es 
todavía la mina más activa de la cuenca del Paragua. Todos los días siguen 
llegando aventureros. Pero en 2012, cuando la noticia de su riqueza empezaba a 
esparcirse, logró atraer a miles de personas. Un enfrentamiento entre grupos armados dejó ese año seis personas 
muertas. Dos bandas, la de <i>Los 
24</i>, por un lado, y la de <i>Marco 
Polo</i>, por el otro, se disputaban el control de la zona. La refriega forzó a 
una intervención militar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quien 
tiene la llave de Uraima controla el tránsito por el Paragua, vital para las 
comunidades ribereñas. En 2013, un incidente allí dejó muy en claro hasta dónde 
llegaban las ambiciones de las bandas irregulares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo 
empezó un domingo, concuerdan las fuentes. Un puñado de vándalos acampó en 
Uraima. Notificado de ello, en el lugar se presentó Andrés Solis, capitán 
general de La Paragua, quien, junto a otras autoridades comunitarias, pidió a 
los irregulares que desalojaran la zona. Después de muchos ires y venires, 
obedecieron, aunque no de buena gana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la 
mañana siguiente, un nervioso grupo de indígenas llegó a la comunidad 
Meruntöpöy, a la que los capitanes se habían retirado a pasar la noche. Venían 
con la noticia de que los irregulares habían tomado el puerto por asalto, 
sometiendo a José Fernando Mejías, el propietario y conductor del vehículo 4x4 
que todos los días hace el recorrido de trasbordo a orillas del 
raudal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los 
maleantes, en vez de atender a la conminación de los capitanes indígenas, en 
realidad habían salido en busca de refuerzos. Ahora eran 15 y estaban al mando 
de un colombiano que se hacía llamar Edwin. Como advertencia lucían un arsenal 
que incluía granadas de mano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cerca de 
un centenar de indígenas, armados con flechas y escopetas, acudieron a 
reconquistar el puesto. Según testigos, la tensión en el ambiente se podía 
cortar con un cuchillo. Pero esta vez la sangre no llegaría al río. Los ánimos 
se fueron calmando y se logró acordar que, tanto indígenas como “sindicatos”, 
podían circular libremente por el paso Uraima y trasladar sus utensilios de 
trabajo y provisiones, siempre y cuando se mostrara respeto por la autoridad 
indígena y nadie portara armas o, al menos, hiciera exhibición de 
ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertamente 
los indígenas no se dejaron amedrentar. Pero para conservar la paz pagaron un 
precio: negociar el paso por sus tierras ancestrales y franquearlo a los 
irregulares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las 
comunidades nativas siguen respetando ese 
<i>status quo</i>. Sin embargo, en su momento no dejaron de informar a 
las autoridades estatales sobre el incidente y sus consecuencias. Según consta 
en documentos, hicieron llegar una relación de los hechos al mayor general 
Marcelino Federico Pérez Díaz, entonces comandante de la Región Estratégica de 
la Defensa Integral de Guayana (Redi); al jefe de la subdelegación del Cuerpo de 
Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC, policía judicial) 
del estado Bolívar; y al comandante del Regional N° 8 de la Guardia Nacional 
Bolivariana (policía militarizada, componente de las Fuerzas Armadas), general 
de brigada Ricardo Pérez Lugo. Nunca obtuvieron respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es verdad 
que los gobiernos de la autodenominada Revolución Bolivariana –una de cuyas 
banderas es la sensibilidad oficial hacia los pueblos originarios– ha reconocido 
el problema. Como también lo es que no acierta en proponer e implementar 
soluciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tres días 
después del manifiesto hecho público por los indígenas en enero de 2014, el 
entonces ministro de Interior, Justicia y Paz, el general Miguel Rodríguez 
Torres, reconoció la existencia de mafias que tomaron las minas, durante una 
visita al estado Bolívar. “Aquí tenemos un problema, hay algunos grupos que se 
hacen llamar sindicatos y en realidad son bandas armadas que se dedican a la 
extorsión”. Durante esa visita, en una jornada que el gobernador Rangel Gómez 
calificó de “ejemplar”, se prometió la creación de grupos especiales para la 
“neutralización de esas bandas que están haciendo prácticamente lo que les da la 
gana”. Pero un año y medio después, la realidad no cambió casi en nada. Todavía 
en el reciente mes de junio de 2015, Rangel Gómez declaraba que se disponía a ir 
“con la firme decisión y todas las fuerzas para normalizar una situación que han 
generado los diferentes sindicatos mineros que tratan de tomar control de la 
zona con la minería ilegal”.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="no-es-el-buen-salvaje-es-el-oro">No es el Buen Salvaje; es el oro</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La lluvia 
no afloja en Musukpa. El viento sopla con furia y amenaza con arrancar la 
endeble lámina de zinc que hace de techo en la churuata donde se congrega la 
asamblea. Hasta los perros se apretujan en el centro. Pero el cónclave tampoco 
se interrumpe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gloria 
continúa recitando en estricto orden cronológico los acontecimientos que dieron 
lugar a la conformación de Musukpa. Asegura que la omisión y el olvido 
gubernamental de muchos años, la participación de la autoridad en una red 
entretejida entre irregulares, militares, políticos, llevó a un despertar de los 
pueblos. Hace una pausa, se toma un par de segundos, y agrega: “También por la 
discriminación contra los indígenas que tenían los militares en conjunto con el 
grupo armado que llaman sindicatos, porque, vamos a decirlo de una vez, ¿quién 
va a querer trabajar a fuerza de pistola?”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la 
cronología –desplegada a manera de ejercicio oral de memoria colectiva– ocupa un 
puesto destacado el comunicado del 21 de enero de 2014. Aunque entonces fue el 
equivalente de un grito de “Ya basta” por parte de la comunidad, terminó siendo 
una suerte de título fundacional para Musukpa y sus pretensiones sobrevenidas de 
enclave autónomo. Una suerte de república independiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como en la 
región empezaba a imponerse, por sobre las normas del Estado venezolano, la ley 
del más fuerte, el texto incluyó un fragmento que, como después se comprobaría, 
no fue ni una bravuconada ni una simple amenaza. Los indígenas se preparaban 
para defenderse a sí mismos. “De no asumir las instituciones de seguridad, nos 
veremos en la obligación de organizarnos para la defensa de nuestros derechos y 
combatir la inseguridad en nuestros territorios”, dice el documento. Y también: 
“Se tomará el Puerto de Uraima en donde se establecerá una brigada de seguridad 
para fortalecer los mecanismos de seguridad interna en las 
comunidades”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya en la 
resolución 001-2001 del 25 de octubre de 2011, emitida por los capitanes de las 
comunidades indígenas del Paragua alto y medio dos días antes de la toma de 
Toronó, que dio lugar a la constitución de Musukpa, se hablaba sobre la creación 
y organización de “brigadas de seguridad” o grupos de autodefensa. Entonces se 
establecieron tres puntos de vigilancia y control en los accesos de 
Musukpa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En enero 
de 2014, se dio por inminente la conformación de autodefensas. Los indígenas 
plantearon el mantenimiento de estos grupos por autogestión con aportes 
económico de comerciantes, transporte fluvial, visitantes, dueños de máquinas, 
paleros y obreros. En el decisivo documento de esa fecha argumentan que los 
pueblos indígenas tienen un derecho de autonomía que les permite asumir su 
propia seguridad y justicia comunitaria. Dejan claro que la acción nace del 
vacío institucional, el abandono y la omisión de las autoridades de ejercer sus 
obligaciones en materia de procuración de justicia y seguridad. Y destacan: 
“Ratificamos nuestro deseo de que nuestras tierras y comunidades no sean 
refugios de delincuentes, mucho menos que la llenen de sangre, queremos ser 
hombres y mujeres libres e independientes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se 
trata, de cualquier modo, de un fenómeno exclusivo de Venezuela. En México, los 
indígenas y campesinos de los estados de Michoacán y Guerrero, acorralados entre 
los cárteles de la droga, tomaron las armas para defenderse del crimen 
organizado que acosa a sus comunidades, en donde el incremento de la violencia y 
de las violaciones a los derechos humanos ha desdibujado totalmente la 
legitimidad del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el 
ejemplo de Musukpa resultó contagioso en Venezuela. Dos años después de la toma 
de Toronó, más al sureste, en la Gran Sabana, los pemones volvieron a desarmar a 
efectivos militares venezolanos que los sometían al pago de diezmos o vacunas en 
la zona de Ikabarú.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora en 
zonas de la Gran Sabana, como los sectores cinco y seis, hay brigadas locales de 
seguridad. En Santa Elena de Uairén, la gran localidad del sur del estado 
Bolívar, vecina de la brasileña Boa Vista (estado de Roraima), se habla de 
conformar rondas comunitarias. La última semana del pasado mes de julio hubo una 
reunión en la Gran Sabana, de la que surgió la idea de una futura 
universidad aborigen de la 
seguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De que el 
tema prenda en la región alguna responsabilidad tiene Alexis Romero, el 
dirigente comunitario pemón que en octubre de 2011 fue de la Gran Sabana a 
ayudar a que los tomistas de Toronó, la futura Musukpa, negociaran con éxito 
frente al Gobierno y el Ejército.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Romero 
pagó un precio alto por su asesoría:<a title="external-link-new-window" href="http://www.armando.info/sitio/http:/" target="http//corte-marcial.tsj.gob.ve/DECISIONES/2012/ENERO/1297-19-02-12-.HTML" rel="noopener"> 
fue 
el único de los cinco capitanes imputados que terminó en prisión</a> 
por el 
alzamiento contra las autoridades militares. Estuvo confinado en el Centro 
Penitenciario de Oriente, mejor conocido como La Pica, a las afueras de Maturín, 
capital del estado Monagas. Tras varios días de reclusión, el preso político 
recibió un inesperado indulto presidencial de Hugo Chávez Frías. De todas 
maneras, todavía hoy parece recluido. Ni siquiera sale de la Gran Sabana. Aunque 
debe presentarse cada 15 días ante un tribunal en Ciudad Guayana, a 720 
kilómetros de distancia, advierte que no puede pagar esos 
viajes.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-gestor-del-servicio wp-block-embed-gestor-del-servicio wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Romero, 
que habla por teléfono desde la comunidad de Maurak, en la Gran Sabana, aconseja 
prudencia para valorar lo que pasa entre los pemones en materia de seguridad 
comunitaria. Primero, para que no se confundan las iniciativas locales con otras 
formas en boga durante los últimos años, como los llamados <i>colectivos</i> o los grupos paramilitares. Teme que la 
confusión sirva en algún momento para criminalizar el movimiento autóctono en 
ciernes: “Intentar imitar modelos que nacen desde el Estado es un fracaso, una 
equivocación, nosotros tenemos que desarrollar nuestros procesos de organización 
desde nuestras propias estructuras”. Luego, para que no se idealice la 
situación. No se trata ya del estado virginal del Buen Salvaje, sino de 
supervisar una actividad extractiva que depreda la naturaleza y la moral 
colectiva. Es el demonio del oro. “Todo es dañino por mas artesanal que se 
intente hacerlo”, advierte el líder de 49 años de edad. “Es muy difícil 
sostenerlo cuando el indígena, sobre todo, el pueblo pemón, conoce la minería no 
artesanal que se ejerce con máquinas hidráulicas, y la facilidad que brinda. 
Volver al pasado es muy difícil”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con 
idéntica fatalidad –o realismo– juzga desde Caracas la situación el antropólogo 
Esteban Mosonyi: “Los indígenas son mineros porque nadie los ha apoyado en 
ningún otro tipo de actividad. Ahora predominan ciertos intereses e incluso 
necesidades que los obligan a convivir con la minería. Ellos han solicitado 
ayuda para el turismo, ayuda para la agricultura, actividades económicas 
normales y nunca han recibido apoyo, y cuando surge alguna iniciativa no tienen 
consecución”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 
Musukpa, donde muchos jóvenes son reservistas y bachilleres, pocos, sin embargo, 
se muestran dispuestos al trabajo comunitario, base de la propia existencia de 
la colectividad indígena. “Como no es un trabajo remunerado, para cubrir la 
necesidad se dedican a ser mineros”, es el lamento con que Gloria Lucila Morales 
cierra su relato. “Es la triste expresión que 
diagnosticamos”.</p>



<p class="nota wp-block-paragraph">(*) Este reportaje fue desarrollado a lo largo del Diplomado de Periodismo de Investigación, que dicta el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) en alianza con la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).</p>
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