La elección de Smartmatic se volvió irreversible en Bulgaria

JOSEPH POLISZUK

El domingo 4 de marzo de 2021 los electores de Bulgaria fueron a las urnas para escoger un nuevo parlamento pero, independientemente de los resultados, de antemano se conoció un ganador: Smartmatic.

En medio de una inédita ola de protestas políticas que evadían la cuarentena aun en tiempos de Covid–19, el partido de gobierno inició las reformas necesarias para que el Poder Electoral cambiara su plataforma sin necesidad del visto bueno de otros poderes públicos.

Sería este el quinto proceso en el que participaba la empresa en Bulgaria. Esta vez empañado por una gran controversia atribuida a la decisión de la autoridad electoral de seleccionar como finalistas de la licitación a solo dos de las ocho compañías que ofrecieron sus servicios, ambas respaldadas por el mismo proveedor tecnológico, Smartmatic.

Smartmatic fue registrada en el año 2000 en Estados Unidos, pero sus raíces están ancladas a Venezuela. Aún antes de estrenarse en 2004 con el referendo revocatorio para intentar destronar a Hugo Chávez del poder, había nacido como una startup emergente en el sector tecnológico.

Varios miembros y expertos cercanos a la oposición venezolana advierten que en ninguna ocasión encontraron evidencia alguna de un fraude electrónico pero igual recomendaron engranar un batallón de testigos para ejercer auditorías en todas las mesas de votación.

Smartmatic bien supo atender al que fue su cliente VIP, el CNE venezolano, hasta 2017. En Bulgaria también ha sabido ganarse a las autoridades electorales. De otra forma no se explica cómo es que pasó a la segunda fase de la licitación de la mano de las únicas dos clasificadas.

El opositor Emil Voinov, del partido socialista BSP, terminó por calificar la jugada como un "teatro" en el que más que competir las dos empresas escogidas al final de la licitación estaban cooperando.

Samartmatic ha gestionado sistemas electorales en México, Colombia, Bolivia, Ecuador, Chile, Brasil, Haití y Curazao, Omán, Uganda, Zambia, Estonia, Reino Unido y hasta Filipinas y Argentina, donde ha enfrentado controversias públicas. Su polémica reputación global incluye ahora al país balcánico.