De mercaderes a científicos: el verdadero milagro del Carvativir

ISAYEN HERRERA

PATRICIA MARCANO

El pasado 24 de enero, en su acostumbrada cadena dominical para informar sobre los casos de Covid-19, Nicolás Maduro hizo un anuncio estruendoso. Aseguró que Venezuela contaba con la piedra, o mejor dicho, la gota filosofal que acabaría con el coronavirus.

“Ya hoy, habiéndose establecido la patente nacional e internacional, habiendo recibido el permiso sanitario oficial del país, puedo presentar la medicina que neutraliza el 100% del coronavirus: el Carvativir, mejor conocido como las goticas milagrosas de José Gregorio Hernández", proclamó Maduro para Venezuela y el mundo. "Diez goticas debajo de la lengua, cada cuatro horas, y el milagro se hace".

Maduro aseguró que el Carvativir fue creado por un grupo de venezolanos que aplicó estudios clínicos durante nueve meses en enfermos graves, incluso intubados, del Hospital de Coche y Poliedro de Caracas (habilitado como hospital de campaña por la pandemia). “Creación de una mente brillante de Venezuela. Ya la conocerán en el futuro. Por ahora, lo estamos protegiendo, a los científicos y al científico principal”, remató. ¿Por qué el misterio?

Las “gotas milagrosas” fueron creadas por el Laboratorio Farmacológico de Venezuela (Labfarven). A pesar de su nombre, no se trata de un emprendimiento que haya evolucionado desde una maquila de fórmulas farmacéuticas o un importador de medicamentos. Según lo asentado en el Seniat, Labfarven fue antes una venta de repuestos, partes y accesorios de vehículos llamada Miami Customs & Accessories.

Además, quienes se presentan como autores principales de la investigación del Carvativir, en varios documentos publicados en Internet, no tienen credenciales científicas. Uno, Raúl Antonio Ojeda Rondón, fue presidente de la Comisión Nacional de Intelectuales y Diplomáticos de la Asamblea Nacional Constituyente. Trabajó en Petróleos de Venezuela, fue sancionado por la OFAC en 2017 por sus vínculos con altos funcionarios políticos del gobierno de Nicolás Maduro y fue detenido por el Sebin en 2018 por presuntos hechos de corrupción. En su autobiografía se presenta como Ingeniero Químico, poeta, escritor y altruista.

El otro, Jheam Frank Campos Alvarado, es un funcionario que ha trabajado con y para el Gobierno. Tiene tres empresas que llegaron a ser contratistas del Estado, trabajó en Fundación Bancasa (dedicada a proyectos habitacionales junto con la Gran Misión Vivienda Venezuela) y, antes de todo esto, fue dueño de una discoteca en Margarita cerrada en 2009 por consumo de sustancias ilícitas dentro del local. En uno de sus perfiles se describe como "empresario, luchador y fiel seguidor de nustro eterno comandante".

Ambos, Ojeda y Campos, figuran como socios accionistas de Labfarven, el laboratorio -desconocido hasta ahora- que representa a las "gotas milagrosas" bajo la marca Carvativir. Su principio activo, el Isotimol, es una molécula simple que se deriva de una sustancia natural presente en el aceite de Tomillo y que puede elaborada en un laboratorio. Pero su efecto “neutralizador” sobre el Covid-19 está por verse.

Los documentos sobre el Carvativir que se consiguen en Internet, bajo a autoría de Ojeda y Campos, están en la plataforma Scribd y en Amazon como libro físico que puede ser adquirido por 5 dólares; este último, de color amarillo, muy parecido al que presentó Maduro en televisión. Ninguno de esos reportes sobre las supuestas fases I y II de los estudios clínicos, de la eficia antiviral del Isotimol en el Covid-19 y sobre la farmacocinética y demás detalles técnicos ha sido publicado en alguna revista científica reconocida y arbitrada por pares.

Mientras la comunidad científica venezolana desconoce estos estudios y evita calificar los informes como artículos científicos, representantes de la Organización Panamericana de la Salud aclararon que no validan nuevos tratamientos ni medicamentos para el Covid-19, sino que evalúan las evidencias que son publicadas en revistas científicas. Con lo conocido hasta ahora, el verdadero milagro de las gotas de Carvativir sería que el equipo que se atribuye la autoría de los estudios clínicos, y los informes sobre estos, pasen el filtro del método científico.