Los nuevos amos de Los Roques

MARÍA ANTONIETA SEGOVIA

Ocho nuevas estructuras dan la bienvenida a los visitantes apenas aterrizan en el Gran Roque, la única isla habitada del Parque Nacional Archipiélago Los Roques. Las llamativas construcciones, ubicadas a un lado de la pista de aterrizaje, son proyectos privados y de lujo, aún en desarrollo, marcados por la controversia desde su inicio.

Las edificaciones, diseñadas con dos pisos y medidas superiores a las dimensiones permitidas en el Plan de Ordenamiento de Los Roques, cuentan con la venia del Instituto Nacional de Parques y del Ministerio de Turismo, y representan una violación evidente de la normativa ambiental que protege a este Parque Nacional.

Las obras, ya adelantadas, cortaron y destruyeron manglares para construir los puertos privados que dan acceso a estos inmuebles. Al estar ubicados en la cabecera noreste de la pista de aterrizaje, un terreno prohibido y peligroso que fue irrespetado, los selectos propietarios tienen el privilegio de estar en una especie de club cerrado al que solo se puede llegar por vía marítima.

Entre los inquilinos privilegiados se encuentra Anselmo Orlando Alvarado, padre de Orlando Alvarado, vicepresidente de finanzas de Derwick Associates, empresa conocida por estar implicada en hechos de corrupción. En el módulo contiguo, los hermanos Tadeo y Bernardo Arosio Hobaica desarrollan el proyecto de una posada que cuenta con una concesión para operar en la isla, otorgada por el Ministerio de Turismo.

Al otro extremo de la pista de aterrizaje en el Gran Roque, otro vecino disfruta del primer y único módulo concluido. Se trata del empresario Julio Luis Borges Riquezes, amante del windsurf y miembro de la junta directiva del canal de televisión Televen.

Mientras los pobladores del Gran Roque lidian con fallas en servicios públicos, las nuevas propiedades de lujo que se levantan en la isla contarán con plantas eléctricas privadas y con acceso ilimitado a agua dulce a través de plantas desalinizadoras particulares.

En Los Roques, la ofensiva gubernamental para captar recursos se cristalizó en 2019, cuando el Min-Turismo celebró una mesa de negocios con empresarios, a quienes invitó a "invertir en la construcción y operación de alojamientos turísticos de alto nivel".

Desde entonces no solo proliferaron estas construcciones privadas sino también la aprobación de proyectos de lujo que amenazan al frágil ecosistema, entre ellos está un complejo de bungalós (28 unidades) en el cayo Francisquí y una posada boutique cinco estrellas en el cayo Crasquí.