Tienes una joyería (y un posible lavado de dinero) en tu estado de cuenta

LISSETH BOON

MARCOS DAVID VALVERDE

Al menos entre 2011 y 2012, venezolanos anónimos y empresas pequeñas o medianas, recibieron pagos por miles de dólares en cuentas del extranjero. Las transferencias eran abonadas por una comercializadora global de oro, con sede en Dubái, de la que ni habían oído hablar.

Eran parte, sin saberlo, de un sofisticado esquema de circulación de dinero que vio una oportunidad de propagación en la Venezuela del control de cambio (y sus respectivas distorsiones) que empujó a muchos a cubrir sus necesidades en el mercado negro de divisas. Tampoco sabían que al mismo tiempo sus nombres y transacciones eran monitoreadas por la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) del Departamento del Tesoro.

¿Cómo ocurrió? Con la filtración de los FinCEN Files se pudo saber que las transferencias que recibieron estas empresas y particulares venezolanos eran el punto final de una compleja red global. El imbricado sistema de transferencias tenía como punto de partida las cuentas de Kaloti Jewellery International, con sede principal en Dubái, Emiratos Árabes Unidos. Una de las empresas auríferas más grandes del mundo.

Aunque Kaloti no tuvo ni tiene oficinas en Venezuela, fue mediante estas transferencias a pequeñas empresas y personas anónimas que el largo brazo de la corporación llegó a varias ciudades del país. En Güiria, los dueños de una pequeña empresa pesquera necesitaban cobrar una deuda a un cliente de Guyana que les debía varias campañas de pesca. Les pagó 100.000 dólares pero la transferencia la hizo una joyería. Cuando vieron eso en su estado de cuenta tuvieron un mal presentimiento, no habían comprado joyas ni oro.

En Lechería, una empresa de maquinaria pesada recibió 99.976 dólares de Kaloti. Su dueño asegura que compró esas divisas para subsanar deudas con una empresa extranjera de producción y distribución de alimentos. Lo mismo le ocurrió a los directores de una pequeña editorial de libros y catálogos de medicina, en Caracas, que buscando alternativas para la falta de divisas recibieron un depósito de Kaloti a través de Haig’s, una intermediaria en Curazao.

En Barquisimeto, al dueño de una panadería le transfirieron 34.976 dólares. Parte de esos fondos estaban destinados a la construcción de edificios en Panamá. Caso similar fue el de los dueños de una clínica oncológica de Maracaibo que recibieron 165.690 dólares por parte de la comercializadora de oro, por la venta de un apartamento -en bolívares- en Caracas.

Las transacciones de Kaloti en la mayoría de estos casos no fueron directas. Utilizaron intermediarios: El Dorado Trading, ubicado en Guyana, y Haig’s International V.D, de Curazao. Al final, todos los venezolanos de esta historia recibieron dinero de estas compañías sin haber negociado oro con ellas. Buscaron alternativas al asfixiante control y escasez de divisas (como sigue ocurriendo hoy) y sus nombres terminaron en varios reportes del Departamento del Tesoro.

En una parte de los más de 2.100 reportes de actividades sospechosas que hacen parte de los FinCEN Files se detalla que, entre 2011 y 2012, Kaloti transfirió al menos 420.070 dólares hacia Venezuela. Un pequeño monto que forma parte de los 9.300 millones de dólares que movió Kaloti Jewellery International en el sistema financiero internacional, entre 2007 y 2015, y que dio origen a una investigación de la DEA -de tres años- por sospechas de lavado de dinero.