A orillas del Cuyuní, el mercurio brilla más que el oro

MARCOS DAVID VALVERDE

Usado para separar el oro de los sedimentos, el mercurio es uno de los metales pesados más tóxicos para el ser humano, contaminantes para especies acuáticas y devastadores para el ambiente.

En 2016, Nicolás Maduro firmó un decreto con el que prohibió “absolutamente y totalmente” el uso del mercurio para la extracción del oro en la pequeña minería venezolana. Fue el mismo año en el que anunció la creación del Arco Minero del Orinoco, que se ha convertido en una zona de extractivismo, crímenes y ruina ambiental.

Cuatro años después de aquella prohibición, el mercurio sigue circulando de contrabando por las minas del estado Bolívar y sigue siendo usando en la pequeña minería. No hay mina en la que no se utilice. Siempre se manipula sin medidas mínimas de protección.

Uno de los puntos clave de ese contrabando es Eterimbán, un caserío que crece en la selva de la Guayana Esequiba. Desde allí, a través del río Cuyuní, llega a San Martín de Turumbán, en el extremo suroriental del estado Bolívar. Sin ningún tipo de control, el mercurio viaja de ida y de vuelta junto a otros productos de contrabando, como gasolina o drogas.

Los traficantes llevan parte de ese mercurio a las minas cercanas a San Martín de Turumbán y, en algunos casos, a otros pueblos mineros de Bolívar, como Guasipati, El Callao y Tumeremo. “Parecen unos potes de liga de freno. A mí me los dan y yo los acomodo en el carro. Me dan 25 gramas de oro por cada pote”, cuenta un contrabandista.

Para tal fin hay dos modalidades: esconder el mercurio para que pase inadvertido en las alcabalas policiales y militares o, la más usual, pagar sobornos, especialmente a la Guardia Nacional. Los pagos varían de acuerdo con la cantidad de azogue (como se le conoce más comúnmente al mercurio en la zona) y pueden ser en oro, dólares o más mercurio.

En varios de los pueblos mineros, el mercurio se vende abiertamente en negocios dedicados al oro. “Si la Guardia quisiera parar eso, allana todas esas compras. Pero a todo el mundo le pagan: a los militares y a los malandros. Y mientras pagues, puedes pasar por esas alcabalas armas, drogas, azogue. Lo que quieras”, dice un lugareño de Tumeremo.

Es así como el mercurio -o azogue- sigue distribuyéndose en Bolívar, creciendo como un negocio, pues según señala un minero, “te da más ganancia que el oro". "Con el oro puedes tener pérdida, con el mercurio no. Jamás va a mermar, a menos que haya control”. El fin de este contrabando parece ser, todavía, un asunto lejano.