La contabilidad en negro de la pandemia

ISAYEN HERRERA

En Venezuela, la epidemia de la Covid-19 avanza a pasos desconocidos y más rápido que la capacidad existente para diagnosticar a los pacientes. Armano.Info recolectó los datos extraoficiales de fallecidos con síntomas sospechosos de Covid-19 en tres grandes hospitales del país. Las cifras superan con amplitud a los reportes oficiales.

A cinco meses de iniciada la epidemia, en el país solo hay dos laboratorios centralizados en Caracas para procesar las pruebas moleculares llamadas PCR, las únicas que confirman el diagnóstico. Los resultados tardan hasta tres semanas en llegar y algunos fallecen antes de obtenerlos.

El personal de salud del Hospital Universitario de Maracaibo lleva la cuenta de 216 fallecidos -hasta el 24 de julio- que tuvieron síntomas de Covid-19, pero que no tuvieron a tiempo la prueba confirmatoria. El Gobierno central ha reconocido 63 decesos en todo el estado, hasta el 7 de agosto

En el Hospital Dr. Luis Razetti de Barcelona, en Anzoátegui, pasa algo similar. Los médicos llevan un registro de 67 fallecidos que tuvieron síntomas de Covid-19, también hasta el 24 de julio, pero oficialmente solo han fallecido dos personas de Anzoátegui por este virus, al menos hasta el 7 de agosto.

Hasta ahora, el Ministerio de Salud no ha informado con claridad qué hacer con los casos sospechosos de Covid-19 que fallecen sin haberles hecho la prueba confirmatoria.

Los médicos venezolanos, a criterio personal o con los recursos que tienen a su alcance, evalúan si hacen o no la PCR post mortem. Desconocen si cuando llega el resultado se hace el cruce de los datos para incluir los casos en la cifra nacional de fallecidos.

El 17 de febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) marcó la pauta: el término “caso sospechoso de Covid-19” tiene validez técnica y debería incluirse en la contabilidad de fallecidos, pero Venezuela aún no los incluye en las estadísticas.

El sistema establecido por las autoridades lleva por diseño al subregistro y al retraso: escasos laboratorios para hacer PCR y su consecuente demora en los diagnósticos, uso masivo de pruebas rápidas de anticuerpos que no sirven para diagnosticar el virus, y la opacidad en los protocolos hacen que las muertes se multipliquen a una tasa más rápida que la capacidad -y la voluntad- para contarlas. Por todo esto, especialistas advierten que estamos viendo la epidemia en diferido.