A discreción revolucionaria se reparten los vestigios de la agroindustria venezolana

MARCOS DAVID VALVERDE

Desde que asumió el cargo de ministro de Agricultura y Tierras en 2016, Wilmar Castro Soteldo se ha valido de figuras jurídicas ambiguas para favorecer a grupos empresariales allegados a él.

Una de ellas es la alianza estratégica, apenas mencionada en la Ley de Contrataciones Públicas, que interpreta a su manera para favorecer y consolidar lo que él defiende como la “nueva burguesía revolucionaria”.

Con esta figura jurídica y valiéndose de una bisagra institucional, la corporación Delagro (creada meses después de su designación como ministro), reparte los esqueletos de varios proyectos agroindustriales que alguna vez fueron punta de lanza de la "revolución bolivariana".

Uno de ellos fue la empresa mixta socialista Del Alba, prometida en 2007 como proyecto clave para alcanzar y consolidar la soberanía alimentaria y arruinada con los años por la improductividad del modelo chavista.

Los vestigios de aquel proyecto son los que reparte hoy Wilmar Castro Soteldo entre un grupo de amigos empresarios, valiéndose de las alianzas estratégicas y de la corporación Delagro.

Casos emblemáticos fueron las plantas arroceras, avícolas y porcinas de Del Alba, adjudicadas sin licitación ni transparencia a dos empresarios: Fernando Conejo Garcés (Agroinlaca, en Lara) y Maiker Frías (Alivensa, en Portuguesa).

No ha habido claridad jurídica ni institucional acerca de los alcances, de las metas productivas o de los términos y condiciones de esas alianzas. Apenas algunas notas escuetas de medios oficiales en las que se habla de éxitos, pero sin números concretos.

Así, Wilmar Castro Soteldo parte y reparte los esqueletos de las empresas estatales dedicadas alguna vez al agro, sin que nadie sepa qué pasó con la mejor parte.