El dueño de farmacia que encontró el remedio para sus finanzas

MARCOS DAVID VALVERDE

CLAVEL RANGEL

El empresario guayanés Jesús Alfredo Vergara Betancourt asegura que su buena estrella en los negocios se debe a una inspiración divina que le ha sonreído desde siempre.

Durante más de 30 años ha creado negocios de varias ramas. Comenzó con ventas de computadoras, luego exploró el mercado farmacéutico, y finalmente se adentró -en la década del 2000- en la comercialización del producto que le trajo mayores réditos económicos: el aluminio.

Aunque sostiene que Dios ha puesto todo en su camino, lo cierto es que Vergara ha sabido con quién aliarse dentro del mundo del chavismo para facilitarse las cosas.

Por sus nexos con el oficialismo, por ejemplo, tuvo un trato preferencial como cliente de las estatales Venalum y Alcasa, de las que sacó aluminio primario a precio preferencial para luego revenderlo en el mercado extranjero.

Uno de los clientes preferidos de Vergara fue Rodrigo González Piazza. Con él participó en una triangulación favorecida por tráfico de influencias: González Piazza es yerno de Francisco Rangel Gómez, exgobernador chavista de Bolívar.

Vergara multiplicó sus empresas y su fortuna a partir de entonces. Hoy muchos se preguntan qué produce en ellas.

Aunque su imagen de hombre público es desconocida, muestra un lado altruista con Fundación Lala, un emporio de atención médica gratuita ubicado en Puerto Ordaz.

Hoy, con la industria del aluminio en ruinas, Vergara Betancourt sigue siendo el magnate que, al frente de una fundación benéfica, mantiene una fortuna erigida a la sombra de unos negocios levantados con padrinos en el poder.