Jefe en pañales por obra y gracia de un bouquet de amigos

PATRICIA MARCANO

Podría decirse que Mario Enrique Bonilla Vallera es un precoz. Apenas salió de la adolescencia se iba de fiesta con la misma frecuencia que abría empresas de todo tipo, en países distintos, hasta acumular una veintena de sociedades antes de cumplir 30 años de edad.

¿Un superdotado de los negocios? No, algo mejor: un muchacho en el lugar y momento precisos para hacerse amigo de los hijos de la “primera combatiente”

Yoswal Gavidia Flores y Mario Bonilla estudiaron juntos y se graduaron en mayo de 2013 en la promoción XVIII, mención Comunicación Audiovisual, de la USM. Esta amistad y su entorno marcaron su ascenso.

Con Yoswal, hijo menor de Cilia Flores, Bonilla logró cosechar amigos de talla presidencial que incluyen a Yosser Gavidia, hermano de Yoswal, y a Nicolás Maduro Guerra -"Nicolasito"-, así como a otro joven común que terminaría siendo el socio favorito de Bonilla, Raúl Saavedra Leterni.

Con estas amistades, a partir de 2013, Bonilla se dedicó a comprar acciones de empresas y a crear nuevas, hasta acumular 11 en Venezuela y 14 sociedades más en el exterior, entre EEUU, Panamá, Belice e islas Mauricio.

Así, lo que parecía una labor discreta como empresario pronto llamó la atención de las autoridades de EEUU, que en agosto de 2018 señalaron a Bonilla como el "straw owner" (testaferro) de los hijos de Cilia Flores, actual esposa de Nicolás Maduro.

Bonilla sirvió de intermediario para recibir 200 millones de dólares en una cuenta bancaria europea, cuyos beneficiarios finales serían justamente los hijastros de Nicolás Maduro, con el detalle de que este dinero formaba parte de un monto mayor, de USD 1.200 millones, involucrados en un gran desfalco a Pdvsa denominado Operación Money Flight, investigado en EEUU.

Al confirmarse que Bonilla cometió el delito de “conspirar para lavar dinero", fue sentenciado a 20 años de prisión en EEUU, pero se mantiene prófugo. Esto no le ha impedido seguir trabajando como testaferro en Venezuela, participando en varios negocios, incluida la compra de 14 casas de una misma calle de Cumbres de Curumo, en Caracas, conocida como "la calle de los Flores".