En teleférico la playa queda más lejos de Caracas que nunca

MARÍA ANTONIETA SEGOVIA

Extraviado en la espesa niebla de El Ávila, el teleférico hacia La Guaira, en el litoral venezolano, es un fantasma que se balancea entre el abandono, la corrupción y las promesas.

Después de 15 años de ese proyecto, solo pueden verse los esqueletos abandonados de dos estaciones y 26 torres en la vertiente septentrional del parque nacional El Ávila, la montaña que separa a Caracas del Mar Caribe.

Sin estudio ambiental o de riesgo, se fraguó un proyecto de recuperación de ese tramo que involucra a las empresas Dopplemayr, Alfamaq y la estatal Ventel, señaladas por actos de corrupción e irregularidades por la Contraloría General de la República en 2016.

Cinco ministros, tres empresas privadas y dos del Estado han participado en el festín financiero de un proyecto inauditable, que ha recibido más de 650 millones de dólares

Con complicidad de Inparques y sin los estudios de impacto ambiental correspondientes, se aprobó una nueva etapa de construcción más invasiva y dañina para El Ávila, al cambiar el trazado inicial de ocho torres a 39 torres para el transporte de los funiculares.

Aunque la ley establece la consulta pública obligatoria, los habitantes de Galipán nunca fueron llamados a dar su opinión sobre el proyecto, excepto por una reunión en la que fueron intimidados por las FAES y colectivos revolucionarios.

Esta obra, prometida una y mil veces, es la concreción del gran sueño caraqueño: el teleférico que conecte a la capital venezolana con la playa, en la costa de La Guaira. Sin embargo, sigue inconclusa.