La verdadera milla de oro de Caracas queda en Petare y no conduce a ninguna parte

MARÍA ANTONIETA SEGOVIA

Corría el año 2012 y Venezuela se preparaba para unas elecciones presidenciales en octubre, con el presidente y candidato Hugo Chávez aquejado por un cáncer terminal.

El Ejecutivo pisaba entonces el acelerador sobre proyectos pendientes que le permitieran mostrar los resultados de una gestión exitosa y eficiente.

El ferrocarril que conectaría Caracas con Guarenas y Guatire, era uno de ellos. Pero para efectos electorales se propuso rescatar un tramo más pequeño y espectacular: la construcción del subsistema Cabletren Bolivariano para Petare.

Con su construcción, Petare emularía a Medellín y Venecia, pero onerosas modificaciones presupuestarias en el proyecto Cabletren Bolivariano en favor de los contratistas Odebrecht y Doppelmayr dieron lugar a una ruina instantánea.

La improvisación quedó a medio camino y le costó al país 450 millones de dólares. El proyecto que contemplaba la construcción de 5 estaciones de ferrocarril, 5 de metro y 5 de Cabletren, hoy día apenas 1,2 kilómetros de Cabletren está en funcionamiento.

El Cabletren Bolivariano consumió 1.700% más dinero que el invertido por la ciudad de Venecia, Italia, para la construcción de los 857 metros de longitud del “People Mover”, un sistema similar al instalado en Petare.

Al “People Mover” bolivariano le fue asignado un presupuesto inicial de 230 millones de dólares en el año 2010. Tres modificaciones posteriores doblaron el estimado para terminar costando 450 millones de dólares.

“Obras para Petare” anunciaba un Chávez aquejado por la enfermedad y decidido a obtener la victoria electoral. Petare, un bastión del voto popular, debía ser recuperado para el oficialismo. El Cabletren fue el espejismo perfecto.