Envíanos
un dato

De colegas de ciencia a camaradas de la SS (III)

Última entrega  Tres exoficiales de la SS, la organización ideológico-militar del régimen nazi, científicos que estuvieron a cargo de un proyecto secreto para crear las superespecies de cultivos que debían mantener a los colonos alemanes una vez conquistado el este de Europa, se reagruparon tras la II Guerra Mundial en Venezuela. Vareschi, Schäfer y Brücher, ¿el bueno, el astuto, y el desgraciado? Tres personajes muy diferentes, cuyas travesías se cruzaron más de una vez, pero tuvieron destinos opuestos.

09/09/2012 9:20:01

Comparte en las redes

El martes 17 de diciembre de 1935, día en que se conmemoraba el 105to aniversario de la muerte del Libertador Simón Bolívar, el pueblo de Venezuela supo del deceso de Juan Vicente Gómez, El Benemérito, hombre fuerte del país desde 1908. La noticia de la muerte del presidente ascendió desde Maracay –la ciudad que, durante su mandato, Gómez había hecho terruño de adopción, capital oficial del estado Aragua, capital de facto de Venezuela y, al final, lugar de defunción- por la carretera que todavía hoy la conecta con el puerto de Ocumare de La Costa y que el dictador ordenó construir en 1910 con mano de obra esclava de prisioneros políticos y comunes. Rauda alcanzó el punto más alto de la carretera, a 1.200 metros sobre el nivel del mar, en el sitio de la antigua Hacienda Rancho Grande, y cuando llegó a oídos de los 196 obreros que trabajaban en la construcción de un hotel de lujo allí, la noticia les hizo abandonar sus labores y herramientas. Decidieron caminar a Maracay en procesión, para nunca más regresar a la obra.

Así quedó inconcluso, hasta el día de hoy, el Gran Hotel Rancho Grande. A 77 años de su abandono, todavía se puede apreciar la imponente estructura, desde un plano superior, como un signo de interrogación de dimensiones colosales, un castillo o búnker de cemento que luce desguarnecido, a pesar de su mole, ante la gula paciente de la selva que lo rodea. Lianas y helechos se le incrustan por todas partes y, aunque un solitario guardaparques andino – en realidad, de Biscucuy, Portuguesa- se afana por hacerlo parecer un sitio residencial con su modesto mobiliario, los cristales rotos de la mayoría de las ventanas le dan aspecto de lugar de paso o, incluso, de asiento, para comunidades de aves y murciélagos. Pero en 1935 la idea era que se convirtiera en un hotel de alto estándar, que aprovechara el delicioso clima templado de la selva de neblina como principal reclamo turístico. Como hacían los funcionarios de las administraciones coloniales en el trópico, se suponía que los cortesanos de Gómez subirían desde Maracay durante los meses cálidos de julio a septiembre para atemperarse en las instalaciones de montaña. Como la comitiva era amplia y las labores de gobierno no podían interrumpirse en esa temporada estival, se pensó en grande: 80 habitaciones tendría el hotel.