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Contratistas internacionales participaron en la (pre)fabricación de elefantes blancos

Muchas viviendas en poco tiempo; tecnología y experiencia del extranjero: eran los atractivos de las casas prefabricadas como solución al déficit habitacional en Venezuela. En la danza de millones de dólares correspondiente a los contratos otorgados por el Gobierno, tomaron parte iraníes, uruguayos, portugueses y, según ahora aparece, hasta la empresa de la tesorera del club de fútbol Barcelona. Pero la improvisación y la falta de controles por parte de las autoridades desembocaron en retrasos, incumplimientos, pleitos judiciales y, en definitiva, la frustración del sueño de vivienda propia de miles de venezolanos.

18 April 2015

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El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha sido enfático al afirmar en repetidas ocasiones durante las últimas semanas, justo cuando las estrecheces en el flujo de caja empiezan a apretar las cuentas públicas, cosas como esta: “Por cada apartamento que recibe una familia, hay 60.000 dólares, quizás más”.

Que la cuenta esté expresada en dólares no es casualidad. Como admite el propio presidente, son importados al menos 40 por ciento de los componentes de una vivienda típica construida para las misiones del Gobierno. Además, buena parte de estos programas dependen de una “solidaridad” internacional muy bien remunerada con petrodólares. Desconfiados, por su agenda política, del sector venezolano de la construcción, Hugo Chávez y su sucesor, Maduro, prefirieron asignar los grandes proyectos de vivienda a empresas privadas o estatales de “países amigos”, como China, Rusia, Bielorrusia, Irán y Uruguay.