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La pequeña república de "El Patriarca" del Zulia

Leonel González construyó en un terreno del municipio San Francisco de Maracaibo su propia utopía de comunismo primitivo, agrupada en torno a una singular visión del credo adventista. Allí nada es de nadie y a la vez es de todos. Con fondos del gobierno y su organización colectivista, se anotó varios éxitos en la gestión cooperativa que, sin embargo, le ganaron la animadversión de la alcaldía y fiscalía chavistas, que no pierden oportunidad para acosarlo con constantes acusaciones de abuso sexual y hasta de fraude tributario a las que da pie el extraño comportamiento de ‘El Profeta’.

3/28/2015 12:27:26 AM

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En la comunidad de los Habirú hay 35 baños y un pozo séptico gigante. Sobre este, en un piso adornado con cerámica rústica recién pulida, 63 adultos y 17 niños practican bailoterapia cada domingo. Participar en la actividad es una obligación, como también lo es respetar la norma de no fumar, no beber, no tocar la grama y entregar toda la recompensa del trabajo diario a un arca de beneficio colectivo. Nadie tiene un solo bolívar en el bolsillo, pero todos tienen acceso a educación privada, cursos de natación, salas de juego, parques infantiles, espacios comunes, centro de computación, trabajo según su oficio y una prolongada y repetitiva clase de estudios de la Biblia según la corriente adventista del Séptimo Día, que despierta cada sábado con banquetes criollos, ropa barata y mucha, mucha algarabía. El propósito es agradecer por todo eso a Dios y a Leonel, El Profeta. Es como un kibutz del tercer mundo viviendo el sueño comunitario que pregona el llamado Socialismo del siglo XXI.

El sector La Cruz debe su nombre a una triste plaza sin luces que sus pobladores construyeron hace años para que la zona tenga un punto de referencia. Y solo sirve para eso: sus vecinos no la recorren y tampoco tiene alumbrado público. Está enclavada entre tres calles de arena y la avenida principal de El Bajo, la parroquia más al sur del municipio San Francisco, en Maracaibo (capital del estado Zulia, noroeste de Venezuela). Tradicionalmente, es lugar de tránsito para dueños de camaroneras y sus residentes hacen vida dentro de ella pelando camarones por un salario casi miserable. También hay petroleros y sedes de empresas estatales. La pobreza y la opulencia hacen contraste entre sus abandonados parajes.