Envíanos
un dato

"Silencio, que los peces están durmiendo"

Angelina Estrada viajó con su hijo, de dos años, desde Venezuela hasta México para solicitar asilo a Estados Unidos en uno de sus puestos fronterizos, pero el plan cambió dramáticamente cuando, agotándose el tiempo y los recursos, puso su destino en manos de “coyotes” en el poblado mexicano de Reynosa. Ya no como parte de un reportaje sino como protagonista, la periodista venezolana -quien decidió migrar tras años de amenazas por publicar una pieza- cruzó un río y una selva entre ráfagas de disparos, gritos y sonidos que hoy no salen de su cabeza.

24/07/2019 0:00:00

Comparte en las redes

Ella tenía un plan.

Uno extenuante, costoso, pero, sobre todo, legal.

Angelina Estrada, una periodista venezolana de 32 años, migró en abril pasado junto a su hijo de dos años, su cuñado y su sobrina desde Maracaibo, Venezuela, hasta un refugio en la frontera de México y Estados Unidos para esperar a que llegara la oportunidad de tocar formalmente las puertas del gigante del norte en busca de asilo para los cuatro.

Su viaje incluía comodidades varias: vuelos en aerolíneas privadas; traslados con empresas de transporte terrestre; estadías breves en hoteles, posadas o refugios; tres comidas diarias; y posibilidad de asearse constantemente. Había presupuesto y planificación para aguantar.

Pero el proyecto se descarriló hasta el punto en que Angelina y su hijo terminaron cruzando de madrugada un río entre México y Estados Unidos; luego, engullidos por una zona selvática, tropezando con árboles, mientras sonaban ráfagas de disparos y los atormentaban los gritos a la distancia de un hombre que, aparentemente, habría sido golpeado o torturado hasta la muerte.

La periodista, de 32 años, nacida y criada en Maracaibo, capital del estado Zuia en el noroeste de Venezuela, recuerda cada detalle de su travesía migratoria con la voz ronca, aún impresionada, ya en la vivienda de su hermana Wendys, en Fort Lauderdale, Florida, al sureste de Estados Unidos.