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Nancy, la Curandera de Los Reyes

La relación entre los adivinos y sus pacientes es similar a la de los psicólogos o trabajadores sociales: en todos los casos se enfrentan a problemas de depresión e inestabilidad emocional. En México hay una maestra en el tema...

2/10/2016 9:48:50 PM

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(*) Este reportaje fue originalmente publicado por la revista Nexos de México el 1 de enero de 2016.

Todos los martes y viernes un pequeño grupo de hombres y mujeres se reúne frente a un modesto complejo de viviendas ubicado en Avenida Puebla, en el municipio Los Reyes La Paz, Estado de México. Los visitantes esperan sentados en la acera o de pie frente a la puerta de metal. A mediodía, la persona a la que esperan, María Ruiz Peña, mejor conocida como Nancy o doctora Nancy, entra a la cerrada en un pequeño Chevrolet sedán color rojo. El grupo la sigue al estacionamiento y suben dos tramos de escaleras de cemento con forma de espiral que conducen a una clínica improvisada en uno de los departamentos. La fecha es enero 16 de 2015; Nancy empieza su primer día de trabajo del año. La mañana es fresca. Nancy, que es alta y de figura robusta, viste una bata blanca sobre un suéter rojo. A sus 53 años, su paso es juvenil y femenino. Su piel es blanca y trae suelto el cabello oscuro con destellos rojos. Es una respetada curandera, una sanadora que lleva dos décadas ofreciendo alivio espiritual y consejos mágicos en su clínica, aunque su apariencia no es la de una hechicera. Saluda y platica de buena gana con los visitantes: el actor de telenovela que busca noticias sobre su siguiente trabajo; un chofer de camión que quiere solucionar sus problemas de gastritis; un ama de casa que viene a pedir protección para su hijo y su novia. La mayoría de los pacientes provienen de las colonias vecinas, al oriente del Estado de México, una de las zonas más pobres del país. De igual manera, es usual encontrar gente de clase acomodada en la clínica en busca de ayuda. Para Nancy su gente especial son los de escasos recursos, aquellos que desde temprano hasta muy tarde trabajan día a día como sirvientas, guardias de seguridad, cocineros, albañiles. “Hice una promesa”, me dice Nancy.

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