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La conjura de los testaferros

En la madrugada del 30 de abril se resolvió, con escaso éxito y por simultáneo, un doble complot: uno contra el gobierno de Nicolás Maduro y el otro para sacar provecho, por adelantado, de ese plan para sacarlo del poder. Leopoldo López estaba en ambas. Sin embargo, la característica inédita del movimiento fue el papel articulador que jugaron empresarios de la boliburguesía y testaferros de fortunas recién ganadas para conseguir que figuras claves del oficialismo y los cuarteles se plegaran a la trama.

07/05/2019 21:37:29

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Aún no despuntaba el alba del 30 de abril de 2019 cuando Leopoldo López, que apenas llevaba un par de horas como hombre libre, pidió a uno de sus acompañantes que adelantara gestiones ante la embajada de Colombia para el asilo de “los muchachos”.

Con “los muchachos” López hacía referencia a los dos pelotones del destacamento 432 de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) encargado de la custodia de la Asamblea Nacional –esta, dominada por la oposición desde enero de 2016–, que se embarcaron en el pronunciamiento que alrededor de las cuatro de la madrugada había iniciado el dirigente del partido Voluntad Popular (VP) y ex alcalde del municipio caraqueño de Chacao, a fin de derrocar el Gobierno de Nicolás Maduro.

De hecho, los efectivos del destacamento serían la única unidad militar que ese día se sumó a la rebelión.

Cuando el interlocutor replicó a López, no le quedó más remedio que explicarle que la embajada de Colombia no parecía un refugio conveniente. Desde hace meses carece de Embajador titular o encargado, así como de Agregado Comercial. Ambos acordaron, en consecuencia, hacer la diligencia ante la legación de Brasil.

Con todo, tres horas después, el teniente coronel Ilich Sánchez Farías, comandante del destacamento, debió acercarse a López y sus acompañantes para implorar que, por favor, no lo dejaran en la estacada.

En ese momento, la retirada de los pocos miembros del ejército y del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia, policía política) que se habían plegado al movimiento, “bajo engaño” como después juraron en sus cuarteles, hacía evidente el fracaso de la extraña aventura de los civiles y uniformados que prácticamente acamparon sobre el asfalto de la autopista Francisco Fajardo, la principal vía que atraviesa de oeste a este el valle de Caracas, a la espera de refuerzos militares y una avalancha de pueblo que nunca llegaron.

Sánchez Farías es el oficial alto y moreno, en uniforme verde oliva de campaña, que en un video difundido esa madrugada por Twitter aparece recibiendo con un abrazo al  vicepresidente de la Asamblea Nacional, Edgar Zambrano, cuando este llega a las afueras del aeropuerto de La Carlota. Sánchez es muy estimado entre los diputados de oposición. Su estilo cordial y caballeroso contrastaba con el precedente establecido por el coronel Vladimir Lugo, otrora comandante del mismo destacamento, que en enero de 2017 ganó celebridad en las redes al zarandear ante las cámaras al entonces presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges.