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Un enchufe que la UNE con Cuba le sacó luz y dinero a Venezuela

La Unión Eléctrica de Cuba (UNE), una empresa del Estado antillano, replicó en el sector de energía la relación que en otros ámbitos establecieron, bajo el nombre de cooperación bilateral, las revoluciones castrista y chavista: Venezuela ponía la plata y Cuba los productos y servicios de los que con frecuencia solo era intermediario en vez de productor. Pero en este caso el trato incluía que Caracas también financiara la compra de productos y servicios que hacían falta en la isla para reconstruir su propio y devastado sistema eléctrico. Más de 3.000 asesores cubanos desembarcaron para intervenir el suministro de electricidad desde obras que hoy no producen ni un vatio, como Planta Centro, o instalar grupos electrógenos que debían aportar ocho por ciento de la luz en Venezuela, mientras enriquecían a proveedores de otros países como Eslovaquia.

05/05/2019 0:05:00

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Cuando en 2004 el presidente Hugo Chávez firmó los acuerdos-marco de cooperación energética con su par de La Habana, Fidel Castro, se abrió para la isla caribeña un frente de negocios en el que la Unión Nacional Eléctrica (UNE, por sus siglas, corporación estatal adscrita al Ministerio de Energía y Minas de Cuba) se convirtió en un socio forzoso en la provisión de equipos y know-how para el servicio eléctrico de Venezuela, hoy entre los más ruinosos del hemisferio occidental.

Desde consultorías especializadas hasta la compra de tecnología, la UNE fue el gran intermediario con empresas de otros países -entre ellos, en lugar destacado, Eslovaquia- que dejaban en el camino millones de dólares en las arcas cubanas con las contrataciones de obras, productos y servicios ofrecidos a Venezuela. La UNE incluyó, a través de su entramado de empresas filiales, la más costosa asesoría para recomendar a proveedores, en lo que terminó siendo el fracaso de la expansión de la industria eléctrica nacional prometida por la revolución.

Paradójicamente ese mismo año de 2004  la isla había sido azotada por los huracanes, lo que dejó en el mínimo su escasa estructura eléctrica y también condicionó muchos de los negocios que le propuso a Venezuela. De allí en adelante, lo que necesitaba Cuba para la recuperación de su entramado eléctrico también terminaba comprándolo Venezuela.