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Así resisten los colombianos expulsados por Nicolás Maduro

En 2015 miles de colombianos que tenían hasta 20 años viviendo en Venezuela fueron deportados abruptamente del país, que entonces comenzaba a mostrar los quiebres de una crisis que hoy no tiene comparación en la región. Cuatro años después estas familias no recuperan la prosperidad que alguna vez les brindó Venezuela y apenas sienten un alivio al ver la debacle del otro lado de la frontera

24/02/2019 0:00:00

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La familia Ardila Morales quedó sin casa, sin negocios, sin carros y hasta sin ropa de un minuto a otro en agosto de 2015. Sus miembros fueron unos de los más de 7.000 colombianos que tuvieron que huir por trochas de Venezuela ese año para refugiarse en Colombia, en una estampa que parecía el producto de un desastre natural.

Pero el desastre fue político y llevaba el nombre de Nicolás Maduro.

El régimen venezolano deportó formal y abruptamente a más de 1.000 colombianos que hasta entonces moraban en el lado del estado Táchira en la frontera colombovenezolana durante la crisis que se inició el 19 de agosto de 2015: esa misma noche Maduro alegó que paramilitares colombianos, vinculados al tránsito de contrabando característico de la zona, habían cruzado la frontera y emboscado a tres militares venezolanos. 

“La frontera se nos pudrió. Somos víctimas del modelo capitalista paramilitar de la derecha colombiana”, dijo entonces Maduro en cadena nacional. Luego amenazó y cumplió: “Allí vamos a tumbar todas las casas, para que lo sepan, allí no quedará ni una sola casa”.

Ante el temor de las represalias y la amenaza de tierra arrasada, otros miles de colombianos prefirieron huir por su cuenta con algunas pertenencias.

Fueron los precursores de un éxodo que luego continuarían miles de venezolanos que atravesaron el río Táchira, bien por los puentes que controlan las autoridades de migración, o por las trochas informales, en busca de una mejor vida. Ahora esta es la zona cero en un nuevo conflicto entre los Gobiernos de Caracas y Bogotá en lo que parece una escalada definitiva y muy peligrosa.

Cuatro años después no quedan las casas y tampoco la esperanza de ser indemnizados, pero desde Cúcuta, la capital del departamento colombiano de Norte de Santander, se mantienen atentos a las noticias sobre la crisis venezolana. Esperan que al otro lado de la frontera sus verdugos se desmoronen.