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Una vacuna en entredicho empaña el legado de Jacinto Convit

La oferta no puede ser más esperanzadora: una "vacuna" o inmunoterapia contra el cáncer de mama capaz de reducir el tumor y la posibilidad de metástasis. Una opción poderosa en un país donde las neoplasias son la segunda causa de muerte de los venezolanos y donde es cada vez más limitado el acceso a los tratamientos de quimioterapia y radioterapia. Pero esta investigación, desarrollada por el ilustre médico venezolano Jacinto Convit a partir de 2002 y que continúa después de su fallecimiento, acumula imprecisiones y procesos opacos que la hacen tambalear frente al rigor científico, ético y médico.

25/11/2018 0:00:00

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Cada cierto tiempo, en un aniversario del natalicio o del fallecimiento del científico, circula el mensaje. “Buena noticia para Venezuela y el mundo. Ya está disponible  la vacuna contra el cáncer de mama, descubierta por el doctor venezolano Jacinto Convit. Está disponible en el Hospital Vargas de Caracas y la aplicación es gratuita”. Con un número telefónico de la capital venezolana invitan a llamar para obtener más información y en mayúsculas sostenidas finalizan el texto con la frase: “Esta cadena sí vale la pena pasarla”.

Difícil dudar en reenviarla cuando se vive en un país donde el cáncer es la segunda causa de muerte registrada por el Ministerio de Salud, con cerca de 25.000 decesos anuales, y el tratamiento básico se ha reducido en su disponibilidad: los 31 medicamentos oncológicos más usados no se consiguen en el país, apenas funcionan cuatro de las 25 unidades de radioterapia y las cirugías se han reducido en 50%, según los reportes de la Alianza Venezolana para la Salud y la Red Defendamos la Epidemiología Nacional; cifras que ya registran unos cuatro años en declive.

Desde el año 2010, cuando un gran titular de primera página en el diario de circulación nacional 2001 informó sobre el desarrollo de una vacuna contra varios tipos de cáncer bajo la dirección del eminente médico y científico Jacinto Convit (quien para ese momento tenía 96 años de edad), ese mensaje comenzó a ser replicado por miles y ha seguido así; desaparece y revive por temporadas, sin perder vigencia aunque carezca de veracidad.