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Malos tratos para los venezolanos, carita feliz para Maduro

Los negocios de hidrocarburos ahogan los derechos de los migrantes en Trinidad y Tobago. Abandono consular, deportaciones, multas prohibitivas, explotación laboral y condenas de prisión, son algunas de las hostilidades que aguardan a los que llegan desde Venezuela buscando una mejor vida allá. Pero, al mismo tiempo, el Gobierno de Puerto España trata con guantes de seda al régimen de Nicolás Maduro, para el que reserva los miramientos que se tienen con un socio que, en el marco de acuerdos de cooperación que llevan años negociándose, aportará el gas natural y los recursos que permitirán reactivar importantes instalaciones industriales en la nación de las dos islas.

Malos tratos para los venezolanos, carita feliz para Maduro

Los negocios de hidrocarburos ahogan los derechos de los migrantes en Trinidad y Tobago. Abandono consular, deportaciones, multas prohibitivas, explotación laboral y condenas de prisión, son algunas de las hostilidades que aguardan a los que llegan desde Venezuela buscando una mejor vida allá. Pero, al mismo tiempo, el Gobierno de Puerto España trata con guantes de seda al régimen de Nicolás Maduro, para el que reserva los miramientos que se tienen con un socio que, en el marco de acuerdos de cooperación que llevan años negociándose, aportará el gas natural y los recursos que permitirán reactivar importantes instalaciones industriales en la nación de las dos islas.

La sede de la embajada de Trinidad y Tobago en Caracas no acepta correspondencia formalmente. Ya a sus puertas empiezan los peros para no recibir cartas, y si las reciben, no las sellan. No importa si se trata de la solicitud de un diputado, del familiar de un migrante detenido o de un periodista. La comunicación parece ser fluida solo con el Gobierno de Venezuela, sin otra exposición o movimiento que afecte lo que parece ser una alianza de conveniencia perfecta.

Ni el creciente flujo de migrantes venezolanos a Trinidad y Tobago, ni los problemas derivados de esa corriente humana -solicitudes de asilo, arrestos por falta de papeles, denuncias de malos tratos- mueve a los gobiernos lejos de esta zona de confort.

Resonó con fuerza el reclamo, ese sí, hecho por el primer ministro trinitario, Keith Rowley, pero dirigido a Naciones Unidas, asegurando que no permitirá que su país se convierta en un “campo de refugiados”. Un impasse que ocurrió tras la reprimenda de la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados (Acnur) por la deportación de 82 venezolanos, de los cuales más de la mitad eran solicitantes de asilo. Rowley no dirigió una palabra al gobierno venezolano y este también prefirió el mutismo, incluso cuando empezaron a circular audios de venezolanos maltratados detenidos en Trinidad.