Envíanos
un dato

Una lavadora de dinero atracó en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo

Un juzgado en Nueva York empezó a ventilar la semana pasada el caso de un esquema ‘offshore’ que unos empresarios iraníes idearon para burlar el cerco de las sanciones norteamericanas contra Teherán. Los fondos en dólares que alimentaban ese circuito provenían de Venezuela, y eran parte del pago por la construcción de la Ciudad Socialista Fabricio Ojeda, cuyo desvío Pdvsa consintió. El ejecutivo iraní a cargo del proyecto, dueño a la vez de un sospechoso banco en Malta, había estado bajo investigación de la asesinada periodista Daphne Caruana.

4/1/2018 12:05:00 AM

Comparte en las redes

En junio de 2012, el presidente de Irán para la fecha, Mahmoud Ahmadinejad, visitaba en Caracas a su aliado, más que homólogo, Hugo Chávez. Si al primero le quedaba un año y fracción en el poder, al caudillo venezolano le restaba menos de un año de vida, afectado por un cáncer de cuya naturaleza y consecuencias todavía no se informaba a sus gobernados y, quizás, tampoco a sus asociados. Pero entonces ambos, que se trataban de “hermanos” entre sí, gozaban de un auténtico bromance.  El apogeo aparente de la afinidad personal y programática entre los líderes se nutría de la retórica antiimperialista, el desafío a los protocolos y, sobre todo, de muchos negocios.

Eran negocios en los que Venezuela, sin excepción, hacía las veces de cliente pagador, e Irán, de proveedor. En su afán por catapultar a su país a la categoría de potencia y con las alforjas llenas de petrodólares, Chávez convocó a sus aliados internacionales, entre ellos el régimen islámico de Teherán, para que asumieran la ejecución de toda clase de proyectos faraónicos, en sectores de la energía, la industria y la construcción -dejando de lado a las multinacionales y a la burguesía nacional, a quienes Chávez identificaba como enemigos por aniquilar.