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La comida llega a veces a la comunidad, el dinero siempre a los paraísos fiscales

El Gobierno venezolano ha recurrido a una miríada de intermediarios comerciales para proveer de mercancía importada a los Clap, su programa estelar de asistencia alimentaria. Con compras masivas en mercados internacionales amaina de manera imperfecta el hambre de los sectores populares, mientras alimenta, esta vez sí de forma segura, los flujos financieros que van a dar a cuentas bancarias en Hong Kong o Suiza.

11 March 2018

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El negocio de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) tiene al menos dos caras. La que todos ven es la de miles de ciudadanos esperando la ansiada caja que reparte el Gobierno con alimentos a precios subsidiados. Al reverso, en la cara oculta, se esconde el apetito de los intermediarios que facturan millones de dólares por esa mercancía. Para unos, el acceso a las cajas mismas y a la gama de productos que portan parece cuestión del azar y de la condescendencia de los funcionarios. Para los otros, los traders, en cambio, su fortuna está asegurada desde que salen las cajas en contenedores desde puertos de otros países. Pero esa ruta de la prosperidad no termina para los comerciantes en Venezuela, sino que se extiende a determinados paraísos fiscales.

La recompensa es tan jugosa que desde mediados del año pasado, cuando el plan estatal creado en 2016 terminó de cobrar cuerpo, aún en el marco de la que quizás sea la mayor crisis económica en la historia de Venezuela, entraron en la puja un sinfín de proveedores que sólo las autoridades venezolanas parecen conocer. Apenas han trascendido al público un par de nombres, como los de Postar Intertrade Limited y Group Grand Limited. Pero qué duda cabe de que no son los únicos.