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Carlos Dorado, el empresario que juega con fuego

La caja registradora del empresario venezolano Carlos Dorado no ha dejado de sonar, a pesar de las polémicas. Pasó de ser el opositor perseguido por el chavismo al empresario acomodaticio que se pasó a la acera de enfrente. Ni lo uno ni lo otro, dice él. Su trayectoria revela un pragmatismo empresarial y un empeño por retribuirle al país que lo adoptó todo lo que pueda, sin importar que en el camino le toque acercarse a las brasas.

28 January 2018

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En las reuniones semanales del Consejo Nacional de Economía Productiva que llegaron a realizarse en el Palacio Blanco sonaba con frecuencia una pregunta: “A ver, Carlos Dorado, ¿qué opinas tú?”. El entonces vicepresidente venezolano Aristóbulo Istúriz, quien comandó los encuentros durante 2016, se mostraba interesado en escucharlo. Como si se tratase de un analista. El empresario, vicepresidente de la casa de cambio Italcambio, era uno de los tres representantes del sector privado con un puesto privilegiado dentro de ese consejo, convocado e instalado por el presidente Nicolás Maduro en enero de ese año “para buscar soluciones para combatir la guerra económica” e impulsar la producción nacional.

Los otros dos, Alberto Vollmer (presidente de Ron Santa Teresa) y Passam Yusef (presidente de la empresa Siragon), no llegaron a ser tan consecuentes en su asistencia cada martes, a las 10 am.

Dorado sí. Aquel petit comité  estaba al mismo nivel que los viceministros del área económica, del presidente del Banco Central de Venezuela, del exministro de Finanzas Rodrigo Cabezas, de los entonces gobernadores José Gregorio Vielma Mora y Tareck El Aissami, de los presidentes de empresas del Estado, pero a diferencia de otros Dorado no adulaba.