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De colegas de ciencia a camaradas de la SS (II)

Segunda entrega  Tres exoficiales de la SS, la organización ideológico-militar del régimen nazi, científicos que estuvieron a cargo de un proyecto secreto para crear las superespecies de cultivos que debían mantener a los colonos alemanes una vez conquistado el este de Europa, se reagruparon tras la II Guerra Mundial en Venezuela. Vareschi, Schäfer y Brücher, ¿el bueno, el astuto, y el desgraciado? Tres personajes muy diferentes, cuyas travesías se cruzaron más de una vez, pero tuvieron destinos opuestos. Lea la primera entrega aquí 

08 September 2012

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Ernst Schäfer gozaba en ese 1937 de cierta fama, que anticipaba la imagen de personajes del cine de aventuras estadounidense. Mezcla de erudición y mundanidad, ambicioso y seductor, no solo se parecía al Indiana Jones de la cinematografía sino, con más exactitud, al doctor Jones de La última cruzada (1989), que intenta –en 1938, según la trama escrita mucho después por Steven Spielberg y George Lucas- recobrar el Santo Grial para privar a los nazis de sus poderes mágicos. Solo que Schäfer buscaba, en sentido contrario y algo más metafórico, el Santo Grial para entregárselo a los nazis.

Zoólogo de la Universidad de Gotinga, especializado en ornitología, había nacido en la ciudad de Colonia en 1910. Venía de dos resonantes expediciones en los años 30 que se adentraron en China por el río Yang Tzé, dirigidas y financiadas por un millonario heredero de Filadelfia, Brooke Dolan II (1908-1945). En ambas alcanzó las estribaciones de los Himalayas. Y también en ambas, a la vez de recolectar cientos de especies desconocidas, mostró una destreza nada académica que se revelaría, sin embargo, indispensable para las expediciones de la época: era un magnífico cazador. Su puntería legendaria le permitió abatir a un oso panda que se había atrincherado en la copa de los árboles y al que no podía ver sino apenas oír. Esas dotes añadieron ironía al accidente en que Schäfer mató a su primera esposa, Herta Volz. Durante una cacería de patos, el 9 de noviembre de 1937, Schäfer resbaló dentro del bote de remos desde el que acechaban a sus presas. Su escopeta cayó y se disparó, hiriendo a Herta en la cabeza. Apenas tres meses después, en la primavera de 1938, Schäfer partía con su equipo de cuatro acompañantes hacia Calcuta, India, primera etapa de la expedición al Himalaya. En tan escaso tiempo había reunido suficiente ánimo para sobreponerse a la tragedia de su esposa, así como recursos suficientes para una misión grandiosa como ninguna otra.

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