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Rebelión en la Catedral

Ante las innovaciones del papa Francisco, la Iglesia en Venezuela no es monolítica. El único Cardenal criollo, Jorge Urosa Sabino, ha quedado en evidencia como un disidente de las reformas que llegan desde Roma. Sus posturas dividen al clero y dejan mal parado al bando conservador para su sucesión en el cargo de Arzobispo de Caracas. A su vez, por paradoja, refuerzan al sector progresista de una iglesia que hasta ahora se ha comportado como muro de contención frente al chavismo.

20/12/2015 13:07:29

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“La Iglesia es una familia espiritual y la familia es una pequeña Iglesia”. Así ve el Papa Francisco a la institución que dirige desde marzo de 2013. Si se toma al pie de la letra esa imagen de espejos entre Iglesia y familia, entonces no debería sorprender que los cambios que Francisco, como patriarca, intenta impulsar en la familia, generen molestias y desacomodos entre sus miembros. De hecho, algunas de esas incomodidades, que pudieran expresarse como disensos abiertos, se comprueban en la jerarquía de la Iglesia Católica venezolana.

El aggiornamento que Francisco –quien cumplió 79 años este jueves– impulsa desde Roma en cuestiones como la comunión para los divorciados vueltos a casar, la aceptación en la fe de los hijos de las parejas no casadas, y algún encaje que naturalice a las parejas homosexuales, ha encontrado resistencias en costas venezolanas. Quizás la más importante, y hasta entonces solapada, se hizo sentir en agosto reciente cuando, apenas semanas antes de que se iniciara la segunda parte del Sínodo de la Familia en el Vaticano, un grupo de purpurados de cuatro continentes publicaban en Estados Unidos –originalmente, en inglés; un mes después apareció en España una edición castellana– el libro Once cardenales hablan sobre el matrimonio y la familia, en el que plantaban cara a los planteamientos de Francisco. El documento sorprendió sobremanera a los obispos venezolanos, pues entre los autores aparece el Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, el único latinoamericano en la empresa.

 “No sabíamos de esa iniciativa, la cual por supuesto nos colocó en una posición difícil, pues se interpretó como un cuestionamiento a la postura del Papa, incluso algunos obispos italianos nos preguntaron si esa era la posición del Episcopado”, admitió una fuente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), que recordó que “el Cardenal ciertamente es el más alto representante de la Iglesia en Venezuela, pero no es el jefe de la Iglesia en Venezuela, sino un asesor del Papa. La voz de la Iglesia en Venezuela es la CEV”.

Urosa, en todo caso, negó estar opuesto al Pontífice y atribuyó todo a una mala interpretación de los medios. “En el libro defiendo la postura que San Juan Pablo II dejó en su documento Familiaris Consortio, en el cual se dice que las personas que han tenido problemas con el matrimonio eclesiástico y que han contraído otro matrimonio o están viviendo en concubinato no pueden recibir la comunión, a menos que vivan en abstinencia sexual; es decir, como hermanos. Eso es lo que dice el catecismo y la doctrina de la Iglesia, los cuales establecen que quien está divorciado y tiene relaciones sexuales fuera del matrimonio está cometiendo pecado”, explica.

La aclaratoria de Urosa, sin embargo, no contrarrestó el peso de otro gesto suyo: también suscribió una carta al Papa Bergoglio en la que varios cardenales criticaban los procedimientos del Sínodo. La misiva fue difundida por los medios en plenos debates y provocó otro revuelo. “Algunos periodistas le dieron un carácter de protesta y de revuelta (…) han exagerado demasiado, han tratado de hacer una tormenta en un vaso de agua”, dijo.

En predios de la CEV aseguraron que la carta hizo ruido en el Vaticano. “El secretario de Estado, Pietro Parolin, sabía de la maniobra y habló con varios de los que iban a refrendarla pero no logró convencer a algunos de no hacerlo y a otros los dejó seguir adelante, obviamente para exponerlos”, apuntó un confidente. Parolin, mano derecha de Bergoglio en la burocracia vaticana, fue por largo tiempo Nuncio (embajador del Papa) en Venezuela y conoce bien el tipo de habas que se cuecen en la Iglesia local.

Runrunes a ‘sotto voce’

¿La jerarquía venezolana está enfrentada al papa Bergoglio? No. “No se puede pensar que la CEV vaya por un lado y el Papa por otro, al contrario: creo que la CEV ha sido una de las que ha sabido subsumir dentro de sus últimos documentos el pensamiento y el punto de vista de Francisco. Yo veo a muchísimos obispos comprometidos con el mensaje de Francisco y más importante aún a los sacerdotes, que han hecho suyo ese mensaje de salir de la comodidad de los despachos e ir a la gente”, aseguró el padre Carlos Boully, rector de la Universidad Católica Santa Rosa (Ucsar).

En similares términos se pronunció el expresidente de la CEV y arzobispo de Mérida (capital del estado de Mérida, Andes del suroccidente venezolano), monseñor Baltazar Porras, quien afirmó: “Ninguno de los que firmaron ese libro representa a sus conferencias episcopales y el Sínodo da razón de ello, porque hay una evolución en positivo hacia lo que han sido los planteamientos del Papa, los cuales fueron aprobados por mayoría calificada”.

A pesar de la unanimidad en las declaraciones, otros prelados y religiosos, quienes pidieron el anonimato para hablar, aseguran que Urosa y otros aliados, como el recién electo obispo de Margarita (territorio del Estado insular de Nueva Esparta, sobre el Caribe Oriental de Venezuela), monseñor Fernando Castro, quien es el segundo del Opus Dei en el país, no ven con buenos ojos las propuestas del Pontífice argentino, por considerar que atentan contra la doctrina.

Bergoglio reservó a Baltazar Porras una de las 45 sillas del Sínodo. Porras, quien tiene una estrecha relación con el Pontífice desde que coincidieran en la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam), de la que el venezolano fue vicepresidente por dos períodos, se sumó así a Urosa y a monseñor Diego Padrón, presidente de la CEV, en los debates que se produjeron en el Vaticano.

“El Papa llamó a sus aliados en todo el mundo para sacar adelante sus propuestas y en Venezuela uno de los aliados más firmes es Porras”, apuntó el informante, quien no descartó que en el futuro el prelado sea llamado a un puesto en Roma.

La reaparición de Porras en el firmamento vaticano pone a la luz las tensiones cruzadas a las que se somete la iglesia venezolana por estos días. Si bien las posturas frente a las reformas del Papa parecen constituir dos bandos al interior de la jerarquía católica, esta a su vez se posiciona de maneras distintas frente al conflicto político local de los últimos 17 años. Porras, tildado como contrarrevolucionario por el oficialismo, pasa así como una figura reformista de avanzada en la controversia doctrinaria.

‘Arriverderci” a la vieja guardia

¿La alianza de Urosa con cardenales como el ex arzobispo de Madrid, Antonio Rouco Varela, considerado como uno de los más conservadores de Europa, le pasará factura? Uno de los confidentes dijo que sí. “La postura del Cardenal, quien no tiene buenas relaciones con el Secretario de Estado y antiguo Nuncio en Venezuela, Parolin, no cayó bien en Roma, pero las verdaderas repercusiones las veremos a futuro, en particular si logra influir en la elección de su sucesor”.

A Urosa, de 73 años, Arzobispo de Caracas, le restan menos de dos años en su puesto. Entonces, al cumplir 75, según el Código de Derecho Canónigo, deberá presentar su renuncia ante el Pontífice. Anticipándose a ese escenario, aseguran varios colegas, Urosa hace gestiones para que le nombren un Obispo Coadjuntor, con el objetivo de seguir ejerciendo junto con su heredero.

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Iltrada a la luz pública en pleno debate del Sínodo, 13 cardenales aparecieron refrendado una carta que mostraba diferencias doctrinarias con el Papa. Entre otros, el mexicano Norberto Rivera Carrera negó haber firmado la misiva, por lo que el arzobispo de Caracas es el único latinoamericano que reconoció estar dentro de ese grupo. Foto: Perfil.com

En pasillos de la CEV aseguraron que el único Cardenal venezolano quiere que su sucesor sea el actual Arzobispo de Valencia (capital del estado de Carabobo, centro de Venezuela), monseñor Reinaldo Del Prette, y no los otros dos candidatos que suenan con fuerza entre los prelados para figurar en la terna que la Nunciatura deberá enviar al Vaticano en su momento: El actual Obispo de Barinas (capital del estado de Barinas, llanos occidentales de Venezuela), monseñor José Luis Azuaje, quien fuera secretario ejecutivo de la CEV durante la Presidencia de Porras entre el 2000 y 2006; y el Obispo de La Guaira (Estado de Vargas, costa central Caribe), el salesiano Raúl Biord, sobrino y colaborador del fallecido cardenal aragüeño, Rosalio Castillo Lara, quien, como presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano –una suerte de Gobernador–, llegó a tener gran influencia en la Santa Sede durante el pontificado de Juan Pablo II.

Monseñor Jesús González de Zárate, por su parte, pese a ser uno de los más cercanos colaboradores de Urosa, ha dejado de figurar en las quinielas, pues, según los informantes, su nombre ahora se menciona para suceder a monseñor Padrón –próximo a renunciar al puesto, también por razones de edad– en la Arquidiócesis de Cumaná (capital del estado de Sucre, nororiente).

Pero no solo Urosa o Padrón tendrán que decir adiós, sino buena parte de los obispos que mantuvieron una relación áspera –cuando la tuvieron– con el fallecido Hugo Chávez. Entre ellos se cuentan el pugnaz arzobispo de Coro (capital del estado de Falcón, costa occidental), monseñor Roberto Lückert; o el de Maracaibo (capital del estado de Zulia, extremo noroccidental del país) y expresidente de la CEV, monseñor Ubaldo Santana. Hasta el propio Porras, ungido por su cercanía al Sumo Pontífice, está en retirada, cuando el autodenominado proceso bolivariano todavía sigue en marcha, aunque debilitado, en Venezuela.

Los enroques que se preparan ante la próxima racha de bajas podrían favorecer a Mario Moronta, vaticinan las fuentes. El actual obispo de San Cristóbal (capital del estado de Táchira, frontera con Colombia) fue apartado del centro de acción política –se desempeñó como Obispo Auxiliar de Caracas a sus 40 años y luego en Los Teques– y desterrado a una lejana comarca en tiempos de Juan Pablo II. Entonces en el Vaticano hubo poca conformidad con la simpatía que Moronta profesaba con el chavismo.

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Junto a Urosa, el recién electo obispo de Margarita, monseñor Fernando Castro, destaca en el ala conservadora del clero venezolano. Foto: Conferencia Epicopal Venezolana.

‘Eppur si muove’

El Sínodo de la Familia fue el primer campo de batalla donde se pusieron a prueba los gestos renovadores de Francisco. A la vista de cómo se desarrolló, es difícil determinar qué bando salió victorioso. Fue una cita tensa. El propio Papa señaló en su discurso de cierre, el 24 de octubre, que algunos participantes habían utilizado “métodos no del todo benévolos” para defender sus tesis. De hecho, el documento final luce como un galimatías neutro que no deja observar avances significativos en las que la propia Iglesia califica como “situaciones difíciles” (divorciados, parejas de hecho, homosexuales). ¿Un round para los conservadores?

“No estamos donde quisiéramos estar, pero ya no estamos donde estábamos”, es la respuesta del padre Boully, rector de la Universidad Católica Santa Rosa. “El Papa ha despertado conciencias, atizado el fuego de la reflexión en esos temas. El solo hecho de llamar a los padres sinodales, de llamar a la reflexión a mentes que estuvieron congeladas durante mucho tiempo, es un avance. El Sínodo no es un suiche que se sube y todo cambió, ¡no! Apenas ahora va a generar reflexión entre los obispos, sacerdotes y laicos, para luego comenzar a ver los frutos. Francisco tuvo la valentía de convocar este Sínodo para abordar temas que otros no se atrevieron”.

En similares términos se pronunció Porras: “El Sínodo avanzó y abrió una serie de posibilidades que habrá que ir desarrollando con prudencia, pero con paso firme hacia adelante a nivel de las conferencias episcopales” y envío un mensaje a los inmovilistas: “Poner la doctrina por delante es poner la ley y tiene que ser al revés, es la vida la que señala lo que debe ser normado para bien de la totalidad de las comunidades”.

Para curar a la feligresía de los espantos que pudiera producir la vista a una iglesia en diatriba, monseñor Ovidio Pérez Morales, quien presidió el Concilio Plenario de Venezuela, recomendó a todos dejar de hacerse ecos sobre cismas y divisiones: “Hay que acostumbrarse al debate dentro de la Iglesia”.



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