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¿Qué tiene Estados Unidos contra Rafael Esquivel?

Once cargos por fraude electrónico, lavado de dinero y asociación para delinquir esperan en Nueva York al por 27 años presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, detenido desde mayo en Suiza tras una redada contra directivos de Fifa. Siendo tan raquítico el balompié en Venezuela, cabe preguntarse por qué la fiscalía de la principal potencia planetaria debería ocuparse de su dirigente. Las respuestas surgen tras un vistazo a la acusación.

09/01/2016

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Pero ahora, a punto de cumplir ocho meses de confinamiento en una cárcel suiza, debe haber hecho repaso a todos los detalles de su carrera por la burocracia internacional del fútbol, en un intento por detectar qué fue lo que hizo mal.

Esquivel, de 69 años, vicepresidente de la Confederación Sudamericana de Fùtbol (Conmebol) y miembro del Comité Ejecutivo de la Fifa –además de presidente, vitalicio en la práctica, de la Federación Venezolana– cuenta en derrotas sus intentos por obtener algún grado de clemencia: tres fueron los recursos presentados por sus abogados para sacarlo de prisión y rebatir la solicitud de extradición presentada por Estados Unidos en julio pasado, próxima a cumplirse. Los tres fueron negados por el Tribunal Penal Federal de Bellinzona, Suiza. La última ocasión, el reciente 29 de diciembre.

La justicia suiza considera que Esquivel puede trasladarse por su cuenta en largas distancias y no tiene nexos familiares o de negocio en el país, todo lo cual lo hace un prospecto perfecto para la fuga. Y si bien, según diversos testimonios, el veterano comerciante tinerfeño ha perdido mucho peso en cautiverio y, según los recursos consignados, padece de trastornos de salud y una “gran carga sicológica”, las autoridades de la nación alpina aseguran que las veces que Esquivel fue internado en centros de salud se han tratado de exámenes de rutina para un individuo de su edad.

A estas alturas todo indica que a Esquivel no le queda más que esperar a que lo entreguen a las autoridades de Estados Unidos, donde deberá enfrentar once cargos por asociación para delinquir, lavado de dinero y fraude electrónico, presentados por la Fiscalía General de Loretta Lynch ante el Tribunal del Distrito Este de Nueva York.

Que su presidente federativo esté en la mira de la justicia de la principal potencia mundial casi que podría pasar por un blasón de orgullo para el raquítico currículo del balompié venezolano; después de todo, Venezuela es el único país de América del Sur que nunca ha participado en una Copa del Mundo, junto a las ex colonias europeas de Guayana, que en todo caso no forman parte de Conmebol. Pero lo cierto es que justamente fue ese, el de incorporarse a la compleja trama de una liga superior, el error fatal de Esquivel.

Promoción de liga

La astucia de Esquivel consiguió por mucho tiempo rescatarlo ileso de algunas correrías de las que de vez en cuando daba cuenta la prensa venezolana: el dispendio de los subsidios que el programa GOAL de la Fifa desembolsó para promover el desarrollo del fútbol en Venezuela o la compra que forzó de un terreno de su propiedad en la isla de Margarita (estado de Nueva Esparta, Caribe oriental de Venezuela) para que la Federación de Fútbol construyera allí un faraónico Centro de Alto Rendimiento. Más allá de la escasa posibilidad de que las denuncias generaran algún tipo de consecuencia judicial, fueron episodios de picaresca provinciana frente a la escala de lo que Esquivel encontraría ante sí en el negocio planetario del fútbol. 

Esquivel se hizo secuaz del paraguayo Nicolás Leoz, el eterno presidente de Conmebol, lo que en más de un modo equivalía a hacerse leal al status quo del fútbol mundial que durante 43 años desde la Fifa construyeron Joao Havelange y su sucesor, Joseph Blatter: una corporación cuasi familiar desde la que se controlaron todas las entradas a la comercialización del deporte. La fidelidad al cártel tenía una compensación: la posibilidad de participar en el botín de los derechos de transmisión televisiva y comercialización de los torneos internacionales.

Como no hay gusto que no comporte un susto, el acceso de Esquivel a un juego más grande y rentable, pero que no controlaba, ahora lo expone a una trama global que también lo supera: Estados Unidos se ha propuesto romper el gang del fútbol. El venezolano con pasaporte español es apenas uno entre las 41 entidades e individuos que la Fiscalía acusa en Nueva York, así como fue solo uno entre siete detenidos en la espectacular redada, propia de una película de espías, del 27 de mayo en el Hotel Baur au Lac de Zúrich, Suiza.

Ello no quiere decir que las imputaciones contra Esquivel sean genéricas. Por el contrario: un vistazo a los papeles del caso “Estados Unidos contra Webb y otros” –en alusión al presidente de la confederación centroamericana Concacaf,  el caimanés  Jeffrey Webb, otro de los indiciados–, abierto el 20 de mayo de 2015, permite comprobar que los cargos contra Esquivel están entre los más precisos. En el caso, cuya condena –de ser encontrado culpable– podría significarle 20 años de prisión, al acusado lo representa el abogado Louis M. Freeman, del bufete Freeman, Nooter & Ginsberg.

Estados Unidos  defiende su jurisdicción en el caso porque muchas de las entidades vinculadas mantienen sedes en su territorio nacional y, sobre todo, porque parte del circuito del dinero negro producido por los delitos investigados discurre por el sistema financiero estadounidense. En este último particular Esquivel tuvo algo que ver: como reza la acusación, al menos dos federaciones nacionales de Suramérica, la argentina y la venezolana, receptoras de fondos negros, tenían cuentas –como el propio Esquivel– en bancos de Florida y Nueva York. El documento además subraya que Esquivel, “en varios momentos relevantes para el caso (…) era dueño de distintas unidades de propiedad residencial en Estados Unidos, específicamente en el estado de Florida”.

De acuerdo a reportes periodísticos, durante el proceso judicial que apenas se inicia a Esquivel se le han congelado fondos e inmuebles por valor de 3 millones de dólares. En el registro de propiedades de Florida se pueden identificar siete inmuebles que ahora aparecen como activos de personas jurídicas, pero que hasta 2011 fueron de Esquivel. Cinco de ellas, casas de dos habitaciones y dos baños en Hialeah, fueron traspasadas a las empresas por 100 dólares cada una, aunque su valor de mercado rondaba los 125.000 dólares a fines de 2014. Las otras dos propiedades son condominios al oeste de la calle 86, en Kendall, tasados en alrededor de 188.000 dólares cada uno por la misma fecha.

El primer cargo directo contra Esquivel que surge en la acusación se data en 2007, cuando la Venezuela de Hugo Chávez fue anfitriona de la Copa América. Según la acusación, en esa oportunidad Esquivel solicitó una comisión de un millón de dólares a la empresa de comercialización deportiva Traffic, como recompensa por sus denuedos para asegurar que esa compañía controlara los derechos del torneo. De hecho, Traffic detentó esos derechos sin interrupción desde 1991 hasta 2011, gracias a la relación de íntima connivencia que enlazó con las autoridades de Conmebol, entre ellas, Esquivel. Traffic USA es una empresa con sede en Miami, Florida, asociada a la brasileña Traffic Sports, controlada por el empresario estadounidense de origen costarricense, Aaron Davidson, y su adjunto colombiano-estadounidense Enrique Sanz de Santamaría.

Los honorarios no los habría pedido Esquivel directamente a Traffic, sino a través de su amigo José Margulies, alias José Lazaro, un argentino naturalizado brasileño hace 40 años, quien también porta pasaporte polaco. Margulies, de 75 años de edad, es un personaje clave dentro del entramado de pagos de sobornos e ingeniería financiera que la justicia de Estados Unidos desentraña y busca castigar. El hombre de negocios transmitió el pedido a Traffic, que hizo el pago.

Sin embargo, siempre según la acusación, ese peaje no resultó suficiente. Esquivel solicitaría a Traffic pago por comisiones directamente asociadas al desempeño de la Copa América 2007 en otras dos ocasiones. La primera ese mismo año, 2007, cuando pidió a un alto ejecutivo de Traffic, al que el documento solo menciona como el Co-conspirador #9, un bono sobre las ganancias obtenidas por la compañía en la Copa; la empresa le habría pagado 700.000 dólares adicionales entonces. Cuatro años más tarde, durante una reunión celebrada en simultáneo con la Copa América 2011, en Buenos Aires, Esquivel exigió otro aporte con cargo, de nuevo, a la rentabilidad obtenida en 2007. Traffic accedió a pagar otro millón de dólares, pues quería conservar el apoyo de Esquivel en asuntos que consideraba más importantes y que para entonces estaban en disputa dentro de Conmebol.

Entre los campeones de América

En 2007, de cualquier manera, Esquivel no era un primerizo en eso de recibir transferencias de dinero desde Traffic. La acusación documenta que el venezolano, solamente de marzo de 2003 a marzo de 2008, fue el beneficiario, junto al paraguayo Leoz y el uruguayo Enrique Figueredo, de desembolsos por 3,5 millones de dólares direccionados a través de la madeja de cuentas intermediarias que el brasileño José Margulies concibió y dirigió. Los pagos se fraccionaron en transferencias en dólares de seis dígitos.

Esas mordidas eran parte de un derecho de pernada que Conmebol había instituido informalmente y Traffic acataba desde 1991, pagando comisiones a las autoridades del fútbol para reservarse los derechos de comercialización de la Copa América, como se sabe, el segundo torneo continental de selecciones más importante del mundo, de frecuencia cuatrienal, y el más antiguo del deporte.

ArmandoInfo

Imagen espacial de una de las casas que Esquivel tuvo a su nombre en el estado de la Florida hasta 2011. Foto: Miami-Dade Property Appraiser.

De hecho, la Copa América cumplió su primer siglo en 2015 –cuando se celebró en Chile y tuvo al anfitrión por campeón–. Pero será este 2016 cuando la efemérides se va a conmemorar con un nuevo producto diseñado al alimón entre Conmebol y los estrategas de la empresa de marketing deportivo: la Copa América Centenario. Se trata de una edición especial que combina rasgos de ensueño, como la participación de selecciones invitadas de otras confederaciones, y la sede en Estados Unidos, la más apetecible frontera del negocio deportivo, con un mercado casi cautivo de 200 millones de consumidores solventes.

Es un negocio que haría agua la boca de casi cualquier mercader. Pero en su ocasión Traffic aprendería que la lealtad a veces tiene un precio difícil de pagar.

Resultó que, a pesar de los pagos de Traffic durante dos décadas, en 2010 los directivos de las seis federaciones nacionales más pequeñas dentro de Conmebol –entre ellas la venezolana, con Esquivel a la cabeza– organizaron una rebelión: se querían sacar de encima el yugo de las dos federaciones más importantes, la brasileña y la argentina, que a la hora de mercadear las competencias regionales siempre apoyaban a sus caballos en liza, las compañías de marketing deportivo Traffic y Torneos y Competencias (TyC), respectivamente. En un giro osado, constituyeron un bloque para otorgar desde 2015 hasta 2023 los derechos de la Copa América a la empresa Full Play, de los argentinos Hugo y Mariano Jenkis, padre e hijo. Entre ellos, quizás el principal trofeo fueron los derechos de la prometedora Copa Centenario.

Traffic se sintió traicionada. Su fundador en Brasil, José Hawilla, fue declarado persona non-grata por Conmebol. La empresa replicó: introdujo una demanda contra Full Play en Florida. El pleito amenazaba con prolongarse hasta trabar la posibilidad de desarrollar nuevos negocios con Conmebol. Así que las partes decidieron atajar el contencioso con una solución salomónica. Full Play, Traffic y TyC conformaron una empresa conjunta, a partes iguales (33% de las acciones para cada suscriptor), de nombre Datisa, que se haría cargo de los derechos de la Copa Centenaria y de las sucesivas ediciones de la Copa América.

Solo faltaba alinear a los jerarcas del fútbol con esa decisión de negocios cocinada en los pasillos de los tribunales. Datisa hizo constituir en 2013 una empresa en Panamá, Bayan Group SA, con 10.000 dólares de capital y una junta directiva de prestanombres, con la sola finalidad de encauzar los sobornos que vendrían desde las recién hermanadas empresas de mercadeo deportivo hacia los dirigentes de Conmebol.

En este caso fue José Margulies quien de nuevo puso su vasta cuenca de cuentas intermediarias y empresas de maletín para hacer llegar los pagos. A pesar de su enrevesada ingeniería, la acusación en Estados Unidos alcanza a rastrear por los meandros financieros pagos hechos por los Jinkis (padre e hijo, los capitanes de Full Play) desde una cuenta recién abierta en el Banco Hapoalim en Zúrich, Suiza –el mismo donde Datisa, el holding de marketing, también tiene cuenta, según destaca el alegato en Nueva York–. Los pagos, tres por 50.000, 250.000 y 400.000 dólares, efectuados entre enero y julio de 2014, fueron a dar, luego de franquear la escala de Bayan Group en Panamá, a cuentas de Rafael Esquivel en agencias del Banco Espirito Santo, el Bank of America y el suizo UBS en Florida, Estados Unidos. Entre diciembre de 2013 y agosto de 2014, resume el expediente, llegaron al menos dos millones de dólares a las cuentas de Esquivel.

Datisa se habría comprometido a pagar hasta 2023 un total de 110 millones de dólares a Esquivel, Leoz, Figueredo, Webb y el presidente federativo español, José María Marín. Del monto, a la fecha, se habrían completado pagos por 40 millones. La acusación es explícita al subrayar que los desembolsos se efectuaron de una manera que pretendía ocultar sus procedencias y conceptos. De ello culpa a Margulies.



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