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En Táchira el antisemitismo consiguió una solución ‘semifinal’

Una de las casas más distinguidas del mundo del arte, la familia Bernheimer, se salvó del Holocausto en 1939 al comprarle al Mariscal Goering, número dos del régimen nazi, una ruinosa finca cafetalera en Rubio, en los Andes de Venezuela, y mudarse allí durante la guerra. Pero no salvó todo su patrimonio.

18 March 2016

(*) Este reportaje forma parte del especial “Las últimas prisioneras de los nazis en América Latina”, sobre el arte expoliado durante la II Guerra Mundial cuyas pistas todavía conducen a este hemisferio (coordinado por el diario AM de León, México, y el portal Connectas, en el especial participaron Armando.info, Estadao de Brasil y El Mercurio de Chile). 

Konrad O. Bernheimer es hoy una de las personas más influyentes en el mercado internacional del arte. Es presidente de TEFAF, la feria anual de antigüedades y arte clásico más importante del mundo, que se acaba de celebrar en Maastricht, Holanda. Mantiene oficinas en Londres y Múnich, la capital bávara, donde en 1864 su bisabuelo Lehmann Bernheimer arrancó un negocio familiar que pronto se convertiría en un proveedor predilecto para las grandes dinastías y plutocracias europeas.

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