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La historia de la cándida ‘petromiss’ y su mecenas espabilado

Haber participado en el concurso Miss Venezuela fue la bendición y la maldición de Claudia Suárez, primera finalista de 2006. Si bien le permitió realizar su sueño de trabajar en televisión, también la vinculó al magnate Diego Salazar y, a la postre, a la sonada ‘trama de Andorra’ que sirvió de canal para el desfalco de 2.000 millones de dólares a la petrolera estatal Pdvsa. Según documentos revelados recientemente por la prensa española, su ‘cameo’ en ese elenco ocurrió hace casi una década, pero sale a relucir justo cuando despegaba su carrera como animadora y empresaria.

04/03/2018 0:00:00

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Entre los cientos de mensajes de motivación que ha publicado Claudia Suárez en sus redes sociales, destaca uno: “La vida es realmente sencilla, pero insistimos en hacerla difícil”. Si alguien lo ha de saber es ella, la portentosa reina de belleza con futuro prometedor en la pantalla chica que depositó al menos un millón de dólares en la Banca Privat D’Andorra (BPA) y terminó escondiéndose de las cámaras.

El pasado 20 de enero, el diario El País de Madrid publicó una investigación en la que revela que dos ex altas funcionarias de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) abrieron cuentas en esa institución bancaria, en 2008, para ocultar siete millones de dólares. Pero al final del texto, en un recuadro gris la historia da un giro inesperado cuando aparece el nombre de Claudia Suárez, la de los “piernones” de Globovisión, la “chiquita” de papá de 1,74 metros y la “bombona” de mamá, quien también hizo un depósito de un millón de dólares.

Hasta hace tres años, la Banca Privat D’Andorra era uno de los dos principales bancos de ese principado de los Pirineos, un enclave o tax heaven entre Francia y España. BPA se desmoronó en marzo de 2015 cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos le prohibió hacer transacciones con el sistema financiero norteamericano. Las autoridades de Washington acusaron a la BPA de aprovecharse de las laxas regulaciones del paraíso fiscal andorrano para servir como centro de lavado de activos para esquemas de corrupción y actividades criminales en Rusia, China, Medio Oriente y Venezuela. Desde Venezuela, afirmaba ya entonces el boletín del Departamento del Tesoro, habían llegado hasta 2.000 millones de dólares procedentes de flujos financieros irregulares de Pdvsa, probablemente vinculados al pago de coimas.

“La vida es realmente sencilla, pero insistimos en hacerla difícil”.

Tras el colapso de la BPA también se derrumbó su filial en España, Banco Madrid. La caída de las fichas del dominó financiero dio lugar a investigaciones judiciales y periodísticas en España, Francia y la propia Andorra, en cuyo marco los reporteros de El País han tenido acceso a los archivos de ese banco.

Que en esos papeles reluzca el nombre de Claudia Suárez tal vez no sea cosa de sorpresa. La modelo tenía algo en común con al menos una de las exfuncionarias: una relación directa con Diego Salazar, dueño de otras once cuentas en la BPA y quien, según reveló luego el Fiscal nombrado por la oficialista Asamblea Constituyente, Tarek William Saab,  habría blanqueado 1.348 millones de euros solo entre 2011 y 2012.

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Salazar, pariente del atribulado ex ministro de Energía y ex presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, tuvo el dudoso honor de convertirse el pasado 1 de diciembre de 2017 en el primer detenido en Venezuela por esta trama internacional. Se le conoce como el Rey de las Pólizas de Seguro de Pdvsa, por haber acaparado muchas de las transacciones masivas con aseguradoras de la industria petrolera. Según han avanzado las pesquisas, el caso ya ha implicado a unas 40 personas entre exministros, empresarios y testaferros relacionados con Pdvsa. Pero el de Salazar sigue siendo el nombre más conspicuo y salidor del elenco, y ya no tan solo por su presunta figuración en el esquema de corrupción, sino por otro rol muy tangente: fue el patrocinante del despegue de la carrera de Claudia Suárez en los certámenes de belleza.

Después de la revelación en la prensa española, Suárez no ha regresado ni a Venezuela ni a las pantallas de Globovisión, pese a que sigue siendo empleada de la televisora, según confirman fuentes del canal y su registro en el Seguro Social. Tampoco ha publicado más en las redes sociales y ni siquiera pudo celebrar este 17 de febrero el primer aniversario de su marca de pinturas de uñas, CS. Que eluda la exposición parece sensato, mientras los investigadores siguen tras la pista de si el millón de dólares que ingresó a la cuenta en la BPA –según confirmó El País- y los 500.000 que aseguró transferiría trimestralmente a la entidad, son apenas una parte de un esquema fraudulento todavía mayor.

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De otro modo no se explica el silencio de Claudia Suárez: el temor de correr con la misma suerte del magnate, de quien estuvo cerca justo en los años de su participación en el concurso de Miss Venezuela -el más importante del país, todo un evento de envergadura sociocultural- y poco después, en 2009, cuando rellenó la ficha de la BPA en la que reconoció tener una relación comercial con las compañías High Rise y Red Bouquet, ambas propiedad de Salazar. Amigos de la ex miss aseguran que ella quiere limpiar su nombre, pero a pesar de la insistencia de Armando.info no ofreció declaraciones para esta nota.

#EstiloClaudia

El frío comienzo de este año fue un presagio de lo que vendría. Durante los primeros días de enero ella aparecía sonriente en las montañas de Vail, una estación de esquí en el estado de Colorado, oeste de Estados Unidos, junto a frases motivacionales en las redes sociales: “La vida no es gris, es del color que tú elijas”. El 30 de enero debía reintegrarse a su trabajo como presentadora de noticias de Espectáculos en Globovisión y continuar la búsqueda de un community manager para impulsar su marca. Esperaba retomar sus planes de vender los cosméticos fuera de Venezuela.

Pero el 20 de enero El País trastocó sus planes y Suárez pasó a ser “la Miss Venezuela del millón de dólares”. Para quienes la conocen fue una gran sorpresa. Sabían que ella tenía chofer, camioneta blindada y un lujoso apartamento en Campo Alegre, la zona predilecta de Salazar en el noreste de Caracas, pero nadie se preguntó en voz alta cómo una mujer tan joven gozaba de estos lujos y hasta se permitía comprarle un vehículo a su padre, algo prácticamente imposible para los venezolanos de cualquier condición en plena crisis económica.

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A pesar de esos detalles sus amigos bosquejan a Suárez como una mujer poco ostentosa,  apenas dada a exhibir marcas. Tampoco era una diva. De cada viaje al exterior traía recuerdos para sus compañeros de trabajo, que la estiman mucho. Si algún colega necesitaba un aventón, ahí estaba ella para ayudar. Con la cara lavada, sus zapatos de goma de siempre y ropa deportiva visitaba a los clientes que le suministraban el vestuario para su cita de cada noche, a las 10:35, para narrar las noticias de la farándula. No sabía ni cuánto ni cómo cobrarles y, siguen los mismos testimonios, se avergonzaba de hacerlo.

“la Miss Venezuela del millón de dólares”

También le avergonzaba rechazar a los hombres que la pretendían, como aquel viejo zapatero que la fastidió en una de las preventas de Globovisión o incluso uno de los directivos del canal que llegó a viajar a Miami solo para verla. Suárez había aprendido a lidiar con esos personajes, a los que mantenía a distancia, tal como hace con los que comentan sus fotos en las redes sociales. 

Entre “petromodelos” y “petrochefs”

La fina voz de Claudia Suárez irrumpió en el Poliedro de Caracas, el 14 de septiembre de 2006, para ventilar desavenencias familiares: “Buenas noches, soy Claudia Suárez, tengo 19 años y aunque mi papá no estaba de acuerdo con que estuviera aquí hoy: ‘¡Hola, papá! ¿Qué tal? ¡Aquí estoy, representando al estado Mérida!’”.

Ahí estaba, con sus 55 kilos de cuerpo escultural, cabello rubio al estilo Barbie y ojos claros, participando en la 54º edición del Miss Venezuela. Pero ella, que nació en Caracas, de cabello más oscuro y ojos pardos, tampoco quería ser miss o al menos así lo aseguró en una entrevista que concedió al diario venezolano Últimas Noticias, en 2016.

Según la biografía de su website –estiloclaudia.com-, a los 12 años Claudia se mudó a la Argentina, de donde es oriunda su madre, y constantemente viajaba a Venezuela para visitar a su padre uruguayo. En uno de esos viajes, en 2006, una agencia de modelaje la convenció de participar en el casting del Miss Venezuela y resultó preseleccionada para concursar, la oportunidad perfecta para quedarse en el país. Confesó luego a la prensa que fue el mismo Osmel Sousa -el recién jubilado zar de la belleza en Venezuela- quien la vio y le dijo que participara.

Fuentes relacionadas con el certamen de belleza confirman que fue muy seria y responsable en la etapa de preparación.

El esfuerzo rindió fruto y Suárez no solo ganó la banda de Miss Elegancia sino que quedó entre las diez finalistas. Al llegar a la ronda de preguntas, Maite Delgado -la animadora que se convirtió en emblema del evento durante su última etapa de brillo- la interrogó sobre las características que debía tener la chica que resultara electa Miss Venezuela. Con la voz temblorosa pero sin equivocarse, respondió: “Buscaría una mujer auténtica, sincera y que tenga la fuerza para representar a su país en el exterior. Más que nada la sencillez es lo que importa (…) El físico no lo es todo, esto se va (…)”.

Pero la experiencia del Miss Venezuela no se limitaba a los gimnasios y las pasarelas, al menos no para Suárez, quien pronto formó parte de un grupo de modelos contratadas por Salazar para que trabajaran en sus empresas como secretarias o hacer lobby con empresarios extranjeros, según confirmaron fuentes cercanas a ella y al concurso.

A Salazar, quien se hizo famoso por ser un derrochador, le gustaba rodearse de lo mejor. Por eso, así como contrataba a las que se llegaron a conocer como a las maniquíes, también contrató a los chefs de los restaurantes más exclusivos y renombrados de Caracas para atenderle a él y sus amigos. A los que aceptaron la oferta los conocen en el mundo culinario como los petrochefs.

“ Buscaría una mujer auténtica, sincera y que tenga la fuerza para representar a su país en el exterior. Más que nada la sencillez es lo que importa (…) El físico no lo es todo, esto se va (…)”.

En el caso de las modelos, fuentes relacionadas con el concurso que piden el anonimato, aseguran que el vínculo entre Suárez y Salazar se produjo a través de la reconocida profesora de pasarela, Gisselle Reyes, quien, junto al entrenador Richard Linares, sustituirá a Osmel Sousa en la presidencia de la organización Miss Venezuela.

Reyes no quiso contestar un cuestionario enviado por correo electrónico y a través de su manager alegó que las preguntas estaban “fuera de lugar”. Pero las fuentes son claras al explicar la realidad de muchas misses: “La razón por la cual terminaban involucradas con estos tipos era porque ser miss exigía un nivel de dinero y el hecho de que vinieran patrocinadas le ahorraba dinero a la organización”.

Belleza del sur

Ly Jonaitis fue quien recibió la codiciada corona ese año, pero Suárez quedó como primera finalista y se convirtió en Miss Venezuela Mundo 2006, con la responsabilidad de representar al país en el Miss Mundo que se celebró en China. En ese certamen, en el que llegó hasta el cuadro de 16 semifinalistas, tuvo chance de hablar sobre su patria y de ella: “Vengo de un país donde la gente aprende a sonreír y a bailar antes de aprender a hablar. Esa es Venezuela. Me encantan los deportes: nadar, el tenis; viajar, conocer gente y aprender de ellos. En mi tiempo libre me encanta escuchar música, leer y me encanta también pasar tiempo con mi familia, eso es lo más importante”.

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Aunque sus padres son divorciados y viven en países distintos, la familia es bastante unida. El padre uruguayo o su pa, como ella le dice; la madre argentina o su “gordita hermosa”; y una hermana menor, a quien ha definido como su “compañera de vida”, comparten con ella en viajes y fechas especiales. Son personas “indispensables” en su vida, y Claudia busca incorporarlas a lo que hace.

La joven hermana, quien en 2012 montó una cafetería con su nombre, Tefi’s, en Palermo, un barrio trendy de Buenos Aires, Argentina, fue “parte fundamental” en la creación de la marca de pinturas de uñas. Claudia reveló en su blog que bautizó cada uno de los esmaltes con los nombres de las películas que ha disfrutado junto a su familia. Así están Pink Panther, White Frozen, Purple Rain, Avatar, Jade, Moulin Rouge y otros trece colores.

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Del concurso también le quedó una amistad con Ly Jonaitis, pero la propia ex Miss Venezuela reconoce que terminaron “muy mal”, aunque decline revelar por qué.

Desde pequeña, a Claudia le gustaban las cámaras. Su sueño se hizo realidad a finales de 2011, cuando el canal de señal abierta Televén la invitó a formar parte del grupo del programa matutino Lo Actual. Allí Claudia conoció al que pasaría ser, en sus propias palabras, su “ángel” y “amor eterno”, el piloto Omar Camero Oropeza, hijo del vicepresidente del canal. Pero en 2014 Camero Oropeza falleció en un accidente aéreo, como cinco años antes le había ocurrido a su hermano. Desde entonces a Claudia la conocen como la viuda de Camero, a pesar de que tiene una nueva pareja, un joven empresario, también venezolano.

Suárez vivió en Miami, Florida (Estados Unidos), donde trabajó en un periódico de la comunidad venezolana. Hacía entrevistas de farándula y estudió un poco de actuación. Su manager le sugirió esta preparación para que tuviera un valor adicional al ser modelo en medio de tanta competencia en Estados Unidos. Tras el accidente de Camero, Suárez decidió regresar a Venezuela, contrariando una vez más a su familia, y en 2015 Globovisión -el canal 24 horas de noticias, adquirido poco antes por inversionistas cercanos al régimen chavista- la contrató como animadora.

Pero ella no tenía la experiencia ni el carisma de otras presentadoras del canal. Se le atribuye un error imperdonable en el medio, que cometió en una de sus primeras apariciones en el noticiario: reveló al aire la locación del after party del Miss Venezuela, una ubicación que suele mantenerse en secreto, como tal vez pensaría que quedaría aquel millón de dólares que hoy la mantienen confinada a un exilio sin fecha de caducidad.