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Así gozaban los sobrinos de la primera dama de Venezuela

En noviembre de 2015, Efraín Campos Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos de la esposa del presidente Nicolás Maduro, Cilia Flores, fueron arrestados en Haití mientras negociaban el envío de un cargamento de 800 kilos de cocaína a los Estados Unidos. Durante las audiencias del pasado 8 y 9 de septiembre quedaron en evidencia las noches de farra que vivieron junto a dos informantes de la DEA. Nos fuimos al prostíbulo que visitaron y lo contamos desde nuestro lente

16 October 2016

Esta noche la oferta supera a la demanda. Son casi las 12 de la madrugada y en Trio Gentlemen Club el espectáculo no ha comenzado. El prostíbulo, que de día se disimula entre locales comerciales, embajadas y oficinas, en una de las mejores zonas del este de Caracas, fue el escogido meses atrás por Efraín Antonio Campos Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos de la primera dama de Venezuela, Cilia Flores, para agasajar a dos narcotraficantes mexicanos durante su estadía en Venezuela y negociar un cargamento de 800 kilos de cocaína que luego enviarían a Estados Unidos.

Esta noche los dólares y la droga no corren por las esquinas del prostíbulo, como dejaron ver los primos Flores en las audiencias previas a su juicio por tráfico de estupefacientes en la corte del Distrito Sur de Nueva York. Lo único que sobra hoy son chicas. “Las mujeres sólo pueden entrar los lunes, martes y sábados… Así que hoy es tu día de suerte. Bienvenida”, me dice el anfitrión de Trío al bajar las escaleras que dan entrada a la planta baja del Centro Letonia de Caracas. Las reglas son claras: está prohibido tomar fotos o vídeos dentro del establecimiento y ninguna mujer puede entrar sola. “Un hombre te debe acompañar inclusive si vas al baño, no vaya a ser que algún cliente te confunda con una de las chicas que hoy andan en vestido y no en ropa interior”, advierte mientras me enfrento a la rutina de la revisión. La advertencia no carece de sentido en un lugar donde, a excepción de las dos primeras reglas, cualquier fantasía puede ser cumplida si se paga el precio marcado en la etiqueta.

Los sábados tienen una particularidad. Con el pago de la entrada de 2.000 bolívares –unos 3 dólares al cambio oficial o 2 dólares en el mercado negro– los clientes participan en un sorteo de una sesión todo incluido con habitación, champagne y chica. Una gran oferta si se considera que el monto para disfrutar de la compañía de una de las prostitutas, por media hora, es de 44 mil bolívares, que equivale a un 68% del salario mínimo venezolano o 44 dólares en el mercado negro. “El doble si entran en pareja”, explica uno de los mesoneros. Ellos se encargan de dar precios y son el enlace entre chica y cliente.

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