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El mecenas que coleccionaba ilícitos sin castigo

Las autoridades costarricenses, que la reclaman desde 2009, todavía esperan repatriar una valiosa colección de arte precolombino que por ahora come polvo en oficinas de organismos estatales venezolanos, a donde llegó después de un decomiso. Las piezas habían entrado al país de manera irregular por obra de un inmigrante estonio que hizo fortuna en Venezuela tras eludir a los cazadores de nazis que lo acusaban de participar en crímenes durante la II Guerra Mundial. Se llamaba Harry Mannil, murió en 2010, y nunca llegó a enfrentar a la justicia ni por esas versiones ni por el tráfico irregular de patrimonio cultural en el que incurrió.

08 January 2017

En una esquina cubierta de maleza, junto a la valla de seguridad que rodea la parcela donde se encuentra la sede del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) de Venezuela, reposan disimuladas por el matorral dos esferas pétreas creadas por los Diquis, una cultura ancestral que floreció sobre el delta del río del mismo nombre, en el sur de Costa Rica, alrededor del siglo V. Por supuesto, no siempre han estado allí. Hasta hace apenas un par de años adornaban otro jardín, este con piscina y en una quinta en el este de Caracas, una verdadera casa-museo, Los Jaguares, que pertenece a los sucesores del empresario y mecenas Harry Mannil.

Mannil, fallecido en 2010, es nombre familiar entre los círculos empresariales y artísticos venezolanos. Tras emigrar de Europa, Mannil, nacido en Estonia, fundó en su segunda patria sudamericana una exitosa corporación, el Grupo ACO, con negocios en los ramos automotriz, agroindustrial y conexos. La torre de oficinas donde hoy se aloja el Servicio Autónomo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) en Las Mercedes -un barrio comercial y de clase alta al sureste de la capital venezolana- fue con anterioridad la última sede de ese grupo.

Pero hay un costado de la biografía de Mannil menos difundido; de hecho, oculto de manera activa. El exitoso inmigrante formó parte de la policía política estonia que colaboró con la ocupación nazi de ese país entre julio de 1941 y agosto de 1944. En ese papel le tocó encabezar las sanguinarias operaciones contra la resistencia procomunista y, sobre todo, los pogromos contra la población judía. Mannil llegó a ocupar el puesto número 10 entre los Más buscados del Centro Simon Wiesenthal de Viena y Jerusalén, especializado en la cacería de prófugos nazis. Sin embargo, en vida, este hombre se encargó de limpiar su imagen y repetir, en las contadas entrevistas que concedió sobre el tema, que la investigación sobre su caso estaba cerrada y que tenía un documento de un fiscal de Estonia para probar su inocencia.

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