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La malaria se esparce en el remoto Amazonas

Los últimos meses de 2016 y el comienzo de año reportan un incremento en el diagnóstico de paludismo en el margen occidental de la provincia selvática venezolana. La crisis económica ha provocado que los habitantes de la frontera –venezolanos, colombianos, brasileños– vean en la explotación ilegal del oro una posibilidad de riqueza instantánea. La tala indiscriminada en la región ha provocado, además de un problema de seguridad por el control, el trabajo redoblado de las autoridades sanitarias. Un viaje a la Venezuela profunda, esa que no está en los titulares de los medios ni en la agenda de la dirigencia política.

Un hombre cava un hueco con una pala. Otros tres observan en cuclillas cómo su compañero va desapareciendo a medida que la fosa se hace más profunda y se forma una montaña de tierra afuera. El sol, implacable hace unas horas, ya se despide. Una brisa tibia toca los cuerpos y mueve la lámina roja de zinc que han colocado para cubrir el hueco. “¿Es para el que se murió de malaria?”, pregunta Argenis. “Sí, lo traen en un rato. Lo están velando en su casa”, responde uno de los sepultureros. “Él sabía que tenía malaria y se puso a tomar licor”, susurra Argenis sobre el lomo de su moto, poco antes de partir. Son las cinco de la tarde del 27 de noviembre de 2016 en el cementerio de San Fernando de Atabapo, estado Amazonas.

Esta escena se ha repetido con frecuencia desde finales del año pasado porque desde hace ocho años ha recrudecido la malaria en esa zona del sur selvático de Venezuela. Lo sabe Samuel Iribertegui, sacerdote salesiano presente en la zona desde 1974 y con 22 años de residencia en San Fernando de Atabapo. En una zona de febril actividad minera es común la presencia de la enfermedad, caracterizada por altas fiebres y anemia debido a la picadura del mosquito anófeles. Dice el padre Iribertegui, contextura media, alto y de tez blanca, que no hay un registro de los casos diagnosticados en las comunidades a lo largo del río, aunque intuye que la cifra se ha incrementado por una cuenta que lleva en la institución educativa a la que sirve. “Llegamos a tener 110 casos de paludismo en las últimas semanas de noviembre”, afirma.

LEE LA SEGUNDA ENTREGA AQUÍ: "El departamento colombiano con más casos de malaria extranjeros"

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