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Cristal Montañez o la Alicia Machado republicana

Reina de belleza en 1977, puede pasar por la anti- Machado: apoya a Trump, los controles contra inmigrantes y toda la agenda de la derecha chauvinista norteamericana. El Centro Bush de Dallas la eligió como lideresa de su ‘Freedom Collection’. Pero en un punto coincide con su colega, opuesta y, a la vez, casi sosias: aborrece el régimen de Caracas. Y en ese aspecto ha sido más militante. Desde Texas se hace sentir como una de las voces más tenaces del antichavismo en las redes sociales, y por una década lideró algunas organizaciones del exilio, no sin polémicas.

12/03/2017 20:26:38

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En cuanto a sus aspiraciones en la vida pública, la joven Cristal Montañez pasaba del defecto al exceso con facilidad.

En 1977, durante la transmisión del certamen Miss Universo, que ese año tuvo lugar en República Dominicana, el sempiterno animador de la velada, Bob Barker, le preguntó qué quería hacer en el futuro. Entonces la chiquilla de 17 años de edad -que llegaría a figurar solo entre las doce semifinalistas, un resultado magro para el extenso palmarés de títulos de belleza que Venezuela detenta- ensayó un mohín de traviesa antes de responder: “Muchas cosas, muchas cosas… ¿Qué quiere que le diga?.

Pero apenas dos años más tarde, recién desincorporada de la campaña perdedora de Luis Piñerúa Ordaz, candidato presidencial en las elecciones de diciembre de 1978 por el partido Acción Democrática (AD, socialdemócrata), en una entrevista de prensa le preguntaron algo similar. Dijo que quería ser presidenta.

A la larga, Cristal Montañez parece haber conseguido su destino en un promedio entre ambos extremos. Vive en Texas, en medio de un sosiego que tal vez provenga más de las secuelas de un arrollamiento que sufrió en 2014, que de la propia madurez. Ello, sin embargo, no se traduce en una agenda en blanco. Si bien hasta hace nada participaba activamente en las iniciativas de la comunidad venezolana en el exilio, forma parte todavía de la Freedom Collection del Centro George W, Bush de la ciudad de Dallas, una suerte de salón de la fama de esos freedom fighters que tanto entusiasmaban al expresidente republicano. Llevaba adelante campañas de apoyo a los refugiados, y ahora destina buena parte de su energía a evitar que la “izquierda radical”, a la que ya vio engullir su Venezuela natal, conquiste Estados Unidos. ¿Cómo? Aupando a Donald Trump.

A fines de octubre pasado, apenas se abrió la votación temprana en Texas, Cristal Montañéz, escribía en inglés en Facebook: “No quiero que los EE.UU. se conviertan en otra #Venezuela. Unámonos por la #libertad y la #democracia”. El lunes de esta semana, nada más, mientras el presidente Trump daba su primer discurso ante el Congreso de Estados Unidos, tuiteó con alborozo: “Extraordinary speech by @realDonaldTrump @POTUS #Jointaddress”.

Este entusiasmo con el nuevo inquilino de la Casa Blanca la convierte en la anti-Alicia Machado, la ex Miss Venezuela y Miss Universo que se convirtió en símbolo de la campaña de la candidata demócrata, la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, por su doble condición de mujer e inmigrante -enemigos declarados de Trump- y por una tercera: cuando fue Miss Universo, en 1996, la franquicia del concurso pertenecía a Trump. Entonces debió enfrentar un verdadero calvario de humillaciones públicas a las que el magnate la sometió, por sus problemas para mantener el peso. Ciudadana estadounidense desde el año pasado, Machado sigue dando la cara como una militante de la resistencia contra Trump.

No era la primera vez, por cierto, en que Cristal Montañez hacía contraste con una popular reina de belleza venezolana. Cuando, en mayo de 1977, ganó la corona de Miss Venezuela, en vivo y directo desde el Teatro París de Caracas, derrotó a la candidata a la que abiertamente apoyaba la anterior reina de belleza venezolana y reciente primera finalista de Miss Universo, Judith Castillo. La rival de Montañez era Vilma Góliz, una morena que representaba al estado de Falcón (costa noroeste de Venezuela). Cuando se supo el veredicto final, con el triunfo de Montañez, Góliz se negó a reconocerlo y tiró su banda de identificación al piso, en señal de protesta. Judith Castillo, a regañadientes, salió a coronar a su sucesora, una adolescente rubia con cierto aire a la entonces tan de moda actriz estadounidense Farrah Fawcett. No llegaría a ser Miss Universo, pero alcanzó un logro que ni Judith Castillo ni Alicia Machado tendrían en sus haberes: que Simón Díaz, la figura fundamental de la canción popular venezolana, le dedicara unos versos.

“Cristal, bonita como el turpial/ que canta en el morichal de sus cabellos”, la pintó el gran artista. 

Contacto en Paquistán

A cuatro décadas de su irrupción en los medios, Montañez encontró una nueva causa en el antichavismo, como ocurrió con otras figuras de la farándula. Está, por ejemplo, el caso de Fabiola Colmenarez, ex reina de belleza y actriz de telenovelas, quien, tras probar suerte como candidata de oposición a la alcaldía de La Guaira, en el estado de Vargas (la misma circunscripción en el litoral central del país que Montañez representó en el Miss Venezuela de 1977), acaba de llegar a Houston, para sumarse a la colonia de compatriotas que ya residen en el principal puerto petrolero de Texas, que ya debe superar por mucho los 8.000 miembros que el Censo de 2010 detectó.

En la misma Houston. Montañez atiende a la prensa en una de las salas de conferencia del edificio de alquiler con conserje 24 horas en el que vive. De un modo casi sutil empieza a hacer gala de sus conexiones internacionales. Obsequia como cortesía un frasco de miel elaborado por mujeres que participaron en el proyecto Plan Bee de la Fundación Hashoo, brazo filantrópico de la familia Hashwani de Paquistán, de la que se desempeña como directora ejecutiva en Estados Unidos desde el 2006.

A través del programa se buscó empoderar a refugiadas de Nepal y Birmania en Houston. La iniciativa arrancó en Paquistán, donde fue creada la fundación, como una forma de otorgarles un modo de vida sostenible a las mujeres.

La familia Hashwani es “una familia muy prominente en Paquistán, muy respetada, muy conocida, un imperio muy poderoso”, destaca la ex Miss, ataviada con una camisa azul pastel y accesorios del mismo tono. Pasa por alto, eso sí, que el clan apareció mencionado entre aquellos paquistaníes -que incluían a parientes políticos del premier Nawaz Sheriff- que usaron el bufete panameño Mossack Fonseca para abrir firmas de conveniencia en diversos paraísos fiscales, como lo reveló la filtración conocida como Panama Papers.

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La sedosa voz de Montañéz se alza cuando habla del recibimiento que le dieron los Hashwani en Paquistán —“ en una casa donde el presidente (Pervez) Musharraf llegaba para desayunar”-- y los meses que pasó en el país conociendo a familias beneficiadas por el programa en zonas remotas.

Pero no es solo esa fundación. Para organizaciones como Texas Executive Women o Hispanic Women in Leadership, Montañez es un ejemplo de dedicación a la comunidad y una mujer que inspira a otras.

“Ella es una persona muy trabajadora, responsable, lo que se propone siempre lo lleva adelante. Es muy tenaz”, señala Brenda Garrido, integrante de la Unidad en Houston, quien conoce a Montañez desde hace años.

A pesar de su vínculo con una nación de confesión predominantemente musulmana, Montañez se niega a condenar el veto temporal a inmigrantes de siete países de mayoría musulmana y la suspensión indefinida del programa de refugio para los sirios, anunciados por Trump. Se excusa porque ha estado “muy ocupada” para seguir las noticias. Pero de ningún modo elude la explicación de por qué apoya a Trump: la “falta de liderazgo de Estados Unidos” en el mundo.

Montañez considera que los medios han “sacado de contexto” las declaraciones de Trump sobre varias comunidades inmigrantes en el país.

“En ningún momento Trump dijo ‘No quiero inmigrantes’”, señala, pues, según ella, lo que Trump busca impedir es la llegada de inmigrantes ilegales. “Yo no creo que los afganos quieran paquistaníes ilegales en Afganistán. Lo ha dicho el presidente (Juan Manuel) Santos, ‘no quiero venezolanos ilegales en Colombia’”. Montañez cree a pies juntillas que Obama “era un títere” del magnate liberal George Soros. 

De maniquí a activista

Antes y después del Miss Venezuela, a Montañéz le gustaba modelar. Prestó su imagen también para diversos comerciales: se le vio en la pantalla chica promocionando los cigarrillos Kent, el Caprice 80 de Chevrolet o el maquillaje Max Factor.

Luego de entregar la corona, Montañéz vivió un tiempo en México como modelo. Fue allí que conoció a su primer esposo, Henry Van Joslin, galán de fotonovelas conocido por el nombre artístico de Carlos Rivera, con quien protagonizó varias campañas publicitarias. En 1980 se casa en Houston con Van Joslin. Se establecen en un suburbio llamado The Woodlands, una ciudad planificada de clase alta, en la que recientemente circularon panfletos en los que se declaraba que “Trump es el regalo de Dios a la nación blanca”, según informó The Houston Chronicle. Perfeccionó su inglés y crio a dos hijos.

Después de esa racha, su vida pública parecía lista para disiparse en la rutina de una ama de casa acomodada.

Pero entonces llegó a Venezuela la Revolución Bolivariana de Chávez.

Tras la tragedia de Vargas en diciembre de 1999 -un deslave masivo de la cordillera que separa a Caracas de su litoral, tras varios días de lluvia, que afectó sobre todo a la vertiente norte y mató entre 5.000 y 10.000 personas-, decide impulsar Bear Hugs for Venezuela, una iniciativa para recoger en Houston y sus alrededores 65,000 ositos de peluche para consolar a los menores damnificados.

“Peluches ayudan a curar almas infantiles”, titulaba por esos tiempos una nota del diario El Universal de Caracas. La obra de acción social fue reseñada en otros medios venezolanos, algunos de los cuales desaparecieron con la represión posterior contra la prensa opositora. Las reseñas aparecían en las secciones de Sociedad, Ciudad o Farándula, como ratificando que la inesperada reaparición de la ex reina de belleza se desarrollaba en las áreas de interés previstas para su perfil, vinculadas siempre con la niñez, la ternura.

Nadie pudo así prever el próximo paso que daría.

Cuenta que alguien que no conocía y a quien asegura no recordar, la llamó y le pidió que fuese vocera de la oposición en una protesta en frente del consulado de Venezuela en Houston en abril del 2002. Corrían los días de la huelga general que desembocaría en un golpe frustrado que apenas logró desplazar a Chávez del poder durante 47 horas.

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Esos eventos coincidieron con el divorcio de Montañez, cuyos hijos adolescentes se encaminaban a la universidad.

“En esos años cuando nosotros nos empezamos a organizar no había nadie, de ningún partido, de nada”, recuerda Marisabel Olivares, una ingeniero que trabaja organizando los procesos electorales con la oposición en Houston, al igual que muchos exilados de la industria petrolera. “No estábamos preparados para eso”.

En medio del desierto, Montañez era la cara ante los medios por su carrera en publicidad. “Ella hace súper bien ese trabajo con la prensa”, destaca Olivares. “Las relaciones con otras personas a veces pueden ser dificultosas y con algunas personas ella aquí tuvo problemas, y por eso pienso que tal vez se alejó del trabajo que se siguió haciendo aquí”.

Por esa época, la ex modelo empezó a trabajar con la organización Resistencia de Venezolanos en el Exterior (Recivex), registrada en Nueva York.

En el 2003, la ex Miss lanza además su propio grupo con algunos integrantes de Recivex: el International Venezuelan Council for Democracy (IVCD), formado tras una conferencia en Washington D.C.

“Fueron 31 los venezolanos, venidos de todas partes del mundo, desde Guatemala hasta Arabia Saudita, que atendieron el llamado. El llamado fue en Washington, muy estratégicamente planificado”, dice Montañez.

El objetivo era crear conciencia en el Congreso estadounidense del derecho que tenían los venezolanos a un referéndum revocatorio. Entregaron firmas recogidas por la organización Súmate.

Montañez empezó a desempeñarse como coordinadora de Recivex y presidenta de IVCD sin que apreciara algún conflicto de intereses. “Los objetivos estratégicos eran diferentes”, dice. “Una era más institucional y la otra (Recivex) era más de batalla, de activismo político en la calle”.

Una de las principales actividades de Recivex e IVCD era “contrarrestar” la propaganda del gobierno venezolano. Enviaban comunicados y cartas a organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) o el Parlamento Europeo. También recolectaban firmas para el referéndum, que finalmente tuvo lugar en agosto de 2004. Lo ganó Chávez.

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“Para combatir las películas del régimen teníamos que repartir los CDs”, recuerda. “Tenía que escoger entre comprarme el vestido que yo quería tener o utilizar ese dinero para el trabajo de resistencia. Con mucho sacrificio todos hemos trabajado y puesto nuestro granito de arena en pro de nuestro país”.

En mayo del 2004, IVCD coordinó una campaña para enviar cartas a 75 congresistas identificados por Patton Boggs, una de las agencias que el gobierno había contratado para limpiar la imagen de Venezuela.

Ese año, Montañez decide irse a Caracas a trabajar con la Coordinadora Democrática -la alianza de los partidos de oposición- para representar ante ella a “los venezolanos en el extranjero”.

Fue también en 2004 cuando Montañéz se sumó a la lista de acusados de conspirar contra el gobierno. Ismael García -hoy en la oposición, pero entonces parlamentario oficialista- aseguró que la ex reina de belleza impulsaba una campaña para desacreditar al gobierno y que a través de la Fundación Cristal Montañez se reunía para conspirar con opositores en Miami.

"Yo tenía dos hijos en la universidad en Estados Unidos, yo no podía andar arriesgándome"

La ex Miss dice que luego notó que la estaban persiguiendo en Caracas y optó por dejar el país: “Empecé a quedarme en casa de amigas, pero recuerda que yo tenía dos hijos en la universidad en Estados Unidos, yo no podía andar arriesgándome, bastante que me arriesgué”, dice.

El descanso de la guerrera

“Ella tiene una posición donde ha defendido siempre que las elecciones en Venezuela han sido robadas y nosotros no compartimos ese pensamiento”, dice el hijo del ex gobernador del estado de Zulia y ex candidato presidencial Manuel Rosales, Hender, quien representa la franquicia paterna de Un Nuevo Tiempo (UNT) en Houston.

La admiración por Montañez no es unánime ni siquiera entre las agrupaciones de oposición en el exterior. A esas opiniones divididas contribuye la deriva de Montañez a posiciones de intransigencia, una deriva que empezó en 2008, cuando dejó la coordinación de Recivex, en medio de una pelea con la directiva del grupo.

“Cristal es una bella persona, fue una bellísima Miss Venezuela, es una mujer trabajadora”, dora la píldora María Teresa van der Ree, antes de lanzar el fuego a discreción: “Pero ella se aprovecha de la demás gente para beneficio propio”, Van der Ree atiende la llamada de la periodista desde Connecticut, donde reside con su nuera y conserva toda la documentación de la entidad.

“Nosotros hacíamos el trabajo, ella le ponía su nombre, lo firmaba y luego aparecíamos nosotros en segundo plano”

“Nosotros hacíamos el trabajo, ella le ponía su nombre, lo firmaba y luego aparecíamos nosotros en segundo plano”, dice Mercedes Montero, expresidenta de Recivex y otra náufraga de Pdvsa, desde el Reino Unido. “Ella quería ser la dueña de toda la diáspora en el exterior y eso no es posible”.

Montañez prefiere no ahondar en detalles que “no aportan”, pero muestra cartas en las que aparece juntos los logos de ambas organizaciones y las respectivas firmas. Asegura que pasó la página y que renunció al grupo por un incidente que atentaba contra sus “valores y principios”.

“Yo era la persona visible de la organización y a alguna gente le gusta eso y a alguna gente no le gusta. Las oportunidades, la mayoría de las entrevistas, eran conmigo”, dice. “Yo era la presidenta, pero no era la presidenta de palabra. Era la presidenta que se fajaba a trabajar 24 horas al día, Pero hay la gente que quiere llegar y no llega, y la gente que no está de acuerdo con lo que está haciendo la otra. Y todo es perfectamente aceptable y todo es perfectamente respetable porque cada quien tiene su punto de vista”.

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 “Eso de que haya una sola persona que lucha eso es mentira, en el exterior todo el mundo lucha, lo que pasa es que hay gente que se sabe hacer propaganda”, le replica Montero.

En 2008, Montañez dejó la presidencia de IVCD y nadie la quiso suceder. Por esa época contrajo nuevas nupcias, esta vez con un estadounidense, George Baylor.

En 2012, fue incorporada a la Freedom Collection del Centro Presidencial Bush en Dallas, reservado para el reconocimiento de “líderes de movimientos de liberación”.

“Seguí trabajando a otro nivel, para mí, mucho más efectivo, sin tanto conflicto, cosas personales y reconcomio de la gente”, dice.

Además, luego de participar en una protesta en apoyo a los estudiantes que manifestaban y fueron detenidos en febrero del 2014 durante las protestas callejeras que asolaron varias ciudades de Venezuela, Montañez y su madre fueron atropelladas por un autobús. Tras años de terapia, aún tiene secuelas de ese accidente que la han llevado a controlar su ritmo de trabajo, asegura. 

Ahora, se reúne con otros integrantes de la colección de activistas de Bush, aconseja a estudiantes sobre los principios del estratega de lucha no violenta, Gene Sharp, en estaciones de la aplicación Zello e interviene en situaciones en las que le piden ayuda, como la de los estudiantes venezolanos deportados de Colombia en el 2014. “Yo fui quien asesoró la campaña No más Farc a nivel mundial”, revela. “Seguimos trabajando Oscar Morales y yo con el presidente Bush en su centro”.

Asegura que en cada oportunidad que tiene a través de su trabajo con la Fundación Hashoo habla de Venezuela con líderes o activistas, pero trata de enfocarse en lo humanitario --la escasez de alimentos, medicinas y la criminalidad. En Houston, “nos acompaña en las actividades que ella considera debe estar”, señala Garrido, secretaria de la Unidad en esta ciudad del sur de Texas.