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El gobierno de Wilmito

Wilmer José Brizuela se convirtió en el epítome del ´pran’ o líder de las cárceles venezolanas. Por sobre las del Estado, impuso su ley en una prisión del sur del país en medio de la lucha encarnizada entre clanes y una venganza mal perpetrada, episodios propios de una saga medieval. Su leyenda, consagrada ya en los confines del sistema penitenciario, acaba de cobrar vigencia nacional cuando un tiroteo en la isla de Margarita permitió saber que estaba en libertad con permiso oficial, a pesar de cumplir condena por complicidad en un asesinato. Todavía tiene poder. El siguiente texto es una versión abreviada de un perfil preparado originalmente por el autor para la antología ‘Los Malos’, que en 2015 publicó la Universidad Diego Portales de Chile, bajo la edición de la cronista argentina Leila Guerriero.

19 March 2017

-Nosotros no humillamos a ningún hombre. Preferimos matarlo –dice Wilmer José Brizuela Vera.

-¿Y qué otras cosas les hacen a los que desobedecen las reglas que tú has impuesto, Wilmito? 

Antes de dar la respuesta, se estira en la silla de plástico. Respira hondo, alza los brazos y la panza se le infla y al tiempo que expulsa el aire baja lentamente sus gruesas manos hasta posarlas en la mesa cuadrada. Es miércoles 30 de abril de 2014 y estamos en las áreas comunes de la Mínima de Tocuyito, el penal localizado en las afueras de la ciudad de Valencia, la tercera más importante de Venezuela, capital del estado de Carabobo, a donde Wilmer José Brizuela Vera, el goldo, como también le llama su gente de confianza, ha sido trasladado después de un motín en el otro penal en el que estaba, Vista Hermosa, en Ciudad Bolívar, al sur de Venezuela, que culminó con dos guardias nacionales asesinados por los presos que él había liderado durante ocho años. Cuando finalmente coloca sus dedos sobre la superficie de la mesa, dice:

-No les damos tiros en la espalda, sino donde les pegue. Yo no estoy todo el día dando órdenes. Las personas se mueren en la cárcel por la rutina impuesta. Así uno no quiera, lamentablemente hay que cumplir las reglas.

Y estas son las reglas.

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